Cuadernos de Nuestra América/Nueva Época/No. 018 / enero-marzo, 2026/
RNPS: 2529 /ISSN: 2959-9849/ 150 pp.
Aportes de Fidel Castro a la relación bilateral de Cuba con Estados Unidos
Fidel Castro's contributions to Cuba's bilateral relationship with the United States
Dr. C. José Ramón Cabañas Rodríguez
Doctor en Ciencias Políticas (2009). Licenciado en Relaciones Internacionales (1983). Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (isri). Desde 2021 funge como director del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI).
email: director@cipi.cu
ORCID: 0000-0001-7778-3566
Fecha de recepción: octubre de 2025
Fecha de aprobación: noviembre de 2025
Fecha de publicación: enero de 2026
Resumen
Entre sus múltiples responsabilidades primero, como jefe de gobierno y después como principal figura del estado cubano, Fidel Castro Ruz dio una atención priorizada a las relaciones internacionales del país y en particular a los vínculos oficiales y no oficiales con los Estados Unidos. Puede afirmarse, sin lugar a duda, que Fidel inició un nuevo tipo de diplomacia entre los países latinoamericanos y caribeños, no solo por el reclamo de la soberanía y el tratamiento igualitarios ante las autoridades estadounidenses, sino también por los extraordinarios vínculos que estableció con la sociedad de aquel país en su conjunto.
Palabras clave: Cuba, Estados Unidos, relaciones bilaterales, diplomacia.
Abstract
Among his many responsibilities, first as head of government and later as the leading figure of the Cuban state, Fidel Castro Ruz gave priority to the country's international relations, particularly its official and unofficial ties with the United States. It can be said without a doubt that Fidel initiated a new type of diplomacy among Latin American and Caribbean countries, not only through his demand for sovereignty and equal treatment from U.S. authorities, but also through the extraordinary ties he established with the Cuban society as a whole.
Keywords: Cuba, United States, bilateral relations, diplomacy.
Introducción
Para comprender el aporte de Fidel Castro a la Ciencia Política y, en particular, a la esfera de las Relaciones Internacionales, sobre todo en cuanto a los vínculos de Cuba con Estados Unidos, debe partirse del precedente de la obra y la práctica de José Martí, el Héroe Nacional cubano, y la influencia de este en el pensamiento y la acción del primero.
Al estudiar el legado de ambos en las transformaciones políticas y sociales sucedidas en Cuba, en épocas distintas, se descubre que se apropiaron de un conocimiento profundo del pensamiento filosófico más adelantado de sus respectivos momentos históricos y lo adaptaron a las condiciones cubanas, sin extrapolaciones, construyendo un sistema de principios y conceptos propios que definieran el papel del país como actor internacional y, sobre esa base, las relaciones con su entorno latinoamericano y caribeño.
De forma particular, Martí y Fidel estudiaron en extenso la historia estadounidense a través de distintos autores y llegaron a dominar el razonamiento sobre hechos y coyunturas al nivel de los mejores académicos de aquel país. A lo anterior, se sumó la experiencia práctica de ambos al interior de la sociedad estadounidense, en particular el productivo intercambio con los asentamientos de cubanos residentes en aquel país, en cada época.
En Martí esa condición le permitió imaginar un sistema de relaciones interamericanas distinto al que proponía Estados Unidos a finales del siglo xix e, incluso, le sirvió de base para representar a naciones hermanas como Argentina, Uruguay y Paraguay en la Conferencia Monetaria de 1891. Por si fuera poco, fue el eje organizativo de una guerra de liberación nacional para lograr con la independencia de Cuba que ese país, ya con proyección imperialista, no se abalanzara sobre América Latina.
Para la primera mitad del siglo xx, el propósito martiano aún estaría inconcluso, razón por la que Fidel simplemente adaptaría a las nuevas condiciones las premisas construidas por el Maestro y aportaría sus propias prácticas (Guerra, Concepción, Hernández, 2004).
De tanta trascendencia como estos logros, en el caso de Fidel, fue la conducción de manera personal de la relación bilateral de Cuba con Estados Unidos por casi medio siglo. En ese escenario, Fidel diseñó estrategias e implementó proyectos únicos en la práctica de la diplomacia internacional y que constituyen un legado para las nuevas generaciones de cubanos y para terceros. Ninguno de esos componentes tiene un carácter secreto y todos pueden conocerse a partir del estudio minucioso de sus principales discursos y textos.
Desarrollo
Desde mucho antes del triunfo de la Revolución Cubana, Fidel Castro había realizado reflexiones en el sentido de que, más allá de sacar del poder a la tiranía de Fulgencio Batista, la sostenibilidad del proyecto revolucionario dependería de un enfrentamiento de otras dimensiones con los gobiernos de Estados Unidos.
Era muy importante para el líder revolucionario que el propósito de su esfuerzo fuera conocido más allá de las fronteras cubanas, en particular hacia el interior de los Estados Unidos. Entre otras razones, esta justificó el encuentro con el periodista Herbert Matthews (The New York Times) que hizo titulares en fecha tan temprana como el 24 de febrero de 1957, a solo tres meses del inicio de la gesta de la Sierra Maestra.
Por entonces, el secretario de prensa del dictador cubano era Edmund Chester, experiodista de AP y CBS, y el embajador estadounidense, que pronto cayó en desgracia y perdió su cargo, se nombraba Arthur Gardner. Ninguno de los dos advirtió la iniciativa de relaciones públicas de Fidel, su alcance, ni pudieron impedirla (Suárez, 2024).
Fidel y Nixon, Estados Unidos, 1959.
En su memorable carta a Celia Sánchez Manduley1 del 5 de junio de 1958, Fidel reflejó de manera muy sintética la relación entre las autoridades estadounidenses y el calvario que vivía su país: "Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero".
Mario Sariol era un modesto campesino de Minas de Frío que ayudó a los guerrilleros desde fecha temprana en la Sierra Maestra, razón por la que la aviación batistiana destruyó su hogar y estuvo a punto de acabar con toda su familia, utilizando cohetes de fabricación estadounidense que se traficaban desde la Base Naval de Guantánamo.
El propio 1.o de enero de 1959, desde el poblado de Palma Soriano, Fidel celebró la caída del gobierno de Fulgencio Batista, pero al mismo tiempo alertó sobre cómo el gobierno de Estados Unidos, a través de su embajada en La Habana estaba tratando de arrebatar el éxito del movimiento popular victorioso y sentenció "quizás en lo adelante todo sea más difícil".
A escasos días del triunfo de la Revolución Cubana, la nueva Secretaría de Estado (posterior Ministerio de Relaciones Exteriores) envió una nota diplomática a la embajada estadounidense en La Habana, por la cual se solicitaba el retiro de las misiones militares estadounidenses, representativas de las distintas armas. Poco después se remitía otro texto en el que se relacionaban los nombres de un grupo de personeros del régimen del exdictador Fulgencio Batista y Zaldívar, responsables de delitos comunes y crímenes contra la población civil, que habían emigrado a Estados Unidos y se solicitaba su detención y posterior extradición (Céspedes, 2010).
Estos son apenas dos ejemplos que indican que, desde muy temprano, Fidel y su equipo de gobierno plantearon las reglas de la igualdad soberana y la reciprocidad en las relaciones entre los dos países. Decenas de comunicaciones diplomáticas intercambiadas en esos años fundacionales son muestra de un nuevo tipo de relación que la Revolución Cubana reclamaba de su vecino del Norte. Este ejercicio era único en el hemisferio y constituyó una excepción durante mucho tiempo (Leogrande, Kornbluh, 2015).
Cuando se leen detenidamente esos documentos, se aprecia que, a pesar de las diferencias de opiniones políticas en una larga lista de temas, la parte cubana asumió sus posiciones con un lenguaje fundamentado y de respeto. También exigió ese trato en reciprocidad (Ramírez, Morales, 2014).
Esta misma perspectiva estuvo en el centro de la primera visita de Fidel a Washington D. C. en calidad de primer ministro del nuevo gobierno, ocurrida en el mes de abril de 1959. Como dijera Richard Nixon, entonces vicepresidente, el representante cubano no fue a solicitar nada, como solían hacer la mayoría de los ejecutivos latinoamericanos que llegaban a la capital de la federación (Office of the Historian, 1959).
Fidel Castro fue a explicar por qué había tenido lugar la Revolución Cubana y cuál era su plan de gobierno. Expresó los mejores deseos para establecer una relación bilateral transparente. Conversó con varios sectores estadounidenses, pero en especial con el pueblo, con el público más amplio, en la calle, en tribunas improvisadas o en actos más formales. Dedicó un importante espacio a la prensa, hasta tal punto que las imágenes de aquel intercambio son consideradas por el Club Nacional de Prensa en Washington D. C., como uno de los cien momentos más trascedentes de su historia durante el siglo xx.
Y esta fue, sin duda, otra de las características de la nueva política exterior cubana hacia Estados Unidos: la interacción directa o indirecta, pero permanente con aquella sociedad, más allá de sus representantes, ejecutivos o líderes electos.
Esa actitud explica que ya desde la propia década de los sesenta importantes instituciones religiosas, como el Consejo Nacional de Iglesias, divulgaron comunicados oponiéndose a la política agresiva y de bloqueo contra Cuba. También lo hicieron importantes gremios comerciales, incluyendo la propia Cámara de Comercio (Cabañas, 2021).
Fidel siempre confió (y actuó en consecuencia) en que en la misma medida que el pueblo estadounidense conociera el propósito de la Revolución, entonces habría más posibilidades de llegar a tener algún día una relación, al menos de buena vecindad, entre ambos países. Este propósito se reiteró incluso después de la agresión armada por Playa Girón (abril, 1961) y a continuación de haber estado muy cerca del cataclismo nuclear en octubre de 1962 (Leogrande, Kornbluh, 2015).
Fidel no dudó en organizar la llamada Operación Verdad, cuando los medios estadounidenses intentaron desprestigiar los juicios que tuvieron lugar en Cuba contra criminales batistianos. Se invitó en poco tiempo a decenas de periodistas para visitar la Isla y escuchar directamente de los líderes sus argumentos, hablar con la gente y ante ellos también hubo autocríticas (González, 2025).
Cuando el Gobierno de Estados Unidos escogió definitivamente el camino del enfrentamiento militar con Cuba, de las agresiones de todo tipo e intentar aislar en el plano diplomático a la Isla, Fidel encabezó una defensa firme, que nunca llegó a expresar odio contra el estadounidense, ni irrespeto de sus símbolos nacionales o de sus figuras históricas.
Fidel condecora a Angela Davis en Cuba.
Frente al ejercicio de aislacionismo oficial por parte de Washington, respondió con el desarrollo acelerado de relaciones políticas e ideológicas con una diversidad de fuerzas, tanto al interior de Estados Unidos, como del resto del mundo.
Después que Estados Unidos forzara la limitación a los derechos de Cuba en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), en La Habana se celebraron las conferencias de la Tricontinental y se fundó la Organización de Solidaridad con los pueblos de Asia, África y América Latina. Es decir, cuando mayores eran los intentos de aislarnos, más crecían las relaciones exteriores cubanas (García, 2024).
De especial significación resultaron, por diversas razones, las llamadas primera y segunda declaraciones de La Habana, el 2 de septiembre de 1960 y el 4 de febrero de 1962, respectivamente, ambas en respuesta directa al aumento de la beligerancia de Estados Unidos contra la Isla. ¿Qué tuvieron de particular estos eventos?
En primer lugar, estamos hablando de concentraciones masivas, que sumaron la presencia de más de un millón de cubanos cada vez, cuando la población de la Isla rondaba entre los cinco y seis millones de habitantes. Es decir, se trató de ejercicios de comunicación —en ambos sentidos— sin precedentes en los que el líder de la Revolución Cubana no solo explicó sus argumentos, sino que también procuró el apoyo popular, que obtuvo con vítores, respuestas frecuentes y aplausos prolongados.
Fueron hitos en la historia de la comunicación social, mucho antes que existieran las plataformas digitales actuales.
Estos eventos indican una comprensión clara y temprana en Fidel sobre lo imprescindible del apoyo del pueblo y su participación en la política exterior. La importancia de que todos y cada uno de los cubanos hiciera suyos los criterios de respuesta a Estados Unidos y se sintiera parte del mensaje político, lo cual sin duda, le proporcionaba mayor repercusión a lo dicho ante el auditorio estadounidense (Castro Ruz, 2014).
La otra gran contribución de ambos sucesos es que durante su desarrollo se expresaron principios e ideas que constituyeron parte esencial de la posición oficial de Cuba respecto a Estados Unidos, en los años subsiguientes, que iban desde el reclamo del cese de las agresiones, hasta la devolución del territorio ilegalmente ocupado en la Base Naval de Guantánamo. No se trataba de prioridades aprobadas entre burócratas, directivos o avanzadas ideológicas, era la construcción de una posición cubana en lo internacional sobre la base prácticamente de la realización de referendos.
El segundo de estos ejercicios masivos se produjo después del término satisfactorio de la Campaña contra el Analfabetismo en Cuba, que sirviera para incorporar realmente a la vida política del país al 60 % de los ciudadanos que no tenía instrucción escolar en 1959. De esta manera, Fidel concibió al pueblo educado y con valores como el mejor embajador de la Revolución y, al mismo tiempo, esculpió una relación indestructible entre la política interna y la política exterior del país. Con independencia de contribuir a la formación de un servicio diplomático profesional y revolucionario, la premisa era que los principales representantes del país serían sus mejores científicos, sus más prominentes atletas, sus más preclaros intelectuales y sobre todo sus pujantes jóvenes conquistando el futuro.
En su memorable discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en septiembre de 1960, Fidel estableció un paralelismo entre los problemas enfrentados por el pueblo cubano en aquella época y los existentes en el mundo subdesarrollado del momento, cuando explicó ante el plenario el texto de la primera Declaración de La Habana (Sánchez Parodi, 2025).
Fue su manera de decir que, si se resolvían los desequilibrios nacionales en cada país, esto podría tener un impacto a nivel global y quizás abrir nuevos caminos para la humanidad. Fidel se refirió a:
El derecho de los campesinos a la tierra; el derecho del obrero al fruto de su trabajo; el derecho de los niños a la educación; el derecho de los enfermos a la asistencia médica y hospitalaria; el derecho de los jóvenes al trabajo; el derecho de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica; el derecho de los negros y los indios a la "dignidad plena del hombre"; el derecho de la mujer a la igualdad civil, social y política; el derecho del anciano a una vejez segura; el derecho de los intelectuales, artistas y científicos a luchar, con sus obras, por un mundo mejor; el derecho de los Estados a la nacionalización de los monopolios imperialistas, rescatando así las riquezas y recursos nacionales; el derecho de los países al comercio libre con todos los pueblos del mundo; el derecho de las naciones a su plena soberanía, el derecho de los pueblos a convertir sus fortalezas militares en escuelas, y armar a sus obreros (Castro Ruz, 1960).
Su aprecio por la verdad y la transparencia lo llevó incluso a discutir intensamente con los líderes soviéticos de entonces sobre la necesidad de hacer públicos los propósitos de la instalación en Cuba de cohetes nucleares con propósitos defensivos hacia finales de 1962. Quizás el curso de la llamada Crisis de Octubre hubiera sido otro, si desde un inicio hubieran sido públicas las intenciones cubanas y soviéticas (Ramírez, 2017).
A pesar del duro enfrentamiento que se generaba desde Estados Unidos, Fidel no se atrincheró en la incomunicación respecto a Washington. Conoció eventos y transmitió mensajes desde una variedad de fuentes y por una diversidad de canales. Y esta sería una actuación que lo acompañaría toda la vida: nunca se formó un criterio respecto a un hecho con un solo dato, conocido por una sola vía, fuera cubana o extranjera.
Fidel y Mandela en Cuba.
Como pocos comprendió la complejidad del sistema político estadounidense, la diversidad de actores, las alianzas momentáneas que se crean en función de intereses cortoplacistas y cómo estas se transforman y dan lugar a nuevas oportunidades o riesgos.
Después de garantizar un conocimiento diverso sobre cada fenómeno, revisó la causalidad de lo sucedido una y otra vez, puso el principio en el fin, y viceversa. Contrastó siempre el hecho en sí con el devenir histórico y lo proyectó hacia el futuro, una y otra vez.
En la medida que los peores años de la confrontación militar de Estados Unidos hacia Cuba fueron pasando y la Isla fue expandiendo sus vínculos internacionales, se abrieron puertas hacia el interior de la sociedad estadounidense que Fidel Castro transitó de forma magistral (Sánchez Parodi, 2025).
Por esta y otras razones puede afirmarse que cuando se comenzaran a dar los primeros pasos para un acercamiento bilateral en los años de la presidencia de Gerald Ford y James Carter que culminarían, entre otros, con la apertura de Secciones de Intereses en las respectivas capitales, los representantes cubanos, dirigidos personalmente por Fidel, estuvieron en muchas mejores condiciones que sus contrapartes para hacer propuestas e imaginar un futuro constructivo, al menos en las llamadas áreas técnicas de la relación (Ramírez, Morales, 2014).
De forma resumida puede asegurarse que, con la paciencia de un orfebre, Fidel fue construyendo de forma directa o indirecta, una red de relaciones al interior de Estados Unidos que le permitían un intercambio directo y una retroalimentación con diversos sectores de esa sociedad.
Su vínculo personal directo con personalidades como Malcom X, Mohamed Alí, Danny Glover, Angela Davis, o el reverendo Lucius Walker, le garantizaron una interpretación particular respecto a la comunidad afrodescendiente, al mismo tiempo que explicaba a esta la participación internacionalista de Cuba en África, que comenzó en 1960 en Argelia, pasó por los cambios políticos en África sudoccidental entre 1975 y 1990, y transcurren hasta hoy.
Su vínculo personal con la garantía de la independencia de Angola, la liberación de Namibia y el fin del apartheid, sus relaciones personales con Agostinho Neto, Sam Nujoma y Nelson Mandela, no solo lo ascendieron al firmamento de los principales estrategas políticos y militares del siglo xx, sino también contribuyó de manera trascedente a la opinión que se formaran las nuevas generaciones estadounidenses sobre el líder cubano. En una dimensión similar habría que inscribir su visita a territorios liberados de Vietnam del Sur en 1973, conflicto que generó un impacto devastador hacia el interior de la juventud estadounidense.
Fidel tuvo un mensaje personal para cada visitante en La Habana, o para cada contraparte en los viajes que realizó a New York y Washington. Recibió de todos y cada uno, datos y razonamientos que archivó y comparó con interés. Escuchó con la misma paciencia a los más inexpertos y a los más experimentados. Y todo este conocimiento fue vertido en sus relaciones con el Congreso estadounidense. Fidel es, posiblemente, el líder extranjero que más contacto tuvo con representantes y senadores federales estadounidenses, siendo Cuba el país más visitado por estos durante varios años, en particular, después de 1990 (Cabañas, 2021).
Como parte del pueblo estadounidense, privilegió sus relaciones con la juventud, sobre la firme creencia de que el diálogo con los jóvenes garantiza la paz y la estabilidad futuras. Basten en este acápite dos ejemplos: sus reiteradas presentaciones ante los estudiantes que llegaban a La Habana como parte del programa Semestre en el Mar —Semester at Sea—, con los cuales establecía un diálogo entre iguales, sin presión de tiempo y con extensos argumentos; el otro caso fue el inicio del ingreso de estudiantes estadounidenses en la Escuela Latinoamericana de Medicina en Cuba, a partir del año 2000, proyecto en el que han matriculado de forma gratuita cientos de jóvenes de comunidades de bajos ingresos, con el único compromiso de regresar a sus lugares de origen, para ofrecer su servicio a esos puntos de la geografía estadounidense; son estudiantes y graduados que no solo llevan consigo el mejor aprendizaje de la escuela cubana de medicina, su práctica, sino también la experiencia de convivir con el pueblo de Cuba durante largos años. Otros miles de estudiantes universitarios estadounidenses han procurado su propia experiencia en Cuba, con apoyo institucional o no, durante más de 60 años.
Debe destacarse en su legado, como líder de talla internacional, la comprensión y su actuación en consecuencia, en los momentos que se generaba una crisis y tuviera esta dimensión bilateral o multilateral. Basten señalar dos ejemplos:
El 11 de septiembre de 2001, cuando el mundo aún trataba de comprender el alcance de lo sucedido en las Torres Gemelas de New York y en el edificio del Pentágono en Washington, Fidel comunicó a las autoridades estadounidenses la disposición de los aeropuertos cubanos para recibir los aviones de aquel país que necesitaran puntos de aterrizaje alternativos. En ese momento, lo que importaba era la seguridad de vidas humanas y no consideraciones de índole técnico o logístico, sobre la capacidad de las instalaciones cubanas para dar tal servicio, o riegos para el país (Oramas León, 2001).
Cuando a finales de agosto de 2005, el terrible huracán Katrina azotó la sureña ciudad de New Orleans, Luisiana, Fidel organizó el contingente médico Henry Reeve —nombrado en honor a un militar estadounidense que luchó en la guerra cubana de independencia contra España—, el cual estuvo listo para partir y asistir a las víctimas de aquella tragedia que produjo más de 1800 víctimas fatales y daños multimillonarios (Castro Ruz, 2005).
Ninguno de estos ofrecimientos recibió respuesta adecuada por parte de las autoridades federales estadounidenses. Sin embargo, al menos en el caso de New Orleans, aquel mensaje solidario caló profundo y dejó una huella singular, que en cierta medida volvió a brotar cuando, al celebrarse los 500 años de la fundación de La Habana, en noviembre de 2019, una delegación oficial de aquella ciudad fue la única representación extranjera que firmó un acuerdo de cooperación con la urbe cubana.
En términos de la relación bilateral oficial con Estados Unidos, Fidel expuso públicamente una y otra vez una visión estratégica de largo plazo, definió principios y prioridades, que respetó en todo momento y fueron precisamente las que permitieron llegar a la reanudación de las relaciones diplomáticas, a partir de julio de 2015. Nunca esos objetivos estratégicos fueron sometidos a las urgencias de una coyuntura, ni a un interés cortoplacista. Por encima de todo, llegó a la convicción y explicó al mundo que Cuba nunca negociaría bajo presión ningún tema, lo cual hoy constituye un principio constitucional de la República.
En ese sentido, se concentró en prioridades y buscó alternativas para reducir tensión en puntos de la agenda bilateral. Aunque Cuba ha mantenido —y mantendrá— el reclamo sobre el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, durante años se han tomado medidas que permitieron, por un lado, reducir el riesgo de un enfrentamiento indeseado alrededor de la instalación, al mismo tiempo que se convirtió a aquella en un enclave de escaso valor militar, en caso de producirse una agresión directa contra Cuba.
Ha quedado debidamente documentado que fue Fidel Castro y no los diez presidentes estadounidenses a los que se enfrentó, quien envió más mensajes a la otra parte para lograr un tipo de relación bilateral de mutuo respeto (Leogrande, Kornbluh, 2015).
De especial significado en el desarrollo de las relaciones bilaterales fueron dos campañas políticas dirigidas por Fidel desde finales de la década de 1990. La primera de ellas estuvo relacionada con el secuestro del niño Elián González, quien fuera víctima de familiares que organizaron una salida ilegal hacia territorio estadounidense. La segunda tuvo que ver con la protección y el regreso seguro a la Patria de los llamados Cinco Héroes Cubanos.
Elián fue devuelto a Cuba en junio de 2000, siete meses después de su secuestro, como consecuencia no solo de las gestiones que se hicieran entre ambos gobiernos, sino también como resultado de una campaña política que tuvo una expresión directa hacia el interior de Estados Unidos, incluida la migración cubana. El principio establecido por Fidel entonces de que "no hay fuerza capaz en el mundo de separar a un padre de su hijo si quieren estar juntos", se convirtió en anatema de casos similares que tuvieron lugar hacia futuro, tanto provenientes de suelo cubano, como de la parte estadounidense (Lamrani, 2007).
Los Cinco Héroes Cubanos fueron detenidos a finales de 1998, junto a otras personas que decidieron colaborar con las autoridades estadounidenses, para montar un caso de supuesto espionaje contra instituciones oficiales de aquel país. Después de la puesta en escena de un supuesto juicio, celebrado en Miami, donde es imposible pensar en una iniciativa ponderada respecto a Cuba, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Antonio Guerrero y Fernando González, fueron condenados a largas penas que expiraron a finales de 2014, cuando fueron devueltos a Cuba.
En este caso también se produjeron varios momentos de negociación oficial, por el interés de Estados Unidos de llevar a su territorio a nacionales propios y otros detenidos en Cuba, que habían cumplido encomiendas de agencias federales estadounidenses violando la legislación local. No obstante, en la sociedad de aquel país se gestó un movimiento de solidaridad con la causa, que fue un elemento clave para que el gobierno federal prestara atención al tema y considerara su solución negociada, como un requisito indispensable para poder avanzar en la relación oficial con Cuba (Cabañas, 2021).
Además de conducir de manera personal la labor técnico-jurídica para apelar a los distintos niveles del sistema jurídico estadounidense, con el objetivo de anular los cargos, Fidel empleó una parte importante de su tiempo privado y público para explicar a terceros lo improcedente de las acusaciones presentadas contra los Cinco Héroes Cubanos, las violaciones de las normas estadounidenses y el costo político para aquel país de ese acto de venganza personalizada.
Desde su alejamiento de todas las funciones ejecutivas y políticas que desempeñó como líder de la Revolución Cubana, Fidel mantuvo una observación crítica sobre todo el proceso previo y posterior a los anuncios sobre el probable restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, realizados a finales de 2014, por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama.
En 2016, el año de su fallecimiento, al ofrecer sus reflexiones sobre el significado de la visita del presidente Barack Obama a Cuba marcó, como parte de su legado, los dos extremos entre los que ha tenido lugar la relación de la Isla con su vecino poderoso:
Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura.
No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz y la fraternidad de todos los seres humanos que vivimos en este planeta (Castro Ruz, 2016).
Conclusiones
Fidel Castro fue el principal hacedor de la política oficial y no oficial cubana hacia los Estados Unidos, desde el triunfo de la Revolución hasta el momento en que se separó de sus funciones gubernamentales. Incluso después de esa fecha, mantuvo una observación crítica tanto respecto a los temas internos estadounidenses, como los relacionados con los vínculos bilaterales.
Fidel combinó sus habilidades de gran estratega político y militar, con tareas más prácticas y ejecutivas, como la interlocución con líderes económicos, religiosos, intelectuales estadounidenses y fue capaz de construir una vastísima red de relaciones, que no solo lo actualizaron sobre la evolución del panorama interno de Estados Unidos, sino también sobre cuestiones bilaterales y multilaterales.
A partir de un profundo conocimiento del sistema político estadounidense, diseñó herramientas únicas para la relación con gobiernos federales, estaduales y locales, con la sociedad en general a distintos niveles, logrando aislar la política oficial hacia Cuba del sentimiento más genuino de la mayoría de la población del país estadounidense.
Con independencia de los cambios en distintas circunstancias, la sucesión de gobiernos y el efecto de los eventos internacionales, Fidel definió una política principista respecto a Estados Unidos, que mantuvo su coherencia en el tiempo y que, en resumidas cuentas, hizo posible que al menos durante tres administraciones estadounidenses, se dieran pasos que pudieron conducir hacia un tipo de relación distinta con Cuba.
La relación de Fidel con estos temas fue tan vasta y su creatividad tan compleja, que puede afirmarse que dejó sentadas las bases para el tratamiento de cualquier asunto futuro en la relación bilateral, de forma consistente con las posiciones históricas del gobierno cubano y con garantía para las aspiraciones de soberanía y tratamiento justo que ha defendido el país.
Fidel acercó la diplomacia y las relaciones internacionales a las grandes masas, no solo como un fenómeno que tributaba a la formación educativa e ideológica del pueblo, sino porque lo convirtió en protagonista indispensable de los principales logros de la Revolución Cubana de cara al mundo.
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1 Combatiente revolucionaria de la Sierra y el Llano. Responsable principal de la documentación generada por Fidel Castro, y los principales líderes del proceso antes y después del triunfo revolucionario. Responsable de los archivos del Consejo de Estado de la República hasta su fallecimiento en 1980.