Cuadernos de Nuestra América/Nueva Época/No. 018 / enero-marzo, 2026/
RNPS: 2529 /ISSN: 2959-9849/ 150 pp.
Vigencia del pensamiento de Fidel Castro Ruz sobre armamentismo
y desarrollo
Relevance of Fidel Castro Ruz's approach on Armament
and Development
Dra. C. Georgina Németh Lesznova
Doctora en Ciencias Económicas (Universidad de La Habana). Máster en Relaciones Económicas Internacionales por el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (ISRI). Profesora Titular e investigadora del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI, miembro del Grupo de Europa) y profesora a tiempo parcial en la Universidad del Partido Comunista de Cuba Ñico López y en el ISRI. Imparte docencia en materias de Relaciones Económicas Internacionales, relaciones Unión Europea-América Latina, Unión Europea-BRICS, dinámicas geopolíticas, integración, cooperación, economía cubana e inversiones extranjeras.
e-mail: nemeth@cipi.cu
ORCID: 0000-0001-6754-0608
Fecha de recepción: octubre de 2025
Fecha de aprobación: noviembre de 2025
Fecha de publicación: enero de 2025
Resumen
Este artículo analiza la vigencia del pensamiento de Fidel Castro Ruz para descifrar la contradicción estructural entre el armamentismo y el desarrollo en el escenario actual. Desde una perspectiva marxista, se examina su crítica al imperialismo y al injusto orden económico internacional, identificando la carrera armamentista como un mecanismo inherente al capitalismo que desvía recursos vitales y profundiza las desigualdades globales. El estudio demuestra la actualidad de su legado teórico para comprender la intensificación de las contiendas bélicas y de la carrera armamentista impulsada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), reafirmando la urgencia de un nuevo orden mundial que priorice el desarrollo humano sobre el gasto militar.
Palabras clave: armamentismo, desarrollo, Fidel Castro Ruz, imperialismo, orden económico internacional.
Abstract
This article analyzes the enduring relevance of Fidel Castro Ruz's thought to decipher the structural contradiction between armamentism and development in the current landscape. From a Marxist perspective, it examines his critique of imperialism and the unjust international economic order, identifying the arms race as an inherent mechanism of capitalism that diverts vital resources and deepens global inequalities. The study demonstrates the timeliness of his theoretical legacy for understanding the intensification of armed conflicts and the arms race driven by NATO, reaffirming the urgency of a new world order that prioritizes human development over military expenditure.
Keywords: armamentism, development, Fidel Castro Ruz, imperialism, international economic order.
Introducción
Lenin (1917) en su obra titulada El Imperialismo: fase superior del capitalismo, demostró que el desarrollo del monopolio y el capital financiero, con sus corolarios militaristas (Guerra Mundial y colonialismo), correspondían a una nueva etapa de la formación social capitalista. Lenin identificó también las leyes generales que regían a esta etapa: el carácter desigual y combinado del desarrollo capitalista internacional.
Coincidentemente con las referidas afirmaciones de Lenin, el actual orden económico mundial, entendido como conjunto de estructuras y mecanismos que rigen el funcionamiento de las relaciones entre los actores de la economía y la política mundial, se caracteriza por la ausencia de un desarrollo que beneficie a todos los integrantes del sistema internacional de modo uniforme y equilibrado. Ello se debe a que el actual orden económico mundial sigue basándose en la hegemonía del sistema de producción, acumulación y consumo capitalista. Ese sistema: el imperialismo, concebido para profundizar las desigualdades sociales y de la división internacional del trabajo, está impulsando en pleno siglo xxi una intensa carrera armamentista, ahora con recursos y tecnologías más sofisticados durante la Guerra Fría. Todo ello tiene lugar a pesar de que se va consolidando una nueva correlación de fuerzas en la geopolítica global mediante la paulatina expansión de los mecanismos del BRICS. Al respecto, según afirmara Bayón (2013):
[...] la creciente multipolaridad se simultaneó con un nuevo impulso al armamentismo. Esto reafirmó la tendencia de la expansión del capital cada vez más transnacionalizado y la extensión de sus viejos y nuevos mecanismos hacia nuevas regiones, para convertirlas en sus nuevas zonas de influencia, sometiéndolas, de este modo, a nuevas relaciones de dependencia.
Desarrollo
La contienda bélica de la OTAN contra Rusia y el simultáneo proceso de rearme impulsado por Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea, son ejemplos de la anteriormente referida expansión imperialista en la actualidad. Aunque el conflicto OTAN-Rusia en Ucrania se haya deflagrado años después de la desaparición física de Fidel Castro Ruz, el Comandante en Jefe criticó la expansión de la OTAN en Europa del Este y vaticinó que "La expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia es una provocación que amenaza la paz mundial y demuestra la hybris imperial de los Estados Unidos" (Castro Ruz, 1999). Asimismo, sobre el bombardeo de la OTAN a Yugoslavia, expresó: "El bombardeo criminal de la OTAN contra Yugoslavia, sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, es un acto de fascismo y una violación flagrante del derecho internacional" (Castro Ruz, 1999). Al respecto, más de una década después, Fidel retomó el caso del bombardeo de Yugoslavia y en su escrito del 24 de octubre de 2011, escribió:
Esa brutal alianza militar se ha convertido en el más pérfido instrumento de represión que ha conocido la historia de la humanidad. La OTAN asumió ese papel represivo global tan pronto la URSS, que había servido a Estados Unidos de pretexto para crearla, dejó de existir. Su criminal propósito se hizo patente en Serbia, un país de origen eslavo, cuyo pueblo tan heroicamente luchó contra las tropas nazis en la Segunda Guerra Mundial [...]. Me veo por ello obligado a una síntesis de las ideas esenciales que expuse, y de los hechos que han ido ocurriendo tal como fueron previstos, ahora que un personaje central de tal historia, Muammar Al-Gaddafi, fue herido de gravedad por los más modernos cazabombarderos de la OTAN que interceptaron e inutilizaron su vehículo, capturado todavía vivo y asesinado por los hombres que esa organización militar armó.
En su artículo titulado "La guerra fascista de la OTAN", escrito el 28 de marzo de 2011 a propósito de la invasión estadounidense a Libia, Fidel ya había planteado:
En un mundo donde la alianza de Estados Unidos y las potencias capitalistas desarrolladas de Europa se adueña cada vez más de los recursos y el fruto del trabajo de los pueblos, cualquier ciudadano honesto, sea cual fuere su posición ante el gobierno, se opondría a la intervención militar extranjera en su Patria [...]. Jamás un país grande o pequeño, en este caso de apenas 5 millones de habitantes, fue víctima de un ataque tan brutal por la fuerza aérea de una organización belicista que cuenta con miles de cazabombarderos, más de cien submarinos, portaaviones nucleares y suficiente arsenal para destruir numerosas veces el planeta.
Coherentemente con lo anterior, en su publicación del 1.º de septiembre de 2014, Fidel expresaba:
El imperio de Adolfo Hitler, inspirado en la codicia, pasó a la historia sin más gloria que el aliento aportado a los gobiernos burgueses y agresivos de la OTAN, que los convierte en el hazmerreír de Europa y el mundo, con su euro, que al igual que el dólar, no tardará en convertirse en papel mojado, llamado a depender del yuan y también de los rublos, ante la pujante economía china estrechamente unida al enorme potencial económico y técnico de Rusia (Castro Ruz, 2014).
Con razón el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana afirmaba que "la OTAN no es una alianza defensiva; es la herramienta militar de la hegemonía global de Estados Unidos, diseñada para imponer su voluntad al mundo por la fuerza" (Castro Ruz, 2009). Las acciones de la OTAN a lo largo de la historia confirmaron la veracidad de las palabras de Fidel Castro Ruz.
Como una muestra reciente de ello, la exigencia forzada por Estados Unidos, devino en consenso en la Cumbre de la OTAN de 2025 en La Haya: los aliados se comprometieron a invertir anualmente 5 % de su Producto Interior Bruto (PIB) en Seguridad y Defensa para el año 2035 (NATO Summit, 2025). Esto representa un gasto de 3,5 % del PIB en "Defensa dura", que incluirá armas y tropas, y un 1,5 % adicional en inversiones relacionadas con la Defensa, como la ciberseguridad y la movilidad militar. En tal contexto, no ha de extrañar que uno de los aliados: Francia, sea clave en el plan de rearme europeo, con un gasto militar de 413 000 millones de euros para 2024-2030, el mayor incremento en 50 años.
Para apoyar esa actividad, el Gobierno francés empezó a emitir bonos destinados a financiar gastos de "defensa". De este modo, los ciudadanos, a partir de 500 euros, podrán convertirse directamente en accionistas de las empresas que fabrican armas de guerra. La convocatoria dirigida a la población para que invierta en Defensa, señala cuál va a ser una de las prioridades en materia económica en los próximos años de Francia, que ya es una potencia nuclear y uno de los países europeos que más ha defendido el rearme frente a la "amenaza rusa" (Colectivo de Autores CIPI, 2025).
Tras la retirada de África durante el año en curso, de las últimas tropas y bases militares de esa potencia tradicional colonialista (Francia), la pérdida de influencia de la Unión Europea en el continente africano obviamente reorientará el "consumo" de su producción industrial bélica hacia otras regiones, amenazando la paz de otros países.
No por casualidad, la visión de Fidel Castro Ruz relativa a la necesidad de la paz mundial, cuestionaba tanto los resquicios del colonialismo, como a la propia lógica del capital, basada en la interrelación entre las tasas de ganancia y la idea arraigada en círculos políticos de los Estados Unidos, de que la industria bélica constituía un estímulo para la economía en momentos de crisis. Tal lógica se presenta como una solución capaz de generar empleos, mientras considera las armas producidas en ese proceso como un bien de consumo más; necesario y oportuno. La crítica a ese fenómeno, denominado keynesianismo militar, está presente en los aportes teóricos de Fidel Castro Ruz a lo largo de su trayectoria como estadista y como exponente de una teoría marxista del de-
sarrollo desde el Tercer Mundo.
Fidel apuntaba al papel del Complejo Militar-Industrial como generador de conflictos y tensiones internacionales, por la razón que todo capitalista necesita un mercado para sus productos, y estos, un espacio donde materializar su valor de uso. Coherentemente con ello, apoyaba la idea del desarme total propugnada por la Unión Soviética y enfatizaba que "La historia del mundo ha enseñado trágicamente que las carreras armamentistas han conducido siempre a la guerra" (Cubadebate, 2011).
En contraste con la visión del keynesianismo militar, Fidel apuntaba al antagonismo entre el estímulo a la industria bélica y el desarrollo. En su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en 1979, como presidente del Movimiento de Países No Alineados, Fidel Castro hizo una profunda crítica al conjunto del sistema capitalista de economía mundial de entonces, dejando atrás la visión reformista del Nuevo Orden Económico Internacional e identificó temas específicos en los que convocaba a los países del Tercer Mundo a luchar unidos para transformar el orden económico internacional que frenaba el desarrollo. Ese discurso, finalizado con el llamado a la lucha y la unidad, es el primer planteo de un programa que impugna al sistema como un todo y lo responsabiliza junto a sus creadores de Occidente con la continuación del hambre y la pobreza (Colectivo de autores, CIEM, 2017).
En el referido discurso en la Orgnización de Naciones Unidas (ONU), Fidel planteó la interrelación entre armamentismo y desarrollo, al lanzar una propuesta para elevar el financiamiento para el desarrollo de los países subdesarrollados. En su discurso señaló:
Es imprescindible movilizar estos fondos adicionales como aporte del mundo desarrollado y de los países con recursos, al mundo subdesarrollado en los próximos 10 años. Si queremos paz, harán falta estos recursos. Si no hay recursos para el desarrollo no habrá paz. Algunos pensarán que estamos pidiendo mucho; yo pienso que la cifra es todavía modesta. Según datos estadísticos, como expresé en el acto inaugural de la Sexta Cumbre de los Países No Alineados, el mundo invierte cada año en gastos militares más de 300 000 millones de dólares. Con 300 000 millones de dólares se podrían construir en un año 600 000 escuelas con capacidad para 400 millones de niños; o 60 millones de viviendas confortables con capacidad para 300 millones de personas; o 30 000 hospitales con 18 millones de camas; o 20 000 fábricas capaces de generar empleo a más de 20 millones de trabajadores; o habilitar para el regadío 150 millones de ha de tierra, que con un nivel técnico adecuado pueden alimentar a mil millones de personas. Esto despilfarra la humanidad cada año en la esfera militar. Considérese, además, la enorme cantidad de recursos humanos en plena juventud, recursos científicos, técnicos, combustible, materias primas y otros bienes. Este es el precio fabuloso de que no exista un verdadero clima de confianza y de paz en el mundo (Cubadebate, 2024).
Este discurso se enmarca dentro de los pronunciamientos de Fidel Castro Ruz sobre los problemas del desarrollo, expresados ya desde inicios del triunfo de la Revolución, donde contrasta las necesidades de desarrollo de la humanidad con el despilfarro que tiene lugar en el mundo, en la esfera militar. Como ejemplo de ello, el 26 de septiembre de 1960, el Líder de la Revolución Cubana afirmó:
Estamos, en fin, con todas las nobles aspiraciones de todos los pueblos. Esa es nuestra posición. Con todo lo justo estamos y estaremos siempre: contra el coloniaje, contra la explotación, contra los monopolios, contra el militarismo, contra la carrera armamentista, contra el juego a la guerra. Contra eso estaremos siempre. Esa será nuestra posición (Cubadebate, 2024).
Asimismo, en su libro La crisis económica y social del mundo-Informe a la VII Cumbre de los Países No Alineados, publicado en 1983, Fidel Castro Ruz dedica un capítulo a la interrelación entre armamentismo y desarrollo.
Este libro incluyó la exposición más sistemática y de tintes más académicos del pensamiento de Fidel Castro sobre la economía mundial, pues tiene una ordenación en capítulos donde se van analizando los temas más relevantes del momento aquel y cuenta con referencias a autores y varias teorías, citas bibliográficas, gráficos, cuadros estadísticos elaborados o tomados de fuentes internacionales y una extensa lista final de bibliografía utilizada. El análisis académico está insertado en una matriz de denuncia y lucha sociopolítica, pues no se trata de un texto más sobre el tema, sino de la visión de un marxista revolucionario que recibe apoyo académico para afilar mejor sus armas (Colectivo de autores, CIEM, 2017).
En este libro se hace referencia a que, de forma colateral a la carrera armamentista, se desarrolla también el comercio de armamentos, lo cual representa una considerable carga sobre las débiles economías de los países subdesarrollados. De modo implícito, está presente su crítica frente a los defensores del keynesianismo militar, cuando plantea que este comercio "significa el más estéril, improductivo y desigual de los intercambios para esos países" (Castro, Ruz, 1983), argumentando que, el comercio de armamentos priva al país importador de recursos que podría haber utilizado en actividades productivas. También en contraste con los propugnadores de las referidas ideas keynesianas, plantea que "los gastos en importación de armamentos no generan ni un aumento en el consumo ni en la producción, ni una producción futura que permita sufragar los gastos que ocasiona, ni promueven la salud, la educación y la cultura" (Castro, Ruz 1983).
Fidel defendió con firmeza el derecho de los países subdesarrollados a tomar el control de sus recursos naturales y economías. En la ONU, declaró que "el derecho de los pueblos a convertir sus fortalezas militares en escuelas" era fundamental, pero también "el derecho de sus obreros a armarse para defender sus destinos" frente a la agresión imperialista. No obstante, para él la paz no era simplemente la ausencia de guerra, sino sinónimo de la desaparición de las estructuras de explotación internacional. En su histórico discurso ante la ONU en 1960, argumentó que:
[...] las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón: el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas. Por lo tanto, la paz duradera solo se alcanzaría eliminando la filosofía del despojo, disolviendo las colonias y acabando con la explotación de los países por parte de los monopolios. ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!
Paradójicamente, no solo los países subdesarrollados son víctimas del gasto militar; tampoco escapan de sus efectos los países más desarrollados. Al respecto, en su Reflexión publicada en el periódico Granma, el 16 de febrero de 2008, titulado "El candidato republicano (Quinta y última parte)", el Líder Histórico de la Revolución Cubana cita y comenta partes de un artículo publicado en Tom Dispach y traducido para el Sitio Web Rebelión, de la autoría de Chalmers Johnson,1 titulado: "La crisis de la deuda es la mayor amenaza para Estados Unidos". Este autor analiza las políticas del gobierno Bush y afirma que "La devoción al keynesianismo militar es, de hecho, una forma de lento suicidio económico". En esta Reflexión, el Comandante en Jefe selecciona varios párrafos de interés que interrelacionan los problemas de la economía nacional de Estados Unidos y el gasto militar de ese país. En el mencionado contexto, resultan especialmente oportunas las revelaciones del autor, cuando expresa:
Ha habido tres amplios aspectos en nuestra crisis de la deuda. Primero, en este año fiscal 2008 estamos gastando cantidades demenciales de dinero en proyectos de 'defensa' que no tienen que ver con la seguridad nacional de Estados Unidos; seguimos creyendo que podemos compensar la erosión acelerada de nuestra base manufacturera y nuestra pérdida de puestos de trabajo a países extranjeros mediante masivos gastos militares en nuestra devoción por el militarismo, dejamos de invertir en nuestra infraestructura social y otros requerimientos para la salud a largo plazo de nuestro país.
El autor también plantea, refiriéndose al gobierno estadounidense:
Es virtualmente imposible exagerar el despilfarro que constituyen los gastos de nuestro gobierno en las fuerzas armadas. Los gastos planificados por el Departamento de Defensa para el año fiscal 2008 son mayores que todos los demás presupuestos militares combinados. El presupuesto suplementario para pagar por las actuales guerras en Iraq y Afganistán es en sí mayor que los presupuestos militares combinados de Rusia y China. Los gastos relacionados con la defensa para el año fiscal 2008 excederán el millón de millones de dólares por primera vez en la historia, y Estados Unidos se ha convertido en el mayor vendedor por sí solo de armas y municiones a otras naciones en la Tierra.
El autor utiliza varios ejemplos para ilustrar el despilfarro del propio gobierno estadounidense en gasto militar. Entre estos, expresa: "23.400 millones de dólares para el Departamento de Energía van al desarrollo y mantenimiento de ojivas nucleares; y 25 300 millones de dólares en el presupuesto del Departamento de Estado son gastados en ayuda militar al extranjero". Entre los textos seleccionados por Fidel, el autor conceptualiza el método aplicado por sucesivos gobiernos estadounidenses para justificar su exagerada inversión en gasto militar:
Nuestros excesivos gastos militares no se desarrollaron solo en unos pocos años. Lo han hecho durante mucho tiempo siguiendo una ideología superficialmente plausible y ahora comienzan a hacer estragos. La llamo "keynesianismo militar". Es la determinación de mantener una economía de guerra permanente y de tratar a la producción militar como si fuera un producto económico ordinario, aunque no haga ninguna contribución ni a la producción ni al consumo.
Los textos del referido autor que fueron seleccionados por Fidel para los efectos de su Reflexión, revelan la esencia de la ideología estadounidense que sustenta su carrera armamentista y la cual, junto a las medidas adoptadas para implementarla, dieron origen y justificación al Complejo Militar-Industrial para su razón de ser en la economía y sociedad estadounidenses:
La Gran Depresión de los años treinta había sido superada solo por el auge de la producción de guerra de la Segunda Guerra Mundial. Con este concepto, los estrategas estadounidenses comenzaron a crear una masiva industria de municiones, tanto para contrarrestar el poder militar de la Unión Soviética —que exageraron consistentemente— como para mantener el pleno empleo y prevenir un posible retorno de la Depresión. El resultado fue que, bajo el liderazgo del Pentágono, se crearon industrias enteramente nuevas para fabricar grandes aviones, submarinos a propulsión nuclear, ojivas nucleares, misiles balísticos intercontinentales, y satélites de vigilancia y de comunicaciones. Esto llevó a aquello contra lo que advirtió el presidente Eisenhower en su discurso de despedida del 6 de febrero de 1961: "La conjunción de un inmenso establishment militar y de una gran industria de armamentos es nueva en la experiencia estadounidense" —es decir, el complejo militar-industrial.
No menos impactantes son los datos que reafirman en el texto la existencia y el gran peso en la economía estadounidense del llamado "keynesianismo militar": "En 1990, el valor de las armas, del equipamiento, y de las fábricas dedicadas al Departamento de Defensa representaba un 83 por ciento del valor de todas las fábricas y equipos en la manufactura estadounidense".
Finalmente, Johnson reconoce que "La dependencia de Estados Unidos del keynesianismo militar ha progresado a pesar de que la Unión Soviética ya no existe [...]", confirmando de este modo nuestra afirmación inicial de que, la carrera armamentista no terminó con la Guerra Fría.
En su Reflexión, Fidel Castro caracteriza al autor conforme a la procedencia y trayectoria que este amerita. Sin embargo, su juicio de valor crítico acerca de lo tardío de las revelaciones de Johnson, tras toda una vida laboral dedicada a la defensa del mismo sistema que el autor ahora critica en sus escritos, no invalida lo oportuno de la selección de esos textos. Los contenidos seleccionados por Fidel corroboran la actualidad y la validez de sus criterios defendidos desde el triunfo de la Revolución en materia de armamentismo y desarrollo.
El rechazo de Fidel a la guerra y al armamentismo, abordado en su libro La crisis económica y social del mundo (Castro Ruz, 1983), refuerza su criterio de que, "los gastos militares, las guerras, los armamentos son fenómenos promovidos y desarrollados por el sistema capitalista y por la política imperialista de agresión e intimidación" (Castro Ruz, 1983). En el mismo libro, al referirse a la carrera armamentista, Fidel evidencia que "La lucha contra esas manifestaciones irracionales y peligrosas de tal política, constituye hoy una de las acciones más urgentes de toda la humanidad y, en particular, de los pueblos del mundo subdesarrollado, que están entre los afectados más directamente por la guerra y la carrera armamentista" (Castro Ruz, 1983).
Y continúa argumentando a favor del desarrollo versus armamentismo:
Solo en términos económicos, las posibilidades que abriría el desarme para el desarrollo de nuestros pueblos son claramente positivas. Todas las proyecciones indican que el actual ritmo de la carrera armamentista afectaría de manera violentamente negativa el bienestar económico general en todas las regiones del mundo, casi sin excepciones. En los países subdesarrollados en conjunto, contribuiría a agudizar la ya desesperada situación de las enormes masas de desposeídos y explotados. En cambio, Naciones Unidas ha estimado que el desarme produciría un incremento del 3,7 % en el Producto Nacional Bruto mundial para el año 2000, entre otros muchos beneficios en el orden económico y social (Castro Ruz, 1983).
Más adelante, Fidel Castro enfatiza:
La carrera armamentista que enfrenta hoy la humanidad, significa en realidad la amenaza más directa para su propia supervivencia. Detenerla e invertirla, es hoy, sin duda alguna, el aporte más decisivo a la causa de la paz, el objetivo más esencial y determinante que el mundo tiene ante sí (Castro Ruz, 1983).
En el mismo libro, Fidel analiza y sistematiza datos e información aportados por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) y a menudo los cita:
[...] (la) carrera armamentista significa una contínua y expansiva distracción de recursos escasos —humanos y materiales— mientras las más apremiantes necesidades de muchos pueblos permanecen sin ser satisfechas. [...]. Hoy, el percápita de ingreso de los países en desarrollo resulta en promedio de 12 a 13 veces menor que en los países desarrollados. Unos 570 millones de personas en países en desarrollo están mal nutridas; 800 millones de adultos son analfabetos; 250 millones de niños no van a la escuela; 1500 millones tienen escaso o ningún acceso a los servicios médicos [...]. Incluso, en los países económicamente más desarrollados, hay millones de personas con un nivel de vida por debajo de la línea oficial de la pobreza. Gigantescos recursos son necesarios para resolver tales problemas globales como el alimentario, energético, de materias primas y ambiental (Castro Ruz, 1983).
Al respecto, Fidel alerta que "nos amenaza, en primer lugar, a todos los pueblos del mundo sin excepción, el peligro de una guerra nuclear devastadora, que podría significar incluso el fin de la humanidad".
A lo planteado por Fidel acerca del peligro que representa la carrera armamentista para la humanidad, en el siglo xxi se suman
[...] nuevos peligros de dominación, que complementan los ya conocidos y tienen que ver con el dominio de la información, de los estados de opinión y la penetración de la cultura de pueblos enteros. En estos campos las finanzas y las tecnologías están nuevamente en manos de pocos países y empresas, los que obtienen los mayores beneficios en cuanto a información recopilada e influencia política. Es decir, a los viejos desequilibrios se han sumando otros nuevos, cuando aún los primeros no han sido corregidos, y estamos lejos aún de una articulación internacional que permita hacerles frente (Cabañas Rodríguez, 2023).
Al concluir su libro, Fidel Castro Ruz alertó:
Si no se crea un verdadero clima de paz y seguridad para todos los Estados; grandes y pequeños, y no sea la absurda carrera armamentista —que aumenta en loca espiral como en ningún otro momento de la historia—, no solo crecería el peligro de guerra mundial hasta hacerse infernal realidad, sino que ni siquiera podría solarse con disponer de los recursos indispensables para hacer frente a las necesidades de Tercer Mundo planteadas en este Informe. Sin una drástica reducción de los gastos militares, la tarea sería imposible (Castro Ruz, 1983).
Pareciera que los planteamientos de Fidel Castro Ruz en ese libro, escrito hace más de 40 años, fueron hechos para describir la situación actual, ya que la interrelación entre armamentismo y desarrollo mantiene las mismas características: son antagónicas e incompatibles entre sí. Pero también se mantiene la creciente brecha del contraste entre ambos. Eso se evidencia al analizar el gasto militar global que, de acuerdo con datos oficiales de un reciente informe (septiembre de 2025) de Naciones Unidas, alcanzó una cifra récord en 2024, con un total equivalente a 334 dólares por cada uno de los más de 8000 millones de habitantes del planeta (Organización de Naciones Unidas, 2025). El referido informe revela que tras una década de desarrollo militar, el gasto castrense mundial alcanzó un récord de 2,7 billones de dólares el año pasado, un aumento de más del 9 % con respecto a 2023. El estudio apunta que, de continuar la tendencia actual, esa cantidad llegará a un total de 6,6 billones de dólares en 2035 (Organización de Naciones Unidas, 2025).
La referida publicación evidencia también una creciente brecha entre armamentismo y desarrollo, al señalar que el gasto militar de 2024 es trece veces mayor que la cantidad de ayuda oficial al desarrollo de los países más ricos del mundo, a las naciones más atrasadas, y supera 750 veces el presupuesto ordinario de la ONU. El secretario general de Naciones Unidas alertó que el déficit de financiamiento crece "por la falta de acción", y recordó que solo una de cada cinco metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 está en camino de lograrse.
En función de revertir esa situación, llamó a los países a replantear las prioridades y a "reequilibrar las inversiones globales hacia la seguridad que el mundo realmente necesita" (Organización de Naciones Unidas, 2025). En el mismo tenor, el secretario general consideró que la evidencia es clara: "un gasto militar excesivo no garantiza la paz".
El referido informe reconoce que el elevado gasto militar de hoy, desvía al armamentismo las inversiones esenciales en salud, educación, creación de empleo, protección de las personas contra los efectos del cambio climático, y ampliación de oportunidades para mujeres y jóvenes. Asimismo, sostiene que los presupuestos de los países son reajustables, donde las respectivas asignaciones son opcionales. El estudio revela también que con 93 000 millones de dólares, menos del 4 % de los 2,7 billones de dólares asignados al gasto militar, podría erradicarse el hambre para 2030.
También precisó que con poco más del 10 % (285 000 millones de dólares) se vacunaría a todos los niños, y que con cinco billones de dólares, el mundo podría financiar doce años de educación de calidad para todos los niños de los países de renta baja y media baja.
No obstante, el Relator Especial de la ONU sobre pobreza extrema en su Informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en junio del año en curso (2025) afirmó que "Las crisis se multiplican y la pobreza gana terreno, en cambio, la ayuda internacional disminuye, derrumbando décadas de progreso".
Mientras los países de la "pacífica" OTAN aumentan al 5 % de su Producto Interno Bruto (PIB) su presupuesto en "Defensa y Seguridad", se observa una drástica reducción de la ayuda al desarrollo y de la cooperación internacional. Según datos del Informe, en 2024, la asistencia oficial al desarrollo cayó por primera vez en seis años, y para 2025 la disminución llegaría a 20 % debido a decisiones presupuestarias cada vez más opuestas a la solidaridad internacional.
Es evidente la prioridad de los países integrantes de la OTAN, de invertir en "Defensa y Seguridad", frente a la ayuda al desarrollo. Conforme revela el Informe:
Entre 1990 y 2022, el porcentaje de asistencia oficial para el desarrollo que la Unión Europea destinó a los países menos adelantados disminuyó del 52 % al 19 % del total, una tendencia que continúa (De Schutter, 2025).
También se afirma en el mismo estudio que, según algunas estimaciones, la reducción media de las ayudas a los países menos adelantados podría representar el 35 % para el período 2025- 2027, con respecto a las cantidades destinadas durante el período 2021-2024. La Unión Europea se centra cada vez más en su estrategia Global Gateway, que consiste en privilegiar las inversiones de importancia estratégica para la institución, con el objetivo particular de facilitar el acceso a minerales esenciales frente a las modalidades de apoyo que podrían contribuir en mayor medida a la reducción de la pobreza. Salvo contadas excepciones, los Estados miembros de la Unión Europea están reduciendo, a veces drásticamente, el presupuesto dedicado a la asistencia oficial para el desarrollo (De Schutter, 2025).
El mismo Informe refiere, además, que "en el período 2023-2024, Alemania redujo su presupuesto de asistencia para el desarrollo en 2700 millones de euros y su presupuesto de ayuda humanitaria en 930 millones. También menciona que Francia, en los últimos años, había aumentado paulatinamente su presupuesto de ayuda exterior y se había fijado para 2025 el objetivo de dedicar el 0,7 % de su ingreso nacional bruto a la asistencia oficial para el desarrollo, ha pospuesto dicha meta y, además, ha invertido la tendencia: redujo el volumen de su asistencia en 742 millones de euros en 2024 y en más de 2000 millones de euros en 2025 (De Schutter, 2025).
Proponer medidas fiscales como los impuestos al patrimonio y los impuestos solidarios sobre las transacciones financieras o el transporte aéreo, y establecer un Fondo Mundial de Protección Social que movilice 760 000 millones de dólares al año, propuestos por el autor del referido Informe, ciertamente contribuirían a garantizar un ingreso mínimo, igual que el acceso a la atención sanitaria básica en los 26 países más pobres del mundo; y para construir un escudo social contra los choques climáticos y económicos.
En relación con el referido Informe, el secretario general de la ONU, António Guterres, en una reciente intervención expresó: "Un mundo más seguro comienza invirtiendo al menos tanto en la lucha contra la pobreza como en las guerras".
En materia de este tema, en su discurso frente a la ONU, en 1979, Fidel Castro fue más radical, cuando expresó:
Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era, esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana.
En ese mismo discurso, Fidel planteó interrogantes que expresan su profundo compromiso con la paz y la justicia social, que lleva implícito el planteamiento de los problemas del desarrollo y del injusto orden económico internacional:
Unos países poseen, en fin, abundantes recursos. Otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de éstos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para qué sirve el mundo? (Castro, 1979).
Conclusiones
El imperialismo, en el despliegue de su ofensiva hegemonista y agresiva, evidencia que no tiene intención de detenerse ante los límites que le impongan el Derecho Internacional, la Carta de las Naciones Unidas y décadas de resoluciones y declaraciones, regionales y universales, contra la coerción, la amenaza, la interferencia en los asuntos internos de otros Estados y la intervención (Díaz-Canel Bermúdez, 2025).
Ello corrobora la vigencia en la actualidad, de los planteamientos de Fidel, líder histórico de la Revolución Cubana: se evidencia mediante la actual carrera armamentista y el elevado gasto militar de las potencias imperialistas versus ayuda al desarrollo. Así como lo evidencia también la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, así como el renovado genocidio israelí perpetrado contra el pueblo palestino, que ha causado la muerte de más de 50 000 palestinos, entre ellos más de 15 000 niños, con la complicidad de los Estados Unidos que brindan apoyo financiero, militar y logístico a Israel, la potencia ocupante. Lo evidencian las recientes amenazas bélicas y sangrientos actos de terrorismo de Estado perpetrados por Estados Unidos contra embarcaciones de la República Bolivariana de Venezuela, solo para mencionar algunos ejemplos.
Es por todo lo anterior que las palabras expresadas por Fidel Castro en su intervención ante la Asamblea General de la ONU en 1979, en la actualidad mantienen su importancia:
La explotación de los países pobres por los países ricos debe cesar. Sé que en muchos países pobres hay también explotadores y explotados. Me dirijo a las naciones ricas para que contribuyan. Me dirijo a los países pobres para que distribuyan. ¡Basta ya de palabras! Hacen falta hechos. ¡Basta ya de abstracciones! Hacen falta acciones concretas. ¡Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo que nadie entiende! Hay que hablar de un orden real y objetivo que todos comprendan (Castro Ruz, 1979).
No obstante, en el actual orden económico mundial, las potencias imperialistas no renuncian a la carrera armamentista, aunque los daños causados por el armamentismo, no solo lo sufran los países subdesarrollados; también se afecta la estabilidad macroeconómica y causa graves problemas sociales en las potencias más ricas que poseen un poderoso complejo militar industrial como Estados Unidos y la Unión Europea. Es por ello que estas deberían hacerle caso a la advertencia que el Comandante en Jefe expresara ante la ONU en 1979:
Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos. Y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales, el futuro será apocalíptico.
El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se pueden resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos. Y, en el holocausto, morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo (Castro, 1979).
Referencias bibliográficas
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1 Teniente de la Marina de Estados Unidos en la década de 1950, asesor de la CIA de 1967 a 1973 y defensor por mucho tiempo de la guerra de Vietnam.