Cuadernos de Nuestra América/Nueva Época/No. 019 /abril-junio, 2026/
RNPS: 2529 /ISSN: 2959-9849/ 154 pp.
Dinámicas geopolíticas a través
de la militarización global:
la remilitarización de Europa
y su dependencia militar
Geopolitical dynamics through global militarization: The remilitarization of Europe
and its military dependence

Dra. C. Sandra Kanety Zavaleta Hernández
Doctora en Ciencias Políticas y Sociales.
Profesora del Centro de Relaciones Internacionales
de la Universidad Nacional Autónoma de México
e-mail: sandrakanety@politicas.unam.mx
ORCID: 0000-0002-8662-6818
Fecha de recepción: enero de 2026
Fecha de aprobación: febrero de 2026
Fecha de publicación: junio de 2026
Resumen
El texto sitúa a la militarización como un mecanismo central de poder y del mantenimiento de la hegemonía en el sistema internacional contemporáneo. En este sentido, el proceso de rearme que actualmente está viviendo Europa se inscribe, por un lado, en el reto que le significan amenazas viejas y nuevas, pero también en una estrategia que le permita hacer frente al reposicionamiento de Rusia y al expansionismo de China. La enorme dependencia que en materia de seguridad y defensa le ata a potencias regionales no europeas plantea desafíos importantes para la Unión Europea en su conjunto en medio de un contexto convulso de reestructuración del orden mundial. Desde la perspectiva europea, apostar por el reforzamiento de su aparato militar le permitiría ganar autonomía, garantizar su seguridad colectiva y afirmar un papel activo en el tablero internacional.
Palabras clave: Militarización, Europa, Dependencia militar, reestructuración del Orden Mundial, Dinámicas geopolíticas.
Abstract
This text analyzes militarization as a central mechanism of power and the maintenance of hegemony in the contemporary international system. In this sense, the rearmament process currently underway in Europe is part of the challenge posed by both old and new threats, but also part of a strategy to confront Russia's repositioning and China's expansionism. The enormous dependence on regional powers for security and defense poses significant challenges for the European Union as a whole amidst a turbulent context of global restructuring. From a European perspective, strengthening its military apparatus would allow it to gain autonomy, guarantee its collective security, and assert an active role on the international stage.
Keywords: Militarization, Europe, Military dependence, Global Order restructuring, Geopolitical dynamics.
Introducción
La militarización del mundo ha sido una constante en la dinámica de las relaciones internacionales, pero en el contexto actual, marcado por tensiones y disputas intercapitalistas multipolares, guerras híbridas, avance de la inteligencia artificial y la tecnología, el reposicionamiento de los autoritarismos y de la derecha, quiebre del multilateralismo, entre otros, adquiere un carácter geopolítico estratégico más importante. Los Estados, y otros sujetos hegemónicos, están redirigiendo recursos considerables hacia los sectores de defensa como mecanismos de influencia, presión, control y disputa por la hegemonía.
Según el Reporte Global 2025 del Instituto de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), en 2024 el gasto militar mundial alcanzó los 2,44 billones de dólares, lo que se traduce en un incremento de casi el 7 % respecto de 2023. Este aumento, que es el mayor desde el fin de la guerra fría, no solo responde a la construcción o percepción de amenazas a la seguridad, a la normalización del conflicto, a la incapacidad de las instituciones internacionales para la resolución de tensiones o a las crecientes rivalidades geopolíticas, sino que es parte de la crisis sistémica y de sus dinámicas estructurales de poder, de sus lógicas imperialistas y, en general, de la reestructuración —¿ruptura?— del orden capitalista global.
Gráfico 1 Distribución porcentual del gasto militar por país en 2024
Fuente: Statisa, 2025.
El aumento del gasto militar, entonces, debe entenderse en estrecha relación con la fractura y recomposición del orden internacional edificado al término de la Segunda Guerra Mundial y, claro está, aquel establecido tras la Guerra Fría. El evidente declive de la hegemonía de Estados Unidos, el ascenso y expansión de China, el reposicionamiento de Rusia, por decir lo menos, forman parte así del complejo escenario en donde la competencia y lucha por el poder encuentra en la violencia una estrategia vital.
Con una inversión de 876 000 millones de dólares, (37 % del gasto militar mundial), Estados Unidos fue el país que más invirtió en el aparato militar; seguido por China, con un gasto de 311 000 millones de dólares; Rusia con 119 000 millones; Alemania en cuarto lugar con un gasto de más de 88 000 millones; e India con poco más 86 000 millones. Otros en la cima de países con mayor inversión en el rubro son Reino Unido, Arabia Saudita, Ucrania, Francia, Japón, Corea del Sur e Israel (SIPRI, 2025).
Cabe mencionar que, si bien los cinco primeros destinaron cantidades extraordinarias a su aparato militar, Estados Unidos fue, por mucho, el mayor inversionista. El gasto de casi 900 000 millones de dólares encaminados a su defensa fue tres veces mayor que el de China, lo que no impidió, empero, que la estrategia geopolítica de esta potencia asiática condujera, también, a un importante aumento del gasto militar en toda región (SIPRI, 2025).
De hecho, siendo el segundo país con mayor inversión militar en el mundo, China incrementó 7 % su gasto en defensa (50 % de todo el presupuesto militar en Asia y Oceanía). En la región, además, India aumentó 1,6 % su gasto, lo que le valió figurar como el quinto mayor inversor mundial; Taiwán, enclave estratégico en disputa entre las potencias, aumentó 1,8 %; y en particular, es interesante observar que Japón incrementó su presupuesto en 21 % (SIPRI, 2025), lo que significa la mayor inversión desde finales de la Segunda Guerra Mundial.
La región de Medio Oriente registró 15 % de aumento del gasto militar, con respecto de 2023, equivalente a 243 000 millones de dólares (SIPRI, 2025). Israel, aliado estratégico de Estados Unidos y de la Unión Europea, fue el que más creció su presupuesto militar (65 % más desde la llamada Guerra de los Seis Días, en 1967). La ocupación de territorios palestinos y el mantenimiento del genocidio sistemático en Gaza son manifestación de que este país, como otros, encuentra en la violencia, el conflicto y, en general, en los procesos de militarización un mecanismo infalible para asegurar sus intereses.
África registró un aumento del 22 % en el gasto militar. En general, en el continente, el presupuesto destinado a defensa y al aparato militar creció 51 600 millones de dólares en 2023 (ADF, 2025). Argelia, Marruecos, Egipto, Nigeria y Libia son los países que más recursos destinan como consecuencia de la inestabilidad regional, los conflictos armados y la injerencia de países externos.
En el caso de la región de Europa, todos los países, con la única excepción de Malta, aumentaron su gasto militar 17 % en promedio. Los casos más significativos fueron Rusia (38 %) y Ucrania (2,9 %; SIPRI, 2025). A su vez, 17 de los 30 miembros europeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) superaron el 2 % del Producto Interno Bruto (PIB) establecido como mínimo en la alianza (Reuters, OTAN, 2025); de esos 17, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia —territorios próximos o con frontera con Rusia— fueron los que más destinaron a su defensa. Asimismo, Alemania, Francia, Polonia e Italia fueron los que más invirtieron en su aparato militar.
En general, entre 2015 y 2024, el gasto militar mundial creció 37 % y se registró en todas las regiones geográficas. El mayor aumento se dio en Europa, seguida de Asia y Oceanía, América, Oriente Medio y África (SIPRI, 2025), lo que reafirma que las potencias regionales dependen de sus capacidades militares para proyectar su poder.
Gráfico 2 Distribución porcentual del gasto militar de los países miembros de la OTAN
Fuente: Yoruk Bahceli, estimaciones de la OTAN, Reuters.
El rearme europeo
En marzo de 2025, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció un plan de rearme que tiene como fecha límite para su constitución el 2030. El proyecto, llamado ReArm Europe, tiene como objetivo el reposicionamiento de Europa en el tablero mundial, a través de la construcción de una fuerza colectiva que le permita garantizar su propia defensa y, eventualmente, dejar de depender de Estados Unidos y otras potencias regionales no europeas para proveerse seguridad; lo que implicaría, entre otras cuestiones, que los países de la Unión Europea (UE) destinaran el 3 % del PIB al aparato militar (RTVE, 2025). Como se mencionó anteriormente, si bien más de la mitad de los países de la OTAN superaron el 2 % de su PIB en defensa, en 2024 solo cuatro de sus miembros, Polonia, Estonia, Letonia y Grecia, (integrantes de la UE) destinaron más del 3 % (Reuters, OTAN, 2025).
Bajo el entendido de que se está gestando un nuevo orden internacional en el que Europa en su conjunto enfrenta viejas y nuevas amenazas, que incluyen la competencia estratégica desde el Ártico hasta el Báltico, Oriente Medio y el Norte de África; el rápido cambio tecnológico, la migración o el cambio climático, el proyecto de rearme se ha establecido como un plan que permita desarrollar las capacidades y la preparación militar necesarias para disuadir con credibilidad la agresión armada y asegurar el futuro del continente (European Commission, 2025).
De acuerdo con el documento "White Paper for European Defense. Readiness 2030", la reconstrucción de la defensa y seguridad colectiva requiere atender las "brechas críticas de capacidad" 1 en siete áreas prioritarias (European Commission, 2025).
Como es evidente, la estrategia llega en un contexto convulso en donde el conflicto entre Rusia y Ucrania, así como el ascenso de la influencia económica y militar de China, la competencia tecnológica, la disputa por recursos y materias primas y los conflictos armados, se perciben como importantes amenazas a la seguridad del continente. El problema esencial es que, desde la edificación del orden de la segunda postguerra, Europa quedó sometida a un poder no europeo, dependiendo enormemente de Estados Unidos2 y, recientemente, de otras potencias que ven en la debilidad y dependencia de Europa una significativa oportunidad para expandir y asegurar sus intereses.
El conflicto entre Rusia y Ucrania
Aunque Europa en su conjunto ha destinado históricamente recursos importantes a su aparato militar, a raíz del conflicto entre Rusia y Ucrania el gasto en armamento y en defensa ha ido en aumento considerable. So pretexto de la confrontación y de la amenaza que para el continente representa, a partir de febrero de 2022 la región ha mantenido un aumento de su gasto en defensa, lo que puede observarse no solo en el 17 % de incremento en su aparato militar, sino en importantes reformas de sus políticas presupuestarias y el resurgimiento de una estrategia de "defensa colectiva" que evidencia, entre otras cosas, la enorme dependencia militar que guarda con una potencia no europea y, no menos importante, una gran fragilidad en términos de seguridad regional.
Entre otras cuestiones, el hecho de que Finlandia —que comparte más de 1300 km de frontera con Rusia— y Suecia —país que había mantenido durante décadas una política de neutralidad en el continente— se incorporaran como nuevos miembros de la OTAN en abril del 2023 y marzo de 2024, respectivamente, denota una agresiva reacción hacia el reposicionamiento estratégico de Rusia que ha conducido a la militarización de la zona ártica y que reconfigura la seguridad en el norte de Europa.
Como es sabido, Rusia tiene, al menos, tres bases militares y aeródromos importantes en el Ártico; la base de Nagurskove y la Base Trébol del Ártico, ubicadas en Tierra de Alexandra; y la Base aérea de Temp, en las islas de Nueva Siberia. Está de más decir que, el despliegue de dichos nódulos militares en el territorio le permite a la potencia el acceso a recursos naturales como petróleo o gas (recursos que han intensificado la competencia y la exploración de la zona gracias al derretimiento de los glaciares). Asimismo, le facilita la conexión del Atlántico con el Océano Pacífico y consecuentemente el control de la ruta Mar del Norte, lo que a su vez le permite el control de una vía más corta para el transporte de mercancías entre Asia y el continente europeo, asunto relevante en la logística del capital. También, y no menos importante, le permite proyectar su poder e influencia en un territorio que hoy, más que nunca, es considerado vital en su estrategia de seguridad y, de hecho, en la de Europa y otras potencias regionales.
El reposicionamiento ruso en el Ártico en medio del conflicto que sostiene con Ucrania, por consecuencia, es motivo de preocupación entre los países europeos, en especial entre los integrantes de la Organización del Atlántico, hecho que explica que el gasto militar de Finlandia haya aumentado entre un 2,3 % y un 3 % de su PIB; que Suecia lo haya incrementado un 34 % desde 2023 (lo que significa el 2 % del PIB); que Polonia haya destinado más del 4 % de su PIB; o que Alemania destine el 2 %, cantidad que no invertía desde la segunda postguerra.
Reino Unido, por su parte, prevé aumentar entre el 2,6 % y el 2,8 % de su PIB para 2027 e invertir otros 17 000 millones de euros para fortalecer su capacidad nuclear (El Mundo, 2025). Recordemos que, junto a Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Israel, Corea del Norte e India, es un país que cuenta con arsenal atómico y que mantiene en su poder 225 ojivas (ICAN, 2025).
Si bien el programa ReArm Europe garantiza la inversión de 800 000 millones de euros en defensa regional (Mosleh, 2025), cierto es que, desde el inicio del conflicto ruso ucraniano, el gasto militar en Europa ha tenido un crecimiento sostenido del 16 %, un 62 % más en comparación con 2014, momento en la que se llevó a cabo la anexión de Crimea.
Es interesante observar que, la estrategia no solo prevé la posible inversión de capital privado, sino que evidencia un distanciamiento de Estados Unidos en materia de seguridad y defensa, como ya se apuntaba. Aunque desde la Segunda Guerra Mundial, la relación estratégica tejida entre la potencia americana y el entonces devastado continente, ha sido en términos de subordinación, también ha sido constante y muy estrecha en determinadas ocasiones. Prueba de ello es la OTAN, alianza militar proveedora de seguridad para Europa, creada en 1949 con el propósito de contener el comunismo y fortalecida con la adhesión de cada vez más países. Actualmente, son 32 los Estados miembros; 20 más que sus fundadores y entre los que se cuentan países que en su momento formaron parte del bloque socialista bajo el liderazgo de la entonces Unión Soviética.
Más allá de la importancia estratégica que le significa a Estados Unidos, la alianza es signo de la enorme dependencia militar y política constante de Europa, y si algo ha demostrado su existencia es precisamente esto. El conflicto entre Rusia y Ucrania vino a demostrar los enormes desafíos y limitaciones que en materia de seguridad y defensa tienen en general los países europeos. Dentro de la Organización, Estados Unidos es el inversionista más poderoso. Solo él, suministra entre 60 % y 70 % de la capacidad militar total de la Alianza y desde 2022, ha posicionado poco más de 100 000 tropas estacionadas o desplegadas en Europa (SIPRI, 2025). Además, a diferencia de los países europeos miembros de la alianza, tiene un mayor poder financiero y despliegue estratégico en esferas clave de inteligencia satelital, vigilancia y logística.
Efectivamente, la asistencia económica y militar más robusta en apoyo a Ucrania como consecuencia del conflicto con Rusia, ha provenido del país americano. Algunas fuentes señalan que entre 2022–2024, Estados Unidos destinó más de 114 000 millones de euros en ayuda a Kiev, de los cuales más de 70 000 millones corresponden a apoyo militar directo, es decir, armamento, municiones, entrenamiento, inteligencia, entre otros; frente a los 88 000 millones provistos por los miembros de la UE en su conjunto.
El rearme europeo descansa en la idea de que Rusia es una amenaza para Europa, aún si el conflicto con Ucrania terminara. El hecho de que Rusia sea la potencia que más armas nucleares posee —5459 ojivas, 182 más que Estados Unidos (ICAN, 2025)—, implica un posible despliegue de este tipo de armamento en países aliados de Rusia, pero no de Europa, como Bielorrusia u otros que puedan, eventualmente, desestabilizar la región favoreciendo intereses no europeos.
La expansión de China
Para Europa, la cada vez más estrecha relación que China está tejiendo con Rusia, así como las estrategias geopolíticas que está llevando a cabo alrededor del mundo, suponen un reto muy importante para la seguridad del continente. Siendo integrante del selecto club nuclear —con 600 armas, que lo posicionan como el tercero de los nueve que poseen este tipo de armamento (ICAN, 2025)— y el cuarto país que más exporta armamento convencional en el mundo —solo debajo de Estados Unidos, Francia y Rusia (SIPRI, 2025)—, China se vuelve un reto para la estabilidad de la región.
La creciente dependencia tecnológica de Europa respecto de China en sectores clave como el automóvil eléctrico, las baterías y otras tecnologías avanzadas, evidencian la vulnerabilidad de la UE ante el dominio del país asiático en la cadena de suministro global pues, entre otras cosas, deja ver su falta de autonomía y liderazgo en estos sectores estratégicos.
Actualmente, China es el mayor productor de baterías en el mundo, lo que le permite controlar su producción global para el funcionamiento de vehículos eléctricos. Además, es un actor clave en la fabricación de semiconductores, materiales raros y otras tecnologías avanzadas (Santillana, 2025); insumos de gran relevancia en la competencia intercapitalista por la hegemonía.
De hecho, la cadena de producción de Europa depende de la producción china en hasta un 100 % en elementos de tierras raras pesadas (indispensables para la fabricación de reactores nucleares, pantallas o fibra óptica); hasta el 97 % del magnesio (útil para la fabricación de aleaciones aeroespaciales o partes automotrices); un 85 % en tierras raras ligeras (necesarias para producir motores de aeronaves, catalizadores, imanes); un 79 % del litio (indispensable para la generación de baterías, celulares o computadoras); 71 % del galio (útil en semiconductores, pantallas led y paneles solares); 67 % del escandio (útil para el funcionamiento de componentes aeroespaciales); entre otros recursos (Bloomberg, 2025; Visualcapitalist, 2025).
Europa tiene claro, entonces, que las materias primas son cruciales para su economía y seguridad, pues de ellas depende la producción de numerosos bienes, servicios y aplicaciones que se utilizan en la vida cotidiana y que son, también, recursos indispensables si se quiere disputar la creciente competencia tecnológica. El acceso permanente se vuelve fundamental para garantizar la actividad económica, industrial y de defensa en la región, lo que la convierte en una preocupación creciente por la alta dependencia que mantiene con el exterior (European Commission, 2025).
El proyecto de rearme europeo contempla justamente que la tecnología será el principal factor competitivo en el nuevo entorno geopolítico. Con China en franca expansión global y Rusia rearticulando sus estrategias geopolíticas, Europa entiende que tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA), la cuántica, la biotecnología, la robótica y la tecnología hipersónica, se convierten en elementos clave tanto para el crecimiento económico a largo plazo como para la supremacía militar (European Commission White Paper, 2025).
El mundo convulso de hoy es muestra de que las rivalidades geopolíticas no solo han conducido a una nueva carrera armamentista, sino también a una carrera tecnológica (European Commission White Paper, 2025) en la que la UE está quedando rezagada y, es este sentido, romper la dependencia tecnológica que mantiene con China es un reto impostergable para su permanencia en la competencia mundial.
Depender de la tecnología externa, particularmente de la china, no solo pone en entredicho la soberanía y la autonomía estratégica de la región, sino que tiene implicaciones geopolíticas profundas. En principio, la vulnerabilidad estratégica a la que está sometida Europa limita su capacidad de influencia y la sitúa en posición de fragilidad frente a una potencia tecnológica, y aún de otras que ven en la debilidad europea una oportunidad de expansión.
Además, el hecho de que Europa dependa de la tecnología china podría, eventualmente, llevar a la potencia asiática a condicionar su acceso y suministro, los costos e incluso ejercer presión política en momentos críticos. Pocos países europeos podrían resistir la imposición de sanciones políticas, económicas o energéticas.
Por otro lado, el aumento de la presencia de tecnología china en Europa, particularmente aquella utilizada en materia de seguridad y defensa (como en las redes 5G y energía) amplia el riesgo del ciberespionaje y la vulnerabilidad de la seguridad en las telecomunicaciones.
Finalmente, la creciente competencia tecnológica entre Estados Unidos (país del que Europa depende extraordinariamente para garantizar su seguridad y defensa, como se ha insistido) y China dificulta aún más la autonomía en la toma de decisiones regionales pues, a decir de la potencia americana, Europa ha podido mantener su posición de poder en el orden mundial gracias a la ayuda que, al menos desde hace siete décadas, ha provisto; especialmente en materia de seguridad y defensa.
Conclusiones
El actual proceso de raerme europeo no solo responde a los riesgos y amenazas externas que enfrenta la región, sino a una reconfiguración estructural del poder geopolítico global. El incremento del gasto militar, incentivado principalmente por el conflicto entre Rusia y Ucrania y la expansión de China, refuerza una lógica de seguridad basada en la disuasión y el rearme que, en teoría, posibilitaría una mejor posición de Europa pero que, a su vez, reafirma que la militarización funge como un mecanismo de poder que reproduce asimetrías y prioriza intereses geoestratégicos sobre necesidades sociales internas, en un contexto marcado por crisis económicas, energéticas y sociales.
Si bien la profunda y nociva dependencia política y militar del "viejo continente" es hoy un gran desafió para la seguridad y defensa europea frente a amenazas cada vez más inciertas provenientes de la disputa por el poder en este mundo multipolar, la perspectiva de seguridad militar que está impulsando puede estar lejos de garantizar una seguridad duradera, y, por el contrario, podría incrementar la inestabilidad global y consolidar un orden internacional basado en la confrontación y la violencia.
Referencias bibliográficas
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1 Pueden entenderse como deficiencias graves en la infraestructura militar, armamento y tecnología y que limitan la capacidad de la UE para ejecutar operaciones complejas y garantizar su seguridad (Menéndez, 2025).
2 El 78 % del armamento que utilizan los ejércitos europeos se adquiere del exterior, particularmente de Estados Unidos (Reija, 2025).