Cuadernos de Nuestra América/Nueva Época/No. 019 /abril-junio, 2026/
RNPS: 2529 /ISSN: 2959-9849/ 154 pp.

Turquía como actor geopolítico:
dinámicas en sus relaciones
con Estados Unidos (2017-2024)

Turkey as a Geopolitical Actor:
Dynamics in Its Relations
with the United States (2017–2024)

Dra. C. María Elena Álvarez Acosta

Profesora consultante del Instituto Superior
de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (ISRI)
Investigadora titular del Centro de Investigaciones
de Política Internacional (CIPI)

e-mail: alvarez14me@gmail.com

ORCID: 0000-0001-9425-4316

Fecha de recepción: marzo de 2026
Fecha de aprobación: abril de 2026
Fecha de publicación: junio de 2026

Resumen

En el escenario internacional contemporáneo, Turquía ha consolidado su posición como potencia regional dominante y actor geopolítico global, capaz de moldear acontecimientos más allá de su vecindario inmediato, a través de medios militares, económicos y diplomáticos. Su protagonismo se manifiesta en su capacidad para ejercer influencia en zonas de conflicto cercanas, mantener un delicado equilibrio entre grandes potencias —rivales y aliadas— y utilizar instrumentos como tecnología de drones, infraestructura energética, gestión migratoria y cooperación en seguridad para proyectar poder. Además, Turquía expande activamente su presencia hacia regiones emergentes del Sur Global, combinando asociaciones comerciales, iniciativas humanitarias, contratos de defensa, exportaciones culturales y diplomacia religiosa. De este modo, se transforma de una potencia puramente euroasiática en un actor verdaderamente global, que busca autonomía estratégica y un rol recalibrado en el orden mundial multipolar en desarrollo.

Palabras clave: Turquía, Estados Unidos, relaciones bilaterales, geopolítica, política exterior, Recep Tayyip Erdoğan, OTAN, cooperación-conflicto, Kurdistán (PKK), sanciones.

Abstract

In the contemporary international arena, Türkiye has consolidated its position as a dominant regional power and global geopolitical actor, capable of shaping events beyond its immediate neighborhood through military, economic, and diplomatic means. Its prominence manifests in its ability to exert influence in nearby conflict zones, maintain a delicate balance between rival and allied great powers, and utilize instruments such as drone technology, energy infrastructure, migration management, and security cooperation to project power. Furthermore, Turkey is actively expanding its presence into emerging regions of the Global South, combining trade partnerships, humanitarian initiatives, defense contracts, cultural exports, and religious diplomacy. In doing so, it transforms itself from a purely Eurasian-centered power into a truly global player seeking strategic autonomy and a recalibrated role in the unfolding multipolar world order.

Keywords: Türkiye, United States, bilateral relations, geopolitics, foreign policy, Recep Tayyip Erdoğan, NATO, cooperation-conflict, Kurdistan (PKK), sanctions.

Introducción

Dentro de los factores que determinan la relevancia de Turquía, sobresalen una posición geopolítica privilegiada: territorio transcontinental con un 3 % en Europa y el 97 % en Asia Occidental, controlando los vitales estrechos del Bósforo y Dardanelos. Además, tiene una gran capacidad militar, posee el segundo ejército más grande de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), entre otros aspectos.

Desde 2002, bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdoğan y el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco), la política exterior turca ha sido pragmática, en función de lograr el reposicionamiento global. Esa orientación ha buscado recuperar influencia en regiones históricamente vinculadas al país
—Balcanes, Medio Oriente, Norte de África, Cáucaso—, posicionarse como mediador en conflictos regionales o globales y diversificar sus alianzas internacionales, entre otros aspectos.

En ese contexto, las relaciones bilaterales con Estados Unidos (EE. UU.), han transitado desde una alianza estratégica durante la Guerra Fría hasta una compleja dinámica de cooperación-confrontación en el siglo xxi. En los últimos años, en dichas relaciones han incidido esencialmente factores globales, donde sobresale la guerra en Ucrania; variables regionales que incluyen los conflictos en Siria, Libia, israelo-palestino y la guerra contra Irán, y otras referidas a relaciones con potencias emergentes, como Rusia y China.

Además, las dinámicas internas pueden favorecer los acercamientos o aumentar las contradicciones. En este ámbito sobresale, de parte de Turquía, el golpe de estado de 2016 y, por la de EE. UU., la actuación del Congreso de ese país, esencialmente en la imposición de sanciones, prohibición de ventas de armas, entre otros aspectos.

Para EE. UU., Turquía ha sido simultáneamente un socio clave —Bósforo y Dardanelos, puente euroasiático— y una fuente recurrente de fricciones. En resumen, en el período de estudio, las relaciones entre Washington y Ankara han pasado por etapas de cooperación y crisis, afectadas por variables geopolíticas, seguridad regional, cuestiones internas y políticas de alianzas globales.

El presente trabajo examina las relaciones turco-estadounidense durante los períodos presidenciales de Donald Trump (2017-2021), Joe Biden (2021-2024) y se incluyen aspectos relacionados con el segundo mandato de Trump.

Desarrollo

Para abordar las dinámicas de las relaciones entre Turquía y EE. UU. en la etapa Trump-Biden, deben tenerse en cuenta algunos antecedentes esenciales. Como expone (Lesser, s. f.):

Los turcos recuerdan, aunque los observadores americanos lo olviden, que la relación bilateral ha tenido repetidos períodos de tensión, y a menudo muy graves. Incluso durante la guerra fría, cuando la contribución de Turquía para frenar el poder soviético y el compromiso de EE. UU., con la seguridad turca eran factores primordiales, el antiamericanismo estaba extendido tanto en la derecha como en la izquierda turca. Tras la intervención turca en Chipre, Ankara sufrió las sanciones legales de EE. UU., entre 1975 y 1978. Los derechos humanos, la producción de estupefacientes y la política en el mar Egeo fueron fuentes constantes de conflicto entre los años setenta y noventa. Durante las presidencias de George H. Bush y Bill Clinton, Washington y Ankara mantuvieron varias disputas sobre el uso de la base aérea de Incirlik y, especialmente, sobre las operaciones Provide Comfort (1991-1996) y Northern Watch (1997-2003) en el norte de Irak.

Aunque se mantuvieron discrepancias o desencuentros,1 las relaciones manifestaron cooperación estratégica en algunos aspectos desde el final de la Guerra Fría: la guerra del Golfo (1990-1991), en Somalia, los Balcanes y Afganistán, donde las fuerzas turcas han participado en las operaciones de paz (Lesser, s. f.).

Para la lucha contra el terrorismo, Turquía era esencial, por los puertos y por la base aérea de Incirlik, utilizados en el apoyo logístico a las operaciones en Irak y Afganistán.2 Sin embargo, debe recordarse que la invasión a Irak en 2003 tuvo implicaciones negativas.3

Ello se manifestó en diversos ámbitos: primero, la asamblea nacional turca rechazó la operación en el norte de Irak,4 aunque posteriormente se autorizó el uso de su espacio aéreo a los aviones estadounidenses; segundo, Turquía no dejó de realizar incursiones en territorio Irakuí y, tercero, consideró que las elecciones celebradas en Irak, en enero de 2005, fueron irregulares. Ankara trataba por todos los
medios de evitar la formación de un Estado kurdo.

La invasión estadounidense a Irak, en marzo de 2003, incrementó el sentimiento antiestadounidense en Turquía. Además, las tensiones entre este último y la Unión Europea (UE) empañaba las relaciones,5 los turcos de todo signo político desconfiaban de los objetivos e intenciones de EE. UU., hacia Turquía y
sus alrededores. 6

Aun cuando en 2007-2008, la cooperación entre EE. UU., y Turquía contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo) y otros ámbitos mejoró, la administración Bush no fue capaz de fortalecer las relaciones, se manifestaban tensiones, una de ellas, que se heredaría, era en torno a los kurdos. La llegada de la administración Obama parecía era una oportunidad para relanzar la relación estratégica, pero al final no fue posible.

Obama en la Casa Blanca (2009-2017)

La administración Obama enfrentó un escenario internacional complejo. A nivel global heredó la crisis financiera de 2008 y el ascenso de China y Rusia como potencias emergentes; a nivel regional, en el Medio Oriente, la herencia de la lucha contra el terrorismo, a la que se sumó el contexto de la denominada Primavera Árabe y las contradicciones con Irán, entre otros aspectos. Todo ello en medio del denominado pívot asiático. 7

En ese escenario, al asumir la presidencia, Barack Obama buscó revitalizar la alianza con Turquía. Durante su visita a Ankara en abril de 2009, declaró: "Turquía es un pilar fundamental de la seguridad estadounidense" y prometió convertir el país en un "puente entre civilizaciones" (The White House, 2009). "Buscamos un amplio acercamiento basado en un mutuo respeto y nuestros intereses compartidos" (EFE, 2009).

A la llegada de Obama a la Casa Blanca, Erdoğan planteó:

La elección de Barack Obama como presidente es una señal de que el país ha superado el racismo y ha entrado en una nueva era. Esperamos que, bajo su liderazgo, las relaciones entre Turquía y Estados Unidos se fortalezcan (Erdoğan, 2008).

En la práctica, se establecieron líneas de cooperación esenciales, como las referidas a combatir las amenazas comunes, la mediación regional y el ingreso de Turquía a la Unión Europea. Las dos primeras se vinculaban directamente a Medio Oriente. Hasta ese momento, las relaciones entre Turquía y EE. UU., no habían tenido gran impacto en el área, solo se incrementaron durante la llamada lucha contra el terrorismo.

Debemos recordar que Washington había establecido un sistema de alianzas en Medio Oriente, cuyo principal aliado era Israel y había sustituido al Sha de Irán, por otros países del área; mientras Ankara había priorizado hasta finales de los años noventa del siglo xx, e inicios del xxi al viejo continente y su entrada a la Unión Europea (UE). Obama defendió la adhesión turca a la UE con el argumento de que se fortalecería la alianza transatlántica, también trató de presionar a dicha organización para acelerar las negociaciones. Al respecto planteó:

Estados Unidos y Europa deben tratar a los musulmanes como amigos, vecinos y socios en la lucha contra la injusticia, la intolerancia y la violencia […] Avanzar hacia la adhesión de Turquía a la UE sería una señal importante de nuestro compromiso con esta agenda y de que seguimos amarrando Turquía a Europa (Le Forestier, 2009).

Asimismo, Obama advertía las posibles causas por las cuales Turquía podía buscar nuevas alternativas. "Si no se sienten parte de la familia europea, lo normal es que acaben mirando hacia otro lado para buscar alianzas y afiliaciones". Sin embargo, la UE mantuvo su postura de impedir la entrada de Turquía al bloque.8 Al final, Erdoğan perdió interés tras el fracaso de las negociaciones (2016). Se percató que era casi imposible que lo aceptaran.

En Medio Oriente, las relaciones EE. UU.-Turquía se vieron afectadas por varias razones. La crisis entre Turquía e Israel tras el incidente del Mavi Marmara (2010)9 influyó de forma directa en la triangulación EE. UU.-Turquía-Israel y las posteriores contradicciones entre los dos últimos: sobre todo por el apoyo de Ankara a los palestinos. Además, en el plano regional, a partir de 2011 y hasta 2015, los síntomas de crisis en las relaciones se acentuaban, fundamentalmente por las divergencias en torno a Siria.

En la cooperación militar sobresalió el uso conjunto de la base aérea de Incirlik para las acciones militares en Siria e Irak, además compartieron la información de inteligencia. Sin embargo, EE. UU., apoyó a las Unidades de Protección Popular (YPG) en Siria, consideradas terroristas por Turquía (The New York Times, 2015).

¿Por qué el factor kurdo ha sido una fuente de fricciones constantes? Como vimos, en la etapa de la administración Bush y la denominada lucha contra el terrorismo, se habían manifestado discrepancias relativas a ese aspecto. Los kurdos han representado un problema de seguridad nacional para Ankara, por lo que no puede permitir que eventualmente se conforme un Estado kurdo en Irak, ni en Siria, o que se concedan grados de autonomías expresas, que puedan influir al interior de su país. Con el avance del autodenominado Estado Islámico en Siria, Estados Unidos estableció relaciones con varios grupos kurdos que enfrentaron dicha organización (Abdullah, 2017).

En su afán de debilitar —o derrotar— al gobierno de Bashar Al Assad, incluso con el objetivo de balcanizar el territorio sirio, Washington y sus aliados obviaron que Turquía consideraba a las YPG una extensión del PKK, al que clasificaban como terrorista.10 Lo cierto es que Turquía, con millones de kurdos en su territorio, no podía permitir "un ejemplo a seguir por los mismos".

Desde otro ángulo, destaca la participación turca en lograr un acuerdo con respecto a Irán. Turquía y Brasil mediaron un intercambio de uranio, pero en este caso no actuaban de acuerdo a lo que EE. UU., se proponía, por lo que este último lo rechazó.11 Posteriormente, Turquía apoyó las sanciones a Irán y el JCPOA (2015).

Asimismo, a pesar de las fuertes tensiones que se desencadenaron entre Rusia y Turquía con el derribo de un caza bombardero del primero por parte del segundo en noviembre de 2015,12 la situación se controló. Paralelamente, el pragmatismo del gobierno de Ankara se demostró cuando Erdoğan, junto con Rusia e Irán, participó en las conversaciones de Astana.13

Pero el fallido golpe de Estado de julio del 2016 en Turquía afectó seriamente las relaciones entre Ankara y Washington. El gobierno turco acusó de cabecillas del golpe al clérigo turco Fethullah Gülen, quien vivía en EE. UU., y al pastor Brunson, de nacionalidad estadounidense, quien fue detenido y juzgado con el alegato de haber apoyado una organización terrorista, en la que también participaba presuntamente Gülen.

O sea, se consideraba que ambos estaban involucrados en el suceso, de ahí que Ankara solicitara la extradición de Gülen y Washington la liberación de Brunson. (Bermúdez, 2018). En la práctica fue una crisis diplomática, con medidas que se vinculaban a la esfera estratégico-militar, cuando Turquía restringió el acceso a la base de Incirlik tras el golpe.

Bajo Obama, Washington y Ankara mantuvieron cooperación antiterrorista —inteligencia, operaciones contra ISIS y uso de İncirlik— pero introdujeron una fractura de fondo: el apoyo de EE. UU., a las YPG en Siria chocó, con el punto que no podía negociarse, Turquía considera que los kurdos son una amenaza existencial. En la práctica, entre los dos países hubo cooperación, con fuertes fisuras que, posteriormente, seguiría afectando las relaciones.

Por tanto, los mandatos de Obama, aunque se lograron algunos avances puntuales, terminaron con una relación marcada por la desconfianza mutua, dejaba una Turquía que, pese a seguir siendo parte de la OTAN, comenzaba a actuar como potencia independiente, anticipando las crisis que estallarían bajo Trump y Biden. En la práctica, sentó las bases de una relación frágil, que se deterioró aún más a partir de 2017.

Donald Trump (2017-2021)

Al llegar a la Casa Blanca, Donald Trump enfrentó un escenario internacional marcado por lo que él denominó desequilibrios perjudiciales para Estados Unidos. En el ámbito global, heredó tensiones comerciales con China y promovió su doctrina America First, que se tradujo en aranceles punitivos y el abandono de acuerdos multilaterales, entre otros.

En Medio Oriente, Trump buscó desmarcarse de lo que llamó "guerras interminables", prometiendo retirar tropas de Siria e Irak y abandonar el JCPOA con Irán. Sin embargo, los conflictos en curso afectaban directamente las relaciones con Ankara.

Durante su campaña, Trump hizo escasas referencias directas a Turquía, aunque en una entrevista con The New York Times (2016) expresó: "Tenemos serios problemas con Erdoğan, pero es un líder fuerte que podemos trabajar".14 Mientras, Erdoğan planteó:

Esperamos trabajar con el nuevo presidente electo Donald Trump para fortalecer los lazos entre nuestros países. Confiamos en que nuestra cooperación en temas de seguridad y comercio continuará (Erdoğan, 2016).

Durante el primer mandato de Donald Trump las relaciones entre Turquía y Estados Unidos experimentaron crisis y contradicciones que mostraron el deterioro de las mismas. Un ejemplo casi inmediato fue lo ocurrido en mayo de 2017, cuando Trump recibió a Erdoğan en la Casa Blanca. La visita del mandatario turco estuvo marcada por protestas y un incidente de violencia de guardaespaldas turcos en Washington D. C.

Pero tal vez lo más interesante era los puntos de la agenda, que demostraban las fuertes contradicciones entre ambos: el cambio de estrategia del Pentágono en Siria y la negativa de Washington a entregar al clérigo Fethullah Güllen.15 Una de las situaciones más irritantes para Turquía era la entrega de armas a fuerzas kurdas en Siria. El Gobierno turco temía que ese armamento termine en manos del PKK (El Mundo, 2017).

La primera escalada de las contradicciones fue la calificada crisis de los visados en 2017, en octubre. "La creciente disputa consular entre Turquía y Estados Unidos, que el fin de semana se impusieron restricciones de viajes mutuas, es el más reciente indicio del deterioro en lo que en más de medio siglo ha sido considerada una alianza clave" (BBC, 2017). En la práctica, las relaciones turco-estadounidenses llegaron a su nivel más bajo en más de 40 años.

En agosto de 2018, la crisis estalló de nuevo, Donald Trump impuso sanciones a dos ministros del gobierno turco (Justicia e Interior) en respuesta a la continuación del arresto domiciliario del pastor estadounidense Andrew Brunson, acusado de terrorismo y espionaje, tras el fallido golpe de estado de 2016. (Goldman y Gardiner, 2018). En octubre, después de negociaciones, Brunson fue liberado y regresó a EE. UU. Las sanciones fueron levantadas, la tensión bajó temporalmente.

Las posteriores razones de enfrentamiento fueron las operaciones turcas en el norte de Siria (2018-2019) y el retiro parcial de EE. UU., y la compraventa de sistemas de defensa S-400 a Rusia.

En cuanto al primero, Academia Lab (2025) especifica los principales momentos y acontecimientos.

Según Ileri (2021); tras varios intentos fallidos, Trump anunció el repliegue de sus fuerzas en las zonas de Siria ocupadas por el YPG/PKK luego de una conversación telefónica con Erdoğan en 2018.17

No obstante, lo peor estaba por llegar: la compra y recepción del sistema de defensa aéreo antimisiles S-400 por parte de Turquía a Rusia elevó las contradicciones.21

La compra-venta se había negociado desde el 2017 (julio-diciembre), pero después de abril del 2019,22 se conocieron los detalles de la operación: para julio de ese último año se previó que comenzara el suministro a ese país (Ileri, 2021).23

Todas las contradicciones y desacuerdos, llevaron a que en mayo de 2019 fuera presentada ante el Congreso de EE. UU., la resolución "Expresando preocupación por la alianza EE. UU.-Turquía", la que se aprobó posteriormente.24

En la resolución se planteaba: "La adquisición por parte de Turquía del S-400 de fabricación rusa socava la seguridad de los aliados de EE. UU., y la OTAN y debilita la relación entre los Estados Unidos y Turquía" (Ibídem).25 En ese contexto, "Turquía fue excluida del proyecto conjunto F-35 el 17 de julio de 2019. El Pentágono había bloqueado la entrega de un centenar de cazas F-35 de quinta generación a Ankara,26 suspendió el suministro de piezas y otros materiales y canceló el programa de entrenamiento de los pilotos turcos.

A pesar de acusar a la administración de Obama de no responder a las necesidades defensivas de Turquía, en 2017, dos años después Trump fue quien terminó la participación de Turquía en el programa del cazabombardero F-35.

Un distanciamiento aún mayor se materializó con la petición de los congresistas de implementar en su totalidad las penalizaciones recogidas en la Ley contra los adversarios de Estados Unidos mediante las sanciones CAATSA. Finalmente, el 14 de diciembre de 2020, Estados Unidos incluyó a Turquía en la lista de "Adversario" de Estados Unidos y, en consecuencia, impuso restricciones contra la Agencia de la Industria de Defensa Turca. Así mismo, el Congreso incluyó sanciones contra Turquía en este marco en los presupuestos de Defensa para 2021. Estas sanciones fueron implementadas por Trump (Ileri, 2021).

Trump criticó las sanciones en privado, pero el Congreso las impuso.27Esta fue la primera y única vez que se aplicaron sanciones CAATSA a un aliado de la OTAN.28 En la práctica:

Es evidente que los turcos no quieren ser alineados por Estados Unidos u Occidente cuando se trata de sus propios problemas de seguridad nacional. Tampoco quieren ser desconfiados por la logística fácilmente cortada. Claramente, quieren ser, y han estado pensando en convertirse en importantes actores de la política regional, y su política de seguridad nacional pública dice tanto. Han participado en todas las oportunidades en intervenciones militares multinacionales. Han mostrado la voluntad de desafiar a los Estados Unidos. Tienen planes industriales y de adquisiciones dirigidos a la autonomía estratégica (Academia Lab, 2025).

En otro ámbito, en Medio Oriente, además de la situación en Siria, las acciones de Trump contradecían los intereses turcos. En cuanto a Israel, Ankara condenó el reconocimiento por EE. UU., de Jerusalén como capital de Israel en el año 2017, un año después, el nivel de las relaciones diplomáticas quedó al de encargado de negocios. En 2019, se condenó directamente a EE. UU., de reconocer la soberanía israelí sobre el Golán. Asimismo, en 2020, criticó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre países árabes e Israel a través de los acuerdos de Abraham.

En 2018, en el caso Khashoggi, Turquía filtró pruebas del asesinato de ese periodista en el consu-
lado saudí, presionaba a EE. UU., para sancionar a Arabia Saudita. Trump defendió al príncipe Mohammed bin Salman y las relaciones con la monarquía (BBC News Mundo, 2018).

Con respecto a Irán, la salida del acuerdo nuclear de Trump creaba dificultades a las necesidades turcas, pues mantenía relaciones económicas con Teherán. En la práctica comenzó a evadir las sanciones (2018-2020). Ankara suplía con importaciones de gas y petróleo algunas de sus necesidades energéticas y para ello dependía en gran medida de Irán, por lo que continuó comprando petróleo iraní pese a sanciones de EE. UU., usando trueque oro-gas (U.S. Treasury, 2020). 29

Durante estos años abundaron desacuerdos y enfrentamientos. Se implantó una diplomacia de crisis, no existía ni objetivos ni estrategia compartida. Por tanto, al no resolverse las cuestiones de fondo, las relaciones mantuvieron fuertes tensiones.

En la práctica, durante todos los años del mandato de Trump sobresalió que, a pesar de las advertencias para que no compraran el S-400, Turquía lo hizo. En Siria, EE. UU., se retiró y permitió que Turquía ocupara territorio kurdo; mientras EE. UU., protegía a Arabia Saudita, Ankara filtró pruebas en contra de ese último y cuando el Congreso aprobó las sanciones CAATSA, Erdoğan profundizó su relación con Rusia.

El resultado fue una diplomacia de crisis sin ruptura formal; Turquía afianzó su autonomía estratégica —defensa propia, vínculos con Rusia— mientras, EE. UU., activó herramientas coercitivas con efectividad dudosa.

Biden (2021-2024)

Joe Biden asumió la presidencia con el objetivo declarado de "restaurar el liderazgo moral de Estados Unidos", sin embargo, enfrentaba una OTAN fracturada, donde Turquía desempeñaba un rol ambivalente y un orden internacional en transición. Su administración trató de dar otra imagen y aparentar un retorno al multilateralismo,30 mientras mantenía una postura firme frente a China, aunque con algunos matices.

Paralelamente, debía tratar de restablecer las alianzas debilitadas. Estados Unidos ha vuelto, repetía Biden. Prometió poner fin a las guerras, pero el escenario al que tuvo que enfrentarse tuvo "cambios", sobre todo la situación derivada de la guerra en Ucrania y en Medio Oriente, después del 7 de octubre de 2023.

Biden criticó a Turquía durante su campaña: "Debemos apoyar a la oposición democrática turca y presionar a Erdoğan para que abandone su autoritarismo". En Foreign Affairs (2020) Erdoğan planteaba: "Esperamos que con la administración de Joe Biden, Estados Unidos adopte políticas más justas y equilibradas, especialmente en temas como la lucha contra el terrorismo y la cooperación internacional".

Uno de los primeros actos de Biden como presidente fue reconocer como "genocidio" la masacre de 1,5 millones de armenios a manos del Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial. Inmediatamente, la cancillería turca y Erdoğan reaccionaron airadamente, era algo que iba en contra de la política turca.

La decisión profundizó las tensiones ya existentes por los S-400, Siria y las sanciones CAATSA, marcando un deterioro adicional en la relación entre Washington y Ankara.

En la práctica, el escenario no era favorable. Al tomar posesión, Biden enfrentó múltiples crisis heredadas que estaban vinculadas a Ankara. Su equipo prometió un "nuevo enfoque" que combinara seguridad y valores (Blinken, 2021), pero pronto chocó con realidades geopolíticas. El principal reto de Biden fue conciliar su crítica hacia Turquía, con la necesidad de cooperación en la OTAN, especialmente lo relacionado con la guerra en Ucrania y el control del Bósforo. Biden, a pesar de todas las críticas a Turquía, simplemente la necesitaba.

Precisamente, en el marco de la OTAN hubo discrepancias. En el año 2022, Turquía bloqueó el ingreso de Finlandia y Suecia a la organización. En 2023, Biden negoció el levantamiento del veto a cambio de aprobar la venta de F-16 (OTAN, 2023).31 EE. UU., tuvo que ceder, necesitaba mantener la cohesión de la OTAN durante la guerra en Ucrania (U.S. Department of State, 2023).32 Como se observa, EE. UU., priorizó la expansión de la OTAN, pero tuvo que hacer concesiones y ceder ante demandas turcas.

Estados Unidos apoyó el papel mediador de Turquía en el acuerdo Rusia-Ucrania para la exportación de cereales. Mientras, Ankara envió ayuda humanitaria a Ucrania y permitió el tránsito por su territorio de ayuda militar estadounidense hacia ese país (U.S. Department of Defense, 2022).

En Medio Oriente, Biden heredó la retirada de Afganistán y un JCPOA colapsado, cuyas negociaciones de reactivación (2021-2022) terminaron fracasando, a lo que se sumó la situación en Gaza, Siria, la necesidad de mantener buenas relaciones con Arabia Saudita, entre otros.

En esa región, ocupó un lugar primario la contradicción entre Turquía e Israel, lo que supuso dificultades al aliado número uno de este último. Hubo tensión por el apoyo de Ankara a Hamas.33 Posteriormente, Erdoğan llamó a Hamas "movimiento de liberación", provocando una nota de protesta de EE. UU., pero las contradicciones y los antagonismos siguieron creciendo. Turquía mantuvo un discurso de condena a Israel y enviaba ayuda a Gaza (2023-2024).

Al mismo tiempo, se mantenían las diferencias en Siria, los puntos críticos se dieron en el año 2021, cuando Turquía bombardeó bases kurdas apoyadas por EE.UU., en Hasaka. Un año después, EE.UU., realizó operaciones conjuntas con las YPG, ignorando protestas turcas. Asimismo, Turquía realizó cuatro operaciones militares en Siria durante el gobierno de Biden. En ese mismo escenario hubo puntos de coordinación en inteligencia compartida, pese a tensiones por los kurdos.

Paralelamente, la cooperación de Ankara con Moscú esencialmente en energía, conllevaron a sanciones (2022-2024). Turquía se convirtió en el mayor importador de crudo ruso (1,2 millones de barriles por día en 2023), lo que se hacía evadiendo sanciones occidentales (Centre for Research on Energy and Clean Air-CREA, 2023). Asimismo, empresas turcas exportaron productos electrónicos y chips a Rusia en 2023, lo que llevó al Departamento del Tesoro de EE.UU., a sancionar compañías turcas, como Avrasya Shipping en 2024.

En estos años hubo varias reuniones bilaterales de alto nivel, destaca la de 2021, entre Biden-Erdoğan en Bruselas (junio) para reactivar relaciones y la visita de Blinken a Ankara de febrero de 2023, pero los resultados fueron pobres.

Como se ha observado, también en este período presidencial estadounidense, en todos los años, hubo puntos de crisis entre los dos actores: Cada año del período presidencial de Biden estuvo marcado por un nuevo punto de crisis con Turquía: sanciones y S-400 en 2021, veto a Suecia y acuerdo de granos en 2022, sanciones económicas y comercio con Rusia en 2023, y tensiones por Hamas junto con la venta de F-16 en 2024. Turquía aprovechó la guerra en Ucrania para reforzar su papel de mediador y socio energético de Rusia, mientras buscaba mantener vínculos con Occidente.

2025 con Trump 2.0

En 2025, Trump regresaba a la Casa Blanca. Los retos eran variados, pero sobre todo se evidenciaba la pérdida de hegemonía estadounidenses. Trump prometió el término de la guerra en Ucrania y resolver la situación de Gaza. Para ello había actores que necesitaba, entre ellos Turquía.

El presidente estadounidense retomó un enfoque conciliador y pragmático hacia Ankara: las sonrisas, los apretones de manos, llamadas de alto nivel y señales de cooperación sobre Ucrania, Siria y Gaza, pero las divergencias estructurales se mantenían sobre dos problemáticas: S-400 y YPG, a lo que se ha unido la puja con Israel por Siria. Pero, aunque todavía no ha habido reversión de CAATSA ni retorno al F-35, el canal político ha fluido y ambos gobiernos han mostrado voluntad de coordinar en asuntos prioritarios.

Precisamente, dos momentos han marcado las relaciones. El primero fue la Cumbre de la OTAN en la Haya de junio pasado, tras años de tensiones y crisis, Trump y Erdoğan se reunieron, tratando de pasar página a las tensas relaciones entre ambas naciones. Hablaron de asuntos bilaterales, regionales y globales.

El segundo, fue la visita de Erdoğan a EE. UU., en septiembre, cuando en un ambiente cordial, debatieron sobre el comercio bilateral; Trump planteó la posibilidad de que EE. UU., levantara pronto las sanciones que impiden a Turquía adquirir cazas F-35 y alabó el papel que pudiera desempeñar Erdoğan en el conflicto ruso ucraniano.

Mientras, Erdoğan, consideró el encuentro como una "oportunidad" para discutir, además del tema de los F-35, las negociaciones para adquirir 40 cazas F-16. No obstante, existían otros aspectos que parecían más escabrosos como las relaciones de Ankara con el Kremlin, sobre todo, la compra de petróleo y la postura turca con respecto a Israel.

En el último caso, aunque las contradicciones entre Ankara y Tel Aviv se han mantenido, Turquía participó en los arreglos del Cairo sobre el alto al fuego entre Hamas e Israel, en base a los 20 puntos presentados por Trump. Precisamente, este último, planteó que Erdoğan podría desempeñar un papel clave como mediador entre Moscú y Kiev para alcanzar un alto el fuego.

En 2025, el tono entre Trump y Erdoğan fue más conciliador, con gestos de cooperación y promesas de coordinación en conflictos clave. Sin embargo, las diferencias estructurales siguen obstaculizando una relación plenamente restaurada.

Conclusiones

Las relaciones entre Estados Unidos y Turquía experimentaron transformaciones durante los mandatos de Donald Trump y Joe Biden reflejando las complejidades de un orden global en transición. Turquía bajo el liderazgo de Recep Tayyip Erdoğan ha desafiado repetidamente los límites de las relaciones bilaterales con Estados Unidos.

De la cooperación inicial con Obama, se evidenciaron crecientes tensiones por Siria, YPG y el golpe de 2016, con Trump en primera vuelta, se desarrolló una relación pragmática y personalista, pero estuvo marcada por crisis como las de los S-400, exclusión del F-35 y sanciones CAATSA (2020), lo que constituyó una fractura crítica en las relaciones.

Biden mantuvo las sanciones, reconoció el genocidio armenio, no pudo eliminar las tensiones en torno a las YPG y el comercio de Turquía con Rusia, aunque se evidenció la cooperación en el acuerdo de granos y venta de F-16 (2024). Con Trump 2.0, se ha evidenciado el retorno a un tono conciliador, pero las divergencias estructurales persisten.

Como se observa, el período se caracteriza por el ascenso de las contradicciones entre ambos países, con picos de crisis. Turquía transitó de "aliado indispensable", sobre todo para la OTAN, a socio desobediente e indomable que combina en su actuación la ampliación de sus relaciones y la cooperación selectiva. De esta forma, ha logrado diversificar y equilibrar sus relaciones con Occidente y con los oponentes de este último.

Ankara ha realzado su protagonismo a nivel internacional; en sus relaciones con EE. UU., ha demostrado que este último ha tenido que tolerar y "pactar" con él. Los factores de ruptura expresan la posición de ambos en sus relaciones bilaterales: la independencia "relativa" de Turquía y la pérdida de "fuerza" de EE. UU., y "dependencia" en determinados asuntos, en los que ha tenido que hacer concesiones, pues las acciones de fuerza o castigo han sido inoperantes.

La relación Turquía-EE. UU., confirma el patrón "aliados por conveniencia". Ankara sigue en la OTAN, pero mantiene sus relaciones con Rusia (energía-defensa). Para Washington, la disyuntiva no es "castigar o abandonar", simplemente lo necesita, entonces, tratará de mantenerlo como socio estratégico, tratando de utilizarlo en función de sus intereses, pero no debería olvidar los objetivos a largo plazo de ese país: retornar a su estatus de potencia.

Referencias bibliográficas

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1 Referidas al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Irak, la estabilidad en el mar Egeo, las crisis entre Turquía y Grecia, entre otros.

2 Se estima que alrededor del 70 % del personal y material enviados hacia Irak, se hacía a través de Turquía.

3 La negativa turca a participar en la invasión de Irak (2003) fue el primer gran agujero en la alianza.

4 La mayoría de diputados del AKP votaron en contra.

5 Existían fuertes fricciones entre la UE y Turquía ante la negativa de esta a permitir la entrada de Turquía a la UE.

6 Este clima de desconfianza generalizada se basa en una larga tradición de cautela respecto a la política occidental, que se remonta a la desmembración del Imperio Otomano, y a la casi desmembración de la nueva República de Turquía inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial. (Lesser, s. f.)

7 Estrategia de política exterior que buscaba reforzar la presencia e influencia de EE. UU., en Asia-Pacífico, debido al ascenso de China.

8 Sobresalían Alemania y Francia, que argumentaban la violación de los derechos humanos en Turquía, además del conflicto con Chipre.

9 El 31 de mayo de 2010, la Marina de Israel atacó a una flotilla de seis embarcaciones de la organización Free Gaza, denominada "Flota de la Libertad" que llevaba ayuda humanitaria. Como consecuencia, nueve activistas y un periodista resultaron muertos y fueron heridas más de treinta personas, la mayoría turcos.

10 En los últimos tiempos ha habido un entendimiento entre el gobierno y el PKK.

11 El 17 de mayo del 2010, Turquía y Brasil tuvieron una iniciativa diplomática para solucionar la crisis entre EE. UU., e Irán. Ambos países lograron un acuerdo con Irán, según el cual este último país transferiría 1200 kg de uranio de bajo enriquecimiento (LEU), aproximadamente la mitad de sus reservas, a Turquía y recibiría a cambio 120 kg de uranio enriquecido al 20 % en forma de barras de combustible. Sin embargo, el 9 de junio de 2010, desestimando el acuerdo turco-brasileño-iraní, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 1929, que intensificó el régimen de sanciones contra el programa nuclear de Irán. Turquía, miembro no permanente del Consejo de Seguridad, votó contra la resolución, al igual que Brasil (Álvarez, 2010).

12 El 9 de agosto de 2016, Erdoğan se reúne con su homólogo ruso, Vladimir Putin, para sellar la reconciliación entre sus países tras una crisis debida al derribo de un avión ruso.

13 Iniciativa diplomática fuera de la establecida en Ginebra que obtuvo logros en cuanto a la situación en Siria.

14 Una aproximación que trató de ser pragmática marcó su mandato, donde mantuvo una relación personal con Erdoğan (18 llamadas en 2017 según el Departamento de Estado), pero no pudo evitar los desencuentros.

15 Además, se sumó la decisión de perseguir a un importante banquero turco próximo a Erdoğan por haber violado el embargo internacional a Irán.

16 La economía turca cayó en una crisis económica (2018- actualidad).

17 Esta decisión causó la dimisión del entonces ministro de Defensa, el general (r) Jim Mattis, y de Brett McGurk, enviado especial del presidente de Estados Unidos para la coalición internacional contra Daesh, en protesta de la decisión de Trump (Ileri, 2018).

18 Lo que generó una condena bipartidista masiva en el Congreso de EE. UU.

19 El 27 de febrero de 2020, las fuerzas sirias atacaron a las fuerzas turcas en la zona de desmilitarización de Idlib (2018-2019), y la separación militar entre las fuerzas se hizo pública.

20 El Congreso aprobó sanciones simbólicas y un embargo de armas (vetado por Trump; The White House, 2019). Posteriormente, Trump y Erdoğan llegaron a un acuerdo. EE. UU., negoció un cese al fuego de 5 días para que las YPG se retiraran de la zona fronteriza. Así se creaba una "zona segura" controlada por Turquía. El 5 de febrero de 2020, Estados Unidos detuvo un programa secreto de cooperación de inteligencia militar con Turquía contra el PKK.

21 En diciembre de 2017, Turquía firmó un acuerdo formal con Rusia para la compra del sistema de misiles antiaéreos S-400, esto ignoraba las objeciones de Estados Unidos y la OTAN, sobre todo por los riesgos que esto suponía para la alianza. Turquía desafió la política de la OTAN al adquirir el S-400.

22 En el marco del Octavo Consejo de alto nivel entre Rusia y Turquía.

23 En enero de 2019, el Gobierno estadounidense realizó una oferta a Turquía para que comprase el sistema de defensa aérea antimisiles Patriot, con la condición de que no adquiriese el S-400.

24 En la misma se criticaba la actuación de la política exterior y nacional de Turquía (Hernández, 2019).

25 La reacción turca fue inmediata y entre muchos otros aspectos una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores (Ibídem).

26 Modelo por excelencia utilizado en las Fuerzas Armadas turcas.

27 Se vetó la venta de F-35 a Ankara. Trump intentó vender F-16, pero el Congreso lo bloqueó (Bloomberg, 2020).

28 A pesar de las sanciones, hubo una cooperación tácita en conflictos regionales.

29 Las exportaciones turcas a Irán aumentaron un 300 % en 2018 (Turkish Statistical Institute, 2019).

30 Por ejemplo, se reincorporó al Acuerdo de París en su primer día de mandato.

31 Biden aprobó la venta de 40 aviones F-16 y kits de modernización por 23 000 millones de dólares tras el levantamiento del veto turco a Suecia en la OTAN; hasta ese momento, Ankara exigía la extradición de presuntos terroristas del PKK.

32 Biden mantuvo las sanciones CAATSA impuestas a Ankara por Trump y lo excluyó del programa F-35. En 2021, Turquía propuso enviar los S-400 a Ucrania, pero EE. UU., rechazó la idea (U.S. Department of State, 2021).

33 Turquía albergó a líderes de Hamas en Estambul, incluido Saleh al-Arouri (asesinado por Israel en 2024).