Cuadernos de Nuestra América/Nueva Época/No. 020 /julio-septiembre, 2026/
RNPS: 2529 /ISSN: 2959-9849/ 142 pp.
Militarización estructural y Estrategia
de Seguridad Nacional de Estados Unidos
Structural militarization and U.S. National Security Strategy
Ms. C. José Oriol Marrero Martínez
Investigador agregado
Centro de Investigaciones
de Política Internacional (CIPI)
e-mail: oriol@cipi.cu
ORCID: 0009-0004-2702-3082
Fecha de recepción: junio de 2026
Fecha de aprobación: julio de 2026
Fecha de publicación: septiembre de 2026
Este artículo se basa en la ponencia titulada “El regreso de Trump y la dinámica de la militarización estructural contemporánea. Impactos regionales y globales”, presentada en la XXIII Serie de Conversaciones “Cuba en la política exterior de Estados Unidos”
Resumen
Este artículo analiza el proceso de militarización estructural que tiene lugar en Estados Unidos (EE. UU.). Devela los nexos existentes entre este proceso y la recientemente proclamada Estrategia de Seguridad Nacional, cuyo anclaje económico convierte a este proceso en un fenómeno objetivo y en un factor funcional a los intereses del Complejo Militar Industrial (CMI). Se muestra cómo tal estado de cosas se derrama multidimensionalmente, provocando la militarización de la economía, la sociedad, la cultura, el pensamiento, la política, particularmente la militarización de la política internacional, de la mano del capital militar, fuerza motriz del Estado militar.
Palabras clave: Estado militar, Complejo Militar Industrial, capital militar, gasto militar, exportaciones militares, poder duro, violencia militarizada.
Abstract
The article analyzes the process of Structural militarization taking place in the United States. It reveals the existing links between this process and the recently proclaimed National Security Strategy, whose economic anchoring turns this process into an objective phenomenon and a functional factor to the interests of the Military Industrial Complex. It shows how this state of affairs spills over multidimensionally, causing the militarization of the economy, society, culture, thought, politics, and particularly the militarization of international policy, hand in hand with Military capital, the driving force of the Military state.
Keywords: Military state, Military Industrial Complex, Military capital, defense spending, military exports, hard power, militarized violence.
Introducción
Cuando se presentó el presente trabajo el inquilino de turno en la Casa Blanca cumplía 330 días en el cargo.1 En esta etapa su política ha estado marcada tanto por ciertos elementos de continuidad como por la emergencia de rupturas de política interna y externa. Según la visión trumpófila de Víctor Orban se asiste al "tornado Trump". Para otras visiones la actual Administración de EE. UU., carece de pensamiento estratégico o actúa solo por emociones. Una cuidadosa observación diacrónica de las señales y acciones emitidas desde diciembre de 2024 hasta la fecha, evidencia que durante esta etapa el trumpismo se ha proyectado de manera deliberada y multidimensional en tres dimensiones al menos, siendo estas las dimensiones: económico-comercial, político-militar e ideológico-doctrinal. Sin ignorar la existencia de otras, estas tres dimensiones constituyen el hábitat existencial del trumpismo, y han creado un escenario de cambios, inestabilidad y amenazas a escala global y regional, marcadas por el intervencionismo abierto y la aplicación de una política interna y externa de poder duro, basada, sobre todo, en el uso de la violencia militarizada.
Por ejemplo, hacia el 25 de marzo de 2026, fecha en la que el 47 presidente cumplía solo 429 días en el cargo (el 29, 4 % del tiempo de su segundo mandato presidencial), Estados Unidos había desencadenado guerras o ataques letales en ocho ocasiones. En promedio, Trump ejecutó un ataque militar cada 53,6 días en el cargo. Estos tuvieron lugar contra Yemen, Siria, Somalia, Nigeria, Iraq, Venezuela, dos veces contra la República Islámica de Irán, en junio de 2026 y febrero de 2026, respectivamente. Además, amenazó con atacar a Cuba; se pronunció de forma violenta contra Groenlandia y planteó la intención de expandirse a otros destinos del hemisferio occidental.
Junto a ello, el CMI estadounidense está tomando cada vez más la posta de la economía de ese país, y se va convirtiendo en una esfera dominante de la estructura productivo-exportadora.
Estados Unidos no solo es el responsable de alrededor del 40 % de los gastos militares del mundo (Sipri Miltary Expediture Database 2020-2024; Sipri Military Expenditure Database 1970-2022; Sipri "2025 MILEX PR ESP"), cifra que crecerá de manera importante en 2026-2027, sino que en años recientes, su CMI se ha convertido en uno de los principales motores económicos del país, mostrando cifras récords de exportaciones de armas, municiones y servicios militares hacia Europa, Asia, Medio Oriente, y otras regiones (Stone, 2025; Top de diez exportaciones de EE. UU., 2025). Hoy las exportaciones militares constituyen la rama de la economía que más crece, mientras que el Departamento de Estado de EE. UU., considera que "las ventas de armas son una importante herramienta de la política exterior estadounidense", según el secretario de Estado.
Si en el año 2020 las exportaciones militares estadounidenses alcanzaron los 175 000 millones de dólares, en 2023 estas cifras crecieron hasta los 238 000 millones. Washington realizó en 2024 el 43 % de las ventas mundiales de armas, ya sea a través de empresas privadas o del gobierno. Si en el cuatrienio 2015-2019 el capital militar estadounidense lideraba en el mundo, con el 33 % las exportaciones globales de armas, en la etapa 2020-2024 este indicador creció 10 %, y en 2024 las ventas de armas crecieron 29 % interanual. Las exportaciones de armas en Estados Unidos aumentaron 43 % entre 2020 y 2024 (Escenario mundial, 2025).
El año 2025 continuó marcando récords históricos con una cifra de 320 000 millones de dólares en ingresos por ventas de armas, municiones y servicios asociados, cifras que podrían ser aún mayor pues algunas fuentes elevan estos datos. Ello dice que el CMI es ya, o estaría muy cercano a serlo, uno de los principales o el principal exportador de "bienes" físicos de Estados Unidos.
En valores, durante 2025 las exportaciones militares podrían haber sobrepasado, por ejemplo, las exportaciones de maquinarias y equipos industriales. Ya habían sobrepasado los ingresos por ventas de vehículos y autopartes, de productos químicos, energéticos, de aeronaves y partes aeroespaciales. De modo que, junto al crecimiento inédito de los gastos militares, el acelerado crecimiento del peso económico de las exportaciones militares también constituye un hecho inédito en la economía posbélica estadounidense. Como primer exportador global, Washington supera la cifra conjunta de ventas militares de los siete países que le siguen en la lista (que suman el 39,5 % de las ventas globales, frente al 43 % de EE. UU.). En 2025, el valor estimado de las exportaciones de armas por parte de la Federación de Rusia y de la República Popular China, en conjunto, resultaron 12,3 veces menores que las de EE. UU. Moscú descendió al tercer puesto, con el 7,8 % de las exportaciones globales. Beijing subió al cuarto puesto, con el 5,8 %. Será preciso recordar que el Producto Interno Bruto (PIB) Nominal de la Federación de Rusia resulta 14 veces menor que el de EE. UU., y el PIB per cápita, seis veces menor. El PIB Nominal de EE. UU., sobrepasa los 30 billones. Rusia, algo más de dos billones. En términos de PIB Nominal la economía rusa es menor incluso que la de estados como California, Texas, Nueva York, Illinois o Pensilvania.
Otro factor concurrente en el estudio de la militarización estructural estriba en el hecho que, algunas regiones y alianzas están siendo arrastradas a una deriva inversionista militar subordinada de naturaleza hegemónica, funcional a los intereses del capital militar estadounidense. Un ejemplo de ello lo constituye el acuerdo "aprobado" en la Cumbre de Verano de La Haya en 2025, en correspondencia con el cual los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) deben incrementar hasta el 5 % del PIB sus gastos militares, decisión que constituye "el desarrollo" del "acuerdo del 2 %" adoptado en la Cumbre de Gales, en 2014. Trump exigió elevar el gasto militar de la OTAN al 5 % del PIB. Ello significará un incremento de cientos de miles de millones en nuevos contratos de venta de armas, municiones y servicios postventa.2 Para el representante permanente de Washington en la OTAN:
Cada dólar invertido en Europa por la OTAN significará posibilidades para las ciudades americanas que desarrollan tecnologías militares. Esto significará la creación de nuevas líneas productivas, contratación de mano de obra, personal técnico, y otras ventajas para EE. UU. (Whitaker, 2025).
Por su parte, el secretario general de la OTAN reconocería que "[...]el negocio del 5 % es un buen negocio para los americanos, pues los aliados gastan cuatro veces más dinero que los americanos. Habrá ingresos significativos para los americanos (Rutte, 2025).
En consecuencia, la "experiencia" de militarización de la OTAN y de Europa está siendo "mostrada" por la Casa Blanca y el Pentágono como un ejemplo a seguir por aliados como Japón, Corea del Sur o Australia, entre otros. Adicionalmente, el acuerdo de ventas militares a Arabia Saudita firmado en mayo de 2025 aseguró ingresos al CMI de EE. UU., por valor de 142 000 millones, siendo considerado "el mayor contrato militar de la historia". En 2017 Trump había firmado un acuerdo militar con Riad por 110 000 millones de dólares. De modo que, si en los últimos 15 años Riad ha contratado la compra de 312 000 millones de dólares al CMI estadounidense, el 81 % de esa cifra ha sido negociada y firmada por el lobista del CMI, Donald Trump.3 Logrado el objetivo de la militarización hegemónica, forzosa y subordinada de Europa y otros países, durante los años 2026 y 2027 "tocará su turno" a regiones como Asia, Oceanía, África, América Latina y el Caribe, pues la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos plantea explícitamente la meta de incrementar las ventas militares tanto en el hemisferio occidental como en todo el mundo. En consecuencia, los gastos militares globales se dispararán todavía más, sobrepasando los tres billones de dólares, y sobrepasando por mucho los fondos globales de ayuda al desarrollo, bajo un liderazgo militarista de EE. UU., que apuesta cada vez más por la militarización estructural de su economía y no solo, pues si Washington es responsable del 40 % de los gastos militares globales, la OTAN lo es del 55 %.
Donald Trump ya anunció que el proyecto de presupuesto militar presentado por la Casa Blanca para el año 2027 supera los 1,5 billones de dólares, una cifra muy superior al proyecto inicial.4 Pero hay más. Según recientes declaraciones de Michael Cadena, subsecretario de Guerra para la industria militar, a pesar del presupuesto militar récord de 1,5 billones solicitado para 2027:
Estados Unidos prevé un aumento adicional de los gastos en defensa […] y veremos más oportunidades para aumentar los gatos militares en el futuro [...] la Casa Blanca es consciente de la necesidad de aumentar significativamente el límite superior del presupuesto, teniendo en cuenta las tareas actuales del Pentágono (Cadena, 2026).
Si bien Estados Unidos lidera el ranking de ingresos mundiales en varios rubros económicos (Espeche, 2024), los gastos militares, tanto como la exportación de armas, municiones y servicios asociados, podrían tomar todavía más la posta de la economía estadounidense y convertirse en uno de los principales o en el principal renglón económico del país, eslabón central de un proceso de militarización estructural que podría resultar irreversible, pues la presencia de bienes y servicios militares en la actividad económica interna y en las exportaciones solo crece —como se ha visto—, colocándose aceleradamente en la punta de la pirámide económica, y desplazando a sectores tradicionales de la economía nacional, como ya viene ocurriendo. En consecuencia, el capital militar del Estado militar profundo, el cual al decir de Smedley Butler, es invisible para muchos, continuará ingresando cifras récords, y reproduciendo la militarización estructural de la economía estadounidense.
Para este trabajo la militarización estructural de la economía estadounidense constituye un proceso multidimensional, objetivo, sujeto a dinámicas propias, que tiene profundos antecedentes históricos y anclajes económicos entre el capital militar y las élites del Estado militar profundo. Con frecuencia dicho proceso es visto asociado, sobre todo, a la relación "gastos militares vs PIB Nominal". Sin embargo, entre los indicadores para mensurar o valorar si una economía o sociedad se militarizan hoy se habla menos de indicadores tales como el peso de las exportaciones militares en el conjunto de las exportaciones; la venta de las llamadas "armas civiles" en frontera; el uso de la violencia militarizada interna y externa como herramienta para la solución de conflictos políticos y sociales; el número y alcance de bases militares o laboratorios biológicos militares; la cantidad de soldados, fuerzas y medios desplegados en el exterior; el nivel de militarización de la ciencia, la tecnología e innovación; los proyectos en curso para la militarización cósmico-satelital, entre otros, como el uso del lenguaje de la fuerza, del llamado "poder duro"; la cultura de la violencia y el uso de fuerzas militares para "mediar" protestas o reprimir a inmigrantes, hecho que denota una clara y deliberada injerencia del poder militar directo y violento en asuntos diplomáticos, políticos, sociales, migratorios. De modo que, como se verá, la militarización estructural de la economía arrastra objetivamente tras de sí una derrama militarista hacia otras esferas de la vida, que no puede ser mensurada, únicamente, a partir del "tradicional" estudio de los gastos militares con relación al PIB. En el fondo del proceso de militarización estructural de la economía subyace sobre todo la ruta del dinero, que conduce oportunista y particularmente a la economía estadounidense hacia una militarización estructural de carácter sistémico, la cual se derrama a la sociedad, la cultura, la política interna e internacional, dotando a este contradictorio proceso de un carácter multidimensional. El surgimiento, establecimiento y reproducción de un capital militar convierte a ciertos estados, objetiva y fácticamente, en estados militares, que operan hacia lo externo e interno sobre la base de un patrón militarista en la economía, la sociedad, la política, incluida la esfera de las relaciones políticas internacionales. Tal patrón genera efectos multiplicadores contradictorios que impactan de manera caótica a escala nacional, regional y global. Estas tendencias y patrones han sido estudiados en varios trabajos precedentes (Marrero, 2025a, b, c, d, e, f, g; Marrero, 2024a, b).
El presente artículo abordará la correlación existente entre las categorías militarización estructural y Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, 2025), una plataforma geoestratégica de intervencionismo abierto a través de la cual el trumpismo intenta expandir su presencia directa en la región de América Latina y el Caribe —entre otras—, fenómeno que tiene lugar sobre el telón de fondo de un nuevo contexto histórico objetivo, caracterizado por la ruptura del orden unipolar y el ascenso de nuevos polos de poder global, factor de cambio que ha hecho emerger una nueva correlación de fuerzas en el mundo, y al mismo tiempo ha atizado el ya complejo entramado de contradicciones globales.
Con posterioridad a la XXIII Edición de la Serie de Conversaciones "Cuba en la política exterior de Estados Unidos", el autor ha presentado varios trabajos sobre el tema.5
Desarrollo
Parte I. Militarización estructural en Estados Unidos. Antecedentes, alertas, visión y realidad
Cuando las guerras y grandes conflictos terminan surge para el Complejo Militar Industrial, y en particular para el estadounidense, "el grave problema" de la caída de los ingresos, proceso descrito por García Iturbe (1984). Tal "problema" intenta ser resuelto mediante la provocación de conflictos regionales que estimulen la producción y venta de grandes partidas de armas, o mediante el deliberado incremento de los gastos militares desde tiempos de paz, usando el recurso de la "disuasión" y la defensa de los "intereses nacionales" como herramientas que han fundado un algoritmo de "paz americana". Esta contradictoria "paz" satisface, en primera instancia, los apetitos del capital militar y ha conducido a la militarización estructural, permanente y sistémica de la economía. En cascada, este factor viene estableciendo un predominio cada vez mayor de la agenda político-militar sobre la agenda político-diplomática y la coexistencia pacífica de las civilizaciones, a partir de tendencias e intereses que se generan, sobre todo, en la esfera militar, y que responden a las agendas e intereses de las élites político-militares del Estado militar.
Hace más de 130 años el héroe nacional cubano, José Martí, observó y alertó sobre la emergente vocación militarista que se apoderaba de la política en los Estados Unidos, cuando se refirió al primer mensaje que ofrecería a la nación el entrante 23 presidente Benjamín Harrison.6 Para el joven periodista cubano radicado en Nueva York, el presidente Harrison:
[...] en lo general irá por donde va su partido; más poder continental, más soldados [...] el sobrante a fortificaciones y defensas [...] la (Secretaría) de Marina sí dio informe: quiere, y pronto, veintiún acorazados, veinte costeros, sesenta cruceros, torpedos suficientes, escuadra de reserva, no trece millones, como acordó el Congreso pasado, sino veinticinco y medio [...] también informó la Secretaría de Guerra: treinta y cuatro millones le dio el Congreso anterior, y quiere diez millones más: ¡para tanto territorio, hay muy pocos soldados! (Martí, 1889).
Esta carta, escrita el 6 de diciembre de 1889 y publicada por el periódico, La Nación, el 23 de enero de 1890, encierra un valioso testimonio para el estudio del incipiente proceso de militarización estructural estadounidense. Las tempranas observaciones martianas sobre la deriva militarista de la Administración de Harrison constituyen un testigo excepcional, cuando solo comenzaba la última década del siglo xix.
A lo largo del siglo xx varias personalidades estadounidenses alertaron sobre la creciente militarización del país. Entre ellos el mayor general del Cuerpo de Infantería de Marina, Smedley Darlington Butler; el sociólogo Charles Wrigth Mills; el periodista Arthur B. Krock, o el general y presidente, Dwight Eisenhower, entre otros. Escritos como la obra de Smedley Butler, La guerra es un latrocinio (1935); La élite del poder. Política de altos círculos norteamericanos (1960), de Charles Wright Mills, o el Discurso de despedida de Dwight Eisenhower como presidente de Estados Unidos (1961), constituyeron alertas tempranas y fundadas sobre los rasgos y potenciales consecuencias del proceso de militarización que se instalaba en la economía, la sociedad y la política de Estados Unidos desde finales del siglo xix, y que continuaría a lo largo de los siglos xx y xxi, como ha quedado probado por los hechos que vienen siendo alertados desde hace más de dos siglos. En La guerra es un latrocinio, el mayor general Smedley Darlington Butler denunció que durante la Primera Guerra Mundial "un mero puñado acopió los beneficios del conflicto" y "por lo menos se hicieron veintiún mil nuevos multimillonarios en los Estados Unidos". Observó que los "beneficios normales" de un establecimiento comercial común en los EE. UU., antes de la Primera Guerra Mundial eran de "entre un seis" y "cuando más un doce por ciento"; pero los beneficios de tiempo de guerra ascendieron al veinte, sesenta, cien, trescientos y hasta mil ochocientos por ciento, pues "el cielo es el límite [...] la guerra se viste de discursos sobre patriotismo, amor al país, en la que todos debemos poner nuestros hombros a la tarea, pero las ganancias brincan, saltan y se elevan prodigiosamente —y son felizmente embolsadas—". Mencionó "a la gente de la pólvora, los du Ponts", que elevaron sus beneficios 26 veces, con un 950 % de aumento de utilidades; a las empresas siderúrgicas que fabricaban rieles, vigas y puentes, las cuales dejaron de lado estas producciones: la Bethlehem Steel giró hacia la fabricación de municiones y sus ingresos crecieron ocho veces; las ganancias de United States Steel crecieron 2,2 veces. Anaconda, compañía productora de cobre, vio crecer sus utilidades 3,4 veces; Utah Copper: 4,2 veces. Central Leather Company, 14 veces; General Chemical Company, 15 veces, con un salto del 1400 %; International Nickel Company creció sus utilidades 18 veces, con un aumento del 1700 %. También se refirió a los fabricantes de municiones y armamento, que "vendieron sus producciones al enemigo, porque un dólar es un dólar venga de Alemania o de Francia", y citó un documento del Senado según el cual la Primera Guerra Mundial duplicó y triplicó las ganancias de los 122 embaladores de carne; de los 153 fabricantes de algodón; de los 299 fabricantes de ropa; de 49 plantas siderúrgicas y de 340 productores de carbón; pero: "si alguien obtenía la crema de los beneficios eran los banqueros", cuyos beneficios "eran tan secretos como inmensos". Butler concluye que:
[...] la guerra es un latrocinio [...] sobradamente el más provechoso [...] es el único de alcance internacional [...] en el cual los beneficios se cuentan en dólares y las pérdidas en vidas [...] un latrocinio se describe lo mejor posible como algo que no es lo que parece a la mayoría de la gente. Solamente un pequeño grupo "interno" sabe de qué se trata. Es dirigido para el beneficio de muy pocos a expensas de muchos. Por la guerra un pequeño número de personas hace enormes fortunas (Butler, 1935).
Varios lustros después, refiriéndose en tiempo real a la guerra de Corea, el "Decano de los periodistas de Washington", Arthur B. Krock (1886-1974) señalaría:
[...] lo que los altos funcionarios (estadounidense. Nota del autor) temen, más que a una guerra sin fin [...] es a la paz [...] la visión de una paz que podría inducir al mundo a aflojar su tensión y derribar el costoso edificio de la seguridad colectiva europea occidental [...] en este país, la prosperidad inmediata se halla ligada a una economía de guerra (Krock, 1953).
También desde los años cincuenta, el sociólogo estadounidense Charles Wrigth Mills observó que:
[...] En el curso de una sola generación los Estados Unidos se han convertido en la primera sociedad industrial del mundo, y al mismo tiempo en uno de los primeros estados militares [...] la tendencia del siglo xx ha revelado que a medida que la economía se ha concentrado e incorporado en grandes jerarquías, el poder militar ha crecido hasta ser un factor decisivo en la formación de la estructura económica; y, por otra parte, lo económico y lo militar se han fusionado en sus estructuras, ya que la economía, al parecer, se ha convertido en una economía bélica permanente [...] el militarismo americano, plenamente desarrollado, equivaldría al triunfo de la metafísica militar en todos los sectores de la vida y la subordinación a aquella de todos los demás modos de vivir (Mills, 1960).
Refiriéndose en particular a la militarización de la ciencia, el citado autor denunció un fenómeno tan actual como amenazador, cuando sostuvo:
Fundada de antaño en la economía, la ciencia se ha ido convirtiendo en parte cada vez mayor del orden militar, que es ahora el primer Mecenas y director de las investigaciones científicas; y tan importante, si se mide en dólares, como todas las otras instituciones americanas de investigación, puestas juntas [...] como parte de la influencia militar, los señores de la guerra sienten la necesidad de una teoría, de la militarización de la ciencia, y del actual "desmoronamiento" del científico a favor de los jefes bélicos (Mills, 1960).
En 1961, Dwight D. Eisenhower, además de acuñar los términos Complejo Militar Industrial, Establecimiento militar, Organización militar e Industria armamentística, justificó que EE. UU., se había visto "obligado" a "crear una industria armamentística permanente de inmensas proporciones", y que "tres millones y medio de hombres y mujeres están empleados en el establecimiento defensivo. Gastamos anualmente solo en seguridad militar más que el ingreso neto de todas las corporaciones de los EE. UU." Eisenhower también alertó sobre las "graves implicaciones que ahora no debemos dejar de comprender", tales como "la visible penetración del complejo militar industrial en todas las esferas de la vida del país [...]" pues "[...] se hace visible cómo esta organización militar va penetrando todas las esferas de la vida económica, política e incluso espiritual de los EE. UU., se deja sentir en cada ciudad, en cada Oficina Legislativa, en cada despacho del Gobierno Federal [...] existe una influencia nociva del lobby de las armas en las estructuras de gobierno de EE. UU., [...] existe una influencia injustificada, ya sea buscada o no, de parte del complejo militar industrial en los consejos de gobierno [...]", y apeló: "EE. UU debe protegerse de esa influencia porque el potencial para un desastroso e inapropiado aumento del poder existe y persistirá [...] nunca debemos permitir que el peso de la conjunción entre un inmenso establecimiento militar y una gran industria armamentística, ponga en riesgo nuestras libertades o procesos democráticos" (Eisenhower, 1961).
La visión de Eisenhower sobre una "paz duradera" no se cumpliría ni en la teoría, ni en la política. Triunfó la "paz americana", que condujo a la militarización estructural del Estado militar, al servicio del capital militar.
Militarización estructural en el siglo xxi. Algunos ejemplos de casos
La fusión entre el CMI y el Complejo Biomilitar Industrial
Desde hace algunos lustros Estados Unidos experimenta un proceso de fusión entre el Complejo Militar Industrial y determinados eslabones de la actividad científico-tecnológica que sugieren la aparición de un Complejo Biomilitar Industrial, aún en fase de desarrollo durante la Segunda Guerra Mundial, a partir de la actividad del Destacamento 731 Ishii Shiro (Jayasi, 1947).7
Prueba de ello la constituyen las declaraciones del excandidato presidencial a las elecciones de 2024, Robert F. Kennedy Jr., y actual secretario de Salud de Estados Unidos, quien expresó:
Nosotros tenemos laboratorios biológicos en Ucrania, porque nosotros elaboramos armas biológicas, y en estas armas biológicas se utilizan diferentes tipos de nuevas cepas obtenidas sintéticamente, y también tecnologías KRISP-P, y métodos de ingeniería genética que eran inalcanzables por las generaciones precedentes [...] desde principios de los años 2000, Washington gasta cada año más de 2000 millones de dólares en los programas para el desarrollo del arma biológica [...] programa en el que participan cerca de 36 000 personas, y se le oculta a la sociedad estadounidense la lista de los objetos con nivel de aislamiento BSL-3 y BSL-4, donde se desarrollan tales investigaciones (Kennedy Jr., 2023).
Militarización de la I+D
Uno de los indicadores a considerar aquí es la estructura de los gastos globales en Investigación+
Desarrollo (I+D), el 41,6 % de los cuales se ejecutan en Asia; el 29,6 % en EE. UU.; el 23,3 % en Europa; el 3,7 % en Iberoamérica y Oceanía; el 2,3 % en América Latina y el Caribe; el 2 % en África y el 1,1 %, otros. Particularmente en EE. UU., el 50 % de los Gastos en I+D está dedicado a la defensa, 120 000 millones de dólares, equivalente al 14 % del Gasto militar total. Esto significa que el Pentágono gasta 2,3 veces más dinero en I+D militar que en investigaciones que tributan a la Salud; 6,25 veces más que en investigaciones que tributan a la energía; 8,3 veces más que en investigaciones relacionadas con las Ciencias Básicas; cinco veces más que en I+D de tecnologías civiles, o 12,5 veces más que en investigaciones sobre Medio Ambiente (Merino, 2025).
Militarización del espacio extraterrestre
Más allá de los programas de investigación extraterrestre que cumplen necesarias funciones meteorológicas, de conectividad y comunicaciones, observación de la tierra, medición de la salinidad de los mares, geo navegación, exploración del espacio profundo, entre otros, el espacio extraterrestre continúa siendo militarizado. Los programas científico-tecnológicos en la esfera satelital y cósmica son predominantemente militares y de inteligencia. Hoy más del 60 % del negocio satelital global está dominado por Estados Unidos, si bien no solo, pues alrededor de 90 países invierten 135 000 millones de dólares en programas satelitales militares, aunque solo tres grandes potencias tienen instaladas capacidades de lanzamiento, actividad muy costosa en la que hoy el precio de lanzamiento de un kilogramo alcanza los 30 000 dólares (Salvatierra, 2025). Durante el año de 2024 tuvieron lugar unos 2700 lanzamientos de satélites, el 91 % de ellos "privados". Casi el 60 % de los lanzamientos de satélites en 2024 fueron llevados a cabo por proveedores estadounidenses. SpaceX hizo 134 lanzamientos de satélites en 2024; China, 48; Roskosmos, 17 (Salvatierra, 2025). Los gobiernos hicieron unos 300 lanzamientos de satélites, la mayoría de ellos con fines militares. En 2024 el negocio satelital alcanzó 415 000 millones de dólares, con un 3 % de crecimiento de sus ingresos globales, 50 000 millones de activos en órbita y 155 000 millones en infraestructura terrestre. Antes de que concluya la presente década se espera que más de 50 000 satélites orbiten la tierra, la mayoría de ellos estadounidenses, y de ellos la mayoría de SpaceX. No constituye ciencia ficción la ejecución de proyectos de militarización del espacio extraterrestre (como Cúpula Dorada), y la existencia de proyectos para emplazar sistemas de misiles tanto en la órbita terrestre como en otros planetas.
Militarización de la sociedad
Como si se tratase de una ley, la militarización estructural "hacia afuera" se derrama "hacia adentro", hacia la propia sociedad estadounidense (La industria de las armas en EE. UU.: ¿cuánto dinero mueve?, 2022). La tenencia y uso de "armas civiles" constituye un crudo testigo de la dimensión social que también describe el proceso de militarización estructural de la economía, la sociedad y la política. Casi la mitad de la existencia global de "armas civiles" radica en hogares estadounidenses: 1,2 unidades por habitante, doblando los datos de Yemen, segundo lugar global (Asociación de Industria y Comercio de Armas de Fuego, 2021). Hacia el interior de EE. UU., la epidemia de Covid-19 "disparó" las ventas militares un 60 %. Durante la pandemia en EE. UU., se vendió una cifra récord de 23 000 000 de armas civiles. Entre 2008 y 2023 el negocio de las armas civiles creció 371 %, y "abrió" casi 400 000 nuevos empleos. Entre 2022 y 2025 se han vendido más de 123 000 millones de dólares en armas civiles (Snowdon, 2022) en unos 72 600 puntos de ventas, con 133 000 licencias federales de armas de fuego activas [Buró del Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés), 2023]. Los datos de ingresos por ventas de armas civiles en Estados Unidos en esa etapa superan el PIB de países como Hungría o Marruecos, alcanzando la cifra de 1300 millones de dólares cada mes. Ello representa entre el 3 y el 5 % del ingreso del CMI. Esta cifra equivale al 87 % del contrato militar "más grande de la historia", firmado recientemente entre la Casa Blanca y Riad. Particularmente la venta de municiones amasa el 40 % del negocio de armas civiles.
En el año 2025 fueron vendidos en Estados Unidos 3900 millones de dólares en rifles semiautomáticos AR-15, para el 25 % de las ventas. Las pistolas compactas de porte oculto representaron el 34 % del total de ventas, con 5300 millones. El 10 % de las ventas, 1500 millones, correspondió a escopetas y armas largas, y el 15 % a rifles de entrenamiento, con 2300 millones de dólares. ¿A qué costo humano? Estados Unidos muestra una tasa de muertes por armas civiles 25 veces mayor que otros países de altos ingresos. En promedio —según Gun Violence Statistics—, mueren cada día en Estados Unidos unas 125 personas como resultado de disparos producidos por armas civiles, o 46 000 personas cada año. En el período 2015-20258 murieron alrededor de 450 000 personas por esta razón, sin considerar una cifra mucho mayor de heridos (Gun Violence Archive, 2025; Cervera, 2025; Telemundo47.com, 2022; Univisión.com, 2023). El 56-58 % de las muertes constituyeron suicidios, un grave problema de salud en Estados Unidos. Hasta el 1.o de mayo de 2026 habían fallecido en Estados Unidos 4103 personas como resultado de disparos producidos por armas civiles, sin incluir el dato de suicidios. La cifra de heridos ascendía a 7157 personas. Entre los fallecidos se contaron 71 menores de 0-11 años y 270 menores de 12-17 años, con 136 y 762 heridos respectivamente. Entre 2020 y 2025 habrían fallecido 23 240 niños como resultado de disparos producidos por armas civiles. Además, hasta mayo de 2026 resultaron fallecidos 18 policías, con 101 policías heridos, algunos de ellos de gravedad. En los años 2024 y 2025 fallecieron, como resultado de disparos producidos por armas de fuego civiles, 52 y 44 agentes respectivamente (CostaVerdedr.com, 2022; Archivo de violencia armada, 2026). El estudio de estas cifras hace inferir que las muertes producidas por "armas civiles" en Estados Unidos, solo tomando como referente la etapa 2020-2025, equivalen al 85 % de los soldados estadounidenses caídos en combate durante la SGM; supera seis veces la cifra de bajas estadounidenses en la Guerra de Vietnam, y es mayor que el número de muertes producidas por los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.
Armas detectadas en los puntos de chequeo de los aeropuertos
Según la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, el número de armas detectadas en los equipajes de mano por los puntos de chequeo de seguridad de los aeropuertos creció 2,2 veces entre 2020 y 2024, detectándose casi 30 000 armas, la mayoría de ellas cargadas. En los primeros seis meses de 2025 se detectaron más de 3500 armas en los equipajes de mano, a razón de 20 por día. TSA reconoce que estas cifras solo crecen.
Parte II. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos
Para comprender la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos se puede y debe partir de dos premisas al menos. La primera de ellas tiene carácter contextual: la administración de Estados Unidos parece interpretar —correctamente o no— una diferencia histórica esencial que distingue la actual etapa respecto al escenario que emergió de la Segunda Guerra Mundial. Tal diferencia tiene un carácter revolucionario y encarna un acontecimiento global muy influyente desde la posguerra, hasta hoy: el ascenso de la República Popular China (UNTAC, 2025; France 24, 2025; FMI, 2025a; FMI, 2025b), hecho objetivo cuyas consecuencias comerciales, estratégicas, político-militares, científico-tecnológicas, económico-sociales, de "poder duro" y "poder blando", y también éticas, han cambiado la configuración económica, política y militar del mundo. Si en 1949 —fecha en que se aprobó el Tratado de Washington—, EE. UU. solo identificaba la existencia de un frente simétrico, hoy no solo tiene dos, sino que además le ha surgido un desafío simétrico también en el terreno económico-comercial: la República Popular China. Esta realidad no existía en 1945. Como Esparta versus Atenas, la URSS no constituyó un competidor económico simétrico para Estados Unidos, más allá de la esfera militar-nuclear, cósmica o energética, entre otras, muy puntuales. Como se ha visto, Beijing sí constituye un competidor económico, comercial, político-militar no solo simétrico, sino que, inmersa en una fase de franco ascenso civilizatorio, lo rebasa en no pocos dominios (Babb, 2025; Dezcallar, 2025).
En segundo lugar, y a pesar de las numerosas sanciones (Jacqui, 2025; Kellogg, 2025) y amenazas aplicadas en su contra (Moiseev, 2025), EE. UU. también parece interpretar el ascenso experimentado durante el primer cuarto del siglo xxi por la Federación de Rusia, que en aspectos estratégicos, tecnológicos, económicos, militares, muestra avances revolucionarios (Putin 2025a y 2025b). A partir de lo anterior, la actual administración estadounidense reconoció que "no está en condiciones de atender" —la frase corresponde al secretario de Guerra Pete Hegseth y fue pronunciada durante su primera visita al Cuartel General de la OTAN en Bruselas en febrero de 2025— a Europa y Asia. Y por ello se debe "redistribuir la carga". En consecuencia, cuando hoy el centro de gravedad de los intereses geoestratégicos estadounidenses se desplaza desde Europa al Asia, Bruselas deberá incrementar su aporte a la defensa propia. Ello ha determinado que la relación trasatlántica clásica-posbélica con Europa y la OTAN9 haya perdido y continuará perdiendo su tradicional centralidad para la Casa Blanca de Donald Trump. Por otro lado, inmerso en una etapa de expansión imperialista, EE. UU. ha revalorizado la importancia de los Océanos, Canales, Estrechos, Pasos, Rutas marítimas. Por derivación, se ha revalorizado la importancia del Canal Interoceánico de Panamá. Y se ha revalorizado la importancia estratégica del hemisferio occidental, una decisión que fue anunciada por el secretario de Estado en sus visitas del 1.o y 6 de febrero a Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala y República Dominicana; y en sus visitas a Jamaica, Guyana y Surinam, los días 6 y 27 de marzo de 2025. Revalorizar las prioridades globales y hemisféricas implica, en la práctica, movilizar la dimensión económico-comercial y político-militar del trumpismo; pero este algoritmo no estaría completo sin una tercera dimensión: la ideológico-doctrinal. Ello explica el reflote de la doctrina Monroe y la aparición de un Corolario Trump a dicha doctrina. Y prueba, una vez más, que el hábitat tridimensional del trumpismo está compuesto por una dimensión político-militar, económico-comercial e ideológico-doctrinal, hecho que no resulta menor constatar frente a ciertos enfoques que intentan ignorar —deliberadamente o no— la presencia de una dimensión ideológico-doctrinal en el trumpismo, al presentarlo como una suerte de transaccionalismo inocuo. Otra premisa de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos es que esta ha sido elaborada sobre el telón de fondo de una cabalgante militarización estructural de la economía, la sociedad y la política, objetivamente determinada por la presencia e influencia (sostenida, importante e inédita) de los intereses del capital militar, que juegan un papel cada vez más determinante en el surgimiento de un Estado militar que diseña y aplica estrategias y políticas militaristas, basadas en intereses imperiales, en el uso de la fuerza y las armas, del "poder duro" y la violencia, una de las esencias de la Estrategia de Seguridad Nacional. Sin embargo, ha de constatarse que el trumpismo no esperó por una Estrategia "escrita". Luego de la toma de posesión del 20 de enero la nueva Administración dio continuidad, aceleró o introdujo de manera deliberada nuevas políticas hacia regiones o países, cuya formulación se vería reflejada en el cuerpo de una Estrategia de Seguridad Nacional publicada meses después, pero cuyo despliegue comenzaría de inmediato y en varios frentes simultáneamente, antes de noviembre de 2025.
Hacia sus "aliados" europeos
El trumpismo puso fin a la relación trasatlántica clásica emergente de la Segunda Guerra Mundial y del Tratado de Washington de 1949. Creó una nueva visión de las relaciones trasatlánticas. Impuso una redistribución de carga en materia de defensa y seguridad, y obligó a los países de la OTAN a invertir el 5 % del PIB en gastos de militares, lo cual resulta funcional a su industria de guerra pues el sector de mercado militar Europa-OTAN constituye el mayor comprador del CMI estadounidense, con un crecimiento del 150 % en 2025. En varias ocasiones la Casa Blanca lanzó la "señal" sobre una probable retirada de EE.UU., de la OTAN; ha planteado exigencias sobre la necesidad de desburocratizar la estructura de la Alianza, y anunció un plan de retirada gradual de las fuerzas militares estadounidenses desplegadas en Europa, hacia 2027, así como su retirada de varios programas conjuntos con el pilar europeo de la OTAN. Además, impuso a los países europeos la compra de recursos energéticos estadounidenses. Así, de los 8,9 billones de pies cúbicos de GNL exportados por EE.UU., en 2025, el 68 % fue comprado por países de Europa (6,2 billones de pies cúbicos), que es ahora el mayor mercado de GNL de EE. UU. Además, exportó alrededor de dos millones de barriles de petróleo crudo diariamente a países del noroeste de Europa.
Desde la Conferencia de Seguridad de Múnich (febrero de 2025), Washington ha hecho sostenidas acusaciones públicas a Europa por "violar la libertad de expresión y los principios democráticos", por su "política sobre la emigración" y otros temas. La Casa Blanca pronosticó más de una vez el "suicidio civilizatorio" de Europa. En esta línea el trumpismo creó una plataforma ultraconservadora global que impulsa por diferentes vías la victoria de la extrema derecha ultraconservadora en países europeos. Estados Unidos ha intentado debilitar la economía alemana, país que intenta mantenerse como "locomotora europea" a pesar de la voladura del estratégico gasoducto Nord Stream-2 (que estaba próximo a su certificación) y del sucesivo encarecimiento de los precios del combustible, elemento vital a su industria. Tal estado de cosas sería tempranamente captado, sintetizado y descrito por dos "aliados tradicionales" de la Casa Blanca, el presidente de la República Federal de Alemania, y el ex Alto Representante del Servicio Europeo de Acción Exterior. Así, para el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier:
[...] desde el 20 de enero todo el mundo mira a la Casa Blanca y cada uno se hace la misma pregunta: "quién es el siguiente, a quién le toca en la cola ahora… la nueva administración de EE. UU. no tiene en cuenta las reglas establecidas, la asociación y la confianza [...] Los cambios que se han producido en el mundo difícilmente puedan ser más dramáticos [...] la democracia no es un modelo de negocios, la diplomacia no es un combate en una jaula [...]. Me dirijo a la comunidad internacional y a todos aquí, y pregunto [...] ¿Pueden los siguientes cuatro años cambiar las relaciones entre la potencia mundial EE. UU. y otros estados, y las relaciones entre los propios estados; habrá o no un daño a la comunidad internacional en su conjunto? [...] Puedo afirmar algo: la nueva administración de EE. UU. tiene una visión del mundo diferente respecto a nosotros [...] Pero estoy convencido: no va en interés de la comunidad internacional el que tal visión se convierta en paradigma dominante [...]. La carencia de reglas no debe convertirse en un modelo para la reorganización del orden mundial (Steinmeier, 2025).
Por su parte, para el excomisario Josep Borrell: "Trump es un neoimperialista, se comporta de acuerdo con el imperialismo del siglo xix. Es el imperialismo americano, arma política. Se discute si es un atlantista o un aislacionista. Tampoco quiere aislar a EE. UU. Quiere intervenir en el mundo, pero no aliado con el mundo occidental, por su cuenta, al servicio de sus intereses" (Borrell, 2025). En suma, con el trumpismo en el poder, Europa y EE.UU., han transitado desde una alianza posbélica cuasi monolítica, a redefinirse en la práctica como una alianza matizada por la confrontación oportunista controlada, la guerra comercial y el uso de Europa por EE. UU. como un mercado cautivo de armas y combustibles.
Hacia la Federación de Rusia
Donald Trump se desmarcó de la anterior posición del Gobierno estadounidense y de la UE, y reconoció que la causa real del conflicto en Ucrania fue "la injustificada expansión de la OTAN al Este". Estados Unidos dio continuidad a la guerra energético-comercial contra Moscú. En este sentido logró expulsar a Rusia de una cuota importante del mercado gasífero europeo; avanzó en el "rapto gasífero de Europa", bajo la divisa "ni un átomo de energéticos rusos". Así, en 2025 las exportaciones rusas de gas natural a Europa cayeron al 13 %, de un 45 % en 2022. Las exportaciones de gas natural licuado (GNL) siguen descendiendo. Las de petróleo descendieron desde un 30 % a menos del 10 %. La Hoja de Ruta energética de la UE pronostica que el cierre de las compras de hidrocarburos rusos tenga lugar en septiembre (gas natural) y diciembre (GNL y petróleo crudo) de 2027 (CE, 2025; El Universal, 2025). Los países que mantienen dependencia energética de la Federación de Rusia son: Hungría (alta); Eslovaquia (gas) y Austria (gas), país que tiene contratos a largo plazo (hasta el año 2040) firmados con Gazprom.
En suma, el trumpismo implementó un cambio de política hacia Moscú, pasando de la confrontación (época de Biden) al apaciguamiento oportunista. Hoy Washington muestra varios intereses hacia la Federación de Rusia. Por un lado, ha manifestado el interés de establecer acuerdos económico-comerciales bilaterales (minerales estratégicos, Ártico, uranio, otros); y por otro, intenta separar a Rusia de aliados estratégicos como China. El nuevo enfoque de política de la Casa Blanca hacia el Kremlin, desde "la llamada del 12 de febrero de 2025", constituye una de las principales discrepancias entre EE. UU., y la mayoría de sus aliados de la OTAN y la UE, si bien las actuales relaciones entre Washington y Moscú no están exentas de una gran fragilidad estratégica. No obstante, la política oportunista de Trump hacia Rusia, hasta ahora, ha resistido el desacuerdo de sus políticamente debilitados y fragmentados aliados europeos, y también de las fuerzas internas de su Gobierno que discrepan de su postura hacia Rusia.
Hacia sus "aliados" asiáticos
El trumpismo militarista ha impuesto a Japón, Corea del Sur, Australia, Taiwán y otros, "el ejemplo de la OTAN", en cuanto a la elevación de los gastos militares. Japón (como Alemania, y no solo) lleva a cabo un rearme de grandes proporciones, lo que también será funcional al CMI de EE.UU., e incrementará la militarización estructural en la región, alentada por la narrativa de la amenaza externa y el "conflicto prolongado" en torno a Taiwán, a igual y semejanza que el "conflicto prolongado" en Europa (en torno a Ucrania), Medio Oriente (en torno a Irán) y recientemente en torno a Venezuela, salvando las diferencias contextuales.
Asia-Pacífico constituye otro ejemplo de caso donde el trumpismo eleva deliberadamente la conflictividad para generar un estado de caos y entropía político-militar que haga florecer la "necesidad" de adquirir armas sofisticadas al CMI estadounidense, alentado por el modelo de militarización estructural subordinada y hegemónica de la OTAN, funcional al capital militar estadounidense, que intenta ser expandido no solo a Europa.
Hacia el hemisferio occidental
La política del trumpismo hacia el hemisferio occidental quedaría esbozada, en su esencia, desde las declaraciones de Donald Trump en diciembre de 2024 y posteriormente en el discurso de investidura, así como durante en el primer mensaje al Congreso. Además, en febrero y marzo de 2025 tuvieron lugar las dos visitas efectuadas a la región —hasta la fecha— por parte del secretario de Estado, en las cuales quedaron expuestas las líneas fundamentales de la política de la nueva Administración estadounidense hacia el hemisferio occidental, que en su esencia se asientan en la doctrina Monroe de 1823, en el Corolario Polk a dicha doctrina, y en una práctica de activo injerencismo político, económico-comercial y militar por parte del Gobierno norteamericano. Hacía más de 113 años que la visita inaugural de un secretario de Estado no tenía como destino el hemisferio occidental: entonces y ahora estas "visitadas inaugurales" se hicieron a Panamá. Desde su visita a Guyana en marzo de 2025 el secretario de Estado anunciaría que la Armada de Estados Unidos tendría un mayor despliegue y actividad militar en la región.
Así, la militarización estructural generaría varios testigos en materia de política interna y externa, como la conversión el 5 de septiembre de 2025 del Departamento de Defensa en Departamento de Guerra, cuya primera acción fue crear y desplegar un nuevo frente de guerra en América Latina y el Caribe, enfilado contra la República Bolivariana de Venezuela, y no solo, más allá de la retórica sobre causas expiatorias de esta acción intervencionista. Estados Unidos invadió militarmente las aguas del Caribe Sur con una Fuerza de Tarea; cometió atroces asesinatos en el Caribe y el Pacífico mediante actos de guerra que constituyen testigos de terrorismo de Estado, llevados a cabo sin que medien procesos legales; ha consumado y consuma hechos de piratería de Estado; estableció un bloqueo naval en la región, hechos todos que constituyen, per se, potenciales casus belli. El 3 de enero de 2026 desencadenó un ataque imperialista contra la República Bolivariana de Venezuela, secuestrando a su presidente constitucional, con el objetivo, entre otros, de apoderarse por la vía de la fuerza militar de los recursos naturales de Venezuela y de la región, como ha quedado probado por los hechos.
En suma: el trumpismo ha aplicado en el hemisferio occidental una política de intervencionismo abierto, basada en la "diplomacia de las cañoneras", el "poder duro" y el "poder blando", el "palo y la zanahoria", acciones que, temporalmente, se iniciaron varios meses antes de la promulgación de la Estrategia de Seguridad Nacional, y continúan hasta la fecha. La intervención en el Canal Interoceánico de Panamá, la injerencia en procesos electorales que han tenido lugar en varios países de la región, la intervención militar en Venezuela y la creación del Escudo de las Américas constituyen evidencias de las políticas imperialistas que aplica hoy Estados Unidos en la región.
A escala global, las políticas aplicadas por el trumpismo "pre-Estrategia" durante once meses se movieron entre la confrontación multidimensional abierta (un ejemplo de caso, la República Popular China), la confrontación política controlada (con ciertos aliados de la OTAN, la Unión Europea, el Sistema de Naciones Unidas), el apaciguamiento oportunista (Federación de Rusia), el "divide y vencerás" (UE, OTAN), el lobby armamentista-militarista (Arabia Saudita, UE, OTAN, Japón, Corea del Sur, Australia, Catar, Taiwán, otros), las políticas arancelarias (un amplio universo de países), la ocupación de puntos estratégicos (Canal de Panamá), el ataque militar directo (Yemen, Irán, Venezuela, otros), las amenazas de compras, ocupación o conversión en Estados de la Unión Americana (Groenlandia, Canadá), el mantenimiento de sanciones y bloqueos (Cuba, Venezuela, Irán, Rusia, China, otros), el intervencionismo militarista abierto o las amenazas de hacerlo (Venezuela, Cuba, México).
En los últimos dos años las fronteras de la OTAN crecieron 117 %, desde los 1146 hasta los 2486 km. Varios países aliados abandonaron la Convención de Ottawa de 1997 sobre Minas antipersonales.
Constituye un hecho el uso de bombas de racimo y municiones de uranio empobrecido. Los avances alcanzados en 60 años sobre control de armas, desarme convencional y nuclear han retrocedido de manera significativa. En las relaciones internacionales, la agenda político-militar prevalece sobre la agenda político-diplomática; se impone una visión militarista de los términos en que se define la realidad de la política internacional, y sus prácticas, desde una lógica de poder militar asimétrico, de "poder duro"; la dronomacia se impone a la diplomacia y al Multilateralismo; desaparecen las Neutralidades históricas de varios países, que se rearman y alinean a bloques.
Algunas visiones intentan explicar la emergencia de la militarización desde la narrativa de la "amenaza de ciertos Estados adversarios". Por un lado, para varios gobiernos europeos no existen en realidad tales amenazas; por otro, varios países ya han indicado a la población tener listos "módulos personales de supervivencia". Según el presidente de la Federación de Rusia, "ni ellos mismos creen en tales amenazas". Según Beijing, es preciso tener una vocación de paz y cooperación en los marcos del multilateralismo. En cualquier caso, la narrativa de la "amenaza" no es nueva como elemento expiatorio; pero ignora un trasfondo esencial: si no se entiende el negocio de las armas no se entienden ni la política ni la economía mundial. Ello aplica tanto para la segunda mitad del siglo xx como para el primer cuarto del siglo xxi, en que bajo el proceso de militarización estructural de ciertas potencias subyace un poderoso anclaje económico que ha penetrado objetivamente en todas las esferas de la economía, la ciencia, la tecnología, la sociedad y la cultura, uno de cuyos efectos nocivos sobre la paz y la seguridad es el derrame militarista hacia la política y las relaciones internacionales. En realidad, no pocos de estos "episodios de amenazas" se provocan o construyen artificialmente como recursos expiatorios funcionales a los intereses del capital militar.
Sin embargo, al parecer lo que en realidad define la dinámica de la militarización estructural no es en primera instancia el llamado "nuevo contexto geopolítico", el "imperativo de la disuasión", "las tensiones y amenazas militares reales" o "el retorno inexorable a la confrontación armada" (Galkin, 2025) producidos por las "nuevas líneas de fractura en el emergente sistema de relaciones internacionales" (Von der Leyen, 2025), sino la persistencia de una irresponsable y peligrosa visión imperial de largo plazo sobre el creciente papel que juega el "negocio militar" en tanto componente estructural de la economía, la sociedad, la política, la ciencia, la tecnología e innovación. Una particularidad actual en la evolución de este fenómeno estriba en la envergadura y el alcance que ha adquirido, tanto en el orden cuantitativo como cualitativo, un factor que genera efectos de militarización en cascada en todo el mundo.
El documento de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, 2025
El documento contentivo de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos fue publicado en noviembre de 2025 (34 páginas) y aborda los principios y prioridades de la política exterior del país a escala global y regional. Se inicia con una carta del 47 presidente quien declara que en los "últimos nueve meses" ha "rescatado a la nación y el mundo", que estaban "al borde de la catástrofe y el desastre" provocado por la anterior Administración estadounidense. Se atribuye el mérito de la "urgencia" y "velocidad histórica" con que ha dado "paz y estabilidad a nuestro mundo", pues "ninguna administración en la historia ha logrado un cambio tan drástico en tan poco tiempo". En materia de política exterior declara que EE. UU., reconstruyó sus alianzas e hizo que "nuestros aliados contribuyeran más a nuestra defensa común, incluyendo un compromiso histórico de los países de la OTAN para aumentar el gasto en defensa del 2 % al 5 % del PIB". Añade que fue desatada la producción de energía estadounidense "para recuperar nuestra independencia" y que "impusimos aranceles históricos para traer industrias críticas de vuelta a casa". Refiere como un éxito el ataque de EE. UU., contra Irán (se refiere al ataque llevado a cabo en junio de 2025. Nota del autor), que "aniquiló su capacidad de enriquecimiento nuclear". Otro "resultado" es haber declarado "a los cárteles de la droga y a las bandas extranjeras salvajes que operan en nuestra región como Organizaciones Terroristas Extranjeras". Además, que, "en el transcurso de solo ocho meses, resolvimos ocho conflictos activos",10 de modo que Estados Unidos está "estableciendo la paz en todo el mundo", y "en todo lo que hacemos, estamos poniendo a América Primero".
El documento contentivo de la Estrategia está compuesto por cuatro partes. La primera de ellas (Introducción) responde a las preguntas: ¿qué es la Estrategia estadounidense?, y cómo la "Estrategia estadounidense" se desvió, así como "la necesaria y bienvenida rectificación del presidente Trump". La segunda parte responde a la pregunta, ¿qué debería querer Estados Unidos?, y está compuesta por dos epígrafes: "¿qué queremos en general?", y "¿qué queremos en y del mundo?" La tercera parte abor-
da los "medios disponibles de Estados Unidos para conseguir lo que queremos". La cuarta parte aborda los principios, las prioridades y las regiones, siendo estas: A. El hemisferio occidental: "El Corolario Trump a la Doctrina Monroe. Reclutar y expandir"; B. Asia: "Ganar el Futuro Económico, Prevenir la Confrontación Militar, Liderar desde una posición de fortaleza; Economía: Los intereses finales, Disuadir las amenazas militares"; C. "Promover la grandeza europea"; D. Oriente Medio: "Reequilibrar cargas, construir la Paz", y E. "África".
El documento menciona 22 países —incluidos aquellos que estaban inmersos "en los ocho conflictos" que Trump "resolvió". De América Latina es mencionado México, aunque el término América Latina no se menciona. Sin embargo, el término hemisferio occidental es usado 23 veces. No se menciona el mar Caribe, pero el mar y lo marítimo (ocho referencias) es citado el doble de veces que lo terrestre, asociado sobre todo a las rutas de navegación. Se mencionan el mar de China Meridional y el mar Rojo. Por otro lado, si bien no existen menciones explícitas a Cuba ello no debería ser interpretado como un "olvido". Tal documento tiene mucho que ver con Cuba, aunque su nombre no aparezca reflejado. Tampoco el nombre de Cuba fue mencionado en el discurso de investidura de William McKinley, en marzo de 1897; pero le dedicó un discurso "solo a Cuba", un año después, el 11 de abril de 1898, antes la intervención armada en la Isla. La región de Indo-Pacífico es mencionada nueve veces; Europa, 26; la OTAN, cinco; Rusia, nueve; Asia, seis; África, nueve. Estados Unidos, 152 veces; el país más citado, seguido por China: 23 veces. Las categorías "fuerza", "poder", "poder blando", "ventajas", "aranceles" y "preeminencia de los Estados Unidos" son referidas 62 veces. En cambio, no aparecen alusiones a la lucha contra la pobreza o la desigualdad; pero el nombre del 47 presidente aparece citado en la Estrategia, 27 veces. El documento dedica alrededor de 64 párrafos a la descripción sobre cuáles serán las prioridades. El hemisferio occidental ocupa el 25 % de este acápite (16 párrafos); Asia el 39 % (25); Europa el 20 % (13); Medio Oriente el 11 % (siete); África 5 % (tres).
El análisis de la cuestión relacionada con las Doctrinas y Corolarios requeriría un espacio independiente. Se anotará que, al lado de figuras tempranamente "ponderadas" por el 47 presidente, como William McKinley (1843-1901), a quien por necesidad de glorificación utilitaria Trump puso su nombre a la montaña más alta de América (el Monte Denali, 6190 msnm), o como Ronald Reagan, la Estrategia de Seguridad Nacional menciona el "legado" de Alexander Hamilton, y reafirma que "hará cumplir la Doctrina Monroe". Además, introduce un Corolario Trump a la Doctrina Monroe, el cual está enfocado a restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental, que negará "a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en la región". Aunque no se menciona en el texto, la Estrategia reencarna además al Corolario Polk. Trae al siglo xxi el Derecho de Conquista, el Destino Manifiesto, la Política del Gran Garrote, la Diplomacia de las Cañoneras, la Piratería de Estado.
La Estrategia declara que Estados Unidos serán "respetuosos con las diferentes religiones, culturas y sistemas de gobierno de otros países", aunque considera que las relaciones comerciales de países hemisféricos con potencias euroasiáticas, como China o Rusia, son vectores de "influencias extranjeras hostiles", pues se trata de espacios que facilitan el desarrollo de actividades de "espionaje, prácticas comerciales predatorias, tráfico de drogas y personas, propaganda destructiva y operaciones de influencia, y subversión cultural". De igual forma identifica otras amenazas, como "la propiedad de activos clave por parte de extranjeros", si bien acepta que "será difícil revertir alguna influencia extranjera, dadas las alineaciones políticas entre ciertos gobiernos latinoamericanos y ciertos actores extranjeros".
Aunque se afirma que, "Estados Unidos rechaza el concepto fallido de dominación global para sí mismo [...] que debemos impedir la dominación global de otros, y en algunos casos incluso regional [...] esto no significa desperdiciar sangre y recursos para restringir la influencia de todas las grandes y medianas potencias del mundo", pues "la influencia desmedida de las naciones más grandes, ricas y fuertes es una verdad atemporal de las relaciones internacionales", una realidad que, "a veces implica trabajar con socios para frustrar ambiciones que amenazan nuestros intereses conjuntos". En este punto se afirma y declara: "queremos un Hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra narcoterroristas, cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales".
Sobre las relaciones comerciales y de otro tipo, el documento proclama el principio de "Realismo Flexible", según el cual "la política de EE. UU. será realista sobre lo que es posible y deseable buscar en sus tratos con otras naciones", pues, "buscamos buenas relaciones y relaciones comerciales pacíficas con las naciones del mundo sin imponerles cambios democráticos o de otro tipo que difieran ampliamente de sus tradiciones e historias".
Según el documento, la existencia de potenciales amenazas militares por parte de Estados Unidos contra terceros países está y estará latente, pues no queda excluida la posibilidad de desarrollar intervenciones armadas. Así, entre los "principios" de la Estrategia se declara que la política exterior del presidente Trump es enérgica sin ser "belicista"; pero comedida sin ser "pacifista". Aunque uno de los "principios" se refiere a la "Predisposición al No Intervencionismo" y a la existencia de una "clara preferencia por el no intervencionismo en los asuntos de otras naciones", se afirma textualmente que, "para un país cuyos intereses son tan numerosos y diversos como los nuestros, la adhesión rígida al no intervencionismo no es posible. Sin embargo, esta predisposición debe establecer un listón alto para lo que constituye una intervención justificada". Así, para EE. UU. existe una visión sobre la existencia de la "intervención justificada" que deja abierta dicha posibilidad. Aunque se habla de "disuadir guerras", también se afirma que "si es necesario, ganarlas rápida y decisivamente, con el menor número posible de bajas para nuestras fuerzas". De modo que, según la visión estadounidense, las relaciones comerciales, político-militares, culturales, con Estados Unidos, por parte de los países de la región, deberán pendular hacia el interior de una muralla hemisférica o exponerse a la amenaza de ser estigmatizadas como "influencias extranjeras hostiles", por tanto sujetos elegibles de una intervención militar, toda vez que los "intereses numerosos y diversos" de Estados Unidos hacen "imposible" una "adhesión rígida al no intervencionismo" si "el listón" aconseja llevar a cabo una "intervención justificada". Es la misma disyuntiva del siglo xix, en la que la soberanía y la independencia nacional de los países pequeños no cuentan para Washington.
El 47 presidente (y empresario), dueño de una personalidad sui generi, que constantemente necesita y exige ser premiada, que muestra claras aspiraciones a la trascendencia histórica, se nutre al menos del quinto y vigésimo quinto presidentes de EE. UU., y en nombre de James Monroe retoma las políticas de William McKinley. Ambos constituyen, junto a Ronald Reagan, referentes doctrinarios de cabecera para el trumpismo. La política de la Diplomacia de las Cañoneras, del Gran Garrote y el intervencionismo abierto (que comenzaron en la práctica desde el siglo xix y continúan operando hasta hoy), constituyen herramientas utilitarias intemporales de "poder duro" en manos de la Doctrina Monroe, el Corolario Polk y el Corolario Trump. Son las esencias imperiales que sostienen esta Estrategia.
Respecto a un asunto de la mayor importancia para Cuba y EE. UU., como la cuestión migratoria, el documento afirma: "Queremos un mundo en el que la migración no sea simplemente ordenada, sino uno en el que los países soberanos trabajen juntos para detener, en lugar de facilitar, los flujos de población desestabilizadores, y tengan control total sobre a quién admiten y a quién no". También declara: "queremos asegurar que el hemisferio
occidental se mantenga lo suficientemente estable y bien gobernado como para prevenir y desalentar la migración masiva a Estados Unidos".
Entre las prioridades, la Estrategia prevé:
[...] realinear países y regiones hacia nuestros intereses y abrir nuevos mercados [...] incluso en regiones y países periféricos a los intereses fundamentales inmediatos [...] forma efectiva de aumentar la estabilidad y fortalecer la influencia global de Estados Unidos.
De modo que la cuestión relacionada con la influencia de unos países sobre otros constituye un sesgo de partida, enfocado a minar la soberanía de terceros a través de la presión económica. El documento define dos grandes objetivos de EE. UU. en el hemisferio occidental: "Reclutar y Expandir". Reclutarán "amigos establecidos", "campeones regionales", "incluso más allá de las fronteras de esos socios", con la finalidad de "controlar la migración, detener los flujos de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar", por lo que "se expandirán [...] cultivando y fortaleciendo nuevos socios" (se mencionan entre ellos a los aliados asiáticos, europeos e India), mientras "reforzarán el atractivo de la propia nación americana" como el "socio de elección en materia económica y de seguridad del Hemisferio". El documento añade que "recompensarán y alentarán a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con sus principios y estrategia", pero sin "pasar por alto a los gobiernos con diferentes perspectivas con los que, sin embargo, compartirán intereses si quieren trabajar con EE. UU".
También se declara que EE. UU. "reconsiderará su presencia militar global" y "reajustará su presencia militar hemisférica" para abordar supuestas "amenazas urgentes". En consecuencia, la Guardia Costera y la Armada tendrán "una presencia más adecuada" en la región, con el objetivo de "controlar las rutas marítimas y las rutas de tránsito clave en una crisis", así como "las cadenas de suministro críticas".
En esta línea, el documento declara explícitamente que se llevarán a cabo "despliegues específicos", incluso con "el uso de fuerza letal"; que se "establecerá y expandirá" el acceso a "ubicaciones estratégicamente importantes". Entre las Herramientas de la Estrategia, aparece el darles prioridad a procesos como "la diplomacia comercial", "las asociaciones de seguridad", "la venta de armas", "el intercambio de inteligencia" y "los ejercicios conjuntos". Además, el "control de instalaciones militares, puertos e infraestructura clave, hasta la compra de activos estratégicos". Como parte de tal expansión en la región, el Consejo de Seguridad Nacional y el brazo analítico de la Comunidad de Inteligencia iniciarán la identificación de aquellos puntos y recursos estratégicos en el hemisferio occidental cuya explotación contrarreste los "grandes avances" de competidores no hemisféricos, asegurando el "rol preeminente de EE. UU.", como "condición de su seguridad y prosperidad".
La Estrategia desafía a los países de la región a decidir si, "quieren vivir en un mundo de países soberanos y economías libres, liderado por Estados Unidos, o en uno paralelo en el que están influenciados por países del otro lado del mundo", lo que es considerado como una "influencia externa perjudicial". Aparece una mención al llamado Sur Global en la cual se reconoce que Estados Unidos y sus aliados "aún no han formulado, y mucho menos ejecutado, un plan conjunto para el llamado "Sur Global", pero que "juntos poseen enormes recursos", y que "Estados Unidos puede ayudar a los países de bajos ingresos a desarrollar sus propios mercados de capitales y vincular sus monedas más estrechamente al dólar, asegurando el futuro del dólar como la moneda de reserva mundial". La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ignora el papel que podría desempeñar el Sistema de Naciones Unidas al abordar su visión sobre la Seguridad Nacional: en el documento no aparece ninguna referencia al multilateralismo, o al papel del Consejo de Seguridad de la ONU como máximo órgano internacional de las Naciones Unidas en esta esfera.
Este epígrafe analizó los aspectos generales de la Estrategia y aquellas cuestiones que guardan mayor relación con el hemisferio occidental. Sin embargo, se ha de subrayar que existen elementos relacionados con otras regiones, como la región de Asia, sobre los cuales será preciso ahondar pues confirman el profundo calado imperial-militarista de las políticas puestas en marcha por el trumpismo.
Conclusiones
Existe una estrecha ligazón entre las políticas de ruptura o continuidad que viene aplicando el 47 presidente y el proceso de militarización estructural, sistémica y creciente, que tiene lugar en el seno de los Estados Unidos, cuyo anclaje económico convierten a este proceso en un fenómeno objetivo y en un factor funcional a los intereses del Complejo Militar Industrial. Tal estado de cosas se derrama multidimensionalmente desde la economía a la política, la sociedad, la cultura, el pensamiento, y particularmente a la política internacional, de la mano del capital militar, fuerza motriz del Estado militar.
Si bien desde el punto de vista histórico la Guerra Fría resultó funcional a la militarización estructural de la economía, al florecimiento y consolidación de un capital militar que convirtió a la industria militar en una rama económica boyante en sí misma, en el actual contexto la "construcción de adversarios" sigue conduciendo a la intemporal "disuasión", en tanto sostén político-estratégico del "negocio" del capital militar, cuyo brazo lobista hoy se ha fundido con las altas esferas del poder.
Así, en Estados Unidos, el capital político y diplomático actúa como punta de lanza del capital militar. Existe una política de Estado y una diplomacia militarista que retroalimenta la economía estructuralmente militarizada, en tanto recurso fundamental que intenta reproducir y perpetuar el Sistema. Sin embargo, la Casa Blanca no parece estar dispuesta a enrolarse en conflictos militares en gran escala contra adversarios simétricos. Apuesta y apostará, sobre todo, por el caos y la entropía en las relaciones internacionales, en tanto factores funcionales a su propósito de retroalimentar la militarización estructural y sostener su visión sobre un orden mundial basado en el "poder duro". En consecuencia, estimulará el estallido o la persistencia de conflictos regionales prolongados que enrolen "a terceros", lo que inducirá a la ejecución de elevados gastos militares que aseguren ingresos a su Complejo Militar Industrial. Tales terceros suelen ser conceptualizados oportunistamente como "aliados". En la realidad se comportan como financistas de la militarización estructural, tributan al capital militar estadounidense y contribuyen a equilibrar las finanzas del Estado militar. El ejemplo de la OTAN constituye, hasta hoy, una de las muestras más claras y replicables de este fenómeno.
Es en este contexto de militarización estructural que la actual Estrategia de Seguridad Nacional actúa como sustento ideológico-programático y estrella polar de la política trumpista imperial de "América Primero". Dicha política intenta imponer dos derroteros imperialistas al menos: a) en lo global: intenta plantear la Seguridad del mundo como una extensión de la Seguridad Nacional de un país; ver la Seguridad global subordinada a los intereses de un hegemón, y b) en lo regional: intenta plantear que los países de su vecindad geográfica deben concebir su soberanía nacional solo en términos del alineamiento y la subordinación colonial.
Para los pueblos de Nuestra América ello no es más que un ultimátum que impone pendular hacia la muralla hemisférica en calidad de patio trasero de un imperio nuclear. Es ese el ideograma decimonónico que se derrama a la proyección "estratégica" de los Estados Unidos en el segundo cuarto del siglo xxi. Se trata, otra vez, de una proyección militarista, intervencionista, colonial e imperial. Tal hegemonismo debe ser denunciado, condenado y derrotado.
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1 El 4 de julio de 2026, Donald Trump cumplió en el cargo de presidente de los Estados Unidos, 531 días. Ello significa que ha cumplido el 36,3 % del tiempo de su segundo mandato. Le quedarían 930 días (64 %) del tiempo en el cargo.
2 El acuerdo militar entre EE. UU. y la UE, firmado en junio de 2025 por Donald Trump y Úrsula von der Leyen en Washington, asciende a 600 000 millones: de ellos 150 000 millones corresponden a Alemania, 120 000 millones a Polonia, 100 000 millones a Reino Unido, 80 000 millones a Francia, 70 000 millones a Italia. Países Bajos, Rumanía, Grecia, Noruega, otros: 80 000 millones.
3 Para ampliar en el estudio del cabildeo militarista que desempeñan algunos líderes del Partido Republicano puede consultarse "Cabildeo militarista: Trump y Graham" (Marrero, 2026a).
4 Para ampliar en el estudio de este proyecto puede consultarse, EE. UU.: proyecto de presupuesto de defensa 2027: nuevo récord histórico (Marrero, 2026b).
5 Marrero, 2026b, 2026c, 2026d; 2026e; 2026f; 2026g; Marrero, 2026: Imperialismo + militarización estructural = trumpismo, 7 de marzo. X: @JoseOriol5; EE.UU.: proyecto de presupuesto de defensa de Estados Unidos para el año 2027: nuevo récord histórico, 8 de abril. X: @JoseOriol5; La militarización estructural del Estado militar al servicio del capital militar se derrama a la sociedad, 16 de abril. X: @JoseOriol5; Marco Rubio: pieza clave de militarismo estructural estadounidense, 13 de mayo. X: @JoseOriol5; Hilos de sangre & militarización estructural: intereses económicos, inversión militar y economía de guerra en el Estado militar, 24 de mayo. X: @JoseOriol5.
6 Republicano. Presidente de los Estados Unidos de América entre marzo de 1889 y marzo de 1893.
7 Esta Unidad estaba ubicada en la aldea de Heibo, 30 kilómetros al sur de la ciudad japonesa de Harbin, tal cual declaró Kadzuo Jayasi, tesorero del Destacamento 731 en un documento de 1947 desclasificado en agosto de 2024. Según Jayasi, "el verdadero propósito de la unidad Ishii Shiro era cuidadosamente encubierto a los forasteros, y todo lo que se hacía en los laboratorios era solo del conocimiento de un grupo muy reducido de personas que trabajaba en estos laboratorios. Durante mi tiempo de servicio en la unidad Ishii Shiro desde octubre de 1938 hasta febrero de 1941, conocí que esta unidad elaboraba los métodos prácticos para utilizar bacterias en una futura guerra contra la Unión Soviética".
8 Hasta mediados de 2025 había fallecido unas 8000 personas, con más de 13 000 heridos. Una parte importante de ellos, niños y adolescentes. Solo en el año 2023 murieron 2500 niños. Aparece por otro lado que cada año mueren entre 40 y 60 agentes del orden.
9 Desde el Gobierno de Trump —con mayor o menor grado de estructuración— aparecen propuestas que sugieren diferentes cursos de acción. Entre ellos: desintegrar la OTAN; traspasar a generales europeos el mando militar de la Alianza, lo que sería un hecho inédito; aligerar la estructura burocrático-militar de la Alianza en Bruselas y, siguen contando "variables de escape". Se trata de un proceso en desarrollo. En junio de 2026 el comandante en jefe de la OTAN en Europa, Grynkevich, confirmó durante el Salón Aeronáutico de Berlín los planes de EE.UU., de reducir el número de armas en Europa para facilitar sus capacidades en Asia. "Estas son las capacidades aéreas y marítimas que nosotros, EE.UU., necesitaremos en caso de problemas en la región del Pacífico", declaró. Anteriormente, The New York Times informó que Washington planea reducir un tercio el número de cazas para las operaciones de a OTAN en Europa, reducir la flota de reconocimiento marítimo, retirar de servicio ocho aviones de reabastecimiento y reubicar parte de los barcos y la aviación, según dio a conocer el Buró USA de la Agencia RIA NOVOSTI (RN). Consultado el 12 de junio de 2025. Canal de Telegram del Buró USA de RN, en ruso.
10 El documento menciona los conflictos entre: Camboya y Tailandia, Kosovo y Serbia, la República Democrática del Congo y Ruanda, Pakistán e India, Israel e Irán, Egipto y Etiopía, Armenia y Azerbaiyán. Se dice que, "pusimos fin a la guerra en Gaza con todos los rehenes vivos devueltos a sus familias".