Cuadernos de Nuestra América/Nueva Época/No. 020 /julio-septiembre, 2026/
RNPS: 2529 /ISSN: 2959-9849/ 142 pp.
Imaginarios y narrativas estratégicas rusas y estadounidenses sobre las relaciones Cuba-Estados Unidos
Russian and US strategic narratives and imaginaries on Cuba-US relations
Dr. C. Mario Antonio Padilla Torres
Investigador y profesor titular
Centro de Investigaciones
de Política Internacional (CIPI)
e-mail: marioapt1959@gmail.com
ORCID: 0000-0002-5244-7846
Fecha de recepción: junio de 2026
Fecha de aprobación: julio de 2026
Fecha de publicación: septiembre de 2026
Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos constituyen escenario significativo de confrontación política, ideológica y geopolítica. Se desarrollan en un espacio simbólico donde actores estatales construyen narrativas para legitimar políticas exteriores, fortalecer alianzas e influir en percepciones. El artículo analiza comparativamente narrativas estratégicas de Estados Unidos y Rusia respecto a Cuba durante el período 2021-2026. Desde una perspectiva constructivista, valora discursos oficiales, documentos, declaraciones, medios y centros de pensamiento. Demuestra que Washington privilegia una narrativa basada en democracia, derechos humanos y seguridad internacional, mientras que Moscú desarrolla un discurso centrado en soberanía estatal y rechazo al unilateralismo y el orden multipolar. Ambas construcciones trascienden lo retórico y son instrumentos de competencia geopolítica para influir sobre terceros y redefinir equilibrios regionales en América Latina y Caribe. Se concluye que la competencia narrativa es dimensión esencial del poder internacional y condiciona la inserción internacional de Cuba.
Palabras clave: imaginarios internacionales, narrativas estratégicas, política exterior, multipolaridad, bloqueo, confrontación política.
Abstract
Relations between Cuba and the United States constitute a significant scenario of political, ideological, and geopolitical confrontation. They unfold in a symbolic space where state actors construct narratives to legitimize foreign policies, strengthen alliances, and influence perceptions. This article comparatively analyzes the strategic narratives of the United States and Russia regarding Cuba during 2021-2026. From a constructivist perspective, it assesses official speeches, documents, diplomatic statements, media, and think tanks. It shows Washington privileges a narrative based on democracy, human rights, and international security, while Moscow develops a discourse centered on state sovereignty, rejection of unilateralism, and a multipolar order. Both constructions transcend rhetoric and are instruments of geopolitical competition to influence third parties and redefine regional balances in Latin America and the Caribbean. It concludes that narrative competition is an essential dimension of international power and conditions Cuba's international insertion.
Keywords: strategic narratives, international imaginaries, foreign policy, multipolarity, blockade, political confrontation.
Introducción
Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos de América constituyen uno de los conflictos internacionales de mayor duración en la historia contemporánea. Desde 1959, la confrontación bilateral ha evolucionado desde un enfrentamiento predominantemente militar e ideológico hacia un bloqueo económico, comercial, financiero y energético, sin parangón alguno, tan multidimensional que integra componentes económicos, tecnológicos, diplomáticos, culturales y comunicacionales. En este escenario, la producción de narrativas estratégicas ha adquirido una relevancia creciente como instrumento de legitimación política y de proyección.
La acelerada transformación del sistema internacional durante la última década ha incrementado el valor estratégico de estas narrativas. El debilitamiento relativo del orden neoliberal internacional, el fortalecimiento de potencias emergentes, la consolidación de nuevas plataformas multilaterales como los BRICS ampliados y el desarrollo de tecnologías digitales capaces de multiplicar exponencialmente la difusión de información han convertido la competencia discursiva en un componente central de la política mundial.
En este contexto, Cuba ocupa una posición singular, porque su importancia trasciende la dimensión territorial o económica para convertirse en un símbolo político utilizado por diversas potencias en la construcción de discursos sobre democracia, soberanía, resistencia, hegemonía, derechos humanos, desarrollo y multipolaridad. Tanto Estados Unidos como la Federación de Rusia proyectan sobre la Isla representaciones que responden a intereses geopolíticos de importancia.
Desde la perspectiva estadounidense, la narrativa sobre Cuba continúa siendo presentada como un caso paradigmático de transición democrática inconclusa. La defensa de los derechos humanos, las libertades políticas, estado patrocinador del terrorismo y el estado fallido, constituyen el fundamento normativo de las sanciones económicas y de las políticas de presión diplomática, que ya alcanza más de 60 años. Paralelamente, Moscú incorpora a Cuba dentro de una narrativa más amplia orientada a cuestionar el predominio occidental, denunciar las sanciones unilaterales y promover la consolidación de un orden internacional multipolar basado en la igualdad soberana de los Estados.
Estas construcciones discursivas no pueden entenderse únicamente como expresiones ideológicas. Constituyen recursos de poder capaces de moldear percepciones, influir sobre gobiernos, legitimar decisiones de política exterior y movilizar apoyos internacionales. La competencia contemporánea entre grandes potencias se desarrolla tanto en el ámbito material como en el espacio simbólico, donde las narrativas desempeñan un papel comparable al de los instrumentos económicos, militares y tecnológicos.
El objetivo de este artículo es analizar comparativamente los imaginarios y las narrativas estratégicas elaboradas por Estados Unidos de América y la Federación de Rusia acerca de las relaciones con Cuba durante el período 2021-2026, identificando sus fundamentos conceptuales, mecanismos de difusión, objetivos políticos e impacto potencial sobre la inserción internacional cubana y la configuración del orden regional latinoamericano.
Para ello, el estudio adopta una perspectiva constructivista complementada con los aportes de la teoría de los imaginarios sociales, la diplomacia pública y la comunicación estratégica. Por lo tanto, la investigación parte de la premisa de que las narrativas internacionales constituyen instrumentos de poder cuya eficacia depende tanto de su coherencia interna como de su capacidad para articular identidades, memorias históricas e intereses geopolíticos.
La presente investigación emplea una metodología cualitativa basada en el análisis comparado de discursos políticos y narrativas estratégicas.
El estudio combina tres niveles analíticos complementarios.
En primer lugar, se realizó un análisis documental de declaraciones oficiales, estrategias de política exterior, informes gubernamentales y documentos publicados entre 2021 y 2026 por instituciones estadounidenses, rusas y cubanas.
En segundo lugar, se examinaron publicaciones de centros de investigación especializados en política internacional, seguridad y comunicación estratégica, junto con literatura científica reciente publicada en revistas indexadas. Finalmente, se efectuó un análisis comparativo de los principales marcos narrativos empleados por Washington y Moscú para interpretar las relaciones con Cuba, identificando semejanzas, diferencias, objetivos políticos y mecanismos de legitimación.
Desde el punto de vista metodológico, la investigación utiliza el análisis crítico del discurso para identificar cómo determinados conceptos —democracia, soberanía, seguridad, derechos humanos, multipolaridad o hegemonía— son resignificados por cada actor internacional según sus intereses estratégicos.
La investigación no pretende establecer cuál narrativa representa de forma absoluta la realidad, sino comprender cómo ambas construcciones discursivas funcionan como instrumentos de poder dentro de la competencia geopolítica contemporánea.
Los imaginarios sociales como categoría de análisis en las Relaciones Internacionales
El estudio de los imaginarios sociales ha adquirido una importancia creciente en las Relaciones Internacionales debido a su capacidad para explicar la construcción colectiva de identidades, percepciones y legitimidades. Por eso, ellos no constituyen simples representaciones subjetivas de la realidad, sino sistemas compartidos de significados que orientan la acción política y delimitan aquello que una comunidad considera posible, legítimo o deseable.
Desde la perspectiva de Cornelius Castoriadis,1 el imaginario social representa la capacidad creadora de las sociedades para producir instituciones, símbolos y significaciones que organizan la vida colectiva. Sobre el tema este investigador reafirma:
La idea del imaginario social instituyente parece difícil de aceptar, y esto es comprensible. La misma situación se presenta cada vez que hablamos de una "potencialidad", "facultad", "potencia". Porque nunca conocemos más que manifestaciones, efectos, productos —no aquello que son las manifestaciones. De allí las críticas a las concepciones de las "facultades del alma"— pero, dejando de lado el vocabulario, no queda claro qué se gana al hablar de "funciones". Evidentemente, lo mismo sucede con la imaginación. No podemos aprehenderla con nuestras manos, ni colocarla bajo un microscopio. Sin embargo, todo el mundo acepta que se hable de ella. ¿Por qué?, ¿Porque podríamos indicarle un sustrato?, Y ese sustrato, ¿podríamos colocarlo bajo un microscopio? No, pero cualquiera tiene la ilusión de comprender, porque cree saber que hay un "alma", y cree "conocer" sus actividades (Castoriadis, 1997).
Estas significaciones imaginarias constituyen el fundamento sobre el cual los estados construyen sus identidades nacionales y justifican sus políticas exteriores.
Por su parte, Benedict Anderson2 demostró que las naciones son "comunidades imaginadas", y confirma:
Una comunidad política imaginada, imaginada como inherentemente limitada y soberana [...] se imagina porque los miembros incluso de la nación más pequeña jamás conocerán a la mayoría de sus conciudadanos, ni se encontrarán con ellos, ni siquiera oirán hablar de ellos; sin embargo, en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión (Anderson, 1983).
Es decir, Benedict Anderson se refiere a que la nación no es una realidad biológica o geográfica, sino una construcción mental: una comunidad imaginada porque sus miembros nunca se conocen personalmente, pero comparten una identidad colectiva. La soberanía y limitación de la nación son ideales que permiten concebir fronteras claras, incluso en grandes poblaciones. Esta imaginación se sostiene mediante medios como el lenguaje común, los medios de comunicación y rituales nacionales, creando un sentido de pertenencia trascendental más allá de lo individual.
En el ámbito de las Relaciones Internacionales, el constructivismo, desarrollado principalmente por Alexander Wendt,3 sostiene que la política mundial no depende exclusivamente de la distribución del poder material, sino también de las ideas, identidades y normas compartidas. En consecuencia, las relaciones entre Cuba, Estados Unidos de América y la Federación de Rusia no pueden analizarse únicamente mediante indicadores militares o económicos; requieren comprender los significados atribuidos por cada actor a conceptos como democracia, soberanía, seguridad, revolución o multipolaridad.
La utilidad analítica de esta perspectiva radica en reconocer que los discursos oficiales producen efectos materiales, lo cual significa que las percepciones construidas mediante narrativas influyen sobre decisiones diplomáticas, alianzas internacionales, regímenes de sanciones, cooperación económica e incluso sobre la legitimidad de determinadas acciones en el sistema internacional.
Otro elemento vinculado a lo anterior está dado por las narrativas estratégicas y la comunicación internacional. Durante la última década, el concepto de narrativa estratégica se ha consolidado como una categoría fundamental para comprender la competencia geopolítica contemporánea.
Las narrativas estratégicas constituyen relatos cuidadosamente diseñados mediante los cuales los estados explican el funcionamiento del orden internacional, identifican amenazas, construyen aliados y legitiman sus objetivos de política exterior y su finalidad trasciende la comunicación institucional; buscan moldear percepciones, generar consensos e influir sobre la conducta de otros actores internacionales.
En un entorno caracterizado por la sobreabundancia informativa (infodemia), la expansión de las plataformas digitales y la utilización creciente de inteligencia artificial en la producción y difusión de contenidos, la disputa por controlar los marcos interpretativos adquiere una importancia comparable a la competencia económica o militar.
Las narrativas estratégicas operan simultáneamente sobre tres dimensiones: la interpretación del pasado mediante memorias históricas selectivas; la explicación del presente mediante marcos normativos específicos y la construcción del futuro mediante proyectos políticos que buscan legitimidad internacional. En consecuencia, Washington y Moscú presentan sus políticas hacia Cuba como expresiones de valores universales, aunque estos valores respondan a concepciones profundamente diferentes con respecto al orden internacional.
Existen también otros fenómenos que están asociados a los anteriores análisis, como son la diplomacia pública, el poder blando y la competencia informacional. Se debe decir que el primer elemento, con la expansión de internet y de las redes sociales, ha transformado profundamente la diplomacia contemporánea.
El concepto de poder blando, desarrollado por Joseph Nye,4 explica cómo los estados pueden alcanzar objetivos internacionales mediante la atracción cultural, la legitimidad política y la persuasión, reduciendo la dependencia del poder militar. De forma general, Nye puntualiza:
¿Qué es el poder blando? Es la habilidad de obtener lo que quieres a través de la atracción antes que a través de la coerción o de las recompensas. Surge del atractivo de la cultura de un país, de sus ideales políticos y de sus políticas. Cuando nuestras políticas son vistas como legítimas a ojos de los demás, nuestro poder blando se realza. América ha tenido durante tiempo mucho poder blando (Nye, 2010).
Actualmente, esta capacidad se articula mediante estrategias de diplomacia pública que integran medios tradicionales, plataformas digitales, centros académicos, organizaciones internacionales y redes de influencia. La competencia entre Estados Unidos y Rusia ilustra claramente esta transformación.
Mientras Washington combina diplomacia oficial, organizaciones de la sociedad civil, medios internacionales y centros de pensamiento, Moscú ha fortalecido el empleo coordinado de medios estatales internacionales, cooperación cultural, foros multilaterales y acuerdos económicos como instrumentos de construcción narrativa.
La creciente utilización de inteligencia artificial para segmentar audiencias, producir contenidos personalizados y analizar tendencias comunicacionales añade una dimensión inédita a esta competencia por la influencia global.
La construcción del imaginario estadounidense sobre Cuba
Desde la perspectiva de la política exterior estadounidense, Cuba continúa ocupando un lugar singular dentro de la arquitectura de seguridad hemisférica. Si bien las amenazas estratégicas actuales se concentran principalmente en el Indo-Pacífico, Europa Oriental y Oriente Medio, Cuba mantiene un elevado valor simbólico dentro de la política doméstica y exterior de Estados Unidos.
La narrativa oficial estadounidense se articula alrededor de cuatro ejes fundamentales:
Esta última dimensión ha adquirido mayor importancia desde 2022, cuando el deterioro de las relaciones entre Occidente y Rusia, junto con la creciente presencia económica china en América Latina, modificó significativamente la percepción estratégica de Washington respecto al Caribe.
Imaginario académico ruso: Cuba como "caso clásico" de conflicto asimétrico
En la academia rusa de relaciones internacionales, estudios regionales y análisis de política exterior, la relación Estados Unidos-Cuba se interpreta bajo tres direcciones fundamentales:
Esta predomina en instituciones como el Instituto Primakov de Economía Mundial y Relaciones Internacionales (IMEMO), la Academia de Ciencias de Rusia (RAN) y el Instituto Estatal de Moscú de Relaciones Internacionales (MGIMO). Estados Unidos es visto como potencia hegemónica regional y Cuba es conceptualizada como un Estado pequeño, resiliente, en entorno hostil prolongado. El conflicto se entiende como resultado de la lógica de balance de poder asimétrico. En esta dirección, el bloqueo no es solo política bilateral, sino un instrumento de coerción estructural en el sistema internacional.
Aquí una parte importante de la literatura académica rusa mantiene continuidad con la tradición soviética. La Revolución Cubana es interpretada como ruptura antimperialista periférica exitosa y Estados Unidos es representado como actor con "continuidad histórica intervencionista" en América Latina. Cuba aparece como símbolo de soberanía periférica sostenida. Este enfoque es más frecuente en historiadores de la política exterior y estudios latinoamericanos.
Es el más influyente desde el año 2014. El caso Cuba-EE. UU., se inserta en la narrativa de crisis del orden unipolar, y Cuba funciona como evidencia de que el dominio estadounidense en su "patio trasero" ya no es absoluto. Por otra parte, Rusia se posiciona como observador-participante del proceso de transición sistémica. En esta dirección, Cuba es menos objeto de estudio y más símbolo geopolítico del desgaste hegemónico estadounidense.
Al mismo tiempo, el imaginario político ruso comprende a Cuba como enclave histórico de resistencia frente a Estados Unidos. En el discurso político (Ministerio de Exteriores, Duma, liderazgo ejecutivo), la representación es más simplificada y funcional; y en la narrativa política rusa, EE. UU., mantiene una política de sanciones "unilaterales e ilegítimas". El bloqueo a Cuba es usado como ejemplo recurrente de doble rasero occidental.
Es decir, Cuba aparece como socio histórico de legitimidad política, aliado histórico desde la Guerra Fría, actor que "resiste presiones externas" y socio político confiable en foros multilaterales. Este imaginario no enfatiza en la economía, sino en la lealtad política y continuidad histórica. También, en discursos oficiales rusos, el caso se utiliza para cuestionar la legitimidad moral de la política exterior estadounidense y reforzar la idea de soberanía estatal como principio absoluto, sosteniendo la crítica a la "exportación de democracia".
En la opinión pública rusa y algunos medios generalistas (no especializados), el imaginario es más reducido y menos estructurado. Aquí se muestra a Cuba como símbolo cultural romántico y se le asocia con exotismo, música, revolución histórica y turismo.
Estados Unidos aparece como antagonista histórico de ese imaginario. La relación entre Washington y La Habana se percibe como "conflicto del pasado" aún no resuelto. A diferencia del entorno académico o político, este conflicto es prioritario en la agenda mediática rusa cotidiana, y se activa principalmente en momentos de crisis internacional (sanciones, ONU, votaciones diplomáticas).
Por otra parte, en sectores urbanos e instruidos aparece una visión más contemporánea: EE. UU., es visto como actor global dominante, pero no exclusivamente hostil, y Cuba es percibida como país en dificultad económica estructural. Esta relación bilateral se interpreta como residuo histórico de la Guerra Fría, más que conflicto activo central.
La estructura del imaginario ruso se puede sintetizar en tres capas jerárquicas: geopolítica, donde se percibe al poder estadounidense en declive y a Cuba como símbolo de resistencia; político-diplomática, donde EE. UU., es visto como actor coercitivo y Cuba como aliado histórico legítimo de Rusia; y socio-cultural, donde EE. UU., domina como potencia global, pero Cuba representa un valor simbólico de soberanía y tradición. Este imaginario fortalece la narrativa rusa de oposición al orden hegemónico occidental, usando a Cuba como figura emblemática de resistencia antimperialista.
Por lo tanto, el imaginario ruso sobre las relaciones Estados Unidos-Cuba no es homogéneo, pero sí estructuralmente coherente en su núcleo: la relación es reinterpretada como un caso paradigmático de asimetría hegemónica y resistencia periférica. Lo más importante no es Cuba en sí, sino su función dentro del pensamiento ruso: en la academia, como caso de análisis de poder asimétrico; en la política, como instrumento de crítica al orden occidental; y en la sociedad, como símbolo histórico-cultural simplificado.
Cuba, desde la perspectiva rusa, no es vista simplemente como un aliado estratégico o un objetivo de la política exterior estadounidense, sino como un símbolo clave en el orden global. Su papel simbólico representa resistencia al imperialismo, especialmente frente a EE. UU., lo que la convierte en un significante geopolítico, un emblema de contrapoder y soberanía. Rusia la utiliza para proyectar influencia en América Latina y desafiar la hegemonía estadounidense, no por su valor intrínseco, sino por su significado ideológico y estratégico en el juego internacional.
Conclusiones
El análisis contemporáneo evidencia una asimetría estructural entre las narrativas rusas y estadounidenses sobre Cuba-EE.UU.: La Federación de Rusia construye una narrativa altamente politizada, estratégica y multipolar, donde el eje La Habana- Washington funciona como símbolo del declive del orden unipolar occidental. Estados Unidos, por su parte, articula una narrativa securitizada y normativo-legalista, donde Cuba aparece como problema de seguridad nacional, derechos humanos y alineamiento geopolítico.
En ambos imaginarios, Cuba no opera como actor central autónomo. En la narrativa rusa, actúa como símbolo de resistencia antihegemónica y legitimación del multipolarismo. En la narrativa estadounidense, es tratado como un caso de régimen autoritario persistente y objeto de presión estratégica. Esto convierte a Cuba en un significante geopolítico funcional, más que en un sujeto pleno de representación bilateral.
Para Rusia, EE. UU., es el actor estructuralmente coercitivo, responsable del mantenimiento del bloqueo y de la reproducción de desigualdades globales. Para EE. UU., Cuba es un caso de excepción normativa, donde se justifican sanciones por razones de democracia, seguridad y derechos humanos.
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1 Cornelius Castoriadis (1922–1997) fue un filósofo, sociólogo y pensador político de origen griego, nacido en Estambul y radicado en Francia., influyó profundamente en el marxismo crítico y desarrolló una teoría radical sobre la autonomía y la creatividad social. Su concepto de "autonomía" como fundamento del ser humano y la sociedad trasciende el determinismo, planteando que las instituciones sociales son creadas por la imaginación colectiva. Su obra se destaca por su originalidad en filosofía, psicoanálisis y crítica social.
2 Benedict Anderson (1936–2015) fue un destacado politólogo y estudioso del nacionalismo, conocido por su obra seminal Imagined Communities, donde analiza el nacimiento y desarrollo del nacionalismo como constructo social.
3 Alexander Wendt es un destacado politólogo estadounidense y uno de los fundadores del constructivismo en las relaciones internacionales. Su trabajo se centra en cómo las ideas, identidades y normas sociales moldean la conducta estatal, desafiando visiones realistas tradicionales.
4 Joseph Nye fue un destacado geopolítico y académico estadounidense, conocido por desarrollar el concepto de poder blando en relaciones internacionales. Fue subsecretario de Defensa bajo la administración Clinton y decano de la Harvard Kennedy School. Su trabajo influyó profundamente en el análisis de la política exterior estadounidense y la dinámica global. Profesor emérito de la Universidad de Harvard.