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<Part><H1>Ideología fascista, sistema político y cultura en los Estados Unidos: el espacio ylos límites</H1>
<H1>Fascist Ideology, Political System, and Culture in the United States: The Spaceand the Limits</H1>
<H2>Dr. C. Jorge Hernández Martínez</H2>
<P>Sociólogo y politólogo. Profesor e Investigador Titular del Centro de EstudiosHemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) y Presidente de la Cátedra“Nuestra América”, Universidad de La Habana</P>
<P>Número ORCID: 0000-0001-7264-6984</P>
<H2>Resumen:</H2>
<P>El ensayo reflexiona sobre las características y</P>
<P>Abstract:</P>
<P>The essay reflects on the characteristics and</P>
<P>potencialidades de la ideología fascista en la so-ciedad norteamericana. Su propósito es otear elhorizonte, a la luz de algunas consideraciones teó-ricas y de abreviadas referencias históricas. A par-tir de la coyuntura de las elecciones de 2020, seindaga en las manifestaciones retrospectivas y re-cientes de una tendencia que ha adquirido cuerpoen el tejido de la formación social capitalista enlos Estados Unidos y en particular, en el marco dela decadencia en la cultura política que acompa-ña allí al imperialismo contemporáneo. Con la in-tención de contribuir a las interpretaciones de laviabilidad de los procesos ideológicos en ese paísse exponen las notas que siguen, con un formatomás ensayístico que investigativo.</P>
<P>Palabras clave: fascismo, ideología, cultura, sis-tema político, capitalismo</P>
<P>potentialities of fascist ideology in American so-ciety. Its purpose is to scan the horizon, in thelight of some theoretical considerations and briefhistorical references. Starting from the junctureof the 2020 elections, it enquires the retrospectiveand recent manifestations of a trend that has ac-quired a body in the fabric of the capitalist socialformation in the United States and in particular,in the framework of the decline in the politicalculture that there it accompanies contemporaryimperialism. With the intention of contributingto the interpretations of the viability of the ideo-logical processes in that country, the followingnotes are exposed, with a more essayistic thaninvestigative format.</P>
<P>Key words: fascism, ideology, culture, politicalsystem, capitalism</P>
</Part>
<Part><P>CUADERNOS DE NUESTRA AMÉRICA / No.1  Segundo Semestre  2020</P>
<P>Introducción</P>
<P>Con cierta intermitencia, el tema del fascismoy sus expresiones en la vida política y cultural delos Estados Unidos ha sido objeto de las cienciassociales, sobre todo cuando, en circunstancias decrisis objetivas o a causa de percepciones subjetivasde peligro a la identidad o a determinados intere-ses del país, como los concernientes a la seguridadinterna o la cultura nacional, se afirman prácticasque trascienden comportamientos individuales, seextienden en la sociedad civil con manifestacionesviolentas de intolerancia racial, étnica o religiosa.Asumidas por determinados gobiernos de turnoen contextos como los aludidos, tales acciones hansido provocadas por la exaltación fanática de algúntipo de supremacismo a través de movimientos uorganizaciones sociales que consideran amena-zados los valores o el modo de vida, predisponenel estado de ánimo de la población, que siente lanecesidad de defenderse, afectando la seguridadciudadana y el orden público, al ganar espacios enla vida cotidiana, en la dinámica de los partidos ylos medios de comunicación. Quizás los mejores omás conocidos ejemplos de ello sean el clima so-ciopolítico afianzado con el macartismo a media-dos del siglo pasado luego, de la Segunda GuerraMundial, cuando en los años de 1950, durante laGuerra Fría clásica, se generalizó un anticomunis-mo desbordado, con la persecución a todo lo quese valorara como cercano a ideas políticas de iz-quierda; la situación creada por la llamada Revolu-ción Conservadora, al reeditarse una lucha contra“el imperio del mal”, como se calificara al presuntoenemigo comunista en la “nueva” Guerra Fría, enla década de 1980; o el período que se articuló ainicios del siglo actual, a raíz de los atentados del11 de septiembre de 2001, ante el terrorismo inter-no, que evocó reacciones similares alentadas porun nacionalismo chauvinista, patriotero, que pro-fundizó en el decenio de 2000 la represión a nivelesinusitados. En este último escenario floreció el sín-drome fascista con rasgos más inquietantes, segúnse evidenció con medidas como las conducentes al</P>
<P>106</P>
<P>arresto de quienes, por simple sospecha, se cata-logaran como terroristas, en ausencia de pruebas,incluido su envío a cárceles secretas o a remedosde campos de concentración, donde el empleo dela tortura se estableció como práctica legítima para“proteger” a los Estados Unidos.</P>
<P>Pero las expresiones ideológicas, y en ocasiones,político-institucionales con signos similares hantenido presencia anterior en la historia norteame-ricana, y también posterior, según lo muestran losacontecimientos que se despliegan en la segundamitad del decenio de 2010, asociados a los cuatroresultados electorales más recientes. Así, primeroen los casos de 2008 y 2012, a causa del triunfoy reelección, respectivamente, de Barack Obama,un presidente de piel negra, que despertó fuertessentimientos de racismo y nativismo, se produceel reavivamiento de viejas conductas colectivas, através de los existentes grupos de odio: neonazis,“cabezas rapadas” (skinheads), los del Movimien-to Vigilante, las Milicias, las Naciones Arias, elMovimiento de Identidad Cristiana, entre otros,que hasta entonces tenían un bajo perfil, a los quese añadió elTea Party, haciendo gala de no menosextremismo derechista. Después, tiene lugar el re-surgimiento de algunos de ellos en los comiciossiguientes. En los de 2016, alentados por la vic-toria de Donald Trump, y en los de 2020, ante elfracaso, al no consumarse su reelección. En esoscontextos adquirió un auge renovado el activis-mo de organizaciones como las mencionadas, alsentir el amparo de un presidente que les cobija-ba, cuatro años atrás, y que después procuran de-fenderle y defenderse, ante una derrota electoral(González Delgado, 2018). Justamente, a partir deestos dos últimos procesos, el desarrollo de ideasy prácticas de connotación fascista en la sociedadnorteamericana atrae de nuevo la atención de lasmiradas académicas. Ello se refuerza a la luz de losresultados oficiales, en medio de no poca incerti-dumbre, que junto al predominio popular y delColegio Electoral a favor de Joseph Biden, comocandidato demócrata, dejaron ver una notable</P>
</Part>
<Part><P>Ideología fascista, sistema político y cultura en los Estados Unidos: el espacio y los límites</P>
<P>tendencia ideológica conservadora, palpable en elrespaldo con más de 70 millones de votos a favorde Trump, seguido por una beligerante adhesióna su figura, dentro y fuera de las filas republicanas,mediante movilizaciones públicas que se suman asu denodado empeño en aferrarse a presidencia.</P>
<P>Lo expuesto proyecta la silueta de una ideologíafascista, con espacio en la cultura, con límites enel sistema político, definido dentro de los cánonesde la democracia liberal representativa, lo cualimpide su viabilidad institucional (HernándezMartínez, 2018). De ahí que el presente ensayoreflexiona, al comenzar el tercer decenio del sigloen curso, sobre las características y potencialida-des de esa ideología. Su propósito es otear el hori-zonte, a la luz de algunas consideraciones teóricasy de abreviadas referencias históricas, que tomancomo referencia el contexto de las elecciones de2020, pero sólo como motivación analítica. No setrata de un estudio sobre esa coyuntura. A partirde ella, se indaga en las manifestaciones retros-pectivas y recientes de una tendencia que ha ad-quirido cuerpo en el tejido de la formación socialcapitalista en los Estados Unidos y en particular,en el marco de la decadencia en la cultura políticaque acompaña allí al imperialismo contemporá-neo. Con la intención de contribuir a las interpre-taciones de los procesos ideológicos allí, se ex-ponen las notas que siguen, con un formato másensayístico que investigativo. La exposición in-cluye una aproximación conceptual a la ideologíafascista, recorre sus principales expresiones his-tóricas en la sociedad estadounidense y estableceun contraste entre lo que se ha conocido como la</P>
<P>de una retórica discursiva saturada de hostilidadcontra la imagen de enemigos a neutralizar, a finde garantizar que los Estados Unidos recuperensu grandeza.</P>
<P>La ideología fascista y la sociedad norteamerica-na: el espacio y el límite</P>
<P>Ante todo, convendría puntualizar el marcoconceptual que justifica la referencia al fascismo,como fenómeno político y como expresión ideo-lógica, dado que al revisar la literatura, se advierteque con frecuencia, se utiliza el término de ma-nera indiscriminada y banal. A partir de esta pre-cisión es posible comprender su presencia en lascondiciones histórico-concretas de los EstadosUnidos, de su cultura y sistema político.</P>
<P>Como fenómeno político, el fascismo se definecomo opción del capitalismo en las condicioneshistóricas que se viven en Europa en el contextode la profunda crisis o recesión mundial, la GranDepresión de los años de 1930, cuya configura-ción acabada tiene lugar a finales de ese decenio,pero incubándose desde el precedente, hasta suplasmación en las estructuras tradicionales delEstado burgués, cuando transita en Alemania eItalia su régimen político prevaleciente —basadoen el esquema de la democracia liberal— hacia eldel llamado Estado de excepción. Marcado por lacentralización autoritaria y represiva que imponela clase dominante a la sociedad en su conjunto, alsentirse acorralada, el fascismo conlleva la peren-toria liquidación de la institucionalidad democrá-tico-liberal, imponiendo los mitos de la salvaciónnacional, la legitimidad del uso de la fuerza, apo-</P>
<P>“era Reagan” y la “era Trump”, dadas sus proximi-</P>
<P>yándose en la burocracia, las fuerzas armadas y</P>
<P>dades, mirando hacia la inserción de esa cosmo-visión en el territorio cultural de una acentuadadecadencia imperialista, que confirma la aprecia-</P>
<P>la propaganda, sumando a los sectores popularescon la demagogia populista, neutralizando la mo-vilización clasista obrera y de otros sectores ex-</P>
<P>ción leninista de que en el campo superestructu-ral, el imperialismo se caracteriza por el viraje dela democracia a la reacción, en toda la línea (Le-</P>
<P>plotados, a través de la manipulación ejercida porun líder carismático. Por tanto, el fascismo se re-sume en la aparición del Estado fascista, con pro-</P>
<P>nin, 1973 y 1996). En ambos casos, sin descono-cer diferencias, es común el histrionismo y abuso</P>
<P>yecciones que de manera convencional, se con-sideran como de extrema derecha o de derecha</P>
<P>107</P>
</Part>
<Part><P>CUADERNOS DE NUESTRA AMÉRICA / No.1  Segundo Semestre  2020</P>
<P>radical, en la medida en que por su beligeran-cia trascienden en el espectro político las postu-ras calificadas como de derecha. Atilio Borón haseñalado, de modo conciso, que el fascismo “re-quiere una completa reorganización del Estado,sólo posible en la medida en que las institucionespolíticas y jurídicas de la democracia liberal seanabandonadas: las libertades burguesas deben serpisoteadas, los partidos políticos suprimidos, lossindicatos arrasados, el Parlamento clausurado yla educación aherrojada al comité de propagandadel régimen. En suma, la burguesía transforma la´ilegalidad´ de la democracia liberal en la nueva´legalidad´ del Estado de excepción. El fascismoha sido, juntamente con el bonapartismo y la dic-tadura militar, una de las formas ‘clásicas’ del Es-tado capitalista de excepción” (Borón, 2003:42).</P>
<P>Para Jorge Dimitrov, por fascismo se entiende,esencialmente, “la dictadura terrorista abierta de loselementos más reaccionarios, más chovinistas y másimperialistas del capital financiero” (Dimitrov, 1953:106). Es decir, implica el poder de esos elementos yla imposición dictatorial, al suprimir a la oposición,de su política sobre los otros sectores de la clase do-minante y la sociedad en su conjunto, con lo cual seestablece un régimen político diferente, en el Estadocapitalista, al de la democracia liberal representativa,como modelo que le sostiene.</P>
<P>Junto a esas miradas, que focalizan adecuada-mente la dimensión político-institucional del fas-cismo, se registran aquellas que enfatizan su con-notación ideológica —a las cuales se adscribe esteensayo—, como las de Kevin Passmore, ErnestoLaclau, Robert Paxton y Umberto Eco, resaltandosu irracionalismo, capacidad de construcción depercepciones de amenaza y de infundir temor, através de sentimientos conspirativos, con una im-pronta populista, que fomenta el desprecio a losdébiles y al otro, exacerba la identidad, propicia elnacionalismo chauvinista, la xenofobia, se apega ala tradición, rechaza la modernidad y condena ladiscrepancia (Passmore, 2014; Laclau, 1977; Pax-ton, 2017). La caracterización de Umberto Eco</P>
<P>108</P>
<P>es, probablemente, la más completa y funcionalen tal sentido, al enumerar catorce propiedadesgenerales de la ideología fascista, precisando queno es posible organizarlos en un sistema coheren-te, pero subrayando que bastaría con que uno deellos esté presente para que el fascismo se coagulea su alrededor (Eco, 1991).</P>
<P>Así, coincidiendo con este criterio, tanto si seatiende a su connotación como fenómeno po-lítico, o cual corriente ideológica, el fascismo seidentifica con expresiones de derecha radical o deextrema derecha. Precisadas las referencias con-ceptuales de partida, procede situar el asunto enlas condiciones específicas de la sociedad nortea-mericana, relacionándole con el sistema político yla cultura. Desde el punto de vista de su personi-ficación estatal, queda claro que el fascismo no haexistido en los Estados Unidos, y que incluso, nosea factible que se conforme en el corto o medianoplazo una experiencia fascista, entendida a partirde una conversión de ese modelo en el de un Es-tado de excepción, que suprima los atributos de lademocracia burguesa convencional, que cristali-ce en una nueva articulación formal en el sistemapolítico, centralizada y totalitaria, de estructurasestatales, eliminando el sufragio, los partidos, lalibertades de reunión, de prensa, de asociación yde adscripción religiosa, la rama legislativa y con-centrando el poder en la ejecutiva, bajo un man-dato corporativo militar. Ahí radican los límitesde una corporeidad estatal fascista. Desde el otropunto de vista, el que le concibe como ideología,es posible afirmar, en cambio, que existen antece-dentes que reflejan espacios en la cultura y en cier-tos casos, también manifestaciones organizativasen la sociedad civil, que les han servido de caja deresonancia. La condiciones propiciadoras de esasreacciones se definen, en todos los casos, a partirde la existencia de crisis, más o menos, agudas,que deterioran sustancialmente el nivel de vida dela población, crean inseguridad generalizada, po-nen en entredicho la grandeza del sistema políti-co-económico, capitalista, de los Estados Unidos,</P>
</Part>
<Part><P>Ideología fascista, sistema político y cultura en los Estados Unidos: el espacio y los límites</P>
<P>estremeciendo la imagen de infalibilidad de este ycuestionando las bases del excepcionalismo nor-teamericano. Es decir, cuando las percepciones</P>
<P>social prevaleciente en sus respectivos momentoshistóricos.</P>
<P>Esas características, que nacían básicamente de</P>
<P>pesimistas de los círculos más conservadores se</P>
<P>la naturaleza intrínseca de dichas organizaciones</P>
<P>apoderan de la opinión pública y en general, im-ponen visiones desoladoras en la cultura nacionalque infunden el temor y la angustia, mediante suinfluencia en los aparatos ideológicos del Estado,como ha sucedido en distintos momentos de re-cesión económica o crisis política, es que cuajael ambiente ideológico de fortaleza sitiada, comofértil terreno para las manifestaciones más vio-lentas de la extrema derecha, o derecha radical,y para la viabilidad de una plataforma de ideas,</P>
<P>de derecha radical o de extrema derecha, cambiansustancialmente cuando, bajo las condiciones deangustia y desesperación que impuso la crisis eco-nómica de los años de 1930, surgieron expresio-nes comoUnion for Social Justice, encabezada porel reverendo Charles E. Coughlin, que impulsa-ron una propuesta eminentemente fascista comouna alternativa viable para superar la difícil situa-ción que experimentaban la nación. En esa etapaencontraron eco en la sociedad estadounidense</P>
<P>eventualmente acompañadas de prácticas, de ins-</P>
<P>las ideas fascistas de Adolfo Hitler y Benito Mus-</P>
<P>piración fascista.</P>
<P>La historia norteamericana no ha carecido de esasmanifestaciones. Expresiones como el movimientoantimasón de fines del sigloXVIIIy principios delXIX; losKnow Nothingy losNative Americanque flo-recieron entre 1830 y 1840; el primerKu Klux Klan,de la época de la reconstrucción, posterior a la Gue-rra Civil, que se opuso drásticamente a la igualdadsocial y política del negro; o el segundoKu KluxKlan, que adquirió notoriedad durante la década de1920, enfrentando, incluso de modo violento, a ca-tólicos, negros y judíos, defendiendo la supremacíablanca y rechazando la vinculación estadounidensecon el exterior, ambos constituyeron antecedentesimportantes de tempranas expresiones de derecharadical dentro de los Estados Unidos.</P>
<P>solini, que junto al quehacer de Francisco Franco,se extendieron en Europa, trascendieron las fron-teras del Viejo Mundo, alcanzaron una dimensióninternacional y llegaron al continente america-no. Algunos historiadores llamaron a ese perío-do “la época de oro del fascismo norteamerica-no”, cuando la efervescencia de dicha corriente depensamiento impulsó la creación de alrededor deochocientas organizaciones diferentes, y cuandorevistas y otras publicaciones periódicas de corteautoritario se difundieron a lo largo y ancho delterritorio nacional (Nolte, 1967, y Woolf, 1970).</P>
<P>Durante ese lapso, el fascismo en los EstadosUnidos se manifestó en lo fundamental de dosformas. La primera fue mediante grupos con acti-vidad política y propagandística, comoThe Ame-</P>
<P>A pesar de que esas organizaciones promovie-ron movimientos de cierta masividad, sus de-</P>
<P>rican Patriots, The German American Bund,TheKnights of White Camellia, The Silver Shirts. La</P>
<P>mandas carecían de consideraciones más globa-les, que presentaran soluciones contundentes queapuntaran hacia algún tipo de restructuración del</P>
<P>segunda forma estuvo representada por los pen-sadores o intelectuales que nutrieron con un es-quema teórico a tales expresiones, entre los cua-</P>
<P>Estado norteamericano de acuerdo con su propiaconcepción del mundo o motivando la de otrossegmentos sociales. Básicamente, se habían limi-</P>
<P>les se destacaron Seward Collins, Ezra Pound yLawrence Dennis (González Maass, 1997 y Ve-lasco, 1983). Bajo esas dos modalidades, que se</P>
<P>tado a detectar blancos de ataque muy específicos(negros, católicos, inmigrantes, judíos), sobre loscuales descargaban su odio y expresaban su des-contento ante la situación económica, política y</P>
<P>complementaban, el fascismo norteamericano seconstituyó en un movimiento significativo querechazó por igual al liberalismo y al socialismo,ofreciendo a cambio un modelo de organización</P>
<P>109</P>
</Part>
<Part><P>alternativo para solucionar la crisis, que cuestio-nó al régimen político y amenazó con revertir elsistema existente, radicalizando la ideología en elpaís hacia la extrema derecha o derecha radical(Vestermark, 1975). En ese contexto, se aprecia-ron intentos por mezclar los principios fascistaseuropeos, principalmente los del nacionalsocia-lismo alemán, con la tradición liberal norteameri-cana y la coyuntura de la crisis de 1930, adoptán-dose el lema que revitaliza Trump,America First,que no es de su cosecha original. En su conjunto,el mosaico de tendencias ideológicas y agrupacio-nes sociopolíticas citadas se verá frustrado antela pujanza del proyecto dirigido por el presidenteRoosevelt, que articulando el programa delNewDealen torno a la política económica keynesia-na, con el apoyo de una coalición integrada por elpartido demócrata, los movimientos sociales delas minorías negra y latina, los jóvenes, mujeres ysindicatos, propicia la credibilidad del modelo dela democracia liberal representativa aportado porlos Padres Fundadores de la nación, y descolocala alternativa reaccionaria, de índole fascista, pro-movida por Coughlin y los grupos mencionados,que optaban por una opción fascista.</P>
<P>Con posterioridad, se advierte el reavivamientode manifestaciones autoritarias, después de con-cluida la Segunda Guerra Mundial, que muestranla existencia de rasgos psicosociales en los Esta-dos Unidos que reflejaban a cierta cercanía a lamentalidad fascista, lo cual fue estudiado por elsociólogo alemán Theodor Adorno (exponentedel pensamiento crítico que maduró en la llamadaescuela neomarxista de Frankfurt), aunque situa-ba el problema a nivel del individuo, toda vez queconsideraba que esas ideas respondían a persona-lidades “fascistas”, entendidas como psicopatolo-gías individuales, perdiendo de vista los condicio-namientos histórico-sociales, relativos a las crisisdel capitalismo norteamericano y a la búsquedade salidas (Adorno, 1950). En ese mismo entor-no, una acuciosa investigación histórica del inte-lectual británico Cedric Belfrage desmitificaba el</P>
<P>110</P>
<P>pluralismo de la cultura política en ese país en losaños finales de 1940 y durante los de 1950, iden-tificando lo que calificó como métodos de controldel pensamiento, que articulaban una atmósferade verdadera represión. Así, Belfrage revela cómolos actores políticos de la época del macartismo,son ejemplares “protagonistas de una inquisición”,es decir, “personas en el poder con intención deretenerlo, que identifican los mejores intereses dela nación con los suyos”, que manipulan el estadode ánimo y el clima sociopolítico interno (Belfra-ge, 1972: 11-12).</P>
<P>A raíz de la impronta presidencial de GeorgeW. Bush en la década de 2000, se ubican nuevasreflexiones acerca de las acciones generadas porese gobierno, entendidas como expresiones fas-cistas, que como parte de lo que se conoció comola Doctrina Bush, ofreció cobertura a una políti-ca interna y exterior justificada a partir de la LeyPatriótica y del enfrentamiento al terrorismo, quesería la nueva construcción de la amenaza a lacultura y la seguridad de la nación, luego de desa-parecido el comunismo como enemigo principal.Tanto en el plano ideológico, palpable en concep-ciones novedosas como las del “Estado Fallido” yel “Cambio de Régimen”, como en el de la prácticagubernamental, ganó presencia una apelación so-bresaliente a la violencia, de presencia constanteen el discurso movilizador que con justificacio-nes religiosas y geopolíticas recrearon el clima deparanoia en la cultura política y la vida cotidia-na. Numerosos estudios retomaron las preguntasrelacionadas con el nuevo ascenso de un pensa-miento fascista, como los de Gore Vidal, NoamChomsky Howard Zinn y Michael Moore, entreotros, al constatar la reiteración con que las fuer-zas de extrema derecha o derecha radical que semovían en el Partido Republicano, en la literaturaacadémica y la gran prensa estadounidense, du-rante el mencionado decenio. Esa situación, sinembargo, perdería peso al quedar atrás los ochoaños de la doble Administración de W. Bush,creándose el espejismo de que el extremismo con-</P>
</Part>
<Part><P>Ideología fascista, sistema político y cultura en los Estados Unidos: el espacio y los límites</P>
<P>servador legitimado ante la prolongada etapa decrisis, desaparecía de la escena cultural y políti-ca, al simbolizar Obama en la primera mitad de ladécada de 2010 la recuperación del optimismo, laconfianza y la racionalidad. En realidad, durantesus dos períodos de gobierno, Obama fue objetode profundas embestidas nativistas y populistas,fascistas, dirigidas desde movimientos como losdelTea Party, losBirthers, laNational Rifle Asso-ciation, elKu-Klux-Klan, varias organizacionesreligiosas, de la derecha evangélica y medios decomunicación conservadores, comoFox, entreotros, que cuestionaban su condición de estadou-nidense y le denigraban por el color de su piel(Hernández Martínez, 2020).</P>
<P>A partir de la segunda mitad de ese decenio, ad-quiere de nuevo vigencia el intento intelectual porexplicar lo que está sucediendo en la cultura po-lítica norteamericana, en la llamada “era Trump”,dada la envergadura del nacionalismo chauvinista,</P>
<P>de derecha radical en la cultura política norteame-ricana, recreando con la “era Trump” el contextode la “era Reagan”, en la cual se registró un proce-so análogo, bajo condicionamientos históricos querestringen su alcance al nivel del sistema político,que sigue (y seguirá) definido por el régimen po-lítico demoliberal representativo. ¿Quién puedeimaginar a la sociedad estadounidense abando-nando la simbología de sus valores tradicionales,en la que se suprima la libertad de expresión, reu-nión y asociación, con una Constitución y un Con-greso anulados, sin procesos electorales, con toquede queda y un patrón social totalitario, con un úni-co poder concentrado en la rama ejecutiva, un Es-tado militarizado y unos medios de comunicacióncentralizados con un mismo y absolutista mensaje?Con la llamada Revolución Conservadora seprometió “un nuevo amanecer”, hablando el presi-dente Reagan de “hacer grande a los Estados Uni-dos de nuevo” (Make America Grat Again). Así, en</P>
<P>el racismo, la xenofobia, el supremacismo blanco y</P>
<P>los años de 1980 se presentó una alternativa de na-</P>
<P>cristiano, palpables tanto en la retórica discursivapresidencial como en la ejecutoria correspondien-te que caracterizan a Trump desde 2016. (RussellMead, 2017). Entre los principales trabajos que de-dican atención crítica a ello y que benefician el pre-sente análisis se encuentran los de los sociólogosWilliam I. Robinson y Jaime Preciado Coronado(Robinson, 2016 y Preciado Coronado, 2017).</P>
<P>En resumen, si bien el fascismo es un recurso entiempos de crisis política en la sociedad capitalistaen general, y en el caso de los Estados Unidos laprofundización de una crisis de tal naturaleza pro-picia hoy, como ayer, ciertas condiciones para suredefinición en el plano ideológico, dados los ante-cedentes y componentes de supremacía racial, ét-nica y religiosa, elitismo y tradición violenta en lacultura, existen límites político-jurídicos que impi-den su institucionalización como régimen político.Ese proceso contradictorio se halla en pleno des-pliegue. Es decir, está en marcha la configuraciónde un ideario con componentes fascistas que am-</P>
<P>turaleza ideológica fascista, con una lectura basa-da en una óptica de extrema derecha o de derecharadical, que enfrentaba la tradición política liberal,intentando superar la herencia rooseveltiana, nu-triéndose, según lo explica Jurgen Habermas, deinsumos en la sociedad civil y la conciencia colecti-va, con lo cual las contradicciones culturales adqui-rían la connotación de dilemas políticos (Haber-mas, 1983). Los elementos que pueden asumirsecomo indicativos de una orientación fascista, no seintegran en una cosmovisión totalmente coheren-te, orgánica ni en una práctica política acabada, da-das las razones históricas apuntadas, que dificultanel florecimiento en la sociedad estadounidense deopciones extremas, como la socialista o la fascista,que quiebren o sobrepasen los límites establecidospor el modelo establecido: el de la tradición políti-ca de la democracia liberal representativa.</P>
<P>A pesar de su caprichosa y accidentada gestiónpresidencial, de la pérdida de simpatizantes y dealgunos soportes estaduales con tradición repu-</P>
<P>plía el espacio de las concepciones conservadoras y</P>
<P>blicana, Trump logró preservar en 2020 buena</P>
<P>111</P>
</Part>
<Part><P>CUADERNOS DE NUESTRA AMÉRICA / No.1  Segundo Semestre  2020</P>
<P>parte de las bases electorales de 2016 —sobre todoen población blanca masculina adulta, con bajonivel de instrucción, evangélica, de áreas rurales,de clase media y obrera, así como de segmentosde la oligarquía financiera y corporativa, vincula-da a bienes raíces, construcción, energía y al com-plejo militar-industrial—, cuya lealtad fue visibletanto en la filas partidistas como en el conjunto dela sociedad civil, al apoyar su escandalosa e iné-dita conducta orientada a no abandonar su sitioen el gobierno, mediante acaloradas acusacionesde fraude y otras artimañas legales, sin presentarlas evidencias requeridas. El predominio de po-siciones republicanas en el Senado y en la ramajudicial se suma a un cuadro político-ideológicoen el que la correlación de fuerzas conservadorasmantiene significación, pudiendo hablarse, hasta</P>
<P>fascistización en la sociedad norteamericana? Serequiere de una serie de precisiones conceptualesal enfrentar estas interrogantes.</P>
<P>1)Las formas de ascenso al poder (democráti-cas o inconstitucionales), el nivel y apariencia dela represión que ejerzan estos grupos, la existenciade un partido único con agenda fascista o la he-gemonización política dentro de un sistema plu-ripartidista, dependerán de la situación interna yexterna histórico-concreta del país en cuestión,pero ello no altera el hecho de que el sector másreaccionario y aventurero de la burguesía, al decirde Dimitrov, puede llegar a monopolizar el po-der efectivo (gubernamental y social) y ejercerlo,neutralizando a la oposición por vía democráti-ca o represiva. Por lo tanto, cada fascismo diferiráuno de otro, de país a país y de una época a otra.</P>
<P>cierto punto, de una suerte de “trumpismo”, aún ycuando Trump no fuese reelecto.</P>
<P>La beligerancia de su retórica discursiva, sien-do aún presidente y la militancia de sus simpa-tizantes durante el período inmediato que siguióa los comicios, a través de un amplio abanico deorganizaciones y grupos de extrema derecha, al-gunos armados —que abrazan con exacerbaciónconsignas y agendas de un nacionalismo extre-mista, discriminatorio, antidemocrático, arbitra-rio e irracional, escudado en concepciones de su-premacía racial y cristiana, apelando a la violenciay a la demonización del adversario—, puede con-siderarse una expresión ideológica fascista, cuyaperdurabilidad en la cultura norteamericana nopuede descartarse.</P>
<P>Teoría e historia, preguntas y respuestas</P>
<P>El empleo del calificativo fascista a diferentesmomentos y gobiernos en los Estados Unidos, asícomo la preocupación por un peligro de esa na-turaleza en la actualidad, conlleva más preguntasque respuestas, estimula interpretaciones y mue-ve la polémica.</P>
<P>¿Fue fascista la Administración Reagan?; ¿Hasido fascista la de Trump? ¿Existe un proceso de</P>
<P>112</P>
<P>Es conveniente recordar el modo pacífico y relati-vamente constitucional del ascenso nazi al poder,en Alemania, así como el modo en que progre-sivamente, y no de súbito, neutralizó primero ysuprimió después la oposición política.</P>
<P>2)Las corrientes fascistas contemporáneas di-fieren en su forma de las europeas clásicas (Ale-mania, España, Italia) y de aquellas que se im-plantaron en América Latina (Brasil, Argentina,Chile), que adoptaron determinadas formas his-tóricas, las de las dictaduras militares. El fascismoactual no sólo no se caracteriza por esos rasgos,mucho menos en una fase preparatoria o inci-piente, como pudiera ser la de un probable augeo expansión en la sociedad norteamericana, sinoque incluso procura, en general, evitar semejan-zas formales con dichas expresiones.</P>
<P>3)En cada país donde exista una corriente fas-cista, esta tiene diversos orígenes, composición,soportes clasistas y cuotas de poder, por lo que noconforma un movimiento homogéneo, sino queincluso pueden existir importantes contradiccio-nes en su seno. En el caso de los Estados Unidos,existen varias fuentes y corrientes fundamenta-les de orientación fascista, algunas de las cualesya se examinaron. Lo integran ciertos sectores del</P>
</Part>
<Part><P>Ideología fascista, sistema político y cultura en los Estados Unidos: el espacio y los límites</P>
<P>gran capital transnacional; otros de menor poderfinanciero, en estrecha vinculación y dependenciade la producción de armamentos y con capitalesinvertidos esencialmente (aunque no exclusiva-mente) dentro del territorio nacional; grupúscu-los racistas y de autoidentificación fascista, másbien en su sentido tradicional (como el PartidoNazi, el Ku-Klux-Klan y laJohn Birch Society).Cada uno de ellos tiene una visión distinta de suascenso al poder, así como del modo de emplear-lo. Los dos primeros tienden a la americanizaciónde su fascismo, la tercera vertiente se proyecta conuna conducta que se mueve en el límite de lo ad-mitido en la cultura estadounidense, dada su be-ligerancia, lo que la aísla socialmente y dificultasu peligro potencial. Entre esos sectores existenvínculos políticos y financieros en distintos nive-les o gradaciones.</P>
<P>4)La “dictadura” de los elementos más reaccio-narios, chovinistas y aventureros del gran capital,siguiendo de nuevo lo planteado por Dimitrov, notiene que ser inevitablemente atroz en lo interno.Tratará, sí, de ser eficaz. Su grado de brutalidad de-penderá de la necesidad que tenga de acudir a talesprocedimientos. Por otra parte, las formas represi-vas responderán al marco nacional e histórico don-de se establecen largas condenas y silla eléctrica. No</P>
<P>políticas, culturales) del poder es que se quita lamáscara y pasa a la fase abiertamente fascista.</P>
<P>6)En el caso de los países capitalistas más indus-trializados, el fascismo requiere una base socialde masas significativa, si bien no necesariamentemayoritaria. En este sentido, es útil la precisiónde Robert Paxton, quién sostiene que los cimien-tos del fascismo se encuentran en un conjunto depasiones movilizadoras, más que en una doctrinaelaborada, ante una sensación de crisis abruma-dora, más allá del alcance de cualquier solucióntradicional, por lo que se acude entonces a cual-quier acción, sin límites legales o morales, contraquienes se perciben como enemigos, tanto inter-nos como externos, encontrando eco en las masaspopulares (Paxton, 2017).</P>
<P>A comienzos de 1980, el politólogo norteame-ricano Bertram Gross, preocupado por el pre-sente y el futuro de los Estados Unidos, alertabasobre el advenimiento allí de un “fascismo amis-toso”, tomando nota del fenómeno de persisten-cia de algunas de sus expresiones mundiales, y delas tradiciones de autoritarismo, violencia y dis-criminación inherentes a la cultura política nor-teamericana, cuya reactivación se advertía. SegúnGross, ponderando la crisis norteamericana de lasegunda mitad del decenio de 1970, “el fascismo</P>
<P>se requiere del horno crematorio. A la vez, los me-dios de difusión masiva, las escuelas y otros aparatos</P>
<P>vendría a los Estados Unidos con una cara amiga-ble: no con juicios como los de Nuremberg, o con</P>
<P>ideológicos del Estado, cuya capacidad manipulado-ra acompaña habitualmente a las prácticas fascistas,hacen que se reduzca la necesidad de medidas repre-sivas desde el punto de vista físico e incluso, político.</P>
<P>doctrinas de superioridad racial, sin prohibir for-malmente los partidos políticos, abolir la Cons-titución o eliminar las tres ramas del gobierno,pero con el mismo fervor nacionalista, leyes ar-</P>
<P>5)El fascismo no arriba “de pronto” al poder.</P>
<P>bitrarias y dictatoriales y con violentas conquistas</P>
<P>Aún si históricamente ha recurrido al golpe deEstado cuando lo ha necesitado o pensado que loha necesitado, en otros casos, como el de Alema-nia, ha ascendido a través del proceso electoral.En uno y otro caso, el fascismo pasó por una fasepreparatoria de transición antes de su llegada alpoder y en las primeras etapas después de alcan-zarlo. Sólo después que se siente dueño consolida-do de las riendas efectivas (económicas, sociales,</P>
<P>militares” (Gross, 1980: 11).</P>
<P>Como fenómeno sociohistórico, el fascismoconlleva una serie de rasgos que tipifican un ré-gimen político específico, viable dentro de losmarcos del Estado burgués, que se plasma de ma-nera concreta según el momento y la nación enque emerja y se establezca. Sus modalidades ins-titucionales varían en consonancia con las carac-terísticas del capital financiero, la estructura de</P>
<P>113</P>
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<Part><P>CUADERNOS DE NUESTRA AMÉRICA / No.1  Segundo Semestre  2020</P>
<P>clases, la naturaleza de la crisis que se enfrente,el entorno sociopolítico y la cultura nacional delpaís de que se trate. Atendiendo a lo planteado,esa no es, como ya se ha señalado, la situación enlos Estados Unidos. En este caso, lo que se ha idoinstituyendo es una especie de matriz ideológica</P>
<P>desatar los movimientos ultra-racistas y fascistasen la sociedad civil estadounidense (…). La crisisen espiral del capitalismo global ha llegado a unaencrucijada. O bien hay una reforma radical delsistema (si no su derrocamiento) o habrá un girobrusco hacia el fascismo del sigloXXI. El fracaso</P>
<P>reaccionaria al interior de la sociedad norteame-ricana, en la que se entrelazan diversas tenden-cias —coincidentes en unos puntos, y en otros,complementarias—, que comparten un ideariode expansionismo, intolerancia, autoritarismo,superioridad y segregación sobre criterios racia-les, étnicos y religiosos, que justifica una ampliagama de acciones violentas, entre las cuales se en-cuentran el genocidio, la exclusión, marginación,discriminación y terrorismo interno, que a la vez</P>
<P>del reformismo de elite y la falta de voluntad de laelite transnacional para desafiar la depredación yrapacidad del capitalismo global han abierto el ca-mino para una respuesta de extrema derecha a lacrisis. El trumpismo es la variante estadounidensedel ascenso de una derecha neofascista frente a lacrisis en todo el mundo” (Robinson, 2016: 2).</P>
<P>Por su parte, Jaime Preciado Coronado colocaun análisis que retoma a Sheldon Wolin, coinci-diendo en algunos aspectos con la mirada de Ro-</P>
<P>binson (Wolin, 2008 y Preciado Coronado, 2017).son características del fascismo y están implanta-</P>
<P>dos en el tejido de la cultura política norteameri-cana, respondiendo a intereses de las fraccionesburguesas más chovinistas, militaristas y agresi-vas de la oligarquía financiera estadounidense,representadas en distintos momentos en círculosgubernamentales.</P>
<P>Según William I. Robinson, “el sistema esta-dounidense y los grupos dominantes se encuen-tran en una crisis de hegemonía y legitimidad, y elracismo y la búsqueda de chivos expiatorios sonun elemento central para desafiar esta crisis. Almismo tiempo, sectores significativos de la claseobrera blanca estadunidense vienen experimen-tando una desestabilización de sus condicioneslaborales y de vida cada vez mayor, una movili-dad hacia abajo, precarización, inseguridad e in-certidumbre muy grandes. Este sector tuvo histó-ricamente ciertos privilegios gracias a vivir en elconsiderado primer mundo y por privilegios ét-nico-raciales respecto de negros, latinos, etcétera.Van perdiendo ese privilegio a pasos agigantadosfrente a la globalización capitalista. Ahora el ra-</P>
<P>Señala que “la democracia en los Estados Unidosno ha llegado a consolidarse, pues a comienzosdel sigloXXIparece estar controlada por un to-talitarismo invertido que es ejercido por un su-perpoder. No se trata de una calca actualizada delfascismo como régimen político, pues la ficcióndemocrática actual simula las distancias con elnazismo u otras formas de fascismo en la historiamundial reciente, sino que se instaura un régimensocial que impone su agenda pública desde el au-toritarismo moral, la idea de superioridad racial,el totalitarismo del mercado, y desde relacionessociales que capturan e intentan legitimarlo en elespacio sociopolítico” (Preciado Coronado, 2017:70). En este ensayo se comparten ambas ideas,que han sido reproducidas en extenso atendiendoa su significación.</P>
<P>De la era Reagan a la era Trump</P>
<P>La rearticulación del consenso que tiene lugaren la actualidad se asemeja a la que se desplegóen los años de 1980, bajo la Revolución Conser-</P>
<P>cismo y el discurso racista desde arriba canalizan</P>
<P>vadora. De ahí que, como recurso analítico que</P>
<P>a ese sector hacia una conciencia racista y neo-fascista” (…); el discurso abiertamente fascista yneofascista de Trump, que ha logrado legitimar y</P>
<P>114</P>
<P>pretende destacar el parentesco entre ambos pro-cesos, se acuda al cotejo, al puntualizar los aspec-tos fundamentales.</P>
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<Part><P>Ideología fascista, sistema político y cultura en los Estados Unidos: el espacio y los límites</P>
<P>a)La fracción burguesa más chovinista, agre-siva y aventurera del gran capital estadouniden-se logró hegemonizar en 1980 el poder ejecutivo(y en buena medida, el legislativo y el judicial),sacando partido al estado de frustración y senti-mientos nacionales heridos que dejó como saldola crisis general de los Estados Unidos durante ladécada precedente. Sin embargo, su base políticaera una coalición de centro-derecha, liderada porla extrema derecha, pero que procuró ajustarse alconsenso global de la clase dominante, situado enposiciones de centro-derecha. En oposición a lafracción burguesa del viejoestablishmentque do-minó la política norteamericana hasta entonces,esa fracción burguesa emergente estaba integra-da principalmente por capitalistas relativamentepoco transnacionalizados, proteccionistas o en-dogámicos, en sentido figurado, que dependíanen gran medida de la carrera armamentista y queconstituían una parte importante del llamadocomplejo militar industrial. Su aspiración era des-plazar al viejoestablishment(la otra fracción máspoderosa y transnacionalizada de la burguesíadesde el punto de vista financiero) del poder eco-nómico, político y social en los Estados Unidos,sustituyéndola por otra fracción burguesa hege-mónica. Para ello pusieron en juego un conjuntode políticas que mientras respetaron los límitesdel consenso global de la clase dominante, vitali-zaron una dinámica que arrastró hacia la derechala agenda política nacional norteamericana. ConTrump se reeditó una experiencia similar.</P>
<P>b)La derecha radical, movimiento político so-cial que lideró el esfuerzo electoral y prevalecióhoy en los medios gubernamentales, calificado en1980 como “nueva” derecha, era entonces una delas corrientes de orientación fascista sobresalien-tes en los Estados Unidos. Su eficacia estaba dadapor la coyuntura histórica que vivió y que supo ex-plotar, creando alianzas con la “vieja” o tradicio-nal derecha y con la corriente neoconservadora,consiguiendo en términos estratégicos desplazaral antiguoestablishmentelitista transnacionalizado</P>
<P>por sobre los escollos tácticos inmediatos. Así,aquél sector, apoyado en una retórica populista de-magógica, fue capaz de sumar a amplios sectores(incluyendo clase media y trabajadora) a su cru-zadaantiestablishment, con lo cual se convirtió enla corriente fascistizante viable en el contexto nor-teamericano. De cierta manera, una situación asíse recrea con Trump, cuarenta años más tarde, alhacer gala de nacionalismo, proteccionismo o en-dogamia, en el sentido planteado.</P>
<P>c)El objetivo estratégico de la fracción burguesaa la que se ha venido aludiendo y del movimientode la derecha radical promovido por ella ha sidodesplazar de sus posiciones hegemónicas al “viejo”establishment. En ese sentido, tales círculos bur-gueses consideran hoy al tiempo presente, comolo hicieron ayer, como un tiempo de transición,limitando su avance en cuestiones específicas, ha-ciendo determinadas concesiones al dichoestabli-shment, debilitado, más no agonizante, intentandoavanzar todo lo posible, de modo tal que perdu-rasen sus huellas y se entorpeciera el camino ulte-rior, si se seguía una ruta diferente. En los años de1980, aunque Reagan prolongó su doble mandatoen el gobierno de George H. Bush, siguiendo esaestrategia, no pudo a comienzos del siguiente dece-nio proseguir el avance aludido, al tropezar con lasfuerzas renovadas del antiguoestablishment, queimpidieron la reelección de H. Bush, al rearticular-se con William Clinton. Pareciera que un contextocomo aquél es el que se definió en 2020, provocan-do la no reelección de Trump.</P>
<P>d)Probablemente, la aspiración de los sectoresque respaldaban a Trump haya sido coincidentecon la de los que impulsaron a Reagan, en el sen-tido de que no se trataba de que completase eseproceso hasta sus últimas consecuencias, a menosque dispusiera de un segundo período de gobier-no, sino de avanzarlo hasta un punto en que sedificultase su reversión.</P>
<P>La Administración Trump ha marcado hasta elpresente, como lo hizo ayer la de Reagan, el ascen-so a las posiciones clave del poder político nor-</P>
<P>115</P>
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<Part><P>CUADERNOS DE NUESTRA AMÉRICA / No.1  Segundo Semestre  2020</P>
<P>teamericano de los representantes de la fracciónburguesa más chovinista, agresiva y aventureradel capitalismo monopolista, del imperialismo enlos Estados Unidos. Y, a la vez, de la corriente deorientación fascista más peligrosa, dada su habi-lidad y relativa viabilidad, entre las existentes quehallan espacio en el medio político y cultural nor-teamericano.</P>
<P>Trump no ha sido, por tanto, una presidenciamás, ni siquiera “la más reaccionaria” en los pri-meros decenios de este siglo, sino un fenómenoideológico y sociopolítico cualitativamente dife-rente en el país, aunque no totalmente nuevo, queresponde a los efectos acumulados desde los añosde Reagan, reeditando y dando continuidad al in-tento de desarrollar una fase de transición enca-minada a derechizar gradualmente la sociedad,que a su vez abre la puerta en varios campos delos Estados Unidos a la posibilidad fascista en lacultura política.</P>
<P>El ascenso de Reagan al poder reflejaba másque todo la profundización de la tendencia a laderechización de la elite dominante en su conjun-to como reacción ante la inmanejabilidad de lacrisis que se venía produciendo desde la época deCarter, que se expresa de modo latente cuando nomanifiesto hasta el presente, pero que nunca hadesaparecido del todo. El voto que favoreció a Re-agan en 1980 y el que llevó a Trump a la presiden-cia en 2016 no reflejan tanto una derechizaciónintrínseca de las masas como su frustración, plas-mada en un voto de castigo, ante la incapacidadde los gobiernos demócratas que les precedieronpara hacer coincidir la retórica populista de am-bos gobernantes republicanos con una mejoría dela crisis económica interna. En lo que al procesode ideologización masiva se refiere, se ha emplea-do una técnica del fascismo clásico: la de presen-tar la crisis como resultado de la incapacidad delviejoestablishmenty el fracaso de sus políticas,volcar el sentimientoantiestablishmentoriginadoen la década de 1960 hacia una tendencia conser-vadora, presentando a la crisis como una crisis de</P>
<P>116</P>
<P>liderazgo del viejo establishment y no del sistema,por lo que su desplazamiento del poder y la ins-tauración de un nuevo orden social podría devol-ver la fe en el sistema a las masas, afectadas psico-lógicamente por la crisis. La fórmula ideológicaes semejante, por tanto —no idéntica— a la delfascismo clásico de los años de 1920 y 1930: trans-formar en tendencia derechista el sentimientoan-tiestablishmentque venía moviendo a las masashacia posiciones de centro izquierda o liberales,cercanas al liberalismo tradicional de la democra-cia representativa establecida.</P>
<P>Reflexiones finales</P>
<P>¿Necesita el capitalismo estadounidense del fas-cismo? La necesidad de recurrir al fascismo cae enel terreno subjetivo. No se trata de si objetivamenteel sistema en los Estados Unidos está necesitado deél, sino de si la elite de extrema derecha o una frac-ción decisiva dentro de ella perciben la necesidadde un cambio dramático en el sistema. A media-dos de la década de 1970, la mayor parte de la eliteno percibía la necesidad de un cambio significati-vo. Después de atravesar la nación la crisis a finalesde dicho decenio, la situación sería otra. La opciónque se fraguó en aquél período, y que se plasmó alfinalizar la década en la propuesta profundamenteconservadora que hizo suya Reagan poseía rasgosideológicos de corte fascista. De alguna manera,aquella situación se reitera después, con Trump. Apartir de 2016, persistiendo incluso en 2020, másallá de la derrota de Trump, pareciera que perdu-ra la percepción, en buena parte de la sociedad, deque se requieren esos cambios.</P>
<P>El historiador argentino Pablo Pozzi formula-ba una pregunta y esbozaba una respuesta, cuyaprofundidad analítica hace pertinente reprodu-cir, en extenso, sus palabras, que las hace suyasel presente ensayo: “¿Son o no fascistas los Esta-dos Unidos? El término en sí mismo no es im-portante excepto por su simbolismo político eideológico. Debería quedar claro que muchas delas definiciones aceptadas de fascismo se acer-</P>
</Part>
<Part><P>can bastante a la realidad norteamericana actual;particularmente aquellas que enfatizan el con-trol del Estado por parte de una plutocracia uoligarquía financiera. La definición en sí mismaapunta sobre todo a la inexistencia de un sistemademocrático, o sea a un sistema político dondela voluntad de la mayoría debería guiar el accio-nar del Estado. Por otra parte, también deberíaquedar en claro que si bien el caso norteame-ricano reproduce características en aparienciacercanas al fascismo (por ejemplo el uso del ra-cismo como política de Estado, la militarizaciónde la sociedad a través de las fuerzas policiales,la existencia de campos de concentración paraopositores políticos y la suspensión del Estadode derecho sin apelación incluyendo la posibi-lidad de desaparición de personas), muchas deestas también pueden ser propias de dictaduraso de regímenes autoritarios. La principal defen-sa de aquellos que rechazan la caracterizaciónde fascista tiene que ver con el hecho de que enEstados Unidos hay elecciones regularmente yque no hay una política oficial antisemita.  Am-bos razonamientos son falsos. Hitler y Mussolinino solo llegaron al poder por vía electoral, sinoque mantuvieron el sistema bajo sus regímenes einclusive retuvieron un apoyo mayoritario de laopinión pública hasta el fin. Y el racismo fascista</P>
<P>no sólo incluyó a judíos sino también a gita-nos, homosexuales, y sobre todo a comunistas”(Pozzi, 2015: 37).</P>
<P>La década de 2020 que comienza, la tercera delsigloXXI, comprende dos contiendas electorales,en 2024 y 2028, en las que se enfrentarán opcio-nes ideológicas dentro del marco bipartidistaestablecido por el sistema político norteameri-cano, pero con expresiones acusadas al interiorde las filas demócratas y republicanas, y fuera deellas, a lo largo y ancho del espectro ideológi-co que atraviesa a la sociedad civil y a la cultu-ra, conformando zonas de consenso y conflicto.De alguna manera, ello transcurrirá al calor deuna crisis multidimensional inconclusa, signadapor las contradicciones que conlleva un régimenpolítico afincado en la democracia liberal repre-sentativa, que limita la institucionalización delfascismo, junto a un entorno cultural al que nole resultan ajena, extraña y mucho menos, no-vedosa, la ideología fascista, de corte totalitario,antidemocrático, con fuertes acentos conserva-dores y de extrema derecha, opuestos al ideariofundacional de la nación. No hay dudas de queen el horizonte político-cultural en los EstadosUnidos se registrarán tales tendencias contra-puestas. Será necesario regresar a este análisis alcomenzar el decenio de 2030.</P>
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<Part><P>CUADERNOS DE NUESTRA AMÉRICA / No.1  Segundo Semestre  2020</P>
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