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<Part><P>Nueva ÉpocaNúmero 00</P>
<H1>La otra historia de los Estados Unidos:el pensamiento crítico norteamericanoentre mitos, falacias y verdades</H1>
<H2>Dr. Jorge Hernández Martínez</H2>
<P>Sociólogo y politólogo. Profesor e Investigador Titular del Centro deEstudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) y Presidentede la Cátedra “Nuestra América”, Universidad de La Habana</P>
<P>e-mail:jhernand@cehseu.uh.cuNumero ORCID: 0000-0001-7264-6984</P>
<H2>La nueva bandera de los Estados Unidos debería sercon las rayas blancas pintadas de negro, y las estrellassustituidas por un cráneo y dos huesos cruzados.</H2>
<P>MARK TWAIN1</P>
<P>Tanto la historia real, cual despliegue objetivo deacontecimientos, como el pensamiento histórico, entanto proceso subjetivo con interpretaciones reitera-tivas o renovadas sobre hechos alejados, o novedosasacerca de hallazgos recientes, poseen la capacidad derelativizar, con frecuencia, criterios establecidos pre-viamente, considerados como verdades absolutas,constituyendo ello la mejor expresión de la dialécti-ca del conocimiento. Ello se explica mediante la me-táfora del viejo topo, la cual sugiere, como se cono-ce, que en su interminable cavado de túneles bajo latierra, el pequeño animal siempre acababa asoman-do la cabeza por algún agujero. Así opera la historia,con su persistente e irrebatible significación, dado elpeso de las evidencias y de los ajustes cognoscitivosque la acompañan, al cruzar miradas entre el pasadoy el presente.</P>
<P>En los Estados Unidos se está reavivando hoy eldebate historiográfico, como ha sucedido antes alacercarse y arribarse a determina- das fechas queson objeto de conmemoración, debido al significa-do que, por partida doble, han tenido para el acon-tecer histórico en sí mismo y para la revalorizaciónde los juicios establecidos sobre ello. Dadas las im-plicaciones de las ciencias sociales para la legitima-ción o el cuestionamiento delstatu quoo del or-den vigente, el asunto no solo reviste importanciaepistemológica, sino también ideológica. Lo que sediscute tiene que ver, desde luego, con la validez ola vigencia de visiones que apuntalan o conmocio-nan la historia oficial, la cultura de la dominación.Recuérdese la expresión leninista: “(…) en una so-ciedad que tiene como base la lucha de clases, nopuede existir una ciencia social imparcial”.2</P>
<P>1“To the Person Sitting in Darkness”, en:North American Review, vol. 172, Boston, February,1901, p. 176.</P>
<P>2V. I. Lenin: “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”, en:V. I. Lenin, Obras Completas, Tomo XIX, pp. 73-80, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1980, p. 73.</P>
</Part>
<Part><P>La otra historia de los Estados Unidos: el pensamiento crítico norteamericano entre...</P>
<P>La revivificación ya se advierte en varios ejem-plos. Existe una preocupación por retomar la céle-bre obra de Alexis de Tocqueville,La democraciaen América, iniciada en 1835, atendiendo a queen el presente año 2015 se festeja el 180 aniversa-rio de su primera parte, desde donde se expandiráel mito de que los Estados Unidos simbolizan aescala universal la encarnación más genuina delejercicio democrático. Al mismo tiempo, reapare-cen los empeños por volver al análisis de la Revo-lución de Independencia de 1776, considerandoque en 2016 se arribará a su 240 cumpleaños, yque, como lo anterior, ella es el paradigma em-blemático del nacimiento de la nación más de-mocrática del mundo, que se pretende calificaractualmente como imprescindible, la del sueñoamericano, la tierra prometida. Por su importan-cia, ambos asuntos (la independencia y la demo-cracia), serán objeto de análisis, de forma sucinta,en las páginas que siguen.</P>
<P>Desde el terreno del pensamiento crítico nose puede desconocer, en contraposición a lo an-terior, que en el año que transcurre se cumplen25 años de que viera la luz la trascendental obrade Howard Zinn, APeople´s History of the Uni-ted States. Fue publicada originalmente en inglésen 1980, en una edición que luego sería revisa-da y ampliada de modo paulatino por el autor, alagregar de forma sucesiva nuevos capítulos, su-mando al escrutinio inicial que examinaba desdela etapa colonial hasta la Administración Carter,las de Ronald Reagan, George H. Bush y WilliamClinton, incluyendo en su última elaboración, en2004, el proceso electoral de 2000 que condujo ala presidencia a George W. Bush y los impactosdel 11 de septiembre de 2001.</P>
<P>Como conoce el lector, la versión en españolde ese último esfuerzo, tituladaLa otra historiade los Estados Unidos, sería publicada en Cubapor la Editorial de Ciencias Sociales en el mismoaño 2004 y agotada su venta en pocas semanas.</P>
<P>Sus ediciones en inglés, desde la primera hastala última, eran sin embargo conocidas en el país,porque los estudiosos entraron en contacto conellas al difundirse en Cuba y el resto de AméricaLatina. A partir de ahí, la obra se extendería conrapidez en los círculos académicos de la región,colocándose frente a las principales corrientes do-minantes, de orientación burguesa, en la historio-grafía estadounidense, ampliamente divulgadashasta entonces a través de los libros de texto y deotras representaciones culturales que legitimabanal imperialismo.</P>
<P>Así, ante los enfoques tradicionales que escri-bían una historia norteamericanade arriba haciaabajo, basada en las acciones de figuras o perso-nalidades ilustres articuladas, emergía una nuevamanera de asumir la historia, de abajo hacia arri-ba, con antecedentes tempranos en las décadas de1960 y 1970, pero que no cristalizan sino al fina-lizar esta última y comenzar la siguiente. Bajo elliderazgo intelectual de Howard Zinn y de algu-nos otros, como William Appleman Williams,3lanueva historia, con el signo del pensamiento crí-tico, narraría las historias de aquellos a los que seles negó la voz en el pasado o, dicho de otro modo,interpretaría la historia de la gente sin historia. Setrataba de una corriente de tradición marxista,que tomaba en cuenta a los sectores marginaliza-dos, excluidos, explotados, segregados, a los olvi-dados: el movimiento obrero, la población negra,las mujeres, los indios, los chicanos, los grupos deorigen asiático.</P>
<P>Ahora bien, en la medida que coincide este añocon el quinto aniversario de la desaparición físicadel autor, en 2010, resulta aún más oportuno reflexionar, a la luz de las fechas y conmemoracionesaludidas, sobre la significación de la obra de Zinn,más allá del contexto en que fuera escrita, resal-tando su vigencia, en las condiciones actuales quevive el mundo y en particular, la sociedad nortea-mericana. A simple vista, pareciera que los retos</P>
<P>1De estos autores pueden mencionarse, como obras pioneras,The Countours of AmericanHistory(Quadreangle, 1961) yThe Politics of History(Beacon, 1970), respectivamente.</P>
<P>67</P>
</Part>
<Part><P>que los procesos en curso le imponen al pensa-miento crítico contemporáneo plantean hoy tan-tas urgencias como ayer, desde el punto de vistade lo imperioso de contar con una visión históri-ca dialéctica, comprometida con el pasado, el pre-sente y el devenir. Como quedaría claro desde laperspectiva historiográfica que resume y simbo-liza la obra de Howard Zinn en términos ideoló-gicos, teóricos y metodológicos, es necesario dis-cernir entre la falta de información, la confusión,la falsa conciencia y la manipulación, sobre todosi se tiene en cuenta que como señalaran Marxy Engels, “las ideas de la clase dominante son lasideas dominantes en cada época; o, dicho en otrostérminos, la clase que ejerce el poder material do-minante en la sociedad es, al mismo tiempo, supoder espiritual dominante”.4Las presentes no-tas han sido motivadas por la intención de rendirun modesto tributo, reconocimiento, homenaje, auna obra no solo útil, sino también imprescindi-ble, para quienes se interesan en los estudios so-bre los Estados Unidos.</P>
<H2>Zinn y la historiografía norteamericanaen su contexto sociopolítico y académico</H2>
<P>Como es conocido, Zinn fue mucho más que unhistoriador. Fue un creador comprometido con sutiempo, que podría ser considerado como genui-na expresión del intelectual orgánico que definióGramsci. Ante todo, fue un destacado activistapolítico, un referente de los movimientos socialesen defensa de los derechos civiles y pacifistas en lasociedad norteamericana. Al momento de morir,de un ataque cardíaco en marzo de 2010, cuandoviajaba por California, tenía 87 años y era profe-sor emérito del Departamento de Ciencia Políticade la Universidad de Boston, donde enseñó entre1964 y 1988. Su trayectoria profesional compren-día un sostenido desempeño en el periodismo</P>
<P>como columnista en diversos medios de la prensaescrita y como dramaturgo, aportando obras tea-trales y críticas de arte.</P>
<P>Nacido en Brooklyn, en 1922, en una familiade inmigrantes judíos, se educó en la Universidadde Nueva York y en la Universidad de Columbia,donde recibió su doctorado en historia. Trabajócomo profesor en Spelman College, una universi-dad para mujeres negras, en la racista ciudad su-reña de Atlanta, hasta su traslado para la Univer-sidad de Boston.</P>
<P>En un artículo publicado enLa Jornadaa raízde su fallecimiento, el popular periodista DavidBrooks señalaría que Zinn había dicho en un dis-curso pronunciado en Baltimore en los años de1960 que “el problema no era la desobedienciacivil, sino la obediencia civil”, durante un acto alcual acudió en lugar de presentarse ante un juezpara ser sentenciado por sus acciones contra laguerra en Vietnam. Después, cuando regresó ala Universidad de Boston, la policía lo esperabapara arrestarlo.5Veterano de la Segunda GuerraMundial, donde participó en los bombardeos aé-reos contra Alemania, Zinn regresó después delconflicto para ver la destrucción que se cometió ydesde entonces decidió que se opondría a la gue-rra. En ese contexto es que se inicia en las luchasdel movimiento de derechos civiles, alentando asus estudiantes a participar en él, siendo una deellos Alice Walker, la conocida activista y autorade El color púrpura, quien mantendría una largaamistad personal con Zinn.</P>
<P>Según referiría Brooks, en lo que tal vez fuerala última contribución de Zinn a un medio de co-municación, el historiador escribiría unos párra-fos paraThe Nationsobre el primer año de go-bierno de Barack Obama, donde expresaba: “Nome ha decepcionado terriblemente porque no es-peraba mucho de él. Esperaba que fuera un presi-</P>
<P>4Carlos Marx y Federico Engels:La ideología alemana, Edición Revolucionaria, La Habana,1966, p. 30.</P>
<P>5David Brooks: “Fallece el académico y dramaturgo Howard Zinn a los 87 años de un infarto”,enLa Jornada, Jueves 28 de enero de 2010, p. 21</P>
<H1>68</H1>
</Part>
<Part><P>La otra historia de los Estados Unidos: el pensamiento crítico norteamericano entre...</P>
<P>dente demócrata tradicional. En política exterior,eso es poco diferente a un republicano: nacio-nalista, expansionista, imperial y bélico. La gen-</P>
<P>un consenso espiritual. Entraron los historiado-res sociales, no a llenar el vacío sino a hacer a unlado las ruinas de lo que se conocía hasta entonces</P>
<P>como laNew History—que pasaba a ser vieja—,te está impresionada por la retórica de Obama, y</P>
<P>creo que ya debería empezar a entender que seráun presidente mediocre, lo cual significa, en estostiempos, un mandatario peligroso, a menos quese presente un movimiento nacional para empu-jarlo en una dirección mejor”.6</P>
<P>no para reconstruir un pasado único sino paralanzarse en diferentes direcciones.8</P>
<P>A fin de otorgarle carta de ciudadanía a la nuevaorientación intelectual, pero imprimiéndole unaconnotación política, surgiría el término deNew</P>
<P>Leftcomo recurso identificatorio, pero en verdad,Para el profesor argentino Fabio Nigra, especia-</P>
<P>lista en historia de los Estados Unidos en la Uni-versidad de Buenos Aires, Zinn fue un exponentedestacado de una serie de historiadores compro-metidos con su pueblo, en particular en EstadosUnidos. Es como si hubiera sido un historiadordel Tercer Mundo inserto profundamente en elaparato académico norteamericano, poniendo enevidencia de forma sistemática las prácticas impe-rialistas, racistas y escasamente democráticas de suclase dominante, perspectiva ideológica que con-tradice claramente la visión hegemónica dentro delas grandes universidades estadounidenses.7</P>
<P>Es importante precisar que la obra de Zinn debecomprenderse a partir de elementos que remitena una veintena de años antes; es decir, el origende sus ideas se inscribe en el contexto de los con-flictos sociales y políticos de las décadas de 1960y 1970, que terminaron con el optimismo políticode no pocos historiadores norteamericanos, de-bido a la ola de movimientos sociales de los fa-mosos sixties. Como señalara el historiador esta-dounidense Robert Darnton, surgió un sentidode crisis de laidentidad nacionalestadounidense:</P>
<P>(…) el conflicto racial, las “contraculturas”, elradicalismo estudiantil, la guerra del sureste asiá-tico, el colapso de la presidencia, destruyeron lavisión de la historia de los Estados Unidos como</P>
<P>6Ibídem.</P>
<P>no era lo suficientemente claro para designar unaideología o corriente de pensamiento dentro de laacademia norteamericana. Más bien lo que brin-daba era una idea un tanto vaga o difusa, que serefería a un movimiento heterogéneo, integradopor profesores universitarios y escritores con po-siciones de una izquierda extremista, sin proyec-ciones definidas, cercanas incluso, en ocasiones,al anarquismo, y vinculadas sobre todo al movi-miento estudiantil de los años de 1960.</P>
<P>El historiador norteamericano Peter Novick se-ñala que por supuesto, la novedosa historiogra-fía de izquierda y la nueva izquierda estudiantiltenían importantes raíces comunes. Ambas sur-gieron por el decenio de 1960, en un clima carac-terizado por el declive del macartismo, la frustra-ción por la estupidez de la política en los años deEisenhower, la admiración por el naciente movi-miento de los derechos civiles en el sur, las pri-meras sacudidas de oposición a la carrera de lasarmas nucleares y la agitación en el movimientocomunista, ocasionada por el discurso de Jrus-chov en el XX Congreso del Partido ComunistaRuso y por el aplastamiento soviético del levanta-miento húngaro.9</P>
<P>Este punto de vista es compartido, en líneas ge-nerales, en numerosos estudios sobre el período,</P>
<P>7Fabio Nigra: “En el corazón del imperio”, enPágina 12, Buenos Aires, Viernes 19 de marzo 2010.</P>
<P>8Robert Darnton: “Historia intelectual y cultural”, enHistorias, no. 19, Instituto Nacional de Antropología e Historia,octubre-marzo de 1988, pp. 41-56., México, p. 52</P>
<P>9Peter Novick: Ese noble sueño. La objetividad y la historia profesional norteamericana, 2 tomos, Instituto Mora, Mé-xico D.F., 1997, p. 501.</P>
<P>69</P>
</Part>
<Part><P>donde se distingue a aquella Nueva Izquierda porsu crítica a la corriente historiográfica del consen-so, centrada en el Estado y la identidad nacionalde los Estados Unidos. Fue así que la propuesta dereconstruir la historia norteamericana a través deuna nueva perspectiva, asumía como objeto de es-tudio, según ya se apuntó, a los grupos excluidospor la historia oficial: obreros, campesinos, mu-jeres, grupos étnicos minoritarios, regiones y co-munidades tradicionales. De ahí que, como tam-bién quedó anticipado, a esta nueva orientaciónde los historiadores se le conoció como exponentede una historia desde abajo y que el campo dondefloreciera tal punto de vista fuera el de la historiasocial. De modo que lanuevahistoria social nor-teamericana (la que para Zinn seríala otra histo-ria) vendría a ser como una reacción en contrade la historiografía burguesa tradicional, centradaen las élites, en la esfera de la política circunscrita</P>
<P>de la teoría y la metodología de la ciencia históri-ca, convergente con la idea floreciente en los Esta-dos Unidos sobre la urgencia de la historia socialescrita “desde abajo”, inspirada por pensadores demediados del siglo XX, como Christopher Hill,Rodney Hilton, George Rudé, Eric Hobsbwan yE. P. Thompson, de alguna manera relacionadoshasta un punto con el Partido Comunista en In-glaterra. Son bien conocidas las principales pu-blicaciones de esta corriente intelectual,New LeftReview y Past and Present, ambas de gran reso-nancia en el campo de los estudios históricos y engeneral, de las ciencias sociales, como exponentesdel pensamiento crítico.</P>
<P>El debate de la historiografía marxista anglo-sajona tuvo resonancia internacional en los dece-nios de 1950 y 1960, pero no sería hasta los traba-jos de E. P. Thompson que llegarían a los recintosuniversitarios norteamericanos (también a los ca-</P>
<P>a sí misma, y alejada de la economía, la cultura y</P>
<P>nadienses), donde aquel ejercería como profesor</P>
<P>el pensamiento social ensu sentido más amplio.</P>
<P>No es posible abordar en un artículo (ni es elpropósito aquí) la diversidad de matices, contra-puntos y especificidades que coexisten en ese en-tramado de relaciones clasistas, institucionales,ideológicas, domésticas y externas, y que confor-man un complejo tejido de concepciones y co-rrientes en la historiografía y en el conjunto delas ciencias sociales en los Estados Unidos. A losefectos del presente análisis, bastaría con subrayarque el proceso de articulación dela otra historiaconcede un lugar primordial al estudio de las es-tructuras sociales, de la sociedad civil, los movi-mientos sociales, en estrecha conexión con otrasdisciplinas, como la sociología y la antropología,y también con la ciencia política, la teoría de lasrelaciones internacionales y la historia mundial,si bien en estos tres últimos casos, en una menormedida. A la vez, no podría realizarse un examena fondo sin tomar en cuenta el profuso debate queen la academia europea, especialmente en la bri-tánica, y con gran influencia de la escuela marxis-ta, tributaba a una pauta semejante en el campo</P>
<P>70</P>
<P>de historia y literatura. Un buen número de his-toriadores norteamericanos de la Nueva Izquier-da recibieron su influencia, impactados por susproposiciones acerca de que era preciso recupe-rar la “experiencia vivida” y el protagonismo delo que llamaba las” capas bajas” de la sociedad,propiciando los estudios desde las coordenadasde la lucha de clases, los conflictos políticos, losmovimientos sociales, la explotación capitalista yel papel, en síntesis, de los sectores populares (losolvidados, los marginados, los sin historia) en elproceso histórico.</P>
<P>El espacio académico que así se iba definien-do abarcaba, por supuesto, el ámbito de la pujanteproducción sociológica que en los Estados Unidosse alzaba, desde la óptica de un pensamiento críti-co comprometido con una mirada similar, ante lascorrientes dominantes del estructural-funcionalis-mo, el empirismo y el pragmatismo, descollandoun autor como Charles Wright Mills, que someteríaademás a fuerte cuestionamiento la visión unilate-ral y reduccionista prevaleciente sobre las estructu-ras económicas, políticas, militares y culturales. Sus</P>
</Part>
<Part><P>La otra historia de los Estados Unidos: el pensamiento crítico norteamericano entre...</P>
<P>obras antológicas,La elite de poderyLa imaginaciónsociológica, no pueden divorciarse del contexto es-bozado.</P>
<P>En resumen, podría afirmarse que lanuevaola otra historia, y la sociología crítica norteameri-canas, configuraron un campo interdisciplinario,con fuertes vasos comunicantes o zonas de super-posición, que se desarrolla en ese país entre lasdécadas de 1960 y 1980, en mediode discusionesque aún perduran acerca de sus particularidadesen cuanto a objeto, método e inmediatez de susimplicaciones políticas.</P>
<P>No siempre ha sido bien recibida entre sociólo-gos e historiadores. De nuevo, estas cuestiones re-basan los objetivos del presente artículo. Desde elángulo que interesa subrayar aquí, vale decir quepara un autor como Zinn, tanto el concepto de laacción colectiva, que asumiría con fuerza Char-les Tilly, como la importancia que le concedía Ba-rrington Moore a la interrelación del espacio y eltiempo en tanto categorías centrales para estudiarla dinámica y el cambio social (ambas figuras re-conocidos historiadores y sociólogos políticos,exponentes del pensamiento crítico norteameri-cano), están presentes en una cosmovisión que seextendería a los seguidores de la tradición intelec-tual, científico-social, que representa.</P>
<H1>Falacia y realidad: el legado de la Revo-lución de Independencia</H1>
<P>En la Declaración de Independencia dada a co-nocer el 2 de julio 1776, se proclamó, por prime-ra vez en la historia, la soberanía del pueblo, loque se convierte desde esa fecha en principio fun-damental del Estado moderno. Como se conoce,con ello se reconocía el derecho de la poblacióna la sublevación, a la revolución: se declaraba laruptura de todas relaciones entre las colonias enAmérica del Norte y la metrópoli británica, expo-niéndose las bases sobre las que se levantaba, demanera independiente, la naciente nación.</P>
<P>Desde el punto de vista histórico, la Revolución deIndependencia en los Estados Unidos, sin embargo,</P>
<P>fue un proceso limitado, inconcluso, sobre todo porel hecho de que conservó intacto el sistema de escla-vitud, que ya se había conformado totalmente paraentonces, con lo cual quedaría pospuesta casi por unsiglo la consecución de ese anhelo universal (la abo-lición), hasta la ulterior Guerra Civil o de Secesión,que se desatará entre 1861 y 1865.</P>
<P>Anticipando el derrotero de las revolucionesburguesas europeas (aún y cuando sus especifi-cidades impidan catalogarla, con exactitud histo-riográfica, como un acontecimiento de idénticosigno), la independencia de las trece colonias quela Corona Inglesa había establecido en la costaeste de América del Norte expresó tempranamen-te la vocación de lucha por la liberación. Tambiénreflejó la magnitud de la conciencia nacional quedespertaba en la vida colonial y, sobre todo, la ca-pacidad de ruptura con los lazos de dominaciónque las potencias colonizadoras habían impuestoen las tierras del Nuevo Mundo.</P>
<P>Es cierto que ese hecho no llevó consigo unaquiebra de estructuras feudales preexistentes,como las que preponderaban en la escena euro-pea, (ante las cuales reaccionarían los procesosque en Francia e Inglaterra le abren el paso a lasrelaciones de producción capitalistas, lo que sípermite bautizarlas como revoluciones burgue-sas). No podía ser así, ya que desde que apare-cieron los gérmenes de lo que luego sería los Es-tados Unidos de América, nunca se articularonrelaciones feudales como tales. Las trece coloniasnacieron definidas con el signo predominante delmodo de producción capitalista, es decir, marca-das con el signo de una embrionaria, pero a la vezpujante y dinámica matriz social burguesa.</P>
<P>Al situar el proceso en su entorno, apelando alas propias palabras de Zinn “hacia el año 1776,algunas personas importantes de las colonias in-glesas descubrieron algo que resultaría enorme-mente útil durante los doscientos próximos años.El hallazgo fue el pensar que si creaban una na-ción, un símbolo, una entidad legal llamada Es-tados Unidos, podrían arrebatarles las tierras, los</P>
<P>71</P>
</Part>
<Part><P>beneficios y el poder político a los favoritos delImperio Británico. Y que además, en este proce-so, podríandesactivar una serie de rebeliones po-tenciales y crear un consenso de apoyo popularpara la andadura de un nuevo y privilegiado lide-razgo”. Sobre esa base, agrega, con razón: “Vistaasí, la Revolución Norteamericana fue una ope-ración genial y los Padres de la Patria se merecenel respetuoso tributo que han recibido a lo largode los siglos. Crearon el sistema más efectivo decontrol nacional diseñado en la edad moderna ydemostraron a las futuras generaciones de lídereslas ventajas que surgen de la combinación del pa-ternalismo y del autoritarismo”.10</P>
<P>Por su parte, Roberto Fernández Retamar re-sumía lo esencial de dicho proceso, al señalar quees imprescindible considerar la gran aventura queinició un nuevo capítulo en la historia cuando en1776 las Trece Colonias, entonces sólo un puñadode tierras y de gentes, emitieron una inolvidableDeclaración, previa a la francesa de 1789, habiendodesencadenado contra Inglaterra la que iba a serla primera guerra independentista victoriosa enAmérica. Esa independencia nos parece admira-ble, a pesar de que aquella Declaración, donde seafirmó desafiantemente quetodos los hombres hansido creados iguales, sería contradicha pronto, puesla esclavitud se mantendría durante casi un sigloen la República nacida de esa guerra. Los hombresque en el papel eran iguales resultaron luego sersólo varones blancos y ricos: no los indios, que ensu gran mayoría fueron exterminados como alima-ñas, ni los negros, que continuaron esclavizados.La nación que entonces surgió era además, paradecirlo en palabras de Martí,cesárea e invasora.11</P>
<P>Y es que la Revolución de Independencia de losEstados Unidos se adelantó, no cabe dudas, a laenorme contribución histórica que aportaría, al-gunos años más tarde, la Revolución Francesa,</P>
<P>cuyo impacto es ampliamente conocido, por serla que abre una década de transformaciones de-finitivas para todo el panorama social, cultural,científico, productivo e industrial en Europa, conimplicaciones incluso de índole mundial. Estaríade más insistir en el hecho de que la misma hasido fuente de inspiración de luchadores contratiranías y sistemas absolutistas (monárquicos, cle-ricales y feudales).</P>
<P>Con razón se ha insistido por parte de no po-cos historiadores y especialistas, en el origen bur-gués y, sobre todo, en el carácter antipopular dela célebreConstituciónde los Estados Unidos (esetexto jurídico y político que es el más antiguo ennuestro Continente, y que se toma como modelopor otros países, a la hora de concebir sus propiosdocumentos constitucionales), al caracterizarlacomo el fruto de cincuenta y cinco hombres ricos,entre quienes se encontraban comerciantes, escla-vistas, hacendados y abogados, que sin rodeos nohicieron más que defender sus intereses clasistas.Por supuesto, a pesar del tremendo aporte inte-lectual y político de figuras como Washington, Je-fferson, Hamilton, Madison, Franklin, entre otros,ninguno de ellos tuvo proyecciones de beneficiomayoritario, ni incluyó en sus ref lexiones a lasmasas populares. Desde el punto de vista consti-tucional, lo cierto es que con la llegada de la Inde-pendencia, ni los obreros de las manufacturas, nilos artesanos ni los esclavos lograron sustancialesmejoras en sus condiciones de vida. El preámbulode ese documento fundacional en la historia delos Estados Unidos fija, desde su inicio, la visiónengañosa, adormecedora. Las primeras palabrasque escriben los aludidos padres fundadores asílo demuestran: “Nosotros, el pueblo”.</P>
<P>Precisamente, Howard Zinn lo destaca, cuandoal comentarlo señala que con ello intentaban si-mular que el nuevo gobierno representaba a todos</P>
<P>10Howard Zinn:La otra historia de Estados Unidos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,2004, p. 60.</P>
<P>11Roberto Fernández Retamar: “Cuba defendida. Contra otra leyenda negra”, Cuadernos Americanos,vol. 5, no. 47, UNAM, México, septiembre-octubre de 1994, p. 24.</P>
<H1>72</H1>
</Part>
<Part><P>La otra historia de los Estados Unidos: el pensamiento crítico norteamericano entre...</P>
<P>los norteamericanos. Esperaban que este mito, alser dado por bueno, aseguraría la tranquilidaddoméstica. El engaño continuó generación trasgeneración, con la ayuda de los símbolos globa-les, bien fueran de carácter físico o verbal; la ban-dera, el patriotismo, la democracia, el interés na-cional, la defensa nacional, la seguridad nacional,etc. Atrincheraron los eslóganes en la tierra de lacultura norteamericana.12</P>
<P>A continuación, subraya la idea, al agregar que“los Padres Fundadores no tomaron ni siquieraen cuenta a la mitad de la población”, refiriéndosea los segmentos sociales que quedaron excluidosdel marco de reclamos e inquietudes por los quese preocupaban los documentos fundacionales dela nación estadounidense.13</P>
<P>Las bases doctrinales e institucionales sobre lasque se levanta el aparato político de los EstadosUnidos (y en general, los soportes que sostienen eldiseño de la sociedad norteamericana, incluido susistema de valores) están contenidas, podría afir-marse, en una serie de documentos, entre los quese distinguen tanto la mencionada Declaración deIndependencia, de 1776, como la referida Consti-tución del país, rubricada unos años después, en1787, en Filadelfia. El primero sería un texto revo-lucionario, enfocado hacia la arena internacional,procurando dotar de legitimidad al tremendo pro-ceso que tenía lugar. El segundo fue un documen-to conservador, dirigido hacia dentro de la socie-dad norteamericana, en busca de la preservacióno consagración de la normatividad, de la legalidadque sirviera de garantía a los cambios ya logrados.</P>
<P>Para decirlo en pocas y sencillas palabras: laConstitución ponía fin a la revolución convocada</P>
<P>12Howard Zinn: ob. cit., p. 23.13Ibídem.</P>
<P>por la Declaración de Independencia. Elitismo,exclusiones y limitaciones se levantarían desdeallí como realidades opuestas a los ideales y pro-mesas de participación, libertades, posibilidadesy derechos, que se proclamaban antes. Desde estaperspectiva, queda claro que de la manera en quela historiografía tradicional nor- teamericanasuele presentar el legado de la Revolución de In-dependencia, responde más a una falacia que a unhecho real.14</P>
<H1>Mito y verdad de la vocación democrática</H1>
<P>El tema de la democracia es de la más vieja dataen el devenir de los Estados Unidos. Sería difícilencontrar a un interesado en el conocimiento o es-tudio de la realidad norteamericana (su historia,el cine, la literatura, la música, la vida cotidiana,la política) en cuyo imaginario —al procurar aso-ciar determinados conceptos, valores o cuestionestrascendentes al acontecer de ese país, o al tratarde fijar aspectos identificatorios de esa sociedad—,no le viniese a la mente la palabrademocracia. Yes que gracias al papel del sistema educacional, loslibros escolares de texto, los medios de comunica-ción (radial, escrita, televisiva, cinematográfica), sedifunden y reproducen estereotipos, en virtud delo cual, la promesa o la aspiración democrática sepresenta como un imperativo fundacional de la na-ción norteamericana. En este caso, se trata de unode los principales mitos sobre los que se constru-ye la imagen nacional en los Estados Unidos, asícomo en el resto del mundo.</P>
<P>No importa que el término no aparezca comotal, para sorpresa, seguramente, de muchos, ni enla Declaración de Independencia ni en el texto de</P>
<P>En buena medida, Zinn prolonga una línea de análisis iniciada por el historiador norteamericano Charles A. Beard,uno de los precursores de la historiografía crítica, conocido por sus estudios iconoclastas sobre el desarrollo de lasinstituciones políticas de los Estados Unidos, que enfatizan la dinámica del conflicto y cambio socioeconómico, quiénafirmaría desde su célebre obra,An Economic Interpretation of the Constitution of the United States, escrita en 1913,que la Constitución de ese país había sido formulada para servir a los intereses económicos de los llamados “PadresFundadores”.</P>
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<Part><P>la Constitución. Sucede que la democracia es unade lascuestiones más discutidas en la filosofía yel pensamiento social desde la antigüedad. Segúnlos estudiosos, se trata de una de los temas másperdurables en política y se convirtió en el sigloXXen uno de las más centrales y debatidos; le sonatribuidos significados y connotaciones muy di-símiles en su larga historia y es definida desde elpunto de vista académico en la actualidad con en-foques también diferentes, acorde con los distin-tos contextos socioeconómicos en los cuales se leubique.</P>
<P>No obstante, la mayor parte de los criterioscoincide en destacar que se basa en la idea delpo-der popularodel pueblo, enfatizándose aquella si-tuación en la cual el poder y la autoridad descan-san en este.</P>
<P>Una de las conceptualizaciones más conocidasde la democracia en la historia de la sociedad nor-teamericana (quizás una de las más familiares),quizás sea aquella dada por Abraham Lincoln,en el sigloXIX, al concebirla comoel gobierno delpueblo, por el pueblo y para el pueblo, en la quetambién se insiste en la idea anterior, es decir, enla importancia del poder popular o del pueblo,como elemento esencial de la democracia. Conindependencia de lo que se entienda porpueblo—cuestión fundamental, que ameritaría un análi-sis aparte—, lo cierto es que a lo largo de la histo-ria, la democracia ha sido entendida y asumida, lamayor parte de las veces, bien como forma de go-bierno, bien como conjunto de reglas que garan-tizan la participación política de los ciudadanos,bien como exigencia moral y humana, valiosa entanto principio universal, o bien como método deejercicio del poder.</P>
<P>De este abanico, conviene subrayar la primeravariante, en la que el poder político es ejercido porel pueblo, lo cual lleva consigo el principio de laparticipación popular en los asuntos públicos y enel ejercicio del poder político. La participación, portanto, es primordial a la hora de comprender y asu-mir la democracia. No obstante, no siempre existe</P>
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<P>consenso acerca de lo que se define como partici-pación, como tampoco con la manera de entenderel concepto de pueblo. Y es que de ello se despren-den consecuencias trascendentales a la hora de de-terminar el alcance real de la democracia.</P>
<P>En los Estados Unidos, durante el período dela guerra de las trece colonias contra Inglaterra,hacia finales del sigloXVIII, la discusión en tor-no a la democracia tuvo lugar entre contradic-ciones y conflictos, a través de un proceso que nofue lineal. En ese contexto se desarrollaron las dostendencias ideológicas fundamentales que influi-rían posteriormente en las nuevas institucionespolíticas y jurídicas y en la formación del Estadonorteamericano moderno: la antipopular, lidera-da por los federalistas Hamilton, Madison y Jay; yla democrática, encabezada por Jefferson y Paine.En cuanto a la forma de gobierno que debía adop-tar el Estado norteamericano, los federalistas sepronunciaban a favor de la monarquía constitu-cional a semejanza de la inglesa, mientras que lospartidarios de la tendencia democrática abogabanpor la república democrática burguesa. Como sesabe, finalmente se impuso esta última posición.</P>
<P>A partir del sigloXIX, como se aludía al comien-zo de este artículo, con el famoso libro de Alexisde TocquevilleLa Democracia en América, se in-corpora un nuevo término al lenguaje político enlos Estados Unidos: el dedemocracia representa-tiva, cuyo efecto sería trascendental. Se comien-za a utilizar el término acuñado por dicho autor,concediendo al sufragio y al sistema electoral engeneral, el papel esencial dentro del ejercicio de-mocrático y relegando a un segundo plano la par-ticipación ciudadana en la toma de decisiones yen el ejercicio del poder. Esta idea de larepresen-tación liberal burguesaque se plasma en la socie-dad norteamericana (que no rinde cuenta, que noes revocable, que se desvincula cada vez más delos intereses populares), es, desde luego, la nega-ción misma de la democracia. Y sin embargo, heahí uno de los mitos ensamblados, con el aval dela historiografía tradicional norteamericana, en la</P>
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<Part><P>La otra historia de los Estados Unidos: el pensamiento crítico norteamericano entre...</P>
<P>cultura nacional de los Estados Unidos, en el ima-ginario de su población, y en la imagen mundialque proyecta ese país.</P>
<P>Con el desarrollo del capitalismo se producencambios radicales en la concepción de la demo-cracia y de la participación que se había estable-cido a través de la sociedad esclavista y feudal. Lavida social se hace más compleja, toda vez que seamplían las esferas de participación ciudadana yse incrementan las personas con derecho a parti-cipar. La participación en el ejercicio del poder yen los asuntos del Estado, bien directamente o pormedio de representantes, es consagrada jurídica-mente como uno de los derechos fundamentalesdel ciudadano, extendiéndose a grandes capas dela población. Se convierte en un atributo de lasmasas, sobre la base de la idea de la soberanía po-pular.</P>
<P>Anticipándose un poco a la célebre Revoluciónfrancesa, que consagra tales principios, la que tie-ne lugar en los Estados Unidos, con base en la De-claración de Independencia, de 1776, en la Cons-titución, de 1787, y sobre todo en las enmiendasque introduce la denominada Carta de Derechos(Bill of Rights), permite a los atributos de la de-mocracia entrar formalmente en vigor en la vidasocial y política norteamericanas: la libertad depalabra, de prensa, de reunión, de asociación. Lahistoria ha mostrado, más de una vez, los límitesreales con que tropieza el ejercicio de tales atri-butos.</P>
<P>Desde la Constitución, la idea relativa a lo queluego quedaría entronizado como la forma básicade participación en la vida social y política de unEstado o país quedaría recogida en términos delderecho a elegir y a ser elegido. En una sociedadcomo la estadounidense, la cuestión de la demo-cracia se reduce, como regla, a la institucionali-dad de las elecciones. Si existe el derecho al su-fragio, hay democracia. Si no existe, ni hablar dedemocracia.</P>
<P>En el sigloXX, esa concepción específica, re-duccionista y unilateral, se estrecha más aún, en</P>
<P>la medida que los enfoques norteamericanos defi-nen los procesos electorales como expresión de lademocracia solo en aquellos casos en los cuales sereproduce el esquema válido en los Estados Uni-dos. Si no se lleva a cabo a su imagen y semejanza,entonces los mecanismos democráticos no sonreales o son incompletos. Por tanto, fuera de esepatrón, no existe la democracia. Los medios dedifusión, el arte y la cultura en los Estados Unidos(e inclusive, también en muchos otros países) hancontribuido, queriéndolo o no, no solo a difundirlos bienes de consumo que simbolizan a esa so-ciedad —como la Coca Cola, las hamburguesasMcDonalds, las películas de Hollywood, los auto-móviles Ford, Buicks o Chevrolets, los equipos dela General Motors— sino el modelo de democra-cia que se supone es de valor universal y que demodo legítimo puede extenderse a la cultura nooccidental.</P>
<P>Teniendo en cuenta la significación que tienenlos procesos de elecciones presidenciales para lacomprensión de la democracia en una experien-cia como la de los Estados Unidos, es que gene-ralmente se unen las dos cuestiones al hablar delsistema político de ese país. No es inusual hallarla expresión de que el mismo es, por excelencia,un “sistema democrático” o un “sistema electoraldemocrático”, cuando se está haciendo alusión alcarácter y contenido que allí asume el bipartidis-mo y el proceso electoral, donde se relativiza elsignificado del voto popular.</P>
<P>Pareciera que, ante tales verdades, aún faltanalgunos requisitos para afirmar que los EstadosUnidos, en sus ya casi doscientos cuarenta añosde experiencia como Estado-nación, han satisfe-cho la promesa democrática. Sobre todo, si qui-siera entenderse el asunto a la luz de lo que preci-sa Zinn, en las últimas líneas de su citada obra. Enella comenta que el principio democrático sub-sumido en el espíritu de la Declaración de Inde-pendencia, “declaraba que el gobierno era secun-dario, que el pueblo que lo había establecido eralo primero. Por consiguiente, el futuro de la de-</P>
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<Part><P>mocracia depende del pueblo, y de su concienciacreciente acerca de cuál es la manera más decentede relacionarse con los seres humanos de todo elmundo”.15Compárese esa aspiración con la rea-lidad norteamericana de hoy. Parece obvio quela promesa no se ha cumplido y que la vocacióndemocrática de los Estados Unidos tiene muchomás de expresión mítica que de verdad.</P>
<H1>Nota final</H1>
<P>El exergo con el que se inicia este artículo evoca—a través de las palabras de Mark Twain—, las peo-res tradiciones que con la práctica imperialista le hanañadido ribetes a la cultura política norteamericana,</P>
<P>formación de la nación, relacionados con el domi-nio de valores y tradiciones propios del individualis-mo, el apego a la propiedad privada, el puritanismoevangelista, la ética protestante, los sentimientos desupremacía religiosa, racial y étnica, y la impron-ta utilitarista y materialista de corrientes filosóficascomo el pragmatismo y el instrumentalismo o deconcepciones sociológicas como las del positivismoy el empirismo, manifestadas en el modo de asumirla frontera en términos geopolíticos y la política ex-terior bajo el signo de larealpolitik.</P>
<P>Entre otros aspectos de gran vigencia, sobresa-len sus agudos análisis sobre el lugar y papel delracismo en la sociedad estadounidense, su evo-</P>
<P>lución histórica, las prácticas genocidas contra lahaciendo legítima una representación como la utili-</P>
<P>zada por ese escritor. Está claro que esa simbologíasatírica sugiere identificar la bandera de los EstadosUnidos con la que usaban las embarcaciones piratas</P>
<P>población india o nativa y la sólida crítica a lasideas del politólogo conservador Samuel P. Hun-tington acerca de la democracia restringida. Su</P>
<P>en el pasado. Téngase presente que Twain fue testigotanto de la guerra civil como de los procesos que, enla última década del sigloXIX, indican la transicióndel capitalismo premonopolista al imperialismo, in-</P>
<P>esfuerzo por añadir actualizaciones aLa otra his-toria de los Estados Unidoses una muestra nítida,consecuente, de su sentido de compromiso con eloficio de historiador, de su condición de intelec-</P>
<P>tual orgánico.cluyendo la intromisión en la guerra entre Cuba y</P>
<P>España. De ahí que el tono de sus obras fuese a me-nudo de parodia y de crítica mordaz al referirse aprácticas expansionistas, agresivas y genocidas, que</P>
<P>En las circunstancias de bajo la segunda etapade gobierno de Barack Obama, cuadno crece laintensidad de sus políticas apoyadas en los resor-</P>
<P>negaban el ideario de la Revolución de Independen-</P>
<P>tes delsoft powery elsmart power, mediante lo</P>
<P>cia y la noción de democracia en la tradicional usan-za norteamericana.</P>
<P>La obra de Zinn incursiona en la historia esta-dounidense mediante un formato ajeno a la es-tructura habitual de los textos referidos a esa te-</P>
<P>cual se concede un valor agregado a los instru-mentos ideológicos, y, sobre todo, en un contextoen el que en más de una ocasión (como sucedióen las Cumbres de la Américas de 2009 y 2015),dicho presidente ha llamado a olvidar la historia</P>
<P>y a un nuevo comienzo, es conveniente recordarmática y, desde luego, no constituye ni un manual</P>
<P>ni un libro de texto concebido para la enseñanza;tiene la virtud de entrar y salir en pasajes históri-cos, combinando anécdotas, sentido del humor yvivencias propias.</P>
<P>La otra historia de los Estados Unidoses una con-tribución decisiva para entender que la cultura polí-tica norteamericana se define porcaracterísticas delproceso histórico de la colonización inglesa y el de la</P>
<P>15Howard Zinn: ob. cit., p. 512.16Howard Zinn: ob. cit., p. 503.</P>
<P>la palabra de Zinn cuando afirma que “si la expe-riencia histórica tiene algún significado, el futurode la paz y la justicia en los Estados Unidos nodependerá de la buena voluntad del gobierno”.16</P>
<P>Zinn sigue presente, cinco años después desu partida física, militando en las filas del pen-samiento crítico contemporáneo, dentro y fue-ra de los Estados Unidos, como un activo es-</P>
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<Part><P>La otra historia de los Estados Unidos: el pensamiento crítico norteamericano entre...</P>
<P>timulador de la historiografía norteamericana.Lo hace través de la utilización de sus obrascomo fuentes bibliográficas en la enseñanzauniversitaria, como referencia investigativa enlos estudios científicos y como ejemplo de vozcontestataria y acción contrahegemónica, enuna nación crecientemente conservadora don-de tuvo el valor personal de situarse junto a losoprimidos otras figuras que ya tampoco estánde cuerpo presente, como Edward Said, Gore</P>
<P>Vidal, William Styron y Norman Mailer. Ellos,desde la literatura, la crítica artística y el pen-samiento social, fertilizaron la cultura de resis-tencia ante la ofensiva ideológica del imperialis-mo en su país y contribuyeron a mantener vivala memoria histórica norteamericana, incluso arecobrarla en algunos casos. Como expresó Da-vid Brooks al referirse a Zinn, “el historiadorseguirá vivo a través de los desobedientes quesiempre celebró”.17</P>
<P>17David Brooks: ob. cit., p. 21.</P>
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