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<Part><P>Nueva ÉpocaNúmero 00</P>
<H1>Combatir errores y sumar nuevas fuerzas*</H1>
<H2>Dr.C. Nils Castro</H2>
<P>Profesor, escritor y diplomático panameño.</P>
<H2>Resumen</H2>
<P>Desde finales del sigloXXLatinoamérica tuvonuevas opciones progresistas, lo que a su vez desa-tó una contraofensiva política y mediática de dere-cha. Las causas sociales para moverse a la izquierdano han cesado, pero es necesario examinar cuáles</P>
<P>Abstract:</P>
<P>Since the end of the XX century Latin Americahad new progressive options, which in turn unleas-hed a political counter-offensive and right media.Social causes to move left have not ceased, but it isnecessary to examine what has been the progressive</P>
<P>governments errors. The rejection of the calamities ofhan sido los errores de los gobiernos progresistas.</P>
<P>El rechazo a las calamidades del neoliberalismoalentó el voto de protesta en los años 90 y la elecciónde gobiernos de centroizquierda, pero eso no reflejóun avance de la cultura política en busca de un virajerevolucionario. Los electos llegaron al gobierno perono tomaron el poder. Restablecieron responsabilida-des sociales del Estado, ampliaron los derechos deciudadanía y recuperaron soberanía y solidaridad po-lítica latinoamericanas. Pero ir más allá exige desarro-</P>
<P>the neo-liberalism encouraged the protest vote andthe election of center-left governments in the 1990s,but that reflected not a preview of the political cultu-re in search of a revolutionary shift. Elected officialscame to Government but did not take power. Socialresponsibilities of the State were resettled, the rightsof citizenship were expanded and Latin Americansovereignty and political solidarity was recovered.But go beyond requires to develop culture and po-</P>
<P>llar la cultura y organización política populares y estoes más responsabilidad de los partidos y movimientos</P>
<P>pular political organization and this is more a res-ponsibility of left parties and movements that of pro-</P>
<P>de izquierda que de los gobiernos progresistas.</P>
<P>No basta mejorar condiciones de vida; hay quepromover participación popular, preparar la gentepara defender y ampliar sus conquistas, y para rem-plazar las restricciones legales que lo dificultan. Esoexige construir contracultura política y renovar for-mas de organización, comunicación social y lucha.</P>
<P>Palabras clave:Progresismo, contraofensiva,neoliberalismo, cultura política, reevaluar ex-periencias, clase dominante, emancipación, re-</P>
<P>gressive Governments. It is not enough to improveliving conditions; you have to promote popular par-ticipation, preparing people to defend and expandtheir conquests, and to replace the legal restrictionsthat hinder it. That requires building political coun-terculture and renewed forms of organization, socialcommunication and fight.</P>
<P>Key words: Counteroffensive, progressivism, li-beralism, political culture, reassessing experiences,ruling class, emancipation, reform, government,</P>
<P>formas, gobierno, poder, restricciones electora-les, campañas electorales, conquistas, omisiones,</P>
<P>power, electoral restrictions, election campaigns,political conquests, political omissions, political</P>
<P>errores, reelegirse, bases políticas, fuerzas adicio-nales, cultura dominante, contracultura, reforma</P>
<P>errors, re-election, bases policies, additional for-ces, dominant culture, counterculture, political re-</P>
<P>política, conciencia revolucionaria, renovar for-mas, de comunicación, de organización, de lucha.</P>
<P>form, revolutionary consciousness, renewed formsof communication, of organization, of struggle.</P>
<P>*Intervención en la XIII Conferencia de Estudios Americanos, “Realidades y perspectivas de los</P>
<P>procesos progresistas y de izquierda en Nuestra América”, organizada en La Habana por el Centro de Investiga-ciones de Política Internacional (CIPI), de Cuba, del 19 al 21 de octubre de 2016.</P>
<H2>158</H2>
</Part>
<Part><P>Desde fines del siglo pasado, el desarrollo polí-tico latinoamericano se salió del trillo previsto. Laregión experimentó un proceso por el cual variospartidos o liderazgos de izquierda llegaron al go-bierno por medios electorales. Eso abrió un pano-rama de diferentes oportunidades políticas y so-cioeconómicas de género democrático, pese a lasrestricciones previstas por los sistemas políticos yelectorales instaurados en cada país para asegurarla continuidad del régimen instituido por la clasedominante.</P>
<P>Como era de esperar, la emersión de esa nuevaoleada “progresista” desató la reacción opuesta:una contraofensiva regional de las derechas en losplanos político, mediático, cultural y económico,que ya exploró diversas modalidades. Al cabo,aunque algunos de esos gobiernos después fue-ron defenestrados o tuvieron reveses electorales,nada excluye que los movimientos que les dieronorigen puedan rehacerse, ni que en distintas na-ciones latinoamericanas afloren otras opciones deizquierda que también ganen elecciones.</P>
<P>Pese a la insistencia de algunos “críticos” quepretenden que estos reveses suponen la extinciónde dicho proceso, este continúa como un fenóme-no en desarrollo: sus causas no han cesado, comotampoco las indignaciones y expectativas socialesque ellas generan, ni su urgencia de encontrar so-luciones alternativas.1El hecho de que los preciosde las materias primas después hayan caído esuna mala nueva para sus productores y mercade-res, y para el fisco, cualquiera que sea el régimenpolítico de cada país. Al tiempo que en todos elloscomplicará las contradicciones de clase y sus con-siguientes alternativas.</P>
<P>Entre tanto, las conquistas sociales y aprendi-zajes políticos acumulados durante el período, asícomo las importantes omisiones y errores que loshan acompañado, reclaman reexaminar varios es-quemas usuales acerca de los caminos del cambio yde la revolución en América Latina. Transcurridos</P>
<P>Combatir errores y sumar nuevas fuerzas</P>
<P>sus primeros 15 años esta experiencia debe ser eva-luada, no solo por sus aportaciones sino porque esotambién contribuirá a superar la contraofensiva delas derechas que, pese a haberse advertido a tiempo,pilló desprevenidos a muchos liderazgos de izquier-da. Esta evaluación demandará tanto las autocríticasnecesarias como, asimismo, elevar los objetivos delproceso.</P>
<P>La demora en hacerlo facilita la proliferaciónmaquillada de “teorías” como las del péndulo, ladel “fin de las ideologías” y la del remplazo del “ci-clo progresista” por una presunta regresión “pos-progresista”. En paralelo a la contraofensiva dederecha, su porfía insiste en negarle perduracióny hasta legitimidad a las izquierdas que de verasmilitan en cada país.</P>
<P>En las páginas que siguen intento tocar tres as-pectos de la cuestión: el origen de estos gobiernosprogresistas y de sus limitaciones (quienes hanleído mis anteriores publicaciones sobre nuestrorezago ideológico y la contraofensiva de la “nue-va” derecha aquí encontrarán poco de nuevo); laexigencia de identificar, combatir y superar susdebilidades y errores; y, finalmente, el apremio deintegrar fuerzas adicionales a este esfuerzo y lascausas de nuestra demora en lograrlo.</P>
<H1>Del anterior progresismo al tsunamineoliberal</H1>
<P>Tratándose de un conjunto heterogéneo, el tér-mino que habitualmente usamos para hablar delas organizaciones y gobiernos “progresistas” quehan sido parte de dicho proceso no es un concep-to teórico, sino un comodín lingüístico acuñadopor una larga y diversificada historia de experien-cias nacionales.</P>
<P>Para limitarme a sus últimas oleadas, vale recor-dar que durante los años 60 en significativos secto-res populares y de clase media de América Latina,tomó cuerpo una cultura política expresiva de lasaspiraciones emancipadoras, latinoamericanistas y</P>
<P>1Bajo esas causas subyacen los componentes estructurales de la crisis. Además, donde la derecha ha recuperadoel gobierno enseguida acomete políticas que no demoran en provocar indignaciones adicionales.</P>
<P>159</P>
</Part>
<Part><P>reformadoras. Además de sus propias reivindica-ciones, esa cultura asumió las aperturas creativasofrecidas por la crítica al estalinismo, las hazañasde la Revolución cubana, los movimientos antico-lonialistas afroasiáticos, las revoluciones del 68 y lalucha del pueblo norteamericano por los derechosciviles y contra la guerra en Vietnam. El progresis-mo que agitó aquellos años, tuvo el mérito de com-paginar toda esa gama de experiencias.</P>
<P>En menos de 30 años, esa cultura alcanzó unauge revelador. El brío que el acontecer sociopolí-</P>
<P>sus “reajustes estructurales” en los ámbitos insti-tucionales y económicos, sino asimismo invadir elcampo ideológico, cultural y moral.</P>
<P>La ofensiva neoliberal atacó donde sabemos:achicar el Estado y sus atribuciones, desprotegerlas empresas y la producción nacionales, precari-zar el trabajo y devaluar el salario, marginar lasorganizaciones laborales y sociales, promover elconsumismo, etc., y darle sustentación ideológicocultural a todo eso.</P>
<P>En la práctica, una cínica apropiación de recursos</P>
<P>tico regional le imprimió produjo una aceleraciónsignificativamente marcada por dos hitos: cuandoFidel Castro expuso el Programa del Moncada2</P>
<P>y empresas nacionales para entregárselos a especu-ladores locales y foráneos. Su empuje contrarre-volucionario reformuló las normas e instituciones</P>
<P>y cuando lanzó la II Declaración de La Habana,momentos entre los que transcurrieron menos dediez años.3</P>
<P>No obstante, a finales del sigloXXese robustofenómeno se vio erosionado por la demora delos proyectos revolucionarios en coronar victo-rias definitivas, la frustración de las esperanzasinicialmente cifradas en una amplia renovacióndel “socialismo real” —y su abrupto colapso—,así como el cambio de política internacional chi-</P>
<P>económicas en beneficio de la burguesía financieratransnacional. La pesadilla de las dictaduras mili-tares permaneció en suspenso, pero se reformuló elejercicio de la política y sus prácticas electorales afavor de los liderazgos dispuestos a justificar e im-plementar los correspondientes “reajustes” institu-cionales y legales. Aunque se menciona menos, laofensiva asimismo alineó a los principales mediosperiodísticos, invadió el ámbito cultural y educa-cional, restó recursos a las universidades públicas</P>
<P>y multiplicó las privadas, eliminó los subsidios ana. Además, por los efectos del “periodo espe-</P>
<P>cial” cubano, que temporalmente retrajeron laconfianza latinoamericana en la posibilidad derepeler al imperialismo y acceder al socialismoa más corto plazo, y que incluso motivó contro-versias sobre la naturaleza del socialismo y susposibilidades.</P>
<P>Con ello, esa cultura política sufrió un repliegue.Cuando en tiempos de Margaret Tatcher y RonaldReagan el imperialismo desató la ofensiva neolibe-ral, en América Latina las fuerzas ideológicas másidóneas para enfrentarla habían perdido impor-tantes referentes y sus proyectos estaban en redis-cusión. Esto le facilitó a la derecha imperial y sussocios locales no solo una rápida implantación de</P>
<P>múltiples centros de investigación, cooptó a inte-lectuales y formadores de opinión, etcétera.</P>
<P>Aun así, en pocos años sus excesos provocaronmalestares e inconformidades sociales que al caboprovocarían desórdenes e insurrecciones urbanasy una creciente pérdida de gobernabilidad. A lapostre, la política y los procesos electorales reor-denados por las iniciativas neoliberales perdieronlegitimidad y eficacia, y quedaron en riesgo losmedios de supervivencia del sistema.</P>
<P>Pero incluso tras la crisis económica que emer-gió en 2008, es ilusorio pretender que el neolibe-ralismo pereció. Aunque teóricamente desacredi-tado, sigue fusionado al gran capital y aún siguen</P>
<P>2La Historia me absolverá, de 1953, donde se plantea el objetivo de lograr un régimen democrático progresista,sin mencionar el socialismo.</P>
<P>3En 1962, en la cual pasó de reafirmar al socialismo cubano a convocar a la diversidad de las fuerzas que podíanemprender la revolución latinoamericana.</P>
</Part>
<Part><P>vigentes las reglas que instauró, que regulan el co-mercio y las finanzas internacionales, y gran partedel patrón de funcionamiento institucional de los</P>
<P>Combatir errores y sumar nuevas fuerzas</P>
<P>pudio a las políticas y gobiernos precedentes. Estoes, pese a que la chispa inicial vino de movimien-tos sociales, gran parte del sufragio finalmente lo-</P>
<P>grado no expresó una identificación ideológica deorganismos internacionales y países, así como el</P>
<P>modo de pensar de millares de funcionarios pú-blicos y privados. A esto contribuye el hecho deque, si bien esa ideología hoy es objeto de múl-tiples críticas, todavía no encara una contrapro-puesta sistematizada de sus críticos de izquierda.</P>
<H1>Al gobierno, que no al poder</H1>
<P>En el ínterin, en América Latina la democracialiberal —restringida a refrescar periódicamente el</P>
<P>la mayoría votante con un proyecto enfilado a ini-ciar la Revolución, ni con el supuesto de que esoscandidatos realizarían una gestión de gobiernomás revolucionaria que la prometida en campaña.Con las particularidades de cada caso, esas iz-quierdas obtuvieron una oportunidad de gober-nar concedida por una mayoría electoral que de-manda mejorar sus condiciones de vida, pero queno por eso está dispuesta a asumir —al menos</P>
<P>orden vigente— volvió a escena. Mientras por unlado se cerraba el camino insurreccional concebi-do en los años 60, por el otro reaparecía esa op-ción electoral, en un ambiente de amplio rechazo</P>
<P>todavía— los imponderables de un salto revolu-cionario. En breve, una oportunidad de gobernarpara cumplir unas promesas, no para desbordar-las. Además, para hacerlo respetando la institu-</P>
<P>a las políticas neoliberales. Con esto, desde fina-les del siglo XX varias candidaturas de izquierdamejoraron sus oportunidades electorales, al cap-tar a su favor el creciente voto de castigo contraquienes habían avalado dichas políticas. Con di-ferencias según las particularidades de cada país,algunas izquierdas mejoraron su presencia parla-mentaria, o incluso ganaron elecciones presiden-</P>
<P>cionalidad prestablecida. Esto es, para llegar algobiernopero no al poder.5</P>
<P>No cabe esperar de gobiernos constituidos deeste modo realizaciones equiparables a las deaquellos que provinieron de una revolución.</P>
<P>En 1917, con la Revolución Rusa y en la segun-da etapa de las Revolución Mexicana, cuando larevolución boliviana de 1952, con la Revolución</P>
<P>Cubana y en la nicaragüense de 1979, el ejército yciales aun sin obtener grandes victorias locales y</P>
<P>legislativas.4</P>
<P>El análisis comparativo de las experiencias na-cionales deberá ser parte de la evaluación que te-nemos pendiente. Sin embargo, debe recordarseque estas victorias estuvieron precedidas por nu-merosas jornadas de luchas sociales, antes de tra-ducirse en posibilidades electorales, lo que a suvez conllevó combinar unas promesas de campa-ña conscientemente moderadas, con el voto de re-</P>
<P>las instituciones fundamentales del Estado, el or-den político y jurídico vigente, la anterior domi-nación de clase y la jauría de operadores políticosque la operaban, se desbandaron. Los líderes re-volucionarios reorganizaron al Estado conformea los respectivos proyectos, sin negociarlos con elrégimen preexistente ni tener que cohabitar polí-ticamente con la vieja clase gobernante al imple-mentarlos.</P>
<P>4Obviamente, tales procesos han sido distintos donde una fuerza de izquierda llegó a Palacio sin obtener mayo-ría parlamentaria —lo que mediatiza los alcances de su victoria (como Lula)—o donde triunfó en ambos cotejos(como Chávez). Como tampoco fue igual donde antes unas insurrecciones urbanas defenestraron al anteriorgobierno neoliberal (como Morales o Correa), que donde triunfó ganándole a la derecha unas elecciones reñidas(como Rousseff), o cuando la izquierda triunfó pero su victoria le fue robada (como Cárdenas y López Obrador).5Solo donde grandes insurrecciones urbanas abrieron la posibilidad de cambios mayores, algunos de esos gobiernospudieron realizar reformas constitucionales que ampliaran su campo de acción aunque, aun así, esas reformas luegoresultarían insuficientes, como en Bolivia, Ecuador y Venezuela.</P>
<P>161</P>
</Part>
<Part><P>Al contrario, a falta de situaciones revoluciona-rias equiparables y cuando estas parecían cancela-das, los gobiernos progresistas electos a finales delsiglo XX e inicios del XXI debieron actuar con-forme al orden vigente, custodiado y mantenidopor esos factores, y aspirar, en la medida de suspropias fuerzas y nuevos apoyos, a modificar eseorden desde su interior.</P>
<P>A su vez, en Latinoamérica la devastación delEstado por la embestida neoliberal y sus irritantesefectos sociales hizo ineludible aceptar rectificacio-nes, a riesgo de que economías y naciones llega-ran al caos. La aparición de gobiernos progresistasocurrió en ese contexto, cuando urgían políticascorrectivasposneoliberales, sin que aún fuera po-líticamente sostenible emprender alternativaspos-capitalistas. Su arribo posibilitó reorientar políticaseconómicas, reparar daños sociales y, especialmen-te, restablecer las responsabilidades sociales del Es-tado. Esto, a su vez, condujo a recuperar impor-tantes cuotas de la soberanía y autodeterminaciónnacionales y avanzar en la articulación de una co-munidad latinoamericana de naciones, lo que an-tes nunca fue más que una quimera.6</P>
<P>Pese a las diferencias entre los respectivos proce-sos nacionales, estos gobiernos coincidieron en unconjunto de características que han tenido impor-tantes efectos regionales: restablecieron el papel delEstado ante la economía, el mercado y la redistri-bución de la riqueza social; reorganizaron serviciospúblicos para atender funciones sociales del Esta-do, principalmente en la lucha contra la pobreza yel hambre, y en el acceso a la salud y la educación;ampliaron las inversiones en infraestructura parael desarrollo y la solución de problemas sociales, yredujeron las desigualdades sociales.</P>
<P>Además de mejorar las condiciones de vida y pro-mover los derechos sociales de millones de ciudada-nos, en estos quince años los gobiernos progresistasfortalecieron notablemente el campo de la ciudada-nía y de la sociedad civil, así como la participaciónpopular en la discusión de asuntos de interés público.Por muchas reconquistas que las derechas consigan,ese patrimonio cívico no será fácilmente arrebatadoa los sectores populares. Cualquier propuesta de fu-turo deberá levantarse a partir de recuperar y supe-rar esos resultados, porque el punto adonde hemosarribado no es de agotamiento sino de evaluación yrelanzamiento de opciones que pueden reactivarse.</P>
<H2>Conquistas y omisiones</H2>
<P>Aun así, no todos los reveses sufridos por estaoleada progresista, ni los éxitos de la contraofen-siva reaccionaria, pueden atribuirse solo a las ar-timañas y el poder financiero de las derechas, nial respaldo estratégico del imperialismo. Parte deellos deben atribuirse a omisiones y errores de lasorganizaciones y líderes de izquierda que han ani-mado a los gobiernos progresistas.</P>
<P>En una conferencia en la Universidad de Bue-nos Aires, Álvaro García Linera afirmó que es ne-cesario identificar las debilidades de esos gobier-nos, para “evaluar bien dónde hemos tenido lostropiezos que están permitiendo que la derecharetome la iniciativa”, pues solo así podremos su-perarlos, a fin de vencer “mediante la moviliza-ción democrática del pueblo”.7Las principales fa-llas que mencionó pueden resumirse así:</P>
<P>No se dio la necesaria importancia a la gestión dela economía y la ampliación de los procesos de redis-tribución con crecimiento. Aunque debemos mejorarlas condiciones de vida del pueblo y garantizar que</P>
<P>6Desarrollaron importantes proyectos de solidaridad e integración latinoamericana e incluso caribeña, que re-hicieron y fortalecieron, o crearon, organismos como el Mercosur, la Unasur, el Alba y finalmente la Celac. Esoincrementó notablemente el peso político y diplomático de Latinoamérica frente al mundo, y su capacidad denegociación. Ni siquiera los críticos más biliares de este progresismo desconocen tales adelantos de la integraciónregional.</P>
<P>7En “La revolución es continental o mundial o es caricatura de revolución”, conferencia dictada el 20 de septiembre de2016. Ver:www.marcha.org.ar/garcia-linera-la-revolucion-continental-mundial-caricatura-revolucion/.</P>
<H1>162</H1>
</Part>
<Part><P>este disponga de satisfactores básicos, hemos tenidodebilidades en materia económica al hacerlo sin ase-gurar que el poder político permanezca en manos delos revolucionarios. Gobernar para todos no significatomar decisiones que, por satisfacer a todos, perjudi-quen la base social que le da vida al proceso revolu-cionario, quienes son los únicos que lo defenderán. Elproyecto debe cumplirse sin incurrir en concesionesni perjudicar al sector popular, puesto que la derechanunca es leal.</P>
<P>Antes bien, crear capacidad económica, asocia-tiva y productiva de los sectores subalternos es laclave que va a definir, a futuro, “la posibilidad depasar de un posneoliberalismo a un poscapitalis-mo”. Por eso, la riqueza debe redistribuirse con po-litización social, pues omitirla implica crear nuevaclase media con viejo sentido común.8Advertenciaen la que coincide con Leonardo Boff, quien señalaque mejorar las condiciones de vida de la gente conun asistencialismo políticamente vacío “antes creóconsumidores que ciudadanos conscientes”.9</P>
<P>García Linera agrega que el proceso se ha realiza-do sin la debida reforma moral, incluso con toleran-cias ante el viejo mal de la corrupción. Eso le da a laderecha la oportunidad de tomarse el tema, pese aque el neoliberalismo es el colmo de la corrupcióninstitucionalizada. La corrupción es un cáncer quecorroe a la sociedad. Nosotros debemos ser ejemplodiario de austeridad y transparencia ante todos.</P>
<P>Finalmente, observó que se ha sido débil paraimpulsar la integración económica regional. Aun-que se avanzó en la integración política, la integra-ción económica es más difícil. Para terminar, Gar-cía Linera llamó a prepararse a través del análisis y</P>
<P>Combatir errores y sumar nuevas fuerzas</P>
<P>el debate para emprender una segunda oleada deconquistas revolucionarias, pues “los revolucio-narios nos alimentamos de los tiempos difíciles,venimos desde abajo, y si ahora, temporalmente,tenemos que replegarnos, bienvenido, para esosomos revolucionarios”. En este contexto, sus ob-servaciones ofrecen base para iniciar ese análisis.Habrá que adicionarle otros elementos, entre ellos,la capacidad de cada gobierno de izquierda pararesolver las viejas trabas al progreso económico eimpulsar el desarrollo de las fuerzas productivas,además de mejorar la distribución de la riqueza.</P>
<P>Obviamente, el progresismo proviene de las in-dignaciones sociales agravadas por el neolibera-lismo, no del alza temporal de los precios de lasmaterias primas. Por lo mismo, su actual depre-ciación les ocasiona problemas a los países que lasexportan, cualquiera que sea el signo político desus gobiernos. Lo que no elimina sino que ahondalas causas generadoras del progresismo, que se-guirán activas en sus viejas y nuevas formas, que alas izquierdas les corresponde prever.</P>
<P>El tema es oportuno para recordar otro proble-ma. Un buen aprovechamiento de esa alza de lasmaterias primas facilitó al progresismo financiarproyectos de desarrollo social sin exigirle a la claseadinerada hacer mayores contribuciones impositi-vas. No obstante, esa práctica, de intenciones polí-ticamente apaciguadoras, aunque permitió eludiro posponer confrontaciones, no contribuyó a di-versificar y fortalecer la capacidad productiva y elmercado interno de sus países, ni robustecer sus re-servas para cuando volvieran las vacas flacas, comosucede tras la debacle mundial de 2008.10</P>
<P>8García Linera definesentido comúncomo los conceptos íntimos, morales y lógicos, con los que la gente organizasu vida.</P>
<P>9“Diez lecciones posibles tras la destitución de Dilma Rousseff”. En: boffsemanal@servicioskoinonia.org, del 25 deseptiembre de 2016.</P>
<P>10En ese marco suele hacerse la crítica del extractivismo atribuido a los gobiernos progresistas. Aunque es deplorableque un gobierno de ese tipo pueda admitir tales prácticas, esa crítica soslaya que ellas datan del capitalismo “salvaje” ylos regímenes conservadores, y que han sido exacerbadas por las políticas neoliberales, antes y después de esta oleadaprogresista. Al contrario, los gobiernos progresistas son quienes más han procurado someter esas actividades a ade-cuadas normas ecológicas y prioridades sociales.</P>
<P>163</P>
</Part>
<Part><P>Por efecto de su naturalezaposneoliberaly noposcapitalista—y por ello más asistencialista yconciliadora que revolucionaria— de la mayoríade los gobiernos progresistas, algunas accionesindispensables para asegurar la continuidad delproceso, como importantes reformas agrarias, la-borales y tributarias, dejaron de acometerse. Ade-más, en la mayoría de los casos, tampoco se rea-lizó la necesaria reforma política y electoral, ni ladel campo de los medios informativos. Estas omi-siones —cometidas ya sea por acomodamientoideológico, falta de decisión política o insuficien-te respaldo social para superar trabas judiciales oparlamentarias— también pueden considerarselogros de los mismos medios de comunicaciónque antes contribuyeron a desacreditar e intimi-dar al liderazgo progresista y a desanimar sus ba-ses de apoyo, y que ahora encabezan la contrao-fensiva reaccionaria.</P>
<P>La falta de esas reformas, aunque en su mo-mento haya contribuido a aplacar ciertas reac-ciones de la clase dominante, también debilitó labase social y la sostenibilidad de esas experienciasprogresistas. La suposición de que para reelegirsebastaría “comprar” gratitud popular satisfacien-do necesidades sociales e incrementando el po-der adquisitivo, además de irrespetar a los nece-sitados, ha sido un fracaso: losshoping centersyel consumismo fueron sus grandes beneficiarios.</P>
<P>La actual contraofensiva de las derechas es fla-grante prueba del fiasco de la idea de sumar fuer-zas mediante la conciliación con elementos de laderecha económica y sus representantes políticos.Lo que vuelve a recodarnos que el sentido de bus-car el poder del Estado es usarlo para vencer a laclase dominante, no para dormir con ella.</P>
<P>Después de que los proyectos revolucionariosde los años 60 y 70 del siglo XX dejaron de al-canzar los objetivos previstos o concluyeron enreformas negociadas con el régimen existente, deque Latinoamérica fue objeto de cruentas dicta-duras contrarrevolucionarias y de que la demo-cracia restringida reapareció atada a la ofensiva</P>
<P>164</P>
<P>neoliberal, no ha vuelto a darse otro auge ideoló-gico de aquella intensidad. La oleada sociopolíticaque posibilitó las victorias electorales progresistasde inicios del siglo XXI expresó a unas mayoríaselectorales todavía resabiosas, que desean revertirlos efectos de la devastación neoliberal pero te-men recaer en conflictos armados o dictadurasmilitares, o sufrir otras tribulaciones.</P>
<P>Se supone que para rebasar esta situación pu-dieran caber dos opciones: según la primera, parair más allá hace falta lograr sucesivas reeleccionesdel gobierno progresista, en las cuales sus simpa-tizantes podrán votar por un programa más avan-zado, gracias al apoyo político obtenido medianteuna buena gestión gubernamental y la satisfacciónde importantes necesidades sociales. Ese supues-to es más engañoso de lo que parece: como estosaños lo han demostrado, esos gobiernos general-mente no han buscado reelegirse proponiendo al-ternativas más radicales, sino opciones reculadasa la defensiva, problema que debe examinarse.</P>
<P>La segunda opción reconoce que ese límite solopuede ser superado si el proceso consigue for-mar bases políticas que demanden avanzar másallá y defiendan las iniciativas que desborden lasrestricciones establecidas. En un régimen demo-crático eso implica sumar nuevos contingenteselectorales con los cuales sobrepasar las ofertas delas derechas, sin incurrir en concesiones oportu-nistas que desvirtúen al proyecto de izquierda y leresten credibilidad. Esto exige formar fuerzas po-líticas adicionales, movilizar iniciativas popularesy sostener presión social, misiones cuya natura-leza corresponde principalmente a las organiza-ciones de izquierda, más que a las institucionesgubernamentales que, legalmente, deben servir atoda la sociedad.</P>
<P>El supuesto de que avanzar depende de suce-sivas reelecciones dentro del sistema existentesubestima las respuestas que las derechas y susmentores foráneos emprenden desde su primerrevés. Aunque pierdan uno o más comicios, ellosconservan su poder económico, sus vinculaciones</P>
</Part>
<Part><P>internacionales, el control de grandes medios decomunicación y su influjo cultural. La perpleji-dad inicial pudo desconcertar a la derecha por untiempo pero, antes de la siguiente campaña, ellahabía realineado sus recursos y medios, invertidoen renovar su imagen y procesaba metódicamen-te la corrosión de la imagen moral y política de laizquierda que la derrotó.11</P>
<H1>Mover fuerzas adicionales</H1>
<P>Desarrollar un proceso revolucionario implicatransformar indignaciones sociales en movimien-tos políticos; esto exige promover la formación denuevos contingentes de cuadros, promover y mo-</P>
<P>Combatir errores y sumar nuevas fuerzas</P>
<P>Tras las experiencias confrontadas por las iz-quierdas a fines del sigloXXy de la hegemoníaneoliberal, en Latinoamérica la crisis cultural ymoral avanzó bastante más que la construcciónde nuevas propuestas político ideológicos de iz-quierda y modos de compartirlas. Luego de tan-tos años de decepciones la gente está harta, sinque esto signifique que ya es consciente de susdemás alternativas. La irritación ante la crecientedesigualdad, el empleo precario y la pobreza con-viven con el descrédito de los sistemas políticos,partidos y liderazgos conocidos. Además, con lasensación de temor diseminada por la carencia deseguridad y la frustración de pasadas expectati-</P>
<P>vas.vilizar mayores organizaciones populares e incre-</P>
<P>mentar presión social consciente y organizada.</P>
<P>Reconocerlo conlleva admitir que todavía unaimportante cantidad de pueblo pobre no respon-de al llamado de las izquierdas. Por ejemplo, enla inminencia del golpe parlamentario en Brasil,Lula da Silva comentó que mientras una parte deese pueblo salía a las marchas, otra se quedabaa mirar televisión.12El tema reclama estudiarlo,porque es imperativo crear mejor capacidad parasacar de su postración a los sectores del pueblopobre con deficiente conciencia de clase, y hacerque mayores contingentes de ese pueblo afrontensus problemas con participación social y política.</P>
<P>Uno de los grandes retos de las izquierdas es al-canzar la conciencia de los explotados y los mar-ginados que dejan de sumarse a las movilizacio-nes proletarias o que, aun peor, se dejan llevar porel histrionismo “antipolítico” de la nueva derecha,encandilados por los Fujimori, La Pen o Trump.El hecho de que todavía haga falta alcanzar esasconciencias prueba que los medios organizativosy de comunicación que todavía usamos para estono son apropiados.</P>
<P>Toca así enfrentar una derecha reciclada queahora disputa el campo político con renovadosinstrumentos: más articulada orquestación con-tinental, un predominio mediático masivo y a lavez segmentado para públicos específicos, y unrepertorio de consignas populistas esquemati-zadas mediante una brutal simplificación de lasansiedades populares, que no requieren mayoresfuerzo explicativo. Entre ellas, la de presentarcandidatos supuestamente apolíticos o “antipo-líticos”. La naturaleza elemental de estos clichésfacilita su penetración entre poblaciones domes-ticadas por el “sentido común” que por décadasla clase dominante ha sembrado entre quienes ex-plota y margina.</P>
<P>Esta derecha —como sus mentores transnaciona-les— lo hace con una nítida claridad de objetivos:no pretende apenas volver a Palacio o evitar que lasaquen de ahí, sino retomar el poder real para su-primir las conquistas sociales que el movimientopopular acumuló desde mediados del siglo pasado,y no solo los beneficios obtenidos durante esta últi-ma oleada progresista. En el contexto global de crisis</P>
<P>11De esto ya me ocupé entes y no hace falta repetirme aquí. Ver: “Una coyuntura liberadora… ¿y después?”, enRebelión, 23 de julio de 2009; “Una liberación por completar”, enAlai, 17 de agosto de 2009; y, especialmente,</P>
<P>“¿Quién es la ‘nueva’ derecha?”, enAlaidel 14 de abril de 2010 yRebelióndel siguiente día.12A su manera, algo equivalente sucedió en el plebiscito sobre el acuerdo de paz en Colombia,cuando gran parte de los votantes dejó de asistir.</P>
<P>165</P>
</Part>
<Part><P>del capitalismo, ahora al capital transnacional y a laclase dominante en cada país les urge erradicar esasconquistas y recuperar el control de los recursos fí-sicos y energéticos de todo país y región, para inten-sificar la explotación del trabajo y elevar la tasa deganancia y acumulación de sus inversiones.</P>
<P>En las actuales circunstancias, para suprimiresas conquistas populares la derecha debe apelar aprocedimientos menos obvios que los golpes mi-litares. Lo puede conseguir en tanto que —apro-vechando los medios que le dan ventajas— logreneutralizar la capacidad de las organizaciones po-pulares para defender ese patrimonio. Esto es, de-rrotar y anular, en el ámbito sociopolítico e ideo-lógico, a las fuerzas y ciudadanos que se oponena esa regresión, desacreditando y reprimiendo aesas fuerzas, y criminalizando a estos ciudadanosa través de un sistema judicial y un sistema perio-dístico plegados a su servicio. Eso, por supuesto,no constituye un proyecto de nación sino todo locontrario.</P>
<P>Como parte de ese esfuerzo, la derecha buscaexplotar a su favor las insatisfacciones socialesexistentes, así como seducir a muchos “seres hu-manos arrojados a la marginalidad, la ignoranciay la desesperación, para intentar hacer de ellosuna fuerza de choque salvaje”13contra los ciu-dadanos más conscientes, y no solo en el planoelectoral. Esta convocatoria a la coacción y la vio-lencia es una de las manifestaciones del fascismocomo forma política de la estrategia de contrarre-volución preventiva.</P>
<P>Captar determinado malestar colectivo y diri-gir sus imágenes contra blancos seleccionados alefecto permite extraviar y seducir a los sectorespopulares que siguen fuera de nuestro alcance, einstrumentarlos al servicio de propósitos contra-rios al interés popular. Para eso existe una dema-gogia característica del género de liderazgo quela nueva derecha “antisistémica” y el neofascismo</P>
<P>ofrecen, como lo exhibe el liderazgo mediático deTrump.</P>
<H1>Construir contracultura</H1>
<P>Las amenazas que la nueva derecha representadestacan el valor que para las izquierdas siempreha tenido —y la prioridad que ahora tiene— elcometido de promover conciencia y organiza-ción populares. Si las armas de esa derecha pue-den incidir sobre una masa ignorante, afligida ydesarticulada, superar esa debilidad popular esmás urgente. Estas circunstancias no solo recla-man mayores progresos del factor subjetivo, en elsentido de contar con mejores ideas y proyectos,sino convertirlos en fuerza política insertándolosen la cultura y el sentido común de los diferentessectores populares.</P>
<P>La solidaridad y la conciencia de clase no seforman espontáneamente, al menos no con cele-ridad. Al disgusto social es preciso inducirle de-terminado sentido ideológico. En el seno del pue-blo explotado y resentido madura una transicióncultural que, dejada a la espontaneidad puededemorar o extraviarse, pero que por eso mismoes preciso alentar y darle propósito. A contrama-no de la ofensiva que la reacción arroja sobre esamasa para impregnarla de una subcultura funcio-nal a la derecha, corresponde promover la contra-cultura expresiva de las reivindicaciones y expec-tativas populares.</P>
<P>Es con base en ella que se puede fomentar laindependencia crítica del pensamiento populary desarrollar su solidaridad de clase, frente a laagenda temática, las interpretaciones y mitos delos grandes medios y demás instrumentos de in-seminación ideológica de la clase dominante. Esofacilitará que esos sectores tomen distancia de lacultura vigente, al identificar y oponerle sus pro-pios fines, temas y valores. Para quienes son partede esa experiencia, esto es un proceso que va de</P>
<P>12Ver: Luis Bilbao: “América Latina no gira a la derecha”, en ALAI, América latina en movimiento, 11 de febrerode 2010.</P>
</Part>
<Part><P>tener una percepción de laactualidad objetivadesu realidad hacia madurar unaproyección subjeti-vade esa fuerza social.</P>
<P>Ser parte de uno de los sectores más lastimadose inconformes de la población no necesariamentelleva a cada persona a escoger opciones revolucio-narias. Antes puede inducir a salidas individualis-tas y de corto plazo, sobre todo cuando se carecede acceso a una propuesta confiable. Esta contra-cultura popular debe ser eficaz para que esa soli-daridad supere la atomización de las salvacionesindividuales —místico religiosas, delincuencialeso neofascistas— que el neoliberalismo propicia.</P>
<P>El inmediatismo personal ofrece salidas por laruta del delito y la degradación, del oportunismopolítico o la enajenación evangélica, igualmentefuncionales al sistema imperante. Al contrario,para optar por algo moral y políticamente acer-tado hace falta acceder a una opción creíble, conobjetivos de mayor aliento, que propicie actuarcolectivamente en busca de soluciones estructu-rales y duraderas, en lugar de salidas individualese inmediatistas.</P>
<P>Como Milton Santos explicó, el problema es“cómo pasar de unasituación críticaa unavisióncríticay, enseguida, alcanzar una toma de con-ciencia”.14Este proceso conlleva enfrentar la duraexistencia de la pobreza y la injustica como un he-cho real, y asimismo como una paradoja: la de te-ner queaceptar esta realidad para sobrevivir, peroa la vez darse capacidad de resistir para poder pen-sar y actuar para cambiarla, en busca de otro futu-ro. Para mejorar las posibilidades de que este saltose haga factible es necesario desarrollar una peda-gogía popular, para construir o reconstruir ideas,propuestas y organizaciones que le faciliten a losdiversos sectores del “pobretariado” apropiarse deesa visión y proyecto confiables.15</P>
<P>Combatir errores y sumar nuevas fuerzas</P>
<P>La cultura dominante lo es, entre otras cosas,porque la realimenta el poderoso soporte de losmedios de la clase dominante. Sin embargo, parasuperarlo no basta crear medios alternativos nisoñar con disponer de medios similares a los bur-gueses. Antes la creatividad popular debe apren-der a contraponer sus propios mensajes frente alos grandes medios, sin concesiones a la culturade sus emisores sino conforme a su propia con-tracultura.</P>
<P>Hace más de un siglo Carlos Marx enseñó quecuando las ideas prenden en las masas se convier-ten en fuerza material. Pero solo cuando tienenpor qué y cómo prender. Y como dice AntonioGramsci, el poder se construye desde el interiordel movimiento social, en consecuencia con eseprincipio. Porquepoder es verbo, no sustantivo.No es una cosa o sitio, palacio o silla que puedatomarse, sino un producto: la capacidad de reunirlas fuerzas sociopolíticas necesarias para hacerque algo suceda, o impedir que suceda. Su antóni-mo esimpotencia, que se padece cuando se es in-capaz de hacer cumplir o incumplir ese propósi-to. Esto es, la correlación de fuerzas entre quienesimpulsan una iniciativa y quienes la rechazan, loque depende del desarrollo sociopolítico y maes-tría de cada contrincante.</P>
<P>Dichas ideas de Marx y de Gramsci se refierena un sistema de propuestas convincente y facti-ble, capaz de tomar cuerpo en la cultura políti-ca de crecientes masas de trabajadores pensantes,y orientarlas hacia un objetivo que ellos podránrealizar. Pero generar ideas y hacerlas prender esmuy distinto que agitar listas de quejas y objecio-nes, donde la izquierda más estridente suele en-casquillarse sin sumar fuerzas. El supuesto de quemientras peor se pone la situación mayores seránlas posibilidades revolucionarias no es una hipó-</P>
<P>14En:Por uma outra globalização: de pensamento único à consciência universal, Record, Rio de Janeiro, 2007, p.116 (original em portugués, cursivas del autor). Milton Santos fue un destacado geógrafo y catedrático brasileño,con valiosas aportaciones a la geografía sociocultural.</P>
<P>15Una de las tareas de toda izquierda es desarrollar esa pedagogía, que en las tradiciones latinoamericanas ha tenidovaliosos precursores, entre quienes aún resalta Paulo Freire.</P>
<P>167</P>
</Part>
<Part><P>tesis sino un desvarío. Si las penurias de la pobre-za extrema bastaran para crear fuerzas revolu-cionarias estas hace mucho habrían triunfado enSudán, Hon-duras o Bangladesh.16La cuestión noes exaltar inconformidades carentes de alternati-vas viables, si en la práctica eso encalla en impo-tencias.</P>
<P>La observación de Vladimir Lenin según la cual“la cultura dominante es la cultura de la clase do-minante” no significa que la burguesía procuraque todo obrero piense como un burgués, sinoque ella establece los respectivos roles sociales: elburgués educa a su hijo para ser un ejecutivo efi-caz, y al obrero y su prole para formarlos comoservidores disciplinados y rentables. Por consi-guiente, la contracultura popular debe impulsara cada trabajador —y a cada desempleado— a ac-tuar como ciudadano consciente de sus derechosy de sus deberes de solidaridad. En consecuencia,también como ciudadano capaz no solo reinter-pretar mensajes, sino de emprender el procesoque lo lleve de ser receptor a ser productor deotros mensajes.</P>
<H2>Renovar formas de lucha</H2>
<P>Si una y otra vez se hace lo mismo, se vuelve aobtener igual resultado. Si las izquierdas insistenen comunicarse e interactuar de las formas ya tri-lladas con los sectores del “pobretariado” que noresponden a sus llamados, eso prueba que les urgecrear otros modos de hacerlo, y estos probable-mente no serán los mismos para cada diferentesector.</P>
<P>Ante eso, Joao Pedro Stedile afirma que lo pri-mero es impulsar lo “que eleve el nivel de con-ciencia política e ideológica de nuestra base so-cial”, pues urge “formar grandes contingentes de</P>
<P>militantes de la nueva generación joven que fueconfundida por el neoliberalismo y los medios decomunicación burguesa”. Y puntualiza que paraesto es necesario construir nuevas formas de co-municación de masas de los movimientos y parti-dos populares, donde compartir y “profundizar elconocimiento y articular fuerzas alrededor de unnuevo proyecto de desarrollo popular”. Para con-seguirlo hay que haber discutido y concertado eseproyecto.</P>
<P>A ello Stedile añade que, asimismo, “debemosconstruir nuevas formas de lucha masiva”, pues“las formas clásicas como [las] huelgas, paraliza-ciones o marchas son insuficientes, y por ello ne-cesitamos ser creativos”, ya que “requerimos desa-rrollar nuevos instrumentos de lucha que motivena la gente, aglutinar a la juventud y dar un sentidode esperanza a nuestras luchas”. Por eso “necesita-mos organizaciones políticas y sociales de nuevotipo”, y para lograrlo “hay que trabajar sin fórmu-las o modelos predeterminados”.17</P>
<P>Crear otros tipos de organizaciones y formas delucha implica un importante componente ético,que es esencial a toda agrupación de izquierda. Siuna organización propone transformar al país peroadmite arreglos oportunistas como negociar com-portamientos políticos con sus padrinos financie-ros, deslizarse al centro político o tolerarle conduc-tas moralmente dudosas a sus dirigentes o aliados,no solo arriesga su credibilidad sino su existencia.La confiabilidad puesta en entredicho lleva al es-cepticismo y enseguida la suspicacia popular con-cluye que “estos son iguales que los otros”.</P>
<P>Ese fenómeno es asimétrico. Si un partido con-servador pasa por alto tales actuaciones pocosciudadanos se sorprenderán, puesto que la mora-lidad de ese grupo es funcional a la del régimen</P>
<P>16Un sabio proverbio popular haitiano advierte que “saco vacío no se para”. Los indigentes no son los mejores lu-chadores sociales cuando para poder resistir y pensar todavía falta un mínimo bocado que llevarse al estómago.La satisfacción de las necesidades más perentorias —alimento, cobijo, salud— demanda razonar su propia con-dición y la posibilidad de cambiarla, para poder ascender de marginado a rebelde.</P>
<P>17Ver: “Los desafíos de los movimientos sociales latinoamericanos”, en América Latina en movimiento, Agencia Lati-noamericana de Información (alainet.org), 4 de diciembre de 2006.</P>
<H1>168</H1>
</Part>
<Part><P>que representa. Pero si ello sucede en una orga-nización que propone transformar al país y dar-le otro horizonte ético, admitir actitudes que re-cuerdan las del repertorio moral oligárquico, esono es un contrasentido sino una aberración. Parala militancia revolucionaria ser consecuentes condeterminada ética —por cuyos principios inclu-so se está dispuesto a perder la libertad y hasta la</P>
<P>Combatir errores y sumar nuevas fuerzas</P>
<H1>Exigir la reforma política</H1>
<P>Para las derechas, la democracia —incluso lademocracia restringida— es una opción táctica,incluso descartable. Para ella lo esencial es dis-poner del poder real para cumplir un propósito,que en la presente etapa es el de consolidar, o derecuperar, el completo control discrecional sobrelos recursos naturales y económicos del país y,</P>
<P>vida—, esto es definitorio. Y para la credibilidad y</P>
<P>asociada al capital transnacional, explotarlos in-</P>
<P>confianza ciudadanas también.</P>
<P>La izquierda tiene el deber de constituirse comoreferente ético y reserva moral del país. Su solidezcívica no solo es un deber de consecuencia conlos valores que la definen, sino un asunto de con-fiabilidad política. Por eso los medios de la clasedominante son incansables cazadores de reales overosímiles pecadillos de la izquierda, porque ladescalifican como tal.</P>
<P>Por eso mismo, se debe reconsiderar la estrate-gia de fabricar mayorías —a veces pírricas— pormedio de alianzas con partidos y políticos de dis-cutible consistencia moral, lo que frecuentementehace callar denuncias que la ciudadanía deman-da de las izquierdas. Denunciar la corrupción en-démica de la burguesía y de la política burguesaes una prioridad ineludible; por lo tanto, si talesalianzas obstaculizan desarrollar este papel, esnecesario remplazarlas con alianzas pactadas conmovimientos sociales y organizaciones populares.</P>
<P>En este sentido, cuando los jóvenes —entreotros sectores— son o parecen indiferentes al lla-mado de las izquierdas es erróneo presuponer queesto implica rechazar las opciones progresistas.Antes bien, expresa su aversión a la política y lospolíticos conocidos, que no responden a sus ex-pectativas, así como a las izquierdas que se dejanenvolver en el rejuego político usual o se limitana una retórica candente y a veces ininteligible. Elsuyo es un voto crítico contra elestatu quo. Antesde lamentar su actitudes preciso evaluar si el pro-blema está en nuestras deficientes formas de inte-ractuar con ellos, de darles ejemplos que valgan lapena y de obtener su confianza.</P>
<P>tensivamente, con la menor resistencia y la mayordisciplina sociales. La función de la democraciarestringida es legitimar y administrar política-mente ese propósito con el mayor consenso po-sible, es decir, con la menor resistencia social yrepresión física que ella posibilite.</P>
<P>Los ejemplos de con qué facilidad las derechas—latinoamericanas y transnacionales— violen-tan las normas, instituciones y cultura democrá-ticas cada vez que les haga falta, últimamente hanabundado. Según cada realidad nacional, valién-dose de viejos y nuevos métodos y pretextos, quese remontan a los medios usados para desestabili-zar al gobierno de Salvador Allende hasta ahogar-lo en sangre. Así la perversión mediática y electo-ral que hizo posible elegir a Macri o la corrupciónmediática, judicial y parlamentaria que permitiódefenestrar a Dilma Rousseff, etcétera. Sobre esohay abundante y buena literatura.</P>
<P>Paradójicamente, pese a tratarse de un régimenpolítico más restringido que democrático, en estaetapa son los sectores progresistas y las izquierdasquienes se han destacado como defensores de losprincipios y el orden democráticos. Eso no debedistraernos de cuatro cosas: La primera, que lainstitucionalidad defendida frente a la contrao-fensiva reaccionaria es la misma que antes fueimplantada por pasados gobiernos conservado-res para restringir el juego democrático e impedirque las cosas cambiaran. Una institucionalidadque es imperativo democratizar a fondo. Defen-derla carece de sentido si no es reformándola através de un proceso que la haga de interés popu-lar, participativa y protagónica. La segunda, que</P>
<P>169</P>
</Part>
<Part><P>CUADERNOS DE NUESTRA AMÉRICA / Nueva Época. No.00 / RNPS: 2529</P>
<P>para hacerlo hay que tener claro qué país tenemosy qué proyecto de país proponemos, para darlebase a un nuevo proyecto de nación, con la cualesa reforma y nuestras demás acciones deben serconsecuentes. La tercera, que nuestro análisis delacontecer político y nuestra producción teóricadeben tener presente que para las izquierdas y losmovimientos progresistas es indispensable crearmayor capacidad para convertir la inconformidade indignación sociales en militancia, no solo paraderrotar a la contrarrevolución sino para trans-formar al país, como dos aspectos del mismo pro-ceso. Y la cuarta, que esto exige una constante for-mación de fuerzas en los ámbitos del trabajo, de lavida comunitaria y de las de más formas de la con-vivencia humana. Hace indispensable compartirideas con los diversos sectores progresistas, para</P>
<P>convertirlas en fuerza efectiva. Lo que es muchomás que competir en torneos electorales.18</P>
<P>Defender y mejorar gobiernos progresistas noes el fin de esta experiencia, sino una oportuni-dad para completar las condiciones que todavíafaltan para impulsar la siguiente. Entre ellas, ven-cer a las derechas en el campo de la confrontaciónideológica, la cultura política y la comunicaciónpersuasiva.</P>
<P>Esto solo puede desarrollarse como parte de unproceso regional de construcción de contrahege-monía político cultural. Es decir, como parte de laconfrontación ideológica que le dé mayor sentidoy aliento a la batalla política que está en marcha,con el concurso de la multiplicidad de fuerzasque somos, ricas tanto en variedad de identidadescomo en expectativas comunes.</P>
<P>18Estas exigencias no se refieren solo a las organizaciones que luchan en la oposición, sino igualmente a las quehan llegado al gobierno. Porque no se trata apenas de emplazar mayores fuerzas y dinámica para derrotar la con-traofensiva reaccionaria, sino también para sacar de la modorra burocrática y hacer rendir cuentas a los cuadrosque cobran salario en los gobiernos progresistas.</P>
<H1>170</H1>
</Part>
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