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<Part><P>Nueva ÉpocaNúmero 02</P>
<H1>Estados Unidos, la crisis y la lógica del imperialismo*</H1>
<H2>The United States, the Crisis and the Logic of Imperialism</H2>
<H3>Dr.C. Jorge Hernández Martínez</H3>
<P>Sociólogo y politólogo. Profesor e Investigador Titular del Centro de EstudiosHemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) y Presidente de la Cátedra“Nuestra América”, Universidad de La Habana</P>
<P>e-mail:jhernand@cehseu.uh.cuNumero ORCID: 0000-0001-7264-6984</P>
<H3>Resumen</H3>
<P>El artículo examina los procesos y cambios queconforman el contexto de crisis estructural y co-</P>
<P>Abstract</P>
<P>The article examines the processes and changesthat make up the context of structural and con-</P>
<P>junctural crisis that define North American so-yuntural que definen a la sociedad norteamerica-</P>
<P>na a inicios del tercer decenio del sigloXXIy quese proyectan con un rumbo incierto, con implica-ciones para el tablero estratégico global. El aná-lisis se focaliza en las relaciones existentes entrela recesión económica en curso, el impacto de lapandemia del nuevo coronavirus y las elecciones</P>
<P>ciety at the beginning of the third decade of the21st century and that are projected with an un-certain course, with implications for the globalstrategic board. The analysis focuses on the exis-ting relationships between the ongoing econo-mic recession, the impact of the new coronavirus</P>
<P>presidenciales que tienen lugar en 2020, en unacrisis general que no ha abandonado la escena y</P>
<P>pandemic and the presidential elections that takeplace in 2020, in a general crisis that has not left</P>
<P>se manifiesta no sólo en la esfera económica, sinotambién en la sociopolítica y cultural de los Esta-dos Unidos en las últimas décadas. La exposiciónse estructura en tres partes. La primera resumelas nociones básicas, a manera de un abreviadomarco teórico, desde el que se aborda la realidadnorteamericana. La segunda entrelaza el análisisde las crisis y los procesos electorales con una mi-rada muy panorámica. La tercera examina la pan-demia en el complicado contexto de la recesión encurso y de la no menos compleja campaña presi-dencial de 2020, cuyas expresiones son parte de la</P>
<P>the scene and is manifested not only in the eco-nomic sphere, but also in the sociopolitical andcultural sphere of the United States in recent de-cades. The exhibition is structured in three parts.The first summarizes the basic notions, as an ab-breviated theoretical framework, from which theNorth American reality is approached. The se-cond interweaves the analysis of crises and elec-toral processes with a very panoramic view. Thethird examines the pandemic in the complicatedcontext of the ongoing recession and the no lesscomplex 2020 presidential campaign, whose ex-</P>
<P>pressions are part of the logic of contemporary USlógica del imperialismo norteamericano contem-</P>
<P>poráneo.</P>
<P>Palabras clave:Crisis, elecciones, contradiccio-nes, pandemia, imperialismo.</P>
<P>imperialism.</P>
<P>Key words: Crisis, elections, contradictions,pandemic, imperialism</P>
<P>*Una versión preliminar de este trabajo fue presentada como ponencia en el Primer Congreso Latinoamericano “Crisismundial y geopolítica”, realizado en noviembre de 2020 en Buenos Aires, de modo virtual, bajo auspicios del Centro deInvestigaciones en Política y Economía (CIEPE) y el Observatorio Internacional de la Crisis (OIC).</P>
</Part>
<Part><P>Estados Unidos, la crisis y la lógica del imperialismo</P>
<H1>Introducción</H1>
<P>Los Estados Unidos viven una crisis definidano solo por problemas y dificultades de caráctereconómico, sino por un complejo de contradic-ciones que abarca lo político, lo social, lo ideoló-gico, lo cultural, lo ecológico, lo estratégico, quese manifiesta en una escala internacional com-pleja, a nivel global. Al decir de William Robin-son, “no se trata de una crisis cíclica, sino estruc-tural, una crisis de restructuración”, que “tiene elpotencial de convertirse en una crisis sistémica”(Robinson, 2013: 10). En este sentido, la crisisforma parte esencial de la propia dinámica derestructuración constante de la modernidad ca-pitalista que lleva consigo el imperialismo con-temporáneo, cuya configuración geopolítica seha hecho más amplia y profunda.</P>
<P>En la actualidad, según lo ha explicado DavidHarvey, “las grandes contradicciones acumula-das durante el desarrollo histórico del capitalis-mo ya no encuentran soluciones apegadas a sus</P>
<P>hegemónica del imperialismo contemporáneoen los Estados Unidos, entendido este últimocomo el carácter permanente del capitalismo allí(Amin, 2001). Y esa ideología se aparta a pasosagigantados, desde hace cuatro décadas, de losvalores y mitos de la democracia liberal burgue-sa representativa que ha acompañado al modode producción capitalista y a la cultura nacionalen ese país. Ello se acrecienta en la nueva arti-culación del consenso que necesita la hegemo-nía imperialista hoy, dados sus notables alcancesgeopolíticos, presentando rasgos que la acercanal pensamiento fascista, ahondando ello las con-tradicciones con el sistema de valores y la sim-bología con que se asocia la fundación mismade la nación y se representa a los Estados Unidoscomo modelo democrático universal (Hernán-dez Martínez, 2018).</P>
<P>Con posterioridad a la Segunda Guerra Mun-dial, la historia de los Estados Unidos demuestraque las estructuras y contextos que han acompa-</P>
<P>ñado al desarrollo capitalista en ese país han con-racionalidades y mecanismos de articulación y</P>
<P>funcionamiento tradicionales y no parecen teneruna salida satisfactoria dentro de los márgenesde la propia lógica del capital y de las formas defuncionamiento del sistema mundial” (Harvey,2013).</P>
<P>En ese proceso de restructuración y búsquedade soluciones, la tradición política liberal se ago-ta, en la medida que pierde funcionalidad para lareproducción del imperialismo norteamericano,y se abren paso, de manera sostenida y creciente,tendencias ideológicas conservadoras y de dere-cha radical, con expresiones internas e interna-cionales, que naturalizan las relaciones socialesde dominación y cancelan las alternativas ante elpoderío imperialista. Asumiendo a Marx y Le-nin, y siguiendo a Gramsci y Foucault, se trata deque la producción de concepciones del mundo,de imaginarios colectivos, están en la base de laproducción de las relaciones de poder que com-ponen la hegemonía. La producción ideológicase halla, así, en el centro mismo de la dinámica</P>
<P>dicionado una gran capacidad adaptativa del im-perialismo contemporáneo, el cual ha sido capazde realizar ajustes y reajustes que le han permitidoabsorber y superar los efectos recurrentes de suspropias crisis. Así ha transitado por conmocionesy estremecimientos de diversos signos y calados,sobresalientes en períodos como los de las déca-das de 1960, 1970, 2000 y 2010, con impactos parael entorno estratégico mundial. No podría ser deotra manera, dado el lugar y papel determinantede los Estados Unidos en el sistema internacional,y de su liderazgo en el subsistema imperialista.</P>
<P>En ese contexto, la sociedad norteamericanase asoma a la tercera década del siglo en curso,al concluir el año 2020, en momentos de profun-dización de la crisis capitalista, palpable en ungrueso rango de contradicciones, que incluyen larecesión económica, los daños provocados por lapandemia de la COVID-19, que la refuerza, jun-to a la polarizada contienda electoral de 2020, enuna nación signada por la incertidumbre, la crisis</P>
<P>33</P>
</Part>
<Part><P>de credibilidad y legitimidad de los partidos y loscandidatos a la presidencia, unido a un desgastede la tradición política liberal y de una sostenidaespiral ideológica conservadora. La pandemia es,a la vez, expresión y catalizador de una crisis másamplia, cuya espina dorsal es económica, peroque además es política, social, cultural, ecológicay sanitaria. Su ineficiente manejo gubernamen-tal responde no sólo a la irresponsable presiden-cia de turno, personificada en la figura de DonaldTrump, sino al sistema político vigente, amparadoen un Estado neoliberal, dentro del cual se articu-la el disfuncional sistema de salud norteamerica-no (Carbone, 2020).</P>
<P>La presente ponencia se adscribe al punto devista según el cual “la pandemia de la COVID-19no es la causa de una gran crisis económica, sinoque la aceleró. Esa crisis ya era efectiva antes deque esta plaga vinera a precipitar su expansión”(Castro, 2020). Con similar línea de pensamiento,pero con matices referidos de manera específicaal caso de los Estados Unidos, se ha señalado que“quienes asociaron los problemas de las bolsascon la epidemia del coronavirus estaban confun-diendo dos fenómenos distintos (…) la crisis deWall Street no era culpa del coronavirus (…) paraentender la crisis, hay que orientar la discusiónhacia el funcionamiento del sistema capitalista aescala mundial” (Gandásegui, 2020). A estas pre-cisiones, que colocan adecuadamente a la pande-mia en el contexto de la crisis general capitalista,conviene agregar otra, concerniente al hecho deque la crisis en los Estados Unidos se ha venidoevidenciando, además, en un proceso de declina-ción hegemónica —relativa en ciertos ámbitos—cuyas implicaciones forman parte de ese entornointegral del imperialismo en la actualidad.</P>
<P>Desde tales puntos de vista, queda claro que lasituación norteamericana, en su conjunto, está de-finida por la crisis estructural de un sistema quese hace más intensa por su coincidencia con unacrisis coyuntural, en la que se cruzan las particu-laridades que introducen procesos como el de las</P>
<P>34</P>
<P>elecciones presidenciales correspondientes a 2020y el de los estragos de la COVID-19, que concu-rren circunstancialmente en un oscuro laberinto(Gambina, 2020). Resulta oportuno iluminar eseentramado de relaciones desde la perspectiva delas ciencias sociales marxistas, bajo el lente de laconcepción materialista de la historia, la teoríadel imperialismo y los presupuestos teóricos dela politología, la sociología y la economía políti-ca, que encuentran resonancia hoy en el pensa-miento crítico (Escobar, 2013). A la luz de talesreferentes teóricos, procesos específicos, ubicadosen distintos planos, pero interconectados, comolas crisis, los cambios, los reajustes y las eleccio-nes, son expresión de —y deben ser comprendi-dos por— la lógica del imperialismo (HernándezMartínez, 2010). Con esa intención, el trabajo seha estructurado en tres partes.</P>
<P>La primera expone de manera concentrada lasnociones básicas que conforman un abreviadomarco teórico, desde el que se aborda la realidadnorteamericana. La segunda entrelaza el análisis delas crisis y los procesos electorales con una miradamuy panorámica. La tercera examina la pandemiaen el complicado contexto de la recesión en curso,de la no menos compleja campaña presidencial, ycoloca su análisis en el marco de la lógica del impe-rialismo norteamericano contemporáneo.</P>
<H1>Premisas</H1>
<P>La definición que hizo Lenin del imperialismohace más de un siglo estaba referida al contex-to histórico de la Primera Guerra Mundial y a losaños siguientes, cuando dicho fenómeno adquiríavisibilidad y plenitud multidimensional, como re-sultado de la monopolización y del nacimiento delcapital financiero, que dejaban atrás la época delcapitalismo de libre competencia. Como lo precisóen su conocida obraEl imperialismo, fase superiordel capitalismo—cuyo título resumía lo fundamen-tal de su comprensión—-, el análisis que realizó seenfocaba sobre un período histórico específico, eraprincipalmente teórico y se limitaba a sus rasgos</P>
</Part>
<Part><P>Estados Unidos, la crisis y la lógica del imperialismo</P>
<P>económicos fundamentales, sin contemplar otrosaspectos importantes, con lo cual indicaba que suaproximación no era exhaustiva (Lenin, 1968). Poreso mismo, toda vez que no se trataba de una defi-nición acabada, es que su implicación metodológi-ca, como guía para ulteriores indagaciones y comomarco general, ha seguido siendo válida. A la vez,su caracterización estructural expuesta enEl impe-rialismo y la escisión del socialismoha mantenidosu vigencia como articulación económica global, apesar de los cambios que desde entonces han teni-do lugar y de que, como todo fenómeno históri-co, el imperialismo se ha transformado. Las expre-siones concretas reales de los atributos que Leninidentificó han ido variando en consonancia con lasdiferentes condiciones históricas, más conservanactualidad sus puntos de partida: “El imperialismoes una fase histórica especial del capitalismo. Lasustitución de la libre competencia por el monopo-lio es el rasgo económico fundamental, la esenciadel imperialismo. El capital financiero es el capitalindustrial monopolista fundido con el capital ban-cario se ha iniciado el reparto económico. La ex-portación del capital, a diferencia de la exportaciónde mercancías bajo el capitalismo no monopolis-ta, es un fenómeno particularmente característico,que guarda estrecha relación con el reparto econó-mico y político-territorial del mundo. Ha termina-do el reparto territorial del mundo de las colonias”(Lenin, 1974: 57).</P>
<P>Esta precisión no debe perderse de vista, ya quees frecuente encontrar interpretaciones unilatera-les, economicistas, del enfoque leninista. Segúnlo advierten Petras y Veltmeyer, la mayoría de losteóricos del imperialismo recurren a un tipo dereduccionismo económico en el cual se minimi-zan o ignoran las dimensiones políticas e ideoló-gicas del poder imperial y se sacan de contextocategorías como las de inversiones, comercio ymercados (Petras y Veltmeter, 2012).</P>
<P>El proceso que sigue a la Segunda Guerra Mun-dial le imprime al imperialismo contemporáneo sufisonomía como sistema internacional que, sobre la</P>
<P>base de tales rasgos, coloca su epicentro en los Es-tados Unidos, alcanzando la condición hegemóni-ca que desde entonces se manifiesta —entre rivali-dades interimperialistas, contradicciones globales,competencias productivas y tecnológicas, conflic-tos bélicos y redes de alianzas—, con una definidaproyección geopolítica, ampliando su radio de in-fluencia por los espacios más diversos: geográficos,económicos, políticos, militares, ideológicos, cul-turales, y en períodos más recientes, cibernéticos.Esa hegemonía, como expresión multidimensionalque alcanza en el citado contexto posbélico, es inte-gral y dinámica. Se manifiesta con ritmo crecienteen los espacios mencionados. Tanto al interior dela nación norteamericana como en sus relacionesexternas impera un consenso que se materializa através de una diversidad de aparatos ideológicosdel Estado, que incluyen instituciones educativas yculturales, medios de comunicación, organizacio-nes sociales, cuyo accionar conjunto propicia di-namismo mediático-propagandístico, optimismosociocultural, desarrollo de alianzas diplomáticasy militares internacionales, expansión ideológica yauge económico-financiero.</P>
<P>Las nuevas codificaciones acerca de la “amena-za”, que se estructuran bajo la Guerra Fría, susti-tuyen el peligro fascista por el comunista, erigién-dose la confrontación geopolítica en un mundobipolar, entre el “Este” y el “Oeste”, en la piedraangular de la política exterior norteamericana, encuya narrativa se jerarquiza la importancia de de-fender la seguridad nacional, concebida como pre-texto y función de la hegemonía internacional. Esecomplejo y contradictorio proceso ideológico con-diciona (y a la vez, es resultado de) una profundi-zación creciente de la condición hegemónica de losEstados Unidos o para expresarlo con mayor exac-titud, del imperialismo norteamericano. En la me-dida en que se afirma el consenso, se convierte enfuente de legitimidad de las políticas en curso, sinque aparezcan dentro de esa sociedad límites mo-rales o legales trascendentes en su despliegue. Esalegitimación posee un valor agregado. Expresa los</P>
<P>35</P>
</Part>
<Part><P>intereses de una clase dominante, es resultado de lalegitimación ideológica del poder del Estado, im-pregnando la conciencia de las clases dominadas.</P>
<P>Se trata del consenso que necesita el imperialis-mo. En este sentido, según Foucault, se manifies-ta la función de la ideología como mecanismo depoder: el poder no es algo que se posee, sino quese ejerce. Para Foucault, el poder es ante todo des-pliegue de relaciones de fuerza, de dominación.Y la ideología sella la creación de consenso, sintener que apelar a la coerción (Foucault, 2001).Desde este punto de vista, se corrobora la inter-pretación gramsciana, según la cual la clase do-minante ejerce su poder no sólo por la coacción,sino porque logra imponer su visión del mundoa través de los mencionados aparatos ideológicosdel Estado, que garantizan el reconocimiento y lainternalización de su dominación por las clasesdominadas. Se trata del proceso de conformaciónde consensos para asegurar su hegemonía, in-corporando algunos de los intereses de las clasesoprimidas y grupos dominados. La mejor expre-sión de la hegemonía, o su momento de mayoreficiencia, es cuando no necesita estar acorazadade coerción (Gramsci, 1974).</P>
<P>Estas precisiones son relevantes en la medida enque en las condiciones del imperialismo contempo-ráneo, en la actuación interna y externa de los Esta-dos Unidos, tiende a ser más frecuente la domina-ción, y no resulta tan cotidiana la hegemonía. SegúnIsabel Monal, “el mundo actual se encuentra en pre-sencia de una nueva fase del imperialismo suma-mente agresiva y de fuerte tendencia expansionista”(Monal, 2017: 104). Ello resulta lógico, ya que comoseñalara Lenin, “el viraje de la democracia a la re-acción política constituye la superestructura políticade la nueva economía, del capitalismo monopolis-ta (el imperialismo es el capitalismo monopolista).La democracia corresponde a la libre competencia.</P>
<P>Al producirse el llamado “fin” de la Guerra Fría,a comienzos de la década de 1990, el término deimperialismo había prácticamente desaparecidodel lenguaje periodístico, académico, partidistay gubernamental. En palabras de Atilio Boron,el irresistible ascenso del neoliberalismo comoideología de la globalización capitalista en las úl-timas dos décadas del siglo pasado conducía enunos casos a ignorar su significado conceptual yen otros, a cuestionar. Las premisas mismas de lasteorías clásicas del imperialismo, formuladas porHobson, Hilferding, Lenin, Bujarin y Rosa Lu-xemburgo (Borón, 2004).</P>
<P>Desde que comienza la actual centuria, existeen los Estados Unidos un renovado sistema dedominación imperialista ajustado a las circuns-tancias cambiantes del sistema-mundo, que di-fiere bastante del que existía en la época en queLenin caracterizó al imperialismo, en los prime-ros decenios del sigloXX. Teniendo en cuenta elcondicionamiento histórico de todo proceso so-cial, está claro que el imperialismo no es un fenó-meno inmutable. Por tanto, en el sigloXXIse tratade otra realidad, definida por los efectos acumu-lados de dos guerras mundiales, de varias fasesen el desarrollo de revoluciones científico-técni-cas, de profundos cambios políticos y culturales,acompañados de la globalización neoliberal, entreotros fenómenos que han transformado al modode producción capitalista, impulsando nuevas re-laciones sociales y desarrollando las fuerzas pro-ductivas. El auge del pensamiento único (bajo laconfluencia ideológica del neoliberalismo, el pos-modernismo, y de un renovado irracionalismofilosófico), conlleva una narrativa concentradaen la globalización y la posmodernidad, centra-da más en visiones apocalípticas sobre el fin delmundo que en el fin del capitalismo. Con ello sedeja a un lado al imperialismo, como algo anacró-</P>
<P>nico.La reacción política corresponde al monopolio (…).</P>
<P>Tanto en la política exterior como en la interior, elimperialismo tiende por igual a conculcar la demo-cracia, tiende a la reacción” (Lenin, 1973: 34).</P>
<P>36</P>
<P>En cambio, el imperialismo sigue vigente. Hacambiado, pero sigue siendo imperialista. Másallá de ciertas modificaciones en su morfología,</P>
</Part>
<Part><P>Estados Unidos, la crisis y la lógica del imperialismo</P>
<P>sus componentes o rasgos estructurales, en esen-cia, son los mismos: los grandes monopolios dealcance transnacional y base nacional, fruto de laelevada concentración de la propiedad, y del capi-tal, junto a los gobiernos de los países metropoli-tanos o potencias imperialistas; las institucionesfinancieras internacionales, que integran una ar-quitectura mundial; los procesos de exportaciónde capitales, en interacción con una tendencia re-cíproca y complementaria, a partir de la cual elimperialismo también recibe los efectos impor-tadores; y la continuidad del proceso geopolíti-co y geoeconómico, relacionado con el controlde territorios, mercados, materias primas e in-versiones. Por su diseño, propósito y funciones,esos elementos no hacen sino otra cosa que re-producir, consolidar y perpetuar la vieja estruc-</P>
<P>es un ejercicio intelectual complejo, sobre todopor las condiciones en que tiene lugar, al concluirla década de 2010.</P>
<P>Con razón se ha afirmado que “el término crisiseconómica, o crisis, en general, ha sido tan prodi-gado que confunde, se ha convertido en una es-pecie de comodín que sirve para cualquier cosa”(Martínez, 2012). En este trabajo se asume la cri-sis en su sentido más amplio, entendiéndola comocambio, y se le denota como un proceso multi-dimensional que lleva consigo transformacionesque afectan la totalidad de un sistema y se prolon-gan en el tiempo (Gandásegui, 2007). El análisisse acoge a la perspectiva esbozada por Marx en elprólogo a laContribución a la crítica de la econo-mía política, al aludir a una crisis estructural delmodo de producción capitalista, en términos más</P>
<P>tura imperialista. Su lógica de funcionamiento noes la misma desde el punto de vista de la forma,pero en cuanto a sus contenidos y esencia sí lo es.</P>
<P>bien de largo plazo, y precisar que el desarrollode contradicciones entre las fuerzas productivasy las relaciones de producción existentes significa</P>
<P>Como también lo es la ideología que justifica suexistencia, los actores que la dinamizan y los re-sultados de las relaciones de dominación y hege-mónicas, de opresión, explotación y control quepromueve. En este sentido, la práctica imperialis-ta es, por definición, profundamente geopolítica.El sistema de dominación que construye no pue-de sino desarrollarse a partir del ejercicio del po-der en todos los espacios, incluyendo en el sigloXXI, de manera prioritaria, el ideológico, el cultu-ral y el cibernético.</P>
<P>La presencia, ampliamente estudiada, de unacrisis global que se despliega en los Estados Uni-dos desde el decenio de 1970, explica en granmedida los acontecimientos más recientes en laescena integral de ese país. Se trata de un proce-so que aflora desde entonces con intermitencias,manifestándose con profundidades, extensiones yfluideces diversas, lo cual hace difícil descifrar lasespecificidades y superposiciones de la crisis ensus dimensiones más variadas. Como sucede conlos procesos que se hallan en pleno despliegue, eldiscernimiento de la crisis norteamericana actual</P>
<P>un cambio “en la base económica trastorna máslenta o rápidamente toda la colosal superestruc-tura” (Marx, 1973:7). Lo que así bosqueja en untexto tan sintético, como es conocido, lo desarro-lla puntualmente en los Grundrisse y en diversassecciones de su extensa obra, El capital (Marx,2002).</P>
<P>Harvey considera como un lugar común el he-cho de que las contradicciones del capitalismo,como sistema, se manifiestan cíclicamente a tra-vés de crisis y de que estas, de hecho, no sólo soninevitables sino también necesarias, en tanto úni-cas formas de restaurar el equilibrio y de resolver,al menos temporalmente, las tensiones internasde la acumulación de capital. En ese trayecto, pro-sigue, es que el capitalismo ha sobrevivido, a pesarde las numerosas predicciones de su inminentedesaparición, lo que sugiere que dispone de sufi-ciente fluidez y flexibilidad para superar todos loslímites, que no excluyen el uso de fórmulas vio-lentas. “Las crisis son, por decirlo así —señala—,racionalizadoras irracionales de un capitalismosiempre inestable” (Harvey, 2012: 65). Ese criterio</P>
<P>37</P>
</Part>
<Part><P>es congruente con la idea expresada por Marx, queconsidera a las crisis como mecanismos del sistemacapitalista para restablecer el equilibrio a través dela conmoción generalizada del mismo. Su análisisdeja claro que al sistema capitalista le son consus-tanciales las crisis periódicas debido a su naturale-za esencialmente contradictoria (Bolitvinik, 2010).El modo de producción capitalista impulsa el desa-rrollo permanente de las fuerzas productivas, peroeste desarrollo choca inevitablemente contra los lí-mites que impone el mismo sistema capitalista, yesta contradicción da lugar de manera inevitablea las crisis como medio de resolverla. Por consi-guiente, como también es conocido, las crisis nose originan por factores externos, sino que respon-den a la propia dinámica interna del capitalismo,pudiendo adoptar, incluso, formas violentas (RuízSanjuan, 2014). Como lo precisara Marx enEl ca-pital, “esas diversas influencias se hacen sentir, orade manera más yuxtapuesta en el espacio, ora demanera más sucesiva en el tiempo; el conflicto en-tre las fuerzas impulsoras antagónicas se desahogaperiódicamente mediante crisis. Estas siempre sonsolo soluciones violentas momentáneas de las con-tradicciones existentes, erupciones violentas querestablecen, por el momento, el equilibrio pertur-bado” (Marx, 1996).</P>
<H1>Estados Unidos y la crisis capitalista</H1>
<P>Así, la crisis en que viven en los Estados Unidosen 2020 no es exclusivamente sanitaria, sino de ex-presiones múltiples: económica, social, política ycultural, y se desenvuelve en un entorno de agudi-zación de conflicto racial, motivado por un repun-te de represión y violencia policial, acompañadade protestas masivas, pero también de gran indife-rencia. En el fondo, se contraponen, una vez más,relaciones de poder, contradicciones clasistas. Laimpunidad, el cinismo, la intolerancia y la repre-sión estatal que dibujan la dominación imperialistaejercida por las clases dominantes al interior de laformación social norteamericana generan reaccio-nes masivas en buena medida espontáneas que no</P>
<P>38</P>
<P>están respaldadas por un amplio consenso popular,pero que dejan ver la creciente inconformidad dediversos sectores, marginados del poder, entre loscuales han sobresalido las voces de movimientossociales, la clase obrera, las llamadas minorías y laintelectualidad, junto a las posiciones del PartidoDemócrata, que aprovecha el contexto para ganarespacios como fuerza opositora en la contiendaelectoral frente al Republicano, en el gobierno.</P>
<P>Vista en perspectiva, la crisis es sistémica (por-que afecta al sistema capitalista en su conjunto),es estructural (porque se expresa en múltiplesdimensiones y niveles) y es civilizatoria (porquevulnera el proceso de interacción sociedad-natu-raleza y coloca en una encrucijada el lugar cen-tral del hombre, al priorizarse la importancia delmundo de los negocios y las ganancias por enci-ma de la vida humana). La manera en que el pre-sidente Trump manejó los problemas causadospor la enfermedad del coronavirus y la magnitudde las insuficiencias profesionales, administra-tivas, logísticas y de funcionamiento del sistemade salud, así como de la política pública sanitaria,revela que —valga la reiteración— “la crisis es delargo plazo, de todo el sistema y es además mul-tidimensional. Se trata de una crisis estructural ysistémica, una crisis civilizatoria que prohíja unay varias crisis. No se trata de una superposición,sumatoria o concatenación de crisis, sino que serefiere a expresiones del agotamiento de la estra-tegia de expansión capitalista neoliberal, basadaen estrategias espurias, como la explotación ex-tenuante del trabajo inmediato, la superexplota-ción del medio ambiente y la financiarización dela economía mundial” (Márquez, 2012).</P>
<P>La crisis norteamericana contemporánea esexaminada ampliamente en la literatura especia-lizada por diversos autores y enfoques, que en ge-neral coinciden en su profundidad, extensión yperdurabilidad de sus efectos, así como en el he-cho de que es expresión de la crisis del neolibe-ralismo, y en que puede culminar el proceso dedeclive hegemónico de los Estados Unidos que</P>
</Part>
<Part><P>Estados Unidos, la crisis y la lógica del imperialismo</P>
<P>se registra durante los últimos veinte años, en elcontexto de la crisis del sistema capitalista mun-dial. El debate acerca de la declinación norteame-ricana incluye distintos puntos de vista, prevale-ciendo el criterio de que se trata de un procesorelativo, y de que no se traduce en un desplomedel mayor de los imperialismos en un breve pla-zo (Maira, 2015). Aunque se reconoce que cadavez más otros sujetos globales, como China y Ru-sia, le disputan determinados espacios, tambiénse destacan las potencialidades y recursos de losEstados Unidos como garantes de su posición he-gemónica y expresiones de sus capacidades parasuperar las crisis y depresiones cíclicas (Wallers-tein, 2003 y Arrighi, 2005). Pero ciertamente, losEstados Unidos muestran limitaciones en cuantoa generar con sostenibilidad crecimiento econó-mico y desarrollo humano, al mismo tiempo queno han podido ocultar su fracaso al promover po-líticas de ajuste estructural y operar resortes de lainstitucionalidad capitalista a través de entidadescomo el Fondo Monetario Internacional, el BancoMundial y la Organización Mundial de Comercio.En ese marco, las imágenes generalizadas so-bre los Estados Unidos han cambiado. La situa-ción actual contrasta profundamente con la queestaba generalizada unas décadas atrás. La naciónnorteamericana era vista como una economíapróspera, como una sociedad altamente eficiente,con una población laboriosa, disciplinada y pro-ductiva, con servicios públicos funcionales, pre-supuestos balanceados, con inversiones amplias</P>
<P>extendió el declive general, tales representacionesceden el paso a miradas alejadas de aquel triun-falismo y optimismo, conduciendo al cuestiona-miento de los logros del Coloso del Norte en sueconomía, sociedad, cultura, política y gobierno.A partir de las conmociones de 2001, y sobre todo,luego de las que tienen lugar entre 2007 y 2009,las secuelas negativas conforman un definido en-torno de crisis, entre recuperaciones parciales yefímeras, que trasciende al presente, por encimade logros pasajeros de alguna que otra Adminis-tración (Ornelas, 2012).</P>
<P>La sombra de una crisis inconclusa, con efectosacumulados en el presente siglo hasta el inicio desu tercer decenio, puede caracterizarse por proce-sos y situaciones que mantienen mayor o menorpresencia, con altibajos, pero que no abandonanla escena. Los principales episodios críticos regis-trados en las dos últimas décadas han sido objetode no pocos trabajos, que abordan la crisis con-temporánea como un proceso cíclico y de largaduración, apoyándose en la concepción de los ci-clos de Kondratiev (Martins, 2010 y 2012). Y porotros, que pasan revista a las variables o indica-dores macroeconómicos que reflejan los cambiosen el patrón de reproducción estadounidense, losprocesos recesivos, de ajuste y recuperación, po-niendo atención a los desequilibrios, las caídasde la bolsa, las burbujas especulativas, las tasasde interés en el mercado de capitales, entre otros.Entre ellos, particular interés presentan la miradaa la crisis económica y financiera ocurrida entre</P>
<P>y seguras, políticas fiscales y monetarias sanas, y</P>
<L><LI>2007 y 2009, como parte de las transformaciones</LI>
</L>
<P>superávits comerciales permanentes. Se le perci-bía como una sociedad armoniosa, con una clasemedia en constante expansión, con gran movili-dad social, como un modelo de democracia libe-ral. Desde luego que se trataba de visiones edul-coradas, manipuladas por el poderoso andamiajede aparatos ideológicos del Estado capitalista, queminimizaba, tergiversaba y ocultaba las realida-des de pobreza, discriminación, violencia y ex-plotación. Pero en la medida que comenzó y se</P>
<P>iniciadas en los años de 1970, con implicacionesinternacionales que rebasaron la economía nor-teamericana, que “no debe apreciarse solamentecomo una gran crisis cíclica más, sino como par-te de un ajuste estructural de mayor alcance”, conefectos acumulativos y palpables cincuenta añosdespués” (Fernández Tabío, 2012: 208).</P>
<P>Más allá de las cifras y cuadros estadísticosque se pueden consultar en estudios de ese cor-te, un inventario cualitativo, aunque seguramente</P>
<P>39</P>
</Part>
<Part><P>incompleto, ilustrativo de la recurrente secuenciade signos de crisis, que se amontonaban en oca-siones de modo latente, cuando no manifiesto,conducentes hoy al escenario en que se desplie-ga la pandemia de Coronavirus, no podría omi-tir los siguientes aspectos, que se relacionan sinorden de prelación: crecimiento lento e inestablede la economía, descensos del Producto InternoBruto, aumento de la deuda externa, dificultadescon el papel del dólar como moneda rectora de laeconomía global, incrementos del desempleo y delos niveles de pobreza, disminución del ingresomedio, deterioro de las infraestructuras y de losservicios públicos, definidos por contribucionesfiscales bajas y déficits altos, problemas con las re-des de energía y tecnologías digitales, atrofia delos sistemas educativos, de salud y de seguridadsocial, colapso en el mercado de viviendas, debili-tamiento de la oferta constructiva. “Es en ese con-texto de recuperación productiva lenta y reptante,aunada a una burbuja especulativa sin precedenteen las bolsas y en los mercados financieros —seha afirmado con acierto—, cuando el coronavirusatrapa al capitalismo con los dedos en la puerta”(Guillén, 2020: 4).</P>
<P>De modo que el impacto de la COVID-19 apor-taba nuevos elementos al cuadro de crisis que pu-jaba por abrirse paso de nuevo en algún momentode 2020 o 2021, pero que sobre todo se insertabacomo factor catalizador de ello. En este sentido, esesclarecedora la opinión de Richard Hass —quiéncomo sabe, es el presidente delCouncil On ForeignRelations, formulada en un artículo publicado enabril de 2020 enForeign Affairs, la emblemáticarevista de ese centro de pensamiento, conocidopor su influyente papel en la vida política, cor-porativa e intelectual norteamericana— de quela pandemia, más que provocar una nueva crisisen los Estados Unidos, profundiza dimensionessociales, políticas y económicas de una situaciónque ya se manifestaba, si bien con menor inten-sidad. Según argumenta, esa situación mostra-ba que el deterioro del modelo norteamericano,</P>
<P>40</P>
<P>a causa de un persistente estancamiento políti-co, que se unía a la creciente violencia armada, lamala gestión que condujo a la crisis financiera de2007 a 2009. Lo que se introducía con la enferme-dad de la COVID-19 era, en su opinión, la tardía,incoherente e ineficaz respuesta gubernamentalpara enfrentar la epidemia. Para Hass, además demotivar ello una percepción generalizada de queese país perdió el rumbo, alimentaba la convic-ción de que los Estados Unidos no estaban en ca-pacidad de superar por sí solos otros graves pro-blemas, como el de la crisis climática, después deque las políticas de Trump habían dañado las con-diciones para la cooperación con China y otraspotencias mundiales. Su conclusión es que tras lapandemia, el orden internacional que se configu-re, alejado o no de la globalización, habrá dejadoun liderazgo estadounidense disminuido, en me-dio de una cooperación internacional incierta ycon mayor discordia entre los grandes centros delcapitalismo contemporáneo (Hass, 2020).</P>
<P>La apreciación de Hass, compartida por no po-cos especialistas, incluidos exponentes del pen-samiento crítico, tiene el valor —y por ello se lepresta aquí esa atención— de constituir un reco-nocimiento, desde la propia intelectualidad orgá-nica que responde a la lógica del imperialismo, delas realidades, perspectivas y opciones de la crisisactual de los Estados Unidos.</P>
<H1>Crisis y elecciones</H1>
<P>Entre los procesos que tienen lugar en la socie-dad norteamericana, las crisis económicas y laselecciones presidenciales son de los que suscitanmayor atención por parte de las ciencias sociales,los medios de comunicación y la opinión públi-ca. Ambos movilizan actitudes y conductas po-líticas, impactan la conciencia colectiva y tienenconsecuencias que trascienden las circunstanciasen que se llevan a cabo. Las crisis, por lo general,son predecibles y aparecen de modo cíclico. Superiodicidad es irregular y son resultado del dina-mismo intrínseco al sistema capitalista, en cuyo</P>
</Part>
<Part><P>Estados Unidos, la crisis y la lógica del imperialismo</P>
<P>marco ocurre una interacción recurrente entre co-yunturas internas e internacionales, con mayor omenor variación y permanencia. Pueden pronos-ticarse hasta cierto punto y controlarse mediantela aplicación de determinadas políticas guberna-mentales, dentro de contextos histórico-concre-tos. Su carácter objetivo establece una pauta en sudesenvolvimiento, a través de una secuencia queincluye la depresión y la recuperación. Las elec-ciones están sujetas, en cambio, a la regularidadque establece la Constitución para el funciona-miento del sistema político y transitan por unaserie de etapas según un esquema invariable decompetencia bipartidista, que comprende las pri-marias, las convenciones nacionales y los comi-cios finales. Su resultado está condicionado porla confluencia de factores diversos, de naturalezaobjetiva y subjetiva, entre los cuales las crisis y lasalternativas que ante ello ofrezcan los candidatosa la presidencia son decisivos. Y no lo son menoslas imágenes que de ello difunden los medios decomunicación tradicionales, las nuevas tecnolo-gías y las redes sociales, como elementos tambiéndeterminantes de las preferencias y los votos.</P>
<P>Con una dinámica esencialmente económica, lascrisis son, sin embargo, como ya se ha señalado, fe-nómenos multidimensionales, que repercuten enel tejido social en su conjunto, aun cuando ello nose manifieste siempre con inmediatez ni con efec-tos visibles en el corto y mediano plazos. En oca-siones, sus alcances se manifiestan de manera di-ferida, apreciándose una o dos décadas más tarde,</P>
<P>cuyo programa orientado a la superación de laGran Depresión, conocido comoNew Deal, se ar-ticulaba en torno a las propuestas keynesianas conbases de sustentación en una coalición de fuerzasintegrada por la diversas y activa sociedad civil—integrada por el movimiento obrero, negro, fe-menino, juvenil, la intelectualidad liberal, secto-res del partido demócrata y de los inmigrantes,sobre todo latinoamericanos—, la cual adquiriórenovada expresión en los años de 1960, durantelas conmociones que alcanzaron las luchas por laigualdad de derechos civiles y el auge de las ideasdel Estado de Bienestar. El dinamismo de viejaspropuestas ideológicas, unidas a nuevas deman-das, se reflejó en un activo accionar contestatario,plasmado en la crisis contracultural, que incluía elauge de la canción protesta, el movimiento negro,latino y elhippie, la moda desafiante en el vestir,las movilizaciones antibelicistas, contra el racis-mo, a favor de la emancipación femenina y delrespeto a la homosexualidad.</P>
<P>El segundo caso tiene que ver con la secuela delmovimiento conservador que reaccionó a finalesde la década de 1970 contra las diversas crisis deese período —la profunda recesión económica,el escándalo Watergate, el síndrome de Vietnam,el revés internacional propiciador de la crisis dehegemonía—, y respaldó ideológicamente a laRevolución Conservadora impulsada por las Ad-ministraciones de Reagan, que desde el siguien-te decenio permaneció en la cultura cívica, másallá de etapas en las que estuvo sumergido, hasta</P>
<P>en ámbitos como los de la política, la ideología y</P>
<P>su visible reaparición vigorosa veinte y cuarenta</P>
<P>la cultura. Un par de análisis realizados oportuna-mente en los años de 1980 sobre los procesos quetenían lugar en aquél contexto, ilustran lo plantea-do, conservan vigencia y permiten contrastar lacrisis en la época de la que se llamaría la “era Rea-gan” y el de lo que hoy se ha calificado como la “eraTrump” (Borón, 1981 y Morales, 1983). Ese signifi-cado aconseja prestarles atención.</P>
<P>El primero de esos casos concierne al legado delos gobiernos de Roosevelt en el decenio de 1930,</P>
<P>años después, respectivamente, con los gobiernosde W. Bush y de Trump, reafirmando su presenciacon nuevos matices y bajo otras condiciones his-tórico-políticas. De la lectura de ambas ejempli-ficaciones queda claro que las crisis provocaronefectos multiplicadores que desbordarían la di-mensión económica, con implicaciones sociopo-líticas y culturales, imbricándose directamentecon las campañas electorales y con los resulta-dos de las contiendas presidenciales, toda vez que</P>
<P>41</P>
</Part>
<Part><P>conllevaban cuestionamientos a los gobiernos deturno, en la medida en que la población identifi-caba los males del momento con sus desempeñosy depositaba expectativas de cambio en las pro-mesas de la oposición.</P>
<P>El siglo XX concluyó con un cuadro en los Es-tados Unidos que si bien no estaba signado porlas sombras de una crisis económica, la misma nose haría esperar, emergiendo en 2001, unos mesesantes de los atentados terroristas del 11 de sep-tiembre. Desde entonces, renacería la angustia enel campo político-ideológico, ante las afectacio-nes socioeconómicas al nivel de vida de la pobla-ción, a lo que se sumaría el clima de desolación ytemores como resultado de dichos atentados. Enaquel contexto se hicieron muy palpables las divi-siones en la sociedad norteamericana, las cualespermanecerían más allá de la coyuntural unidadinterna que provocaron los actos terroristas, es-tructurada en torno a la defensa de la seguridadnacional, pero mediante una noción más ligada ala vida cotidiana, en la medida en que implicabatambién la seguridad familiar y personal.</P>
<P>Circunstancias marcadas por la incertidum-bre, las expectativas y la búsqueda de alternativasserían, hasta cierto punto, las que rodearon a losprocesos electorales de 2008, 2012 y 2016, con ca-racterísticas diferenciables en uno y otro caso. En2008, la silueta de la crisis inmobiliaria y financie-ra se proyectó sobre toda la sociedad con profun-das implicaciones, lo cual perduró por un tiempoconsiderable y se amalgamó con la crisis ideoló-gica que reflejaba la necesidad de cambios, anteel rechazo al conservadurismo reinante, impuestopor W. Bush, y parecía augurar una nueva oportu-nidad a las ideas liberales, las cuales no llegaron acristalizar en términos convencionales ni con pro-fundidad con Obama. Empero, este concibió sucampaña en 2008 a partir del cambio, utilizandoesta palabra como símbolo central de la misma:Change. En 2012, fue obvia la frustración que mo-tivó la falta de correspondencia entre las prome-sas de Obama y su real desempeño en el primer</P>
<P>42</P>
<P>mandato, junto a las impactantes filtraciones demiles de documentos del Departamento de Esta-do a través de Wikileaks. Ya quedaba claro que suproyecto no significaba un retorno a la tradiciónliberal como tal, pero a pesar de todo, mantuvosu capital político, enfrentando la embestida nati-vista y populista de la derecha, al punto que tuvoque mostrar su certificación de nacimiento comoprueba de que era un auténtico estadounidense.En los comicios de 2012, parecía quedar atrás lacrisis económica en los Estados Unidos y se reavi-vaba una crisis ideológica y política, de desilusiónante los partidos y los políticos tradicionales. Enese marco, Obama llamaría en su campaña para lareelección a seguir adelante:Go forward.</P>
<P>La crisis de credibilidad y confianza extendidaen la sociedad norteamericana se haría más in-tensa, propiciando las fisuras en el sistema bipar-tidista. Luego de la inimaginable elección de unpresidente negro en 2008 y de su ratificación en2012, en 2016 se asistió a la no menos inusitadanominación de una figura femenina como can-didata, junto a la de un hombre conocido en losmedios televisivos y multimillonario, cuya pro-yección inusual, escandalosa e irreverente, le ha-cían ver como no presidenciable.</P>
<P>Ese resquebrajamiento se apreció además en si-tuaciones internas de los dos partidos. En el De-mócrata, fue sorprendente el ascenso de BernieSanders como precandidato, con una imagen deradicalismo socialista, de izquierda, en el sentidosocialdemócrata, que desbordaba las acostumbra-das posturas liberales de ese partido, que prevale-cieron en su cuestionamiento y suscribieron la no-minación de Hillary Clinton. En el Republicano, apesar de la pretensión por parte de los conservado-res tradicionalistas y de los neoconservadores porsalvar la imagen y la coherencia de su partido, querechazaban la figura de Trump, terminó por impo-nerse su candidatura dadas las divisiones existen-tes, en virtud de lo cual los grupos simpatizantescon elTea Party, los cristianos evangélicos y los li-bertarios vieron con buenos ojos esa alternativa.</P>
</Part>
<Part><P>Estados Unidos, la crisis y la lógica del imperialismo</P>
<H1>La lógica del imperialismo</H1>
<P>Trump sería resultado y expresión de una cri-sis política e ideológica, en un contexto de elec-ciones, como las de 2016, con antecedentes en losdecenios de 1960 y 1970, cuando surge lo que seconocería como la llamada nueva derecha, cuyassecuelas populistas, nativistas y racistas se han ex-tendido hasta el presente. Su retórica dividió a loselectores entre los que creían, de un lado, que sudesempeño preservaba la pureza étnica, la identi-dad cultural y la condición de los Estados Unidoscomo la pretendida nación imprescindible, y losque consideraban, de otro, que destrozaba la ima-gen universalizada del país que ha simbolizado elparadigma de la democracia y la libertad: la tierraprometida, el sueño americano. De alguna mane-ra, se vigorizaba el contrapunto que se había ma-nifestado entre el proyecto de reformas de Obamay la reacción de la extrema derecha, conservado-ra, entre el mencionadoTea PartyyOccupy WallStreet. En esa conflictividad, Trump enfrentabano solo a demócratas y republicanos, sino quefragmentaba internamente a estos últimos, refor-zando un contexto de crisis partidista.</P>
<P>A la vez, ello profundiza la crisis cultural que vive</P>
<P>la pandemia del nuevo coronavirus, que como seha argumentado, contribuyó a profundizar bue-na parte de los problemas acumulados duran-te el desempeño de Trump, la situación políticay la economía en ese país adquirieron crecientecomplejidad. Enfrascado en conflictos diversos,fue absuelto del juicio político al que se le some-tió, continuando sus pretensiones de sacar a losEstados Unidos de tratados y acuerdos interna-cionales, que no pocos estudiosos consideraban,precipitadamente, como indicios de que Trumpestaba revirtiendo la globalización, como si estano fuese un proceso histórico de naturaleza ob-jetiva, articulado en torno a un eje de internacio-nalización económica del capitalismo, que recibecondicionamientos subjetivos, pero que no puedeser revertido por ellos. Para expresarlo de modosucinto, lo que ha estado aconteciendo hasta elpresente, es expresión de —y se explica por— lalógica del imperialismo.</P>
<P>Esta afirmación se confirma cuando se apreciael curso anterior, asumido como antecedente ycontexto, de la dinámica político-ideológica. Ellodeja ver que la sociedad norteamericana ha esta-do claramente escindida durante los tres últimos</P>
<P>decenios del pasado siglo y aún más, en los dosel país, derivada del choque entre la política real y</P>
<P>los valores fundacionales de la nación. La escenapolítica norteamericana al terminar el decenio de2010 estaría definida, por tanto, por procesos quedibujaban una crisis integral. En el plano político,se definía con el desgaste del bipartidismo y la fal-ta de entusiasmo ante las alternativas ideológicasque ofrecían el liberalismo y el conservadurismo,expresivos más bien de rivalidades entre protago-nismos personales que entre proyectos de nación.Y en la economía, implicaba el reconocimientogubernamental oficial de que país entraba en re-cesión, en medio de las calamidades ocasionadaspor la pandemia. Así se completaba la perturbado-ra imagen de una sociedad en la que reinaban laincertidumbre, el temor, la desconfianza.</P>
<P>Cercana a su fin la contienda presidencial de2020, bajo el impacto de la crisis provocada por</P>
<P>que han transcurrido en el actual.</P>
<P>En ese marco, quizás convenga retomar algu-nos acontecimientos. Así, por ejemplo, en la con-tienda presidencial de 1992 —junto a la derrotarepublicana de George H. Bush y la victoria de-mócrata de William Clinton, que evidenciaron laspreferencias electorales—, llamó la atención unsingular fenómeno, que con cierto impacto divi-dió el voto popular y mostró que el bipartidismono encontraba una receptividad unánime en esepaís. La súbita aparición de un millonario con-servador sin partido, llamado Ross Perot, frac-cionó la base electoral de derecha que apoyaba aBush, y aunque no ganó un solo voto del Colegioelectoral, ello favoreció que el Partido Demócrata—que había sido derrotado en los tres comiciosanteriores— ganara las elecciones. En los Estados</P>
<P>43</P>
</Part>
<Part><P>Unidos, si bien ni los candidatos independientesni los llamados terceros partidos carecen de posi-bilidades reales para competir en tales procesos,dados los límites que fija el sistema bipartidista,su accionar refleja, junto a una marcada tendenciaabstencionista bastante recurrente, un grado nodespreciable de divergencias ante momentos tanrelevantes como los de la elección presidencial.</P>
<P>Otro punto de referencia significativo se ubicaen la contienda electoral de 2000, cuando la en-vergadura de las contradicciones que afloran enmedio de un prolongado, irregular y fraudulen-to proceso, con una presunta victoria de Al Gore,impiden la elección del presidente a través delmecanismo establecido y conduce a su designa-ción por el Poder Judicial. Con posterioridad, lasdiferencias políticas en el seno de esa sociedad seexpresan con elocuencia renovada, con mayor omenor profundidad, durante el desempeño delallí “elegido”, George W. Bush, que implicó enco-nados posicionamientos a favor y en contra de sucuestionado liderazgo. También, de otro modo,las contradicciones se pondrían de relieve en loscomicios de 2008, cuando los Estados Unidos seagitan ante las alternativas de que un hombre depiel negra o una mujer arribasen a la presiden-cia, y luego, cuando bajo el mandato de BarackObama, se reavivan el nativismo y el racismo, ar-ticulándose un amplio arco de rechazos y adhe-siones.</P>
<P>No obstante, tal vez sería en las coyunturas de2016 y 2020, en las que los contrapuntos genera-rían la mayor incertidumbre y dificultarían máslos pronósticos. Desde el inicio de ambas campa-ñas presidenciales, hasta sus resultados, se pon-drían de manifiesto intensos debates que cuestio-naban las bases del sistema político. Además dereiterarse la presencia femenina, y a reserva deque ya fue mencionado, vale la pena insistir enel hecho de que el espacio que alcanzaban tem-pranamente como precandidatos figuras que re-presentaban tendencias no tradicionales, comolas de Sanders y Trump, reflejaba un contrapunto</P>
<P>44</P>
<P>que parecía no encajar en los cauces habituales dela ideología burguesa norteamericana —liberal yconservadora—, que incluso fragmentaba la uni-dad partidista al interior de las filas demócratas yrepublicanas. Se abría, así, la discusión acerca dela crisis de un sistema que posibilitaba en 2016la elección de un presidente que atentaba contrasu propio diseño (al calificarse a Trump como“antisistema” o “rueda suelta” en el engranajeelectoral), y al viabilizarse en 2020 una inusita-da reacción por parte del presidente saliente, deresistencia a abandonar el cargo, que cuestionabalos resultados y argumentaba que se había realiza-do fraude, poniendo en entredicho, con más fuer-za que antes, la legitimidad de dicho sistema. Lasignificación de esto último, como ilustración delas crisis y contradicciones en que se desenvuelvela realidad estadounidense, sería difícil de sobre-valorar. Terminado el período de transición, en laantesala de la toma de posesión de Joe Biden, elpresidente Trump, aún en funciones, se proyec-taba hasta el último momento de modo recalci-trante contra los principios y resortes del mismosistema que le había elegido.</P>
<P>En ocasiones anteriores se habían producido enese país situaciones emparentadas con semejantesdiscusiones y crisis. El escándalo Watergate habíacolocado en los años de 1970 la crisis de confianzay de legitimidad en el centro de la sociedad nor-teamericana, en un contexto más amplio de diver-sas conmociones, propiciando inclusive la inusualrenuncia de un presidente, al anticiparse RichardNixon a las decisiones del juicio político que lehabía emplazado. En el decenio de 1980, la victo-ria de Ronald Reagan despertaba un trascendentedebate sobre lo que se consideró como el insólitoalcance de un movimiento conservador, con ca-pacidad de convocatoria nacional, entendido cualsuceso revolucionario que alteraba elmainstreamconvencional y apartaba a la nación de su patrónliberal. Más allá de que esa interpretación descui-dara aspectos fundamentales en la trayectoria his-tórica real de los Estados Unidos y alimentara una</P>
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<Part><P>Estados Unidos, la crisis y la lógica del imperialismo</P>
<P>visión mítica, lo cierto es que, junto al estremeci-miento de Watergate, aporta antecedentes comoescenario relacionado con el cuestionamiento dela dinámica política tradicional norteamericana,que refleja la existencia de hondas fisuras y clarascontradicciones. Y si bien las ejemplificacionescon situaciones y momentos específicos se refie-ren a entornos electorales, dado que en estos sonmuy visibles las tensiones político-ideológicas—que motivan estas reflexiones—, es necesarioque el análisis avance más allá de los mismos, pro-yectándose hacia las contradicciones que se ad-vierten en el desenvolvimiento más bien cotidia-no de esa sociedad.</P>
<P>A pesar de la victoria de Biden —en lo que incidióno poco el irresponsable manejo que hizo Trumpde la crisis provocada por la pandemia, de su limi-tado enfoque ante la crisis de la economía y de losestallidos sociales derivados de los sucesos racistasy de violencia policial, y del voto de castigo que re-cibió de diversos sectores sociales afectados—, locierto es que, contrastantemente, logró mantenerel respaldo de muchos de aquellos que se sintie-ron reconocidos con sus promesas discursivas en2016, y que se sintieron o fueron beneficiado con eldesempeño real de su gestión de gobierno (Mora-les, 2020). Según lo demostró la considerable cifrade votos populares que obtuvo, que superó los 70millones, Trump recibió el respaldo una señal deconsistencia y lealtad de las bases electorales que leapoyaron en aquellos comicios, simbolizada en eleco de las posturas ideológicas nativistas, racistas,populistas, que promovió, junto a sus críticas a laglobalización y a las políticas de Obama. Es decir,que sus consignasAmerica FirstyMake AmericaGreat Againconsiguieron movilizar, con capacidadde convocatoria nacional, a una gama de segmen-tos sociales y clasistas, entre ellos, de trabajadoresy capas medias, pero también de exponentes de laoligarquía financiera y elites empresariales, inser-tados en los círculos bancarios, de la construcción,los bienes raíces, la energía y el llamado complejomilitar industrial.</P>
<P>Los demócratas aprovecharon la oportunidadbrindada por la pandemia y el errático manejo delpresidente para promoverse, aunque en rigor, nodisponían de un proyecto realmente alternativo. Suprograma se había definido más bien a la defensi-va, con enunciados concebidos frente a la agendarepublicana, con la intención de ganar las eleccio-nes, pero carentes de una mirada trascendente, delargo plazo, de recuperación nacional. Su bajo ni-vel de iniciativa, hasta la reciente crisis, catalizadapor la enfermedad, no había satisfecho a plenitudlas expectativas de los que ansiaban un cambio ver-dadero, en condiciones tan difíciles como las quevivía y aún vive hoy el país, que se ha visto sacudi-do por la expansión de la COVID-19, entre con-mociones y estragos en esferas sensibles, como lade la economía y la salud pública, con altísimoscostos materiales y humanos. Con todo, la evolu-ción de la coyuntura benefició la figura de Biden,que se había situado como una alternativa electoralcada vez más viable, desde el abandono por par-te de Sanders de sus aspiraciones a la presidencia,mostrando moderación desde el debate televisivocon Trump, aunque tal vez junto a cierta pasividad,pero capitalizando a su favor el inesperado conta-gio por el presidente con la COVID-19. Tales situa-ciones, empero, no hicieron más que confirmar lapauta registrada hace años: la última etapa del pro-ceso electoral presidencial es un gran espectáculomediático, donde el sensacionalismo que acompa-ña la cultura de banalidad y frivolidad que define ala sociedad norteamericana opaca y desplaza la im-portancia de la situación real, objetiva, que vive lanación. En este sentido, el escenario político-ideo-lógico y cultural de los Estados Unidos ha exhibidofenómenos inusitados, como los que reflejaron elprofundo deterioro de la integridad de Trump, aldesacreditar al rival con insultos inéditos, cuestio-nar la legitimidad del voto por correo, la legalidaddel proceso, mostrar su decisión desesperada demantenerse a toda costa en el gobierno, descono-ciendo el resultado de las urnas, afirmando que eltriunfo demócrata era fruto del fraude.</P>
<P>45</P>
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<Part><H1>Reflexiones finales</H1>
<P>Los Estados Unidos se encuentran en un pro-ceso de cambio multidimensional, con expresio-nes en la economía, la política, la sociedad y lacultura. Se trata de una nueva etapa en la crisisestructural sistémica, en la que confluye la cri-sis sanitaria vinculada al nuevo coronavirus y laconcomitante recesión, prefigurada, según ya seindicó, desde hace un tiempo, aunque no estuvodefinida sino hasta hace unos meses. Esta última,no está de más reiterar, es resultado de fenóme-nos acumulados durante años y del efecto cata-lizador de la pandemia, dentro de los marcos delfuncionamiento del capitalismo contemporáneo,que una vez más muestra el carácter cíclico de sucrisis, que es también de legitimidad (Robinson,2020).</P>
<P>Al encontrarse entre los principales países conmayor número de contagiados y de fallecidos, lasociedad norteamericana no sólo se convertiría enla escena donde el drama humano se hizo más in-tenso, sino que simbolizaría la incapacidad del ca-pitalismo, como sistema, para enfrentar una crisisepidemiológica de la envergadura que alcanzó lapandemia de la COVID-19, al mostrar las impli-caciones de la contradicción capital-trabajo de lamanera más descarnada: la prioridad concedidaa los intereses privados a contrapelo del bienestarsocial y la disfuncionalidad de las políticas públi-cas de un Estado neoliberal, cuyo subsistema desalud exhibía las mayores limitaciones médicas,tecnológicas, logísticas y organizativas. La sobre-vivencia del sistema y no la del ser humano.</P>
<P>En ese contexto es que se llevaron a cabo laselecciones presidenciales de 2020, en medio deuna crisis, que se prefiguraba en diferentes pla-nos con independencia y anterioridad a la pan-demia del Coronavirus, pero que se profundizapor esta, impulsando la dimensión recesiva de laeconomía. El derrotero de la sociedad norteame-ricana ha estado y estará condicionado de mane-ra decisiva por los efectos de tales procesos y porlas implicaciones de la crisis de legitimidad con la</P>
<P>46</P>
<P>que concluye el insólito proceso electoral de 2020,cuya resonancia a través de la impugnación del expresidente y de su eventual enjuiciamiento polí-tico manejo, con resultados difíciles de predecir,hacen incuestionables los agrietamientos de unsistema cuya gobernabilidad también se halla enentredicho.</P>
<P>Pareciera que los resultados de los comicios de2020 en los Estados Unidos no conducirán a unperíodo que recomponga equilibrios y consensos,que redefina las relaciones entre Estado y merca-do, capital y trabajo (Hernández Martínez, 2020).La envergadura de los problemas augura una per-sistencia de las secuelas de varias crisis, conteni-das unas dentro de otras: la política, la cultural, laeconómica, y la estratégica, con un telón de fondoestructural, cuyo desenvolvimiento cíclico apuntahacia una depresión prolongada, al menos en tér-minos relativos, y una recuperación lenta, agra-vada por la especificidad de la crisis epidemio-lógica y sanitaria vinculada al Coronavirus. “Lapandemia fue solamente el detonador de la crisiseconómica, no su causa de fondo. En realidad, elcapitalismo arrastra desde hace medio siglo unatendencia al estancamiento, que se profundizócon la gran crisis de 2007-2008” (Guillén, 2020a:9). A ello se sumarían estremecimientos socialesde grandes proporciones, asociados a reaccionesmasivas de protesta contra hechos de violenciapolicial y de racismo, cuya magnitud y perma-nencia constituyen indicadores adicionales delgrado de conflicto existente en esa sociedad, queagravan el contexto de crisis descritos.</P>
<P>No se pierda de vista, por último, el hecho deque por encima de la victoria demócrata y de laderrota republicana en las urnas, los procesoselectorales en ese país, centro del imperialismomundial, no están concebidos ni diseñados paracambiar el sistema, sino para mantenerlo, conso-lidarlo y reproducirlo, en un marco en que el votopopular tiene sólo un valor indirecto, dado que lodeterminante allí es la votación de los integrantesdel Colegio Electoral. Lo más importante no tiene</P>
</Part>
<Part><P>que ver con el partido que resulta victorioso enlas urnas, ya que más allá de sus singularidades,tanto el Demócrata como el Republicano poseenun mismo signo clasista, el de la burguesía mono-polista. Sin desconocer el papel del individuo y dela personalidad en la historia, a partir de lo cualqueda claro que la figura que ocupa la presidencia(en este caso, Biden) tendrá un impacto de relie-ve, lo decisivo en el rumbo de los Estados Uni-dos serán los problemas reales de su economía,los intereses estratégicos permanentes de su clasedominante, de su elite de poder, las necesidadeshistóricas e imperativos de desarrollo del impe-rialismo allí.</P>
<P>Sobre esas bases se definirán objetivamentelas tendencias de desarrollo del sistema, y comoparte de ellas, los ciclos y las crisis del capitalis-mo norteamericano. Ello determinará, en medi-da fundamental, las direcciones, los contenidos,los ritmos y los instrumentos de la política delos Estados Unidos a partir de la tercera décadadel sigloXXI(Hernández Martínez, 2021). Conesa perspectiva, persistirá la marcha por un la-berinto imperialista, en el que se entrelazarán lalógica económica del neoliberalismo y la espiralpolítico-ideológica conservadora, con ribetes</P>
<P>incluso, al menos por momentos, fascistas, sindescartar las antinomias entre unos enfoquesproteccionistas, nacionalistas, chauvinistas, uni-laterales, aislacionistas, y otros de índole trans-nacional, globalista, multilateral, afín al idealis-mo internacionalista. Se trata, parafraseando aLenin, de que en las condiciones del imperialis-mo, como las de la realidad norteamericana, enel campo superestructural y de la cultura, en susentido más amplio, la tendencia se define por elgiro, cada vez más reaccionario, de la democra-cia liberal representativa, que llega a sus límites,tornándose cada vez menos democrática, menosliberal y menos representativa. Parece razona-ble suponer, entonces, que un reajuste como elque está en ciernes, acompañado en lo social deviolencia, despotismo y hasta barbarie, es hartoimprobable que pueda realizarse dentro de losmarcos demoliberales, que en realidad se con-trapone a lo que aspiró retóricamente la Revo-lución de Independencia de los Estados Unidos.Contradicciones y conmociones, por tanto, se-guirán definiendo, más que caminos, un laberin-to, prevaleciendo una vez más la lógica del impe-rialismo, trasladando ello una dinámica de crisisy conflictos al tablero estratégico mundial.</P>
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