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<Document><Art><Sect><P><Link>Crisis sistémica del orden mundial, transición hegemónica y nuevos actores en el escenario global</Link>
</P>
<P><Link>Systemic Crisis of the World Order, Hegemonic Transition and New Players on the Global Stage</Link>
</P>
<P>Dr. C. Juan Sebastián Schulz</P>
<P>Centro de Investigaciones en Política y Economía (CIEPE)</P>
<P>Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, UNLP/CONICET)</P>
<P>Centro de Estudios Chinos (Instituto de Relaciones Internacionales (UNLP)</P>
<P>GT Geopolítica, integración regional y sistema mundial (CLACSO)</P>
<P>GT China y el mapa del poder mundial (CLACSO)</P>
<P>e-mail: <Link>jsschulz@gmail.com</Link>
jsschulz@gmail.com</P>
<P>Numero ORCID: 0000-0002-2175-3074</P>
<P>Resumen</P>
<P>Los primeros veinte años del presente siglo nos muestran una agudización de las tensiones y dispu<Span ActualText="­">-</Span>
-tas geopolíticas que han convulsionado el escenario internacional, y en donde se vislumbran cambios tectónicos que pueden implicar desplazamientos y reconfiguraciones geoeconómicas y geopolíticas a nivel global. En este marco, el presente trabajo se propone analizar las transformaciones estructurales <Span ActualText="­">-</Span>
en el capitalismo contemporáneo, describiendo los nuevos actores que aparecen en el escenario inter-nacional y cómo su ascenso impacta en la territorialidad del poder y en la forma dominante de Estado. <Span ActualText="­">-</Span>
Finalmente, se analizará el proceso actual de crisis y transición hegemónica, especialmente el proceso de transición hacia una multipolaridad relativa y el dinamismo del Asia Pacífico como centro de gra-vedad del poder mundial.</P>
<P>Palabras clave: Crisis sistémica, transición hegemónica, territorialidad del poder, multipolaridad relativa.</P>
<P>Abstract</P>
<P>The first twenty years of this century show us a sharpening of geopolitical tensions and disputes that have convulsed the international scene, and where tectonic changes are glimpsed that may imply dis<Span ActualText="­">-</Span>
-placements and geoeconomic and geopolitical reconfigurations at a global level. In this framework, this <Span ActualText="­">-</Span>
paper aims to analyze the structural transformations in contemporary capitalism, describing the new ac-tors that appear on the international scene and how their rise impacts the territoriality of power and the dominant form of State. Finally, the current process of crisis and hegemonic transition will be analyzed, especially the process of transition towards a relative multipolarity and the dynamism of Asia Pacific as the center of gravity of world power.</P>
<P>Key words: Systemic crisis; hegemonic transition; territoriality of power; relative multipolarity.</P>
<P>Introducción</P>
<P>Los primeros veinte años del presente siglo nos muestran una agudización de las tensiones y dispu<Span ActualText="­">-</Span>
-tas geopolíticas que han convulsionado el escenario internacional, y en donde se vislumbran cambios tectónicos que pueden implicar desplazamientos y reconfiguraciones geoeconómicas y geopolíticas a nivel global (Serbin, 2019).</P>
<P>Varios autores señalan la existencia de una cri<Span ActualText="­">-</Span>
-sis de grandes magnitudes en el sistema mundial <Span ActualText="­">-</Span>
contemporáneo. Una crisis que expresa que un de<Span ActualText="
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-<Span ActualText="­">-</Span>
terminado orden mundial ha dejado de expresar <Span ActualText="­">-</Span>
 la correlación de fuerzas que le dio origen. Ramo<Span ActualText="
"> </Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
net (2011), en este sentido, señala que no atrave-samos una sola crisis, sino que existe una suma de <Span ActualText="­">-</Span>
crisis interrelacionadas, que abarcan lo tecnoló- gico, lo económico, lo comercial, lo político, lo so-<Span ActualText="­">-</Span>
cial, lo climático, lo cultural, lo ético, lo moral, lo <Span ActualText="­">-</Span>
sanitario, etc., y en donde los efectos de unas son las causas de otras, hasta formar un verdadero sis<Span ActualText="­">-</Span>
-tema; es decir, que nos encontraríamos ante una crisis sistémica del orden mundial configurado luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta situa-ción de gran convulsión, donde se observan con-flictos, tensiones y realineamientos geopolíticos a gran escala, es definida como “caos global” (Brin-gel, 2020), “caos sistémico” (Martins, 2014) o “un mundo en estado de desorden” (Haass, 2008).</P>
<P>En este marco, el presente trabajo se propone analizar las transformaciones estructurales en el capitalismo contemporáneo, describiendo los nuevos actores que aparecen en el escenario in<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ternacional y cómo su ascenso impacta en la terri-torialidad del poder y en la forma dominante de Estado. Finalmente, se analizará el proceso actual de crisis y transición hegemónica, especialmente el proceso de transición hacia una multipolaridad relativa y el dinamismo del Asia Pacífico como centro de gravedad del poder mundial.</P>
<P>Transformaciones estructurales <Span ActualText="
"> </Span>
 en el capitalismo contemporáneo y nuevos actores en el escenario global</P>
<P>Una de las características centrales de este pro<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ceso es la aparición de nuevos actores que contri-buyeron a desencadenar una triple crisis: de las <Span ActualText="­">-</Span>
relaciones sociales de producción fordistas, en el sistema interestatal de orden mundial y en la po<Span ActualText="­">-</Span>
-tencia hegemónica que había ordenado el mundo luego de la caída de la Unión Soviética, los Esta<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
dos Unidos. Recuperando los aportes de Gramsci, Cox (2016) señala que los órdenes mundiales están fundamentados en relaciones sociales de produc-ción, por lo que un cambio en las relaciones socia-les conlleva necesariamente un cambio estructural significativo en la forma de organización mundial. </P>
<P>La revolución tecnológica de la década de 1970 tuvo varios impactos no solo económicos, sino también políticos y sociales. En términos econó<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="
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micos, estas transformaciones permitieron iniciar  <Span ActualText="­">-</Span>
un proceso de relocalización de la inversión que conllevó una descentralización de parte de la in<Span ActualText="
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-dustria, utilizando las ventajas competitivas de la <Span ActualText="­">-</Span>
fuerza de trabajo en el mundo para redireccionar  los flujos de inversión productiva (Martins, 2014), produciendo una reestructuración radical de las re-laciones económicas internacionales (Marini, 1997).</P>
<P>El modelo de producción “fordista”, caracterizado por la estandarización y la integración vertical de la planta productiva, el espectacular incremento de la productividad generado por la cadena de montaje y la organización taylorista del trabajo, dio paso a un modelo de organización “posfordis-<Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="
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ta” o “toyotista”, caracterizado por basarse en la seg- mentación productiva y el desarrollo de cadenas de valor (Sanahuja, 2007). Arrighi (2007), por su <Span ActualText="
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parte, señala el pasaje de General Motors a Wal-Mart <Span ActualText="
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como “modelo empresarial” estadounidense, es de-<Span ActualText="
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 <Span ActualText="­">-</Span>
cir, de una corporación industrial verticalmente  integrada, que establecía instalaciones de produc- ción en todo el mundo pero permanecía profun-<Span ActualText="­">-</Span>
damente enraizada en la economía estadounidense, <Span ActualText="­">-</Span>
a un intermediario comercial entre subcontratistas extranjeros (en su mayoría asiáticos) que fabrica la mayoría de sus productos, y los consumidores estadounidenses, que compran la mayor parte de ellos. Estas transformaciones contribuyeron a re-definir la relación social fundamental que defi-ne la matriz de desarrollo capitalistas, es decir, la “forma-valor” (Jessop, 1983).</P>
<P>Estos procesos tuvieron un doble efecto: por un lado, aumentó fuertemente la tasa de ganancia de las compañías y grupos financieros transnacio-<Span ActualText="
"> </Span>
 nales y, por el otro, se redujo la tasa de inversión en las potencias centrales, que comenzaron un proceso de estancamiento de su PBI, mientras que la mudanza de fábricas redituó en un aumento de su desempleo. Es en este contexto que comienza a desarrollarse una nueva forma de organizar la producción social en el capitalismo, a partir de un salto en la escala del capital, un salto tecnológico, un cambio en su composición y en su forma de <Span ActualText="
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organización. Este salto en la productividad del <Span ActualText="
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 <Span ActualText="
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capital permitió inaugurar un proceso de trans- <Span ActualText="
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nacionalización del capital que dio lugar a la deslo-<Span ActualText="
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 calización de sus estructuras estratégicas de los países centrales hacia lo “global”, junto con la nue- va centralidad adquirida por las finanzas y los ser- vicios en la acumulación de capital (Formento y Dierckxsens, 2017).</P>
<P>A diferencia de las compañías multinacionales, las cuales tienen un anclaje en el Estado-Nacional en el cual se originaron, las corporaciones trans-<Span ActualText="
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 nacionales se extienden a lo largo de múltiples <Span ActualText="
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países con diferentes operaciones en cada uno de <Span ActualText="
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ellos y no tienen una casa matriz nacional en un  Estado al que respondan (Turzi, 2017). La reestruc- turación de la producción global y la generación de las cadenas globales de valor, las tecnologías de la información y la comunicación, la globalización financiera y la transnacionalización economía han acelerado la formación de actores corporativos globales (Turzi, 2017).</P>
<P>Estos procesos son descriptos de manera grá-<Span ActualText="
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fica por Sanahuja (2007), quien muestra la nueva <Span ActualText="
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 composición de los flujos del comercio interna- <Span ActualText="
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cional a partir de la generalización del comercio <Span ActualText="
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“intrafirma”, es decir, que se producen en el seno de las corporaciones transnacionales y entre estas  y sus subsidiarias. Como resultado de estos proce- sos, la OMC estima que un tercio del comercio mundial total se realiza de forma “intrafirma” (Sanahuja, 2007).</P>
<P>El desarrollo de las corporaciones transnacio-<Span ActualText="
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 nales a partir de la década de 1970 del siglo pasado, <Span ActualText="
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entonces, apuntaló el proceso de globalización y <Span ActualText="
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contribuyó a impulsar la liberalización económi-<Span ActualText="
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 ca y la transnacionalización, incluso en contrapo- <Span ActualText="
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sición o por encima de los intereses de los Esta-<Span ActualText="
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 dos y de la soberanía nacional (Serbin, 2019). La <Span ActualText="
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derogación, en noviembre de 1999 en Estados <Span ActualText="
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Unidos, de la Ley Glass Steagall por parte de la  administración Clinton cumplió un papel funda- mental en este proceso, en tanto permitió al capital financiero transnacionalizado operar en el siste- ma internacional por encima de los Estados (Gu- llo, 2018). Martins (2014) señala que estos procesos contribuyeron a generar un desplazamiento del eje de poder en la división internacional del trabajo, que se reflejó en una pérdida de competitividad de las potencias centrales producto de la reducción de su participación relativa en las exportaciones mundiales y fuerte déficit comercial.</P>
<P>De este modo, el llamado “proceso de globaliza-<Span ActualText="
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 ción” es entendido como proceso de expansión <Span ActualText="
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del capital transnacional, que “globaliza” las rela-<Span ActualText="
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 ciones de producción convirtiendo al planeta en-<Span ActualText="
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 <Span ActualText="
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tero en un único mercado mundial. A partir de <Span ActualText="
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esto, este proceso se caracteriza por un intento  de “supresión” progresiva de las fronteras nacio- <Span ActualText="
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nales, que actuaban como barreras que fragmen-<Span ActualText="
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 taban el mercado mundial y ponían obstáculos al flujo de la reproducción de capital, principalmente <Span ActualText="
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en lo que refiere a las estructuras de producción, circulación y consumo de bienes y servicios (Mari-<Span ActualText="
"> </Span>
 ni, 1997). En este marco, las corporaciones trans- nacionales rompen con el “cordón umbilical” que las unían al Estado-nación en las que se habían originado desde el punto de vista de la composi- ción tanto de los accionistas como del cuerpo de empleados (Gullo, 2018). Como un indicador  de estos procesos, el 60% de los ingresos globales va a provenir de una red de 1 318 corporaciones multinacionales y transnacionales, pero existe un núcleo de 147 empresas que controlan el 40% de esa red (Gullo, 2018).</P>
<P>Turzi (2017) va a señalar seis características de <Span ActualText="
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la globalización, que son de utilidad para enten- der la situación internacional actual; tres de ellas <Span ActualText="
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se refieren a un plano estrictamente económico, mientras que las otras tres se refieren a transforma- ciones en los planos político, ideológico y cultural. <Span ActualText="
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En términos económicos, observamos procesos <Span ActualText="
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simultáneos de internacionalización comercial <Span ActualText="
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(disponibilidad de los mismos productos en dis-<Span ActualText="
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 tintas partes del mundo), liberalización finan- ciera (libre circulación del dinero a través de las <Span ActualText="
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fronteras) y convergencia económica (estandari- <Span ActualText="
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zación de normas y regulaciones a nivel global). <Span ActualText="
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Por otro lado, estos procesos se articulan con una pretensión de universalidad de los valores (democracia liberal, derechos humanos en su sen- tido occidental, libre mercado, etc.), homogeni- zación cultural (uniformización de los consumos y de los consumidores, ruptura de los lazos de  identificación comunitaria y nacional) y desterri- torialización política (reducción de la capacidad y de los ámbitos de exclusiva acción y autoridad de los Estados-nación).</P>
<P>Nueva territorialidad del poder global</P>
<P>La conformación de una nueva forma de capi<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
tal dominante (y, consecuentemente, de un nue-<Span ActualText="­">-</Span>
vo actor en el escenario internacional) transforma cualitativamente las relaciones sociales de produc<Span ActualText="­">-</Span>
-ción. Como todo nuevo actor de poder, necesitó desarrollar tendencialmente una nueva territoria<Span ActualText="­">-</Span>
-lidad dominante del poder mundial que supere la del Estado-nacional, un modo de territorialidad que se forjó sobre la base del desarrollo de las rela-ciones capitalistas emergentes, poniendo en crisis <Span ActualText="­">-</Span>
las relaciones de producción feudales, así como su organización espacial (los feudos). En este marco, la burguesía naciente necesitaba al Estado-nación <Span ActualText="­">-</Span>
como forma político-institucional de control de <Span ActualText="
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un territorio “nacional”, a través de una estructu-<Span ActualText="­">-</Span>
ra administrativa y el monopolio de la violencia legítima. Los nuevos actores transnacionales, al posicionarse como los más dinámicos en el pla-no económico, comienzan a proyectar una lógi- ca supranacional sobre el espacio, tendiente a la conformación de una territorialidad global (Me-rino, 2014a).</P>
<P>Este proceso de transformación de la territoria<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
lidad dominante no es nuevo, sino podemos ras-trearlo en todos los cambios de ciclos sistémicos de <Span ActualText="­">-</Span>
acumulación, por lo menos a partir del siglo XVI, a partir de la evolución desde la ciudad-Estado ge-<Span ActualText="­">-</Span>
novesa, el Estado protonacional de las Provincias Unidas, el estado multinacional del Reino Unido y el Estado Nacional de tamaño continental esta<Span ActualText="
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-<Span ActualText="
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dounidense. Arrighi (2007) vincula estas nuevas <Span ActualText="­">-</Span>
territorialidades (que denomina “contenedores de poder”) a determinadas fracciones de clase que  se posicionaron como dominante en cada ciclo sis- témico, y que configuraron ese modo de territo<Span ActualText="­">-</Span>
-rialidad específico: desde la diáspora empresarial cosmopolita genovesa, las compañías estatutarias por acciones holandesas, el imperio tributario británico que abarcaba todo el globo y el sistema mundial de corporaciones multinacionales, bases militares e instituciones de gobierno mundial es-tadounidenses.</P>
<P>Las corporaciones transnacionales van a impul-<Span ActualText="
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sar la globalización financiera como proceso gene-ral. En este marco, van a cobrar especial relevancia <Span ActualText="­">-</Span>
las llamadas “ciudades globales” (Sassen, 2007), las cuales concentran los recursos humanos y mate-riales más importantes y ejercen las funciones más complejas de la economía mundial. Estas ciudades, <Span ActualText="­">-</Span>
entre las cuales se encuentran Nueva York, Londres, <Span ActualText="­">-</Span>
Hong Kong o Tokio, son líderes en la producción y exportación de servicios financieros, servicios cor-porativos, legales, etc., y funcionan en muchas oca-siones desvinculadas del Estado nacional.</P>
<P>Beck (2004), por su parte, señala a la globaliza<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ción como una transformación lenta, posrevolucio-naria y epocal del sistema nacional e internacional de equilibrio de poder, en donde las corporaciones transnacionales escapan de la “jaula del juego” del <Span ActualText="­">-</Span>
poder territorial organizado conforme al Estado <Span ActualText="­">-</Span>
Nacional. Sanahuja (2007) conceptualiza este pro-<Span ActualText="­">-</Span>
ceso como de “desterritorialización” y “reterrito-<Span ActualText="­">-</Span>
rialización” de los espacios sociales, económicos y políticos del poder, que no coinciden con las fron<Span ActualText="­">-</Span>
-teras y las jurisdicciones estatales. Además de sus <Span ActualText="­">-</Span>
consecuencias en la configuración del orden inter-<Span ActualText="­">-</Span>
nacional, Beck (2004) afirma que este proceso nos demanda trascender el “nacionalismo metodoló<Span ActualText="­">-</Span>
-gico” centrado en el Estado-nación como unidad <Span ActualText="­">-</Span>
de análisis central del análisis geopolítico contem-poráneo. Cox (1993), por su parte, va a criticar el concepto de “sistema interestatal” u “orden inter-nacional”, que pone en el centro la idea de “Estado” y de “Nación” para abordar los fenómenos globa-les, y va a utilizar el término “orden mundial”, en tanto que Gullo (2018) hablará de “sistema trans-nacional” o “sistema global”.</P>
<P>Esta nueva territorialidad del poder mundial es-<Span ActualText="
"> </Span>
 tá conceptualizada en la obra de Kenichi Ohmae <Span ActualText="
"> </Span>
(1997), quien afirma que los valores esenciales que  servían de fundamento a un orden mundial de <Span ActualText="­">-</Span>
Estados-Nación independientes y soberanos han mostrado síntomas de que necesitan una sustitu<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ción por un mundo sin fronteras de la economía globalizada, en el cual cuatro “íes” definen los flu<Span ActualText="­">-</Span>
-jos de esta economía globalizada: Inversión, In-dustria, Información, Individuos. Ohmae enuncia la utopía de una red globalizada de “Estados-Ciu-dad posmodernos” como una especie de “red de zonas francas” y redes plenamente cosmopolitas (Methol Ferré, 2013).</P>
<P>El geoestratega norteamericano Zbigniew Brze-<Span ActualText="
"> </Span>
 zinski (1998) introduce un elemento interesante para pensar las conceptualizaciones geopolíticas <Span ActualText="­">-</Span>
contemporáneas. El autor sostiene que, para in<Span ActualText="
"> </Span>
-terpretar el orden mundial actual, ya no debe-<Span ActualText="­">-</Span>
 mos partir de qué parte de la geografía es el punto de partida para el dominio continental, ni tampo-co sobre si el poder marítimo es más significativo <Span ActualText="­">-</Span>
que el poder terrestre o viceversa, problemas que <Span ActualText="­">-</Span>
generaron (y aún generan) grandes debates en los teóricos geopolíticos clásicos. Brzezinski (1998), por el contrario, señala que la novedad geopolí-tica es que el poder se ha desplazado desde la di-mensión regional a la global.</P>
<P>La nueva forma de Estado</P>
<P>Estos debates nos van a permitir complejizar la conceptualización del Estado, entendiéndolo en tanto estructura de relaciones políticas territoria<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="
"> </Span>
lizadas, un flujo de interrelaciones y de materiali- zaciones pasadas de esas interrelaciones (García Linera, 2010). Los Estados, afirma Gullo (2018), no pueden ser considerados entes reales, como si <Span ActualText="­">-</Span>
pudieran actuar por sí mismos, como si pudieran <Span ActualText="­">-</Span>
tener una voluntad y una inteligencia indepen-dientemente de las fuerzas sociales que se posi-cionan como dominantes en su interior. </P>
<P>Cox (1993), por su parte, establece una relación entre Estado, fuerzas sociales e instituciones, la cual resulta fundamental para abordar las relacio<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
nes de fuerzas mundial, especialmente en el mo-<Span ActualText="­">-</Span>
mento actual. En este sentido, las fuerzas sociales serían los actores clave de las relaciones interna<Span ActualText="­">-</Span>
-cionales, en tanto son los agentes con intereses, <Span ActualText="
"> </Span>
con un plan estratégico y que toman las decisio-nes. Sin embargo, las fuerzas sociales no pueden pensarse como algo existente exclusivamente den- tro de los Estados o limitadas a los mismos, en tanto pueden (en función de su escala) desbordar los límites del Estado.</P>
<P>Estas conceptualizaciones nos permiten discutir la idea del Estado-nacional moderno westfaliano como ente primordial de los análisis geopolíticos. En primer lugar, si consideramos que la caracterís<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
tica principal de esta forma de Estado es la capaci-<Span ActualText="
"> </Span>
dad de velar por sus propios intereses y seguridad <Span ActualText="
"> </Span>
(González del Miño y Anguita Olmedo, 2013), es  decir, la soberanía (Turzi, 2017), nos encontramos <Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="
"> </Span>
con que ya no es suficiente con la escala Estatal- <Span ActualText="
"> </Span>
nacional para ser una unidad soberana (Dugin, <Span ActualText="­">-</Span>
2016). La visión liberal de las relaciones inter- nacionales reconoce la existencia de unidades  políticas con iguales derechos y obligaciones, pe- ro oculta la manifiesta desigualdad de poder y de-sarrollo en términos reales (González del Miño y Anguita Olmedo, 2013).</P>
<P>Los momentos de “transición” de una estructura de relaciones políticas de dominación y legitima<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="
"> </Span>
ción a otra tendrá que ver, entonces, con la pérdida <Span ActualText="
"> </Span>
 de anclaje de una relación social (y de la pérdi-<Span ActualText="
"> </Span>
 da de correlación de fuerzas del actor o grupos sociales que la sostenían) y con el ascenso de un  <Span ActualText="­">-</Span>
nuevo actor y una nueva correlación de fuerzas. Estas miradas nos permiten, a su vez, interpretar a <Span ActualText="­">-</Span>
los sistemas económicos, políticos y sociales como sistemas finitos en el tiempo, que son transforma-dos (mediante pugnas y luchas) ni bien dejan de responder a las correlaciones de fuerzas dominan-tes (Dussel, 2014).</P>
<P>El concepto de Estado Global, en este sentido, in<Span ActualText="­">-</Span>
-dica la delegación de poderes y legitimidad para la toma de decisiones a un conjunto de instituciones globales y actores de escala global, lo que conlleva <Span ActualText="­">-</Span>
la imposición de nuevas formas de soberanía (Me<Span ActualText="­">-</Span>
-rino, 2014b). En este sentido, Méndez (2011) se-ñala una curiosidad del actual estado de situación <Span ActualText="­">-</Span>
mundial, que ha llevado a realizar análisis errados, <Span ActualText="
"> </Span>
y es que en los últimos 50 años hemos asistido a <Span ActualText="­">-</Span>
una multiplicación de los Estados nacionales su-puestamente soberanos. Sin embargo, señala el <Span ActualText="­">-</Span>
 autor, esto es una muestra no de la vigencia del Es-tado sino todo lo contrario, de su debilitamiento, en tanto el nacimiento de nuevos Estados estaría mediado por la eventual conformación de unida-des políticas débiles, inviables económicamente y que caen rápidamente en la esfera de influencia de los grandes jugadores del poder mundial.</P>
<P>Estos nuevos actores promueven una mirada cosmopolita neokantiana del orden internacional, que predica una particular forma de “gobernación sin gobierno” a tono con el proceso de globaliza<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ción, diluyendo el carácter “nacional” de las relacio-nes sociales, los mercados y la política y pone en cuestión el concepto tradicional del Estado-nación (Sanahuja, 2007).</P>
<P>Una de las dimensiones donde esto se ve expre-<Span ActualText="
"> </Span>
 sado es en el plano militar. El desplazamiento del poder desde el Estado hacia actores no estatales, <Span ActualText="­">-</Span>
y desde el espacio público hacia los actores pri-<Span ActualText="­">-</Span>
vados, desestatalizó y privatizó muchos de los instrumentos de ejercicio de la violencia que tra-dicionalmente pertenecían al Estado-nacional. En los Estados Unidos, por ejemplo, solo cuatro gigantes industriales (Lochkeed Martin, Boeing, <Span ActualText="­">-</Span>
Raytheon, y Northrop Grumman) monopolizan la industria militar, lo que habla de una profunda relación entre el Estado y el sector privado con-<Span ActualText="­">-</Span>
ceptualizado como “complejo industrial-militar”. Pero, además, Sanahuja (2007) señala cómo con la globalización la guerra se privatiza y se torna <Span ActualText="­">-</Span>
“asimétrica”, concepto que refiere tanto a la des-igualdad de recursos como la naturaleza diversa de los actores intervinientes. Pero, además, otra <Span ActualText="­">-</Span>
característica de las guerras de cuarta y quinta ge-neración es su “baja intensidad”, es decir, no son grandes confrontaciones armadas en simultáneo y en un mismo campo de batalla, sino una suma de pequeñas acciones aisladas que dejan grandes de-vastaciones. A partir de esto, las nuevas guerras toman un carácter híbrido y fragmentado, que pone en tela de juicio la capacidad de los Estados de ejercer su soberanía (Merino, 2020).</P>
<P>En este sentido, Cox (1993) señala al Estado co-<Span ActualText="
"> </Span>
 mo una categoría necesaria pero insuficiente para <Span ActualText="­">-</Span>
explicar las configuraciones geopolíticas y las re-laciones de poder a nivel mundial, señalando el peligro de reificar al Estado, a las instituciones o a las estructuras en sí, cuando estas son en realidad constricciones a las acciones, pero no actores en sí. </P>
<P>Cox (1993) señala que cuando se produce un cambio en las relaciones de producción, que gene<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ran nuevas fuerzas sociales, se produce un desajus-<Span ActualText="
"> </Span>
te de la hegemonía. La aparición de un nuevo actor <Span ActualText="­">-</Span>
de alcance global no sólo va a generar una pues- ta en cuestión del Estado-nación como contene<Span ActualText="
"> </Span>
-dor de poder (Arrighi, 2007) o “umbral de poder” (Gullo, 2018) dominante, sino que va a plantear un <Span ActualText="­">-</Span>
cuestionamiento de la potencia central dominan-<Span ActualText="
"> </Span>
 te del polo occidental desde 1945 y global desde 1991: los Estados Unidos. En este sentido, asistimos <Span ActualText="­">-</Span>
a una contradicción entre los intereses de una nue-<Span ActualText="­">-</Span>
va elite mundial transnacionalizada (Gullo, 2018) <Span ActualText="
"> </Span>
 y los intereses de las fracciones continentalistas norteamericanas (sustentadas en el Estado-nación estadounidense), en tanto la fracción transnaciona-liza, al promover la globalización de las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales, gene-ró una crisis del aparato industrial estadouniden- se, que se evidencia en la pérdida de peso relativo del PBI norteamericano en el PBI mundial. </P>
<P>Crisis y transición hegemónica </P>
<P>En este marco, distintos autores sostienen que estamos atravesando un proceso de crisis terminal de la hegemonía norteamericana (Arrighi, 2007). Para sostener esta afirmación, Arrighi recupera la noción gramsciana de hegemonía, entendiéndo<Span ActualText="­">-</Span>
-la como el poder adicional del que goza un grupo dominante en virtud de su capacidad de impulsar la sociedad en una dirección que no sólo sirve a <Span ActualText="­">-</Span>
sus propios intereses, sino que también es entendi-da como provechosa por los grupos subordinados. En el contexto internacional, Arrighi sostiene que un actor es hegemónico cuando tiene la capacidad de impulsar el sistema interestatal en la dirección que desea.</P>
<P>Cox (2016), por su parte, también plantea la po-<Span ActualText="
"> </Span>
 sibilidad de pensar la hegemonía como un proceso <Span ActualText="­">-</Span>
que puede ser llevado adelante no sólo por Esta-<Span ActualText="­">-</Span>
dos-nacionales, sino también por fuerzas sociales en un sentido más general, mediante un consen-timiento de base amplia a través de la aceptación <Span ActualText="­">-</Span>
de una ideología y de instituciones consistentes con la estructura. En este sentido, señala el autor, <Span ActualText="­">-</Span>
“ (…) una estructura hegemónica del orden mun-dial es una en la cual el poder es una forma ante todo consensual, a diferencia de un orden no he-gemónico, en el que hay poderes manifiestamente rivales y ningún poder ha sido capaz de establecer la legitimidad de su dominación” (Cox, 1993).</P>
<P>La crisis de hegemonía se produce cuando el Es-<Span ActualText="
"> </Span>
 tado hegemónico vigente carece de los medios o de la voluntad para seguir impulsando el sistema interestatal en una dirección que sea ampliamente percibida como favorable, no sólo para su propio poder, sino para el poder colectivo de los grupos dominantes del sistema (Arrighi, 2007). </P>
<P>En este sentido, cuando una “estrategia de acu<Span ActualText="­">-</Span>
-mulación” específica, definida como modelo de <Span ActualText="­">-</Span>
crecimiento económico específico con sus dife-rentes precondiciones extraeconómicas con una estrategia general adecuada para su realización, <Span ActualText="­">-</Span>
deja de expresar y favorecer a las fracciones más <Span ActualText="­">-</Span>
dinámicas del capital, ocurre una crisis de hegemo-nía económica, que acentúa el papel de la domi-nación económica en el proceso de acumulación (Jessop, 1983).</P>
<P>En este marco, la crisis tendencial de la hegemo<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
nía estadounidense se dio a partir de dos proce-<Span ActualText="
"> </Span>
sos simultáneos. Por un lado, la configuración de las corporaciones transnacionales globales como <Span ActualText="­">-</Span>
 nuevo actor de poder en el sistema mundial, las cuales dejaron de estar “contenidas” por el Esta<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="
"> </Span>
do-nación norteamericano. En segundo lugar, como veremos más adelante, por el proceso de <Span ActualText="
"> </Span>
insubordinación relativa en las periferias del sis-tema mundo occidental moderno, que comen- zaron a criticar activamente la configuración del orden mundial contemporáneo y a articularse pa- ra conformar propuestas alternativas (Formento y Dierckxsens, 2021a).</P>
<P>Arrighi (2007) señala que la fallida incursión estadounidense en Irak podría significar la “cri<Span ActualText="­">-</Span>
-sis terminal” de la hegemonía norteamericana, en <Span ActualText="­">-</Span>
tanto manifestación de la incapacidad para impo-ner su voluntad contra las resistencias en el tercer mundo y de la imposibilidad de ejercer el control sobre el grifo global de petróleo y, por lo tanto, de la economía global por los próximos años.</P>
<P>Otros autores, a su vez, caracterizan este proce<Span ActualText="­">-</Span>
-so como de decadencia del poder norteamericano (Wallerstein, 2006; Rodríguez Hernández, 2014). Esta decadencia, sin embargo, es relativa, en tanto significa una disminución del poder en algunas de las dimensiones, pero no en todas. Estados Unidos seguiría siendo un actor importante y sumamente influyente en el sistema internacional, aunque ya no está en condiciones de ejercer su primacía de manera exclusiva.</P>
<P>Por su parte, Cox (2016) señala un elemento importante para conceptualizar la crisis de hege<Span ActualText="­">-</Span>
-monía. El autor señala que, para convertirse en hegemónico, un Estado debe fundar y proteger <Span ActualText="­">-</Span>
un orden mundial que fuera universal en su con<Span ActualText="­">-</Span>
-cepción, donde la mayoría de los otros Estados pue-dan encontrarlo compatibles con sus intereses. En <Span ActualText="­">-</Span>
este sentido, la hegemonía a nivel internacional no es simplemente un orden entre estados, sino que incluye un modelo de producción dominan<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
te que penetra todos los estados y los vincula a otros modelos de producción subordinados, es también un complejo de relaciones internacio<Span ActualText="
"> </Span>
-nales que conectan las clases sociales de los dife<Span ActualText="
"> </Span>
-rentes países, y se expresa en normal universales, <Span ActualText="
"> </Span>
instituciones y mecanismos que establecen reglas <Span ActualText="­">-</Span>
generales de comportamiento para los Estados y  para aquellas fuerzas sociales que actúan más allá de las fronteras nacionales. En este marco, la cri- sis de hegemonía del actor dominante implica necesariamente la crisis de hegemonía de todo el  andamiaje social, económico, político e institu-cional que ese actor montó para reproducir su condición de actor hegemónico.</P>
<P>Martins (2014) va a referirse, en este sentido, no <Span ActualText="
"> </Span>
 solo a la crisis de la hegemonía norteamericana, <Span ActualText="
"> </Span>
sino que va a señalar la existencia de una crisis ge- <Span ActualText="­">-</Span>
neral de la hegemonía atlantista, es decir, de las <Span ActualText="­">-</Span>
potencias occidentales, entendiendo por “occi-dente” a los actores dominante de países perte<Span ActualText="
"> </Span>
-necientes al núcleo histórico de la OTAN, con <Span ActualText="
"> </Span>
un protagonismo central de Estados Unidos y el Reino Unido o, a partir de una conceptualización  basada en un sustrato civilizatorio y cultural, co- mo un gran núcleo que incluye a Estados Unidos, Europa Occidental, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, y se liga dicho concepto a la economía capitalista de mercado, a la democracia liberal, al respeto del individualismo (Merino, 2016).</P>
<P>Una de las dimensiones principales de la crisis de la hegemonía atlantista es el creciente proce-<Span ActualText="
"> </Span>
 so de financiarización de su economía, que se complementó con la caída de las tasas de inversión, el aumento de la deuda pública, el desplazamiento de las inversiones productivas hacia el exterior, la pérdida de competitividad a escala internacional, <Span ActualText="
"> </Span>
la pérdida de autonomía de la política moneta- ria, el alto nivel de desempleo, la contención o <Span ActualText="­">-</Span>
reducción de los salarios reales, el aumento de la <Span ActualText="
"> </Span>
desigualdad, el aumento de las asimetrías regio-nales y la sustitución del liberalismo por el neoli-<Span ActualText="­">-</Span>
 <Span ActualText="­">-</Span>
beralismo como doctrina económica, política y social (Martins, 2014). Esto genera un proceso de <Span ActualText="­">-</Span>
desplazamiento de la centralidad del capital pro<Span ActualText="­">-</Span>
-ductivo hacia el capital financiero en donde el Es<Span ActualText="­">-</Span>
-tado, como instancia política, queda subordinado al capital financiero (Dussel, 2014). En este mar-co, al igual que en procesos anteriores de cam-bios en los ciclos sistémicos de acumulación, el acelerado proceso de financiarización de la eco-nomía norteamericana puede ser el preludio de una transferencia del poder hacia nuevos actores (Arrighi, 2007).</P>
<P>Martins (2014) destaca las razones internas que contribuyeron a iniciar la crisis de la hegemo<Span ActualText="­">-</Span>
-nía atlantista. Hacia fines de la década de 1960 y principios de los años 70, el “pacto keynesiano” y <Span ActualText="­">-</Span>
la política de pleno empleo impulsada por la ad-<Span ActualText="­">-</Span>
ministración norteamericana, en un contexto de Guerra Fría, comenzaron a amenazar estructu<Span ActualText="­">-</Span>
-ralmente la tasa de ganancia de las corporaciones económicas. En este marco, se acelera la confron<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
tación con su clase trabajadora. A su vez, Martins (2014) señala que el surgimiento de la revolución <Span ActualText="­">-</Span>
científico-técnica como nueva estructura de fuer-zas productivas que impulsa cada vez más el de-<Span ActualText="­">-</Span>
sarrollo material de la economía mundial tiende a producir una crisis civilizatoria del modo de pro-ducción capitalista. Ceceña (2011), por su parte, señala que el proceso geopolítico actual puede significar la crisis terminal del neoliberalismo, en <Span ActualText="­">-</Span>
tanto la desposesión que provoca obliga a los pue<Span ActualText="­">-</Span>
-blos a irrumpir en la escena política mundial. En la misma línea, Dussel (2014) señala que con la generalización del neoliberalismo y la revolución científico-tecnológica la humanidad se enfrenta al peligro de la extinción de la vida en el planeta, en tanto la sobreproducción y búsqueda irracio-nal de ganancia capitalista suponen la destruc-ción de los recursos no renovables y el mal uso de los renovables, lo que acelera la contingencia ecológica.</P>
<P>La crisis de hegemonía de la potencia dominan<Span ActualText="­">-</Span>
-te, señala Arrighi (2007), debe ir acompañada del <Span ActualText="­">-</Span>
surgimiento de un nuevo liderazgo global dispues-to y capaz de asumir la tarea de ofrecer soluciones a escala sistémica a los problemas sistémicos que deja la hegemonía en declive. </P>
<P>Partiendo de estas transformaciones, distintos autores van a conceptualizar el momento geopo<Span ActualText="­">-</Span>
-lítico actual como un proceso de “transición” que tiene diferentes escalas, características y posibles <Span ActualText="­">-</Span>
devenires. Sanahuja (2007) afirma que esta tran<Span ActualText="­">-</Span>
-sición está relacionada con los cambios de natu-raleza estructural del orden mundial, así como de <Span ActualText="­">-</Span>
las fuentes del poder y en los actores que operan en el sistema. El creciente peso económico de las <Span ActualText="­">-</Span>
potencias emergentes, transformado paulatina-mente en protagonismo político y geopolítico, ha <Span ActualText="­">-</Span>
alentado un cambio de la configuración de fuer<Span ActualText="­">-</Span>
-zas en el escenario internacional, que ha hecho <Span ActualText="­">-</Span>
que el centro de gravedad mundial ya no esté en <Span ActualText="­">-</Span>
los países del centro capitalista (Rodríguez Her-nández, 2014). Estas “zonas de transición” (Cos-ta Fernández, 2013) se caracterizan por presentar estructuras no hegemónicas definidas, y en don-de las capacidades materiales, ideas e institucio-nes no están en sintonía, por lo que Arrighi (2007) denomina este periodo de transición como uno de “turbulencia”. </P>
<P>Turzi (2017), a su vez, afirma que nos encontra<Span ActualText="­">-</Span>
-mos ante un proceso de cambio estructural en el que se superponen cinco grandes transiciones. En <Span ActualText="­">-</Span>
primer lugar, un proceso de transición económi<Span ActualText="­">-</Span>
-ca, caracterizado por un desplazamiento del cen<Span ActualText="­">-</Span>
-tro de gravedad de la economía mundial desde las potencias centrales hacia las economías emer<Span ActualText="­">-</Span>
-gentes y en desarrollo, las cuales contribuyeron a más del 80% del crecimiento global desde la crisis financiera de 2008. En segundo lugar, un proce-<Span ActualText="­">-</Span>
so de transición tecnológica, donde el peso de lo <Span ActualText="­">-</Span>
virtual adquiere una preponderancia por lo real, y en donde la pugna por encabezar la revolución <Span ActualText="­">-</Span>
tecnológica desempeña un papel fundamental. Tercero, un proceso de transición política, vincu-lado con el ascenso del protagonismo de los paí-ses del Sur global en la discusión de los temas de agenda global. En cuarto lugar, proceso de transi-ción geopolítica, donde el centro de gravedad de la geopolítica mundial se desplaza del Atlántico al Pacífico. Finalmente, un proceso de transición en clave cultural o civilizatoria, a partir de la crisis del sistema mundo moderno occidental y un (re) ascenso del sistema de valores e ideas orientales. </P>
<P>Serbin (2019), en este sentido, señala la existen<Span ActualText="­">-</Span>
-cia de un progresivo desplazamiento del centro del <Span ActualText="­">-</Span>
dinamismo económico mundial del Atlántico ha-cia el Asia Pacífico. Algo similar sugiere Harvey (2004), cuando afirma que estamos en el medio de <Span ActualText="­">-</Span>
una transición fundamental hacia la constitución <Span ActualText="­">-</Span>
de Asia como el centro hegemónico del poder glo-<Span ActualText="­">-</Span>
bal. Este cambio del centro de gravedad de la eco<Span ActualText="­">-</Span>
-nomía mundial es señalado por Martins (2014) a partir de los bajos desempeños del PBI norteame-ricano y europeo entre 2001 y 2010, quienes cre-cieron muy debajo del PBI mundial en general y, principalmente, del PBI chino. </P>
<P>Schweller y Pu (2011) afirman que se están pro<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
duciendo dos procesos simultáneos: de descon-<Span ActualText="­">-</Span>
centración de poder y de deslegitimación de la potencia hegemónica. Yuan (2020), por otra par-<Span ActualText="­">-</Span>
te, sostiene que las transformaciones geopolíticas y geoeconómicas en curso deberían entenderse <Span ActualText="­">-</Span>
como un proceso de “difusión” del poder, a par-tir del creciente protagonismo de nuevos actores supraestatales como las corporaciones transna-cionales, ONG, etc., que “difuminan” el poder del Estado-nación.</P>
<P>Martins (2014) afirma que actualmente atrave<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
samos un proceso de “bifurcación de poder”, mien-tras que Moure (2014), por su parte, incorpora la distinción entre “transición de poder” y “sucesión hegemónica”. Mientras que la primera supone el <Span ActualText="
"> </Span>
incremento relativo del poder material por parte <Span ActualText="
"> </Span>
de un actor determinado, entramos en un proce- so de sucesión hegemónica cuando existe una acep-<Span ActualText="­">-</Span>
 <Span ActualText="­">-</Span>
tación generalizada de otros actores del sistema internacional en el nuevo ordenamiento mundial propuesto. Brzezinski (1998), por su parte, se refie-re a estas transformaciones como “desplazamien-tos tectónicos en los asuntos mundiales”.</P>
<P>Lesznova (2016), por su parte, caracteriza el mo<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
mento actual como una “reconfiguración geopolí-tica” entendida como un cambio en la correlación de fuerzas a nivel global entre los centros de poder <Span ActualText="­">-</Span>
tradicionales y los centros emergentes, y en donde las reglas del juego no solo se dictan por estados na-cionales sino, en buena medida, por actores trans y <Span ActualText="
"> </Span>
supranacionales. Schweller y Pu (2011) proponen <Span ActualText="­">-</Span>
un conjunto de “fases” para caracterizar el proceso de transición hegemónica. Los autores parten de  <Span ActualText="
"> </Span>
1) un orden “estable”, que es seguido por 2) una cri-<Span ActualText="­">-</Span>
sis de legitimidad; a partir de ello, sobreviene una 3) desconcentración del poder y deslegitimación de la potencia hegemónica. Esto provoca 4) una  carrera armamentística y formación de alianzas, que desemboca en 5) la resolución de la crisis in-ternacional y 6) la renovación del sistema.</P>
<P>Sin embargo, Sanahuja (2020) señala que expli<Span ActualText="­">-</Span>
-car el orden mundial contemporáneo solamente <Span ActualText="
"> </Span>
en términos de “difusión” o “transición” de poder  <Span ActualText="­">-</Span>
es simplista y errado, ya que lo que estaríamos <Span ActualText="­">-</Span>
atravesando es un cambio de ciclo histórico, mar-cado no solo por la crisis de la potencia dominan-te (Estados Unidos), sino también por la crisis <Span ActualText="­">-</Span>
de la globalización financiera neoliberal. Dussel (2014) se refiere a este proceso como “transición agónica”, caracterizada por la crisis terminal de un orden hegemónico y el proceso avanzado de suce-sión hacia uno nuevo.</P>
<P>La transición hacia una multipolaridad relativa y un nuevo orden mundial</P>
<P>A partir de lo expuesto hasta aquí, entendemos que el orden internacional contemporáneo se <Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="­">-</Span>
encuentra atravesando un conjunto de transfor<Span ActualText="­">-</Span>
-maciones y transiciones que nos demandan com<Span ActualText="­">-</Span>
-plejizar los marcos interpretativos con los que analizamos la situación mundial. Transformacio<Span ActualText="
"> </Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
nes que se refieren a los actores que pugnan en el tablero geopolítico mundial y a los factores de <Span ActualText="­">-</Span>
poder con los que debemos analizar el peso relati- vo de cada uno; y transiciones múltiples, simul<Span ActualText="­">-</Span>
-taneas y combinadas, que refieren a cambios del centro de gravedad económico, geográfico, histó-rico, civilizacional y estratégico. El orden mundial en el que nos encontramos se configura a partir de una multiplicidad y diversidad de actores sin pre-cedentes (Torrijos Rivera y Pérez Carvajal, 2013).</P>
<P>En este proceso, Estados Unidos dejó de ser el <Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="
"> </Span>
centro económico y tecnológico más dinámico del <Span ActualText="­">-</Span>
 sistema mundial, y esto puede llevar a una des-moralización ideológica que ponga en jaque su primacía unipolar a nivel global, algo análogo a lo señalado por Brzezinski (1998) cuando colapsó la <Span ActualText="­">-</Span>
Unión Soviética. En términos de Arrighi (2007), estamos atravesando el final del ciclo sistémico de <Span ActualText="­">-</Span>
acumulación estadounidense, que comenzó a fi-nes del siglo XIX y que estaría viviendo su “otoño” a partir del proceso de financiarización de su eco-nomía que comenzó en la década de 1970 y que se profundizó luego de 1999 con la derogación de la Ley Glass Steagal (Arenas Rosales, 2010).</P>
<P>Sin embargo, no existe una linealidad respecto al próximo ciclo sistémico de acumulación, sino que observamos una disputa entre una tendencia hacia la globalización financiera, impulsada por las transnacionales globales, y que proyectan un multilateralismo unipolar, y una multipolaridad relativa, impulsada por los estados emergentes, que proyectan un multipolarismo multilateral y pluriversal (Formento y Dierckxsens, 2021b). </P>
<P>Brzezisnki (1998) señala con extrema crudeza que la geopolítica global tenderá a ser cada vez más <Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="­">-</Span>
incompatible con la concentración de poder he-<Span ActualText="
"> </Span>
gemónico en manos de un único Estado. En este marco, es improbable que el declive del poder nor-<Span ActualText="­">-</Span>
 teamericano conlleve la preminencia global de otra gran potencia, y esto es así no sólo porque los Esta-dos nacionales están volviéndose más permeables, sino porque el poder económico se encuentra aún más disperso. Como señala Brzezinski (1998:202), “los Estados Unidos no sólo son la primera y la única verdadera superpotencia global, sino que, probablemente, serán también la última”.</P>
<P>En este proceso, el centro más dinámico de la economía mundial se ha trasladado hacia la Re<Span ActualText="­">-</Span>
-pública Popular China. China ha experimentado <Span ActualText="­">-</Span>
un acelerado crecimiento económico en los últi<Span ActualText="­">-</Span>
-mos cuarenta años que la ha llevado de represen-tar el 4% del PBI global en 1960 al 16% en 2020. El impresionante despegue del PBI chino es mucho mayor si tomamos en cuenta la paridad del poder <Span ActualText="­">-</Span>
adquisitivo del salario, donde China (incluyendo a Hong Kong y Macao) ya superó a los Estados Unidos en el primer lugar en el año 2014. La Re-<Span ActualText="­">-</Span>
pública Popular China se ubica, además, como el mayor exportador mundial de mercancías desde 2009 y desde 2017 ocupa también el primer lugar como importador de mercancías. Es decir, Chi-na es el país que más le compra y más le vende al <Span ActualText="
"> </Span>
mundo. A su vez, China es desde 2011 el motor industrial del mundo. Según datos de Naciones Unidas, China encabeza la lista con el 30% de la producción industrial mundial, muy por encima de Estados Unidos (16%), Japón (7%), Alema- nia (5,7%) o Corea del Sur (3,2%). (Schulz, 2020). </P>
<P>Sin embargo, como señala Merino (2016), para los actores transnacionales globalizados no es un problema que el centro del dinamismo econó<Span ActualText="­">-</Span>
-mico se desplace hacia China o el Asia Pacífico, siempre y cuando continúen subordinadas a la <Span ActualText="­">-</Span>
estrategia de acumulación del capital transnacio-nal. El problema real es que China está ganando cada vez más capacidad de actuar soberanamente y está tendiendo cada vez más poder de decisión sobre sus políticas de desarrollo.</P>
<P>En este marco, China se ha constituido como un polo de poder en actual sistema mundial, sobre la base de un activo papel del Estado empresario, propietario de las principales empresas estraté-<Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="
"> </Span>
gicas e impulsor del complejo científico-tecnológi- co, la impresionante tasa de formación bruta de <Span ActualText="
"> </Span>
capital, la importancia de su mercado interno y en la mejora de los indicadores sociales (Narodowski <Span ActualText="­">-</Span>
 y Merino, 2015). A su vez, China ha avanzado en <Span ActualText="
"> </Span>
la adquisición de empresas en extranjero y ha de<Span ActualText="­">-</Span>
-sarrollado inversiones en áreas críticas para sus necesidades de desarrollo, ha comenzado a impul- sar la internacionalización de su moneda nacio-nal (el yuan-renminbi) y ha avanzado hacia la complejidad económica en las áreas clave de alta tecnología y servicios intensivos en conocimiento (Merino, 2016).</P>
<P>Este proceso fue señalado por los grandes geoes-<Span ActualText="
"> </Span>
 trategas norteamericanos; Kissinger (2004) afirmó que “el surgimiento de China como gran potencia ya es un elemento fundamental en el traslado del centro de gravedad internacional a Asia”, mientras que Brzezinski (1998) había señalado antes que China podría ser uno de los principales jugadores geoestratégicos globales si se articulaba con otros polos de poder en la región del Asia Pacífico.</P>
<P>Baru (2020), por su parte, señala que el ascenso del protagonismo de China se realizó de manera diferente a cómo lo habían hecho Gran Bretaña y los Estados Unidos en el pasado. Baru señala que ambas potencias crecieron sobre la base de la ad<Span ActualText="­">-</Span>
-quisición de colonias (formales o informales) y el establecimiento de un imperio global mediante el despliegue del poder militar, mientras que China no tiene colonias, ni una Doctrina Monroe para su región lindante ni una red de cientos de bases <Span ActualText="
"> </Span>
militares por el mundo. Esto contrastaría, incluso, <Span ActualText="­">-</Span>
 con la cosmovisión expansionista del establish-ment norteamericano (Wallerstein, 2006).</P>
<P>En este marco, la particular constitución de China como polo de poder mundial modifica las relaciones de poder existentes, cuestiona las insti<Span ActualText="­">-</Span>
-tuciones surgidas en la posguerra y es visto como <Span ActualText="
"> </Span>
amenaza por las fuerzas dominantes del viejo <Span ActualText="­">-</Span>
 orden global (Merino, 2016). China, además, bus<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ca romper las reglas económicas impuestas por el centro del sistema capitalista (tanto global trans<Span ActualText="­">-</Span>
-nacional como unipolar conservador) y busca en-contrar nuevas vías alternativas de acumulación <Span ActualText="­">-</Span>
que impliquen una desconexión de la globaliza-<Span ActualText="­">-</Span>
ción financiera neoliberal (Gandásegui, 2007). Yuan (2020), en este sentido, afirma que uno de los principios clave de la política exterior china es la de construir una comunidad de destino com-partido para la humanidad, la cual sustenta un “nuevo tipo de relaciones internacionales” basa-do en el respeto mutuo, la igualdad y la consulta (Schulz, 2019).</P>
<P>A su vez, China se ha dedicado a construir los cimientos de este nuevo andamiaje institucional. Un componente clave de la estrategia china es la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS), la cual contribuye a los crecientes intere<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ses de China en materia de seguridad energéti-<Span ActualText="­">-</Span>
ca, además promover la estabilidad en la región (Yuan, 2020). Otra herramienta clave de la estrate<Span ActualText="­">-</Span>
-gia china es la nueva Ruta de la Seda (rebautizada como “Iniciativa de la Franja y la Ruta”), un am<Span ActualText="­">-</Span>
-bicioso proyecto que se propone conectar a China con más de 100 países de los cinco continentes en materia económica, comercial, financiera, so-cial, cultural, digital, ambiental, etc. (Yuan, 2020; Schulz, 2021). </P>
<P>Por otro lado, China se ha dedicado a cons<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
truir distintos Foros de diálogo multilateral a ni-vel mundial, como el Foro China-CELAC, el Foro <Span ActualText="­">-</Span>
China-África, el Foro 17+1 con Europa del Este, etc. En este sentido, otro de los Foros que ha ad-quirido mayor protagonismo es el denominado <Span ActualText="­">-</Span>
“BRICS”, que nuclea a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Boykova (2020) señala que el BRICS es una herramienta clave en la transición a la mul<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="
"> </Span>
tipolaridad, mientras que Hu (2020) sugiere la <Span ActualText="
"> </Span>
existencia de un “espíritu del BRICS” basado en el desarrollo abierto, colaborativo, inclusivo e inno-<Span ActualText="­">-</Span>
vador. A su vez, Hu (2020) afirma que mediante el <Span ActualText="­">-</Span>
 BRICS China no aspira a desafiar abiertamente  el régimen de Bretton Woods, sino que su objetivo <Span ActualText="­">-</Span>
es ajustar el régimen internacional de una manera no confrontativa, tratando de reformar gradual-mente, e incorporando a otras potencias emergen-tes, el sistema de gobernanza global. En este sentido, Gandásegui (2007) señala que estas propuestas se enmarcarían en un proceso de “desconexión” de los países emergentes de la globalización finan-ciera neoliberal, una desconexión que no implica construir unidades políticas autárquicas, sino que representa más bien una estrategia de reacomodo, de fortalecimiento interno y de planteo de nuevas estrategias nacionales o regionales, tendiente a la conformación de un mundo “policéntrico”.</P>
<P>Otras de las propuestas estratégicas impulsadas por China es el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII), una institución de finan<Span ActualText="­">-</Span>
-ciamiento multilateral que cuenta ya con más de <Span ActualText="­">-</Span>
80 miembros y que se propone financiar proyec-tos de infraestructura alrededor del mundo, con bajas tasas de interés y sin reclamar políticas de ajuste a los estados tomadores de préstamos.</P>
<P>Sin embargo, reducir el proceso de reconfigu<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ración geopolítica solo a un aumento del protago-<Span ActualText="­">-</Span>
nismo de China implica desconocer la dinámica <Span ActualText="­">-</Span>
general que está tomando la transición históri-co-espacial en curso. A la par de China, otras po<Span ActualText="­">-</Span>
-tencias, quizás con menor dinamismo, pero no por ello con menos impulso, se han ido posicionando como actores protagónicos del escenario inter-nacional. Entre estos casos podemos mencionar a Rusia, la India, Irán, Turquía, Sudáfrica, Brasil, etc. Y, como también expusimos, los viejos polos de poder como Estados Unidos, Japón o la Unión Europea conservan cuotas de poder importantes, aunque en este contexto los dos últimos intentan también salirse de la tutela norteamericana.</P>
<P>Brzezinski plantea la existencia de números pi<Span ActualText="­">-</Span>
-votes geográficos y jugadores con pretensiones estratégicas a nivel global, y principalmente en el <Span ActualText="
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continente euroasiático que, según el propio autor, <Span ActualText="
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 <Span ActualText="
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es “el tablero en el que la lucha por la primacía si-<Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="
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gue jugándose” (Brzezinski, 1998:40) y “el campo  de juego más importante del planeta (de) donde <Span ActualText="­">-</Span>
 podría surgir, en un momento dado, un rival po- tencial de los Estados Unidos (Brzezinski, 1998:48). <Span ActualText="­">-</Span>
En este marco, el Brzezinski señala, en el momento <Span ActualText="­">-</Span>
en el que escribió su obra, que dentro del conti-nente euroasiático había importantes aliados de Estados Unidos (por aliados, entiéndase estados en situación de subordinación) y, además, que el continente euroasiático se encontraba en una si-<Span ActualText="­">-</Span>
tuación de fragmentación política que hacía di-<Span ActualText="­">-</Span>
fícil disputarle la primacía a los Estados Unidos. La principal amenaza de Brzezinski consistía en un fortalecimiento de la alianza estratégica entre China y Rusia, un acercamiento cada vez mayor a la India, una fuerte cooperación estratégica con Azerbaiyán, Irán, Ucrania, Turquía, Corea del Sur y, lo fundamental, un acuerdo estratégico de coo-peración entre el eje China-Rusia y los dos únicos jugadores geoestratégicos del subcontinente euro-peo: Alemania y Francia. Todo esto parece estar produciéndose en la segunda década del siglo XXI.</P>
<P>Esto sería mucho más grave si estos estados conformasen una “coalición antihegemónica” (Brzezinski, 1998), algo que a la luz de los acon<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="
"> </Span>
tecimientos recientes parece estar produciéndo- se a partir de la consolidación de la Iniciativa de <Span ActualText="­">-</Span>
la Franja y la Ruta (que reúne ya a 144 países del mundo), el bloque BRICS, el acuerdo de asocia<Span ActualText="­">-</Span>
-ción estratégica entre China e Irán (Schulz, 2020), la firma del Asociación Económica Integral Re<Span ActualText="­">-</Span>
-gional (RCEP por sus siglas en inglés) que reúne a China con Japón, Corea del Sur, Australia y diez países de la ASEAN, y las negociaciones para fir-mar un acuerdo bilateral de inversiones entre la Unión Europea y China. </P>
<P>En este contexto, una característica del escena<Span ActualText="­">-</Span>
-rio de crisis de hegemonía de los Estados Unidos <Span ActualText="­">-</Span>
y de una tendencia relativa hacia la multipolari-dad señalada por Rang (2014) es que ningún país <Span ActualText="­">-</Span>
tendría el poder hegemónico, por lo que podría pensarse, retomando a Cox (1993), en una confi-<Span ActualText="­">-</Span>
guración no hegemónica de bloques de poder, en el sentido que ninguno de los múltiples polos de la multipolaridad estaría en condiciones de pro-yectar un orden internacional por encima de los otros polos. Sanahuja (2020) se posiciona en un sentido similar al señalar que la etapa actual puede caracterizarse como de cambio estructural hacia <Span ActualText="­">-</Span>
formas no hegemónicas, en donde se entrecruzan los procesos de cambio de poder generados por la propia globalización, el agotamiento del ciclo económico y tecnológico de la transnacionaliza-ción productiva, los límites sociales y ecológicos del modelo y su crisis de gobernanza, tanto en el <Span ActualText="­">-</Span>
ámbito nacional, como en el plano internacional <Span ActualText="­">-</Span>
(Sanahuja, 2020:82). Sin embargo, retomando los planteos de Cox (1993), podríamos hablar de que <Span ActualText="­">-</Span>
los múltiples polos de poder emergentes están construyendo un andamiaje institucional multila-teral, multipolar y pluriversal con vocación hege-mónica, es decir, que sea visto por la mayor parte de los actores del sistema internacional como pro-vechoso para sus intereses colectivos.</P>
<P>Como afirmamos más arriba, el proceso de trans-<Span ActualText="
"> </Span>
 nacionalización económica y de deslocalización productiva produjo la reubicación de gran parte de la producción manufacturera y de las finanzas globales en países y regiones “emergentes”. Esto <Span ActualText="
"> </Span>
generó que vastas zonas “centrales” del capitalis- mo se desindustrialicen y pierdan competitividad, proceso expresado en el descenso del PBI relativo de las potencias industriales del G7 en los últimos <Span ActualText="­">-</Span>
cuarenta años. Este proceso es conceptualizado <Span ActualText="­">-</Span>
por Sanahuja (2007) como de redivisión interna<Span ActualText="
"> </Span>
-cional del trabajo y el capital, lo que pone en cri-sis conceptos clásicos como “centro”, “periferia”, “norte” y “sur”. Álvarez (2017), a su vez, afirma que <Span ActualText="­">-</Span>
el proceso globalizador impulsado por las elites financieras transnacionales sume a los Estados nacionales en un proceso de crisis, desintegración <Span ActualText="­">-</Span>
y pérdida de competencias, y esto afecta tanto las viejas potencias centrales como a la periferia glo<Span ActualText="­">-</Span>
-bal. En este marco, encontramos zonas centrales <Span ActualText="­">-</Span>
de acumulación de capital en la periferia global <Span ActualText="
"> </Span>
(aquellos eslabones de las cadenas globales de va<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="
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lor y las ciudades financieras globales) así como <Span ActualText="­">-</Span>
también zonas excluidas y marginadas del capita-lismo globalizado en el norte global (piénsese, por ejemplo, en la ciudad de Detroit). Estas transfor-maciones son indicativas de un cambio de época, el cual podría significar el cierre del ciclo pro-ductivo posfordista iniciado en la década de 1970  y 1980 y que apuntarían a una etapa de “posgloba-lización” (Sanahuja, 2020).</P>
<P>Zheng Yu (2015) señala que a partir de la pri<Span ActualText="­">-</Span>
-mera década del siglo XXI estamos atravesando <Span ActualText="­">-</Span>
una tendencia hacia el fortalecimiento de la mul-<Span ActualText="­">-</Span>
tipolarización”, mientras que Savin (2018) afirma que estamos atravesando el pasaje de un “mo<Span ActualText="­">-</Span>
-mento multipolar”, de carácter coyuntural, a una “era multipolar”, de carácter estructural. La mul-<Span ActualText="­">-</Span>
tipolaridad contemporánea se caracteriza por la convivencia de “Estados nucleares civilizatorios” <Span ActualText="­">-</Span>
(Methol Ferré, 2013), que le añade el componente muticivilizacional a la multipolaridad. Estas for<Span ActualText="­">-</Span>
-mas estatales se estructuran en torno a diversos y heterogéneos “núcleos mítico-ontológicos” (Dus-sel, 1966), definidos como valores fundamentales que son las estructuras de los contenidos inten-cionales últimos de la comunidad. Estos “Estados nucleares civilizatorios”, a su vez, necesitarían un “núcleo básico de aglutinación, entendido como el actor más dinámico y con mayor capacidad de síntesis del polo de poder (Methol Ferré, 2013).</P>
<P>Aunque se destaquen los casos de China y Ru<Span ActualText="­">-</Span>
-sia, la tendencia hacia la multipolaridad debe ser <Span ActualText="­">-</Span>
leída como un proceso general del sistema mun-dial, pudiéndose incorporar también los casos de India, Irán, Turquía, Sudáfrica y Latinoamérica. En <Span ActualText="­">-</Span>
todo caso, una novedad importante, señalada por <Span ActualText="­">-</Span>
Ramonet (2011) es que la tendencia a la multipo-laridad supone la “desoccidentalización” del siste-ma mundial. Serbin (2019) también lo afirma en el mismo sentido, señalando la emergencia de polos no-atlanticistas y no-occidentales como los nuevos referentes sistema internacional en transición. </P>
<P>El proceso de desoccidentalización en curso es caracterizado por Gullo (2018) como el surgimien-<Span ActualText="
"> </Span>
 to de un pensamiento contrahegemónico que lleva adelante una insubordinación ideológica, lo cual <Span ActualText="
"> </Span>
es la primera etapa de todo proceso emancipato- rio exitoso. En este marco, nos encontramos con <Span ActualText="
"> </Span>
abordajes teóricos que afirman el advenimiento <Span ActualText="
"> </Span>
de un nuevo proceso civilizatorio alternativo a la  modernidad y caracterizado como “trans-moder-<Span ActualText="
"> </Span>
 no” (Dussel, 2014). Una nueva episteme capaz de incluir ecúmenes diversas a los que se reconozca como sujetos sociales y políticos legítimos e inde- pendientes (Álvarez, 2017). </P>
<P>Estos postulados son parcialmente expuestos en el Libro blanco “China y el mundo en la nue-<Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="
"> </Span>
va era”, publicado por el Comité Central del Par- <Span ActualText="
"> </Span>
tido Comunista China en 2019, donde se afirma que “El mundo avanza rápidamente hacia la mul-<Span ActualText="
"> </Span>
 tipolaridad, la diversidad de modelos de desarrollo <Span ActualText="
"> </Span>
moderno y la colaboración en la gobernanza glo-<Span ActualText="
"> </Span>
 <Span ActualText="
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bal. Ahora es imposible que un solo país o bloque <Span ActualText="
"> </Span>
de países ejerza el dominio en los asuntos mun- diales. La estabilidad, la paz y el desarrollo se han  convertido en las aspiraciones comunes de la co- munidad internacional” (República Popular Chi- na, 2019).</P>
<P>Estas afirmaciones son entendidas por Moure (2014) como características de una mirada de las relaciones internacionales desde la cosmovisión china, en donde la evolución de la sociedad inter-<Span ActualText="
"> </Span>
 nacional se produce a través de la armonía y no a través de la confrontación, y en donde culturas, <Span ActualText="
"> </Span>
normas e instituciones del mundo oriental y occi- dental podrían encontrarse en una dialéctica integradora y armoniosa para dar lugar a nuevas formas de gobernanza más inclusivas y sólidas. Moure (2014), a su vez, recupera la teoría del Tiānxià (<Span ActualText="
"> </Span>
天下<Span ActualText="­">-</Span>
, todo lo que está bajo el cielo), afir-<Span ActualText="
"> </Span>
 mando que la misma pretende construir una co-<Span ActualText="­">-</Span>
munidad global de futuro compartido, en donde  <Span ActualText="
"> </Span>
“países con diferentes sistemas sociales, ideologías, <Span ActualText="­">-</Span>
historias, culturas y niveles de desarrollo alineen sus metas e intereses, disfruten de los mismos de-rechos y compartan todas las responsabilidades en las actividades internacionales para el progreso  de la humanidad en su conjunto” (República Po-pular China, 2019).</P>
<P>Según Moure (2014), el Tiānxià no es una teo<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
ría de las Relaciones Internacionales al estilo oc-cidental, sino un “teoría del mundo”.</P>
<P>Reflexiones finales</P>
<P>El orden mundial contemporáneo atraviesa cambios de carácter cuantitativo, referidos a la cantidad de actores protagónicos en el escenario global, y de carácter cualitativo, que tienen que ver con la forma que han tomado tanto los acto<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
res estatales como los no estatales a nivel interna-cional. Atravesamos un cambio estructural en el escenario internacional, que no puede reducirse sólo a una mudanza del centro de gravedad de la economía mundial desde el Atlántico al Pacífico, proceso que sin duda se está produciendo, sino que debemos interpretarlo como una verdadera transición histórica-espacial, que nos demanda <Span ActualText="­">-</Span>
actualizar los marcos interpretativos de análisis, para no cometer errores que conlleven hacer lec-turas distorsionadas y, lo más peligrosos, a actuar de manera equivocada.</P>
<P>Al análisis de la naturaleza, la forma y los obje<Span ActualText="­">-</Span>
-tivos de los Estados (nacionales, continentales y globales), que han ocupado el centro de la escena <Span ActualText="­">-</Span>
en los análisis geopolíticos clásicos y contempo-<Span ActualText="­">-</Span>
ráneos, debemos incorporar una mirada sobre las fuerzas sociales impulsoras de proyectos estraté-<Span ActualText="­">-</Span>
gicos en pugna y de la estructura que ha tomado la economía y la política global. Lo que está claro, es que ni la forma que ha tomado el Estado a par<Span ActualText="­">-</Span>
-tir de principios de 1900 ni el sistema histórico dominante luego de la segunda guerra mundial pueden responder adecuadamente a sus contra-dicciones inherentes, que hoy afloran con toda su fuerza (Wallerstein, 2007).</P>
<P>Los Estados Unidos atraviesan una etapa de de<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
clive hegemónico; el Estado-nación industrial im-perialista de país central atraviesa una crisis como contenedor de poder de las fuerzas más dinámicas <Span ActualText="­">-</Span>
del capitalismo global; y el occidente anglosajón (en tanto sistema de ideas, valores y cosmovisio-nes con pretensión universal) atraviesa una crisis <Span ActualText="­">-</Span>
de legitimidad. Estas crisis no tienen una única <Span ActualText="­">-</Span>
salida sino dos: o se profundiza la globalización financiera neoliberal, con sus instituciones políti<Span ActualText="
"> </Span>
-cas, económicas y financieras globales, sus cade<Span ActualText="­">-</Span>
-<Span ActualText="­">-</Span>
nas globales de valor transfronterizas y su sistema de valores posmodernos, o se consolidan los po- los de poder emergentes, con su reivindicación protagónica del Estado, su defensa del pluriversa-lismo y de la coexistencia pacífica de las civiliza-ciones a nivel mundial. </P>
<P>Al igual que en otras etapas de la historia, las crisis en el centro del capitalismo mundial y la agudización de las disputas entre polos de po<Span ActualText="­">-</Span>
-der habilitan las condiciones para el desarrollo de proyectos alternativos en nuestra región. Es una nueva oportunidad histórica de reconstruir la <Span ActualText="­">-</Span>
dignidad histórica para América Latina y el Cari-<Span ActualText="­">-</Span>
be a través de proyectos estratégicos que reclamen mayor autonomía relativa, distribución de la ren<Span ActualText="­">-</Span>
-ta y complejización de los sistemas productivos. Una región con mayor igualdad, soberanía políti-ca, independencia económica y justicia social.</P>
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